﻿{"id":5536,"date":"2015-03-07T09:05:35","date_gmt":"2015-03-07T15:05:35","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=5536"},"modified":"2026-04-29T01:33:43","modified_gmt":"2026-04-29T07:33:43","slug":"ilusiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/ilusiones\/","title":{"rendered":"Ilusiones"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 25.<\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<div class=\"mceTemp\"><\/div>\n<figure id=\"attachment_23841\" aria-describedby=\"caption-attachment-23841\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23841\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_027.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"469\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_027.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_027-300x176.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_027-768x450.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23841\" class=\"wp-caption-text\">Ni\u00f1os en la v\u00eda del tren, [s.f.]. Colecci\u00f3n de Graziella Altamirano Cozzi.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escenograf\u00eda ha cambiado, pero el presente y el pasado de los ni\u00f1os que piden ayuda \u2013seguramente unas monedas\u2013 se mantienen en su lugar. Manos alzadas que imploran por algo que llevar a casa. Del otro lado de las v\u00edas entonces, o del otro lado de una vereda, un camell\u00f3n, una avenida, en la actualidad. S\u00f3lo pueden ofrecer a cambio la bondad de sus rostros a\u00fan inocentes. Son solidarios con las necesidades de quienes los arropan todos los d\u00edas, les aportan unos bocados y los duermen en las noches. Detr\u00e1s de ellos hay quienes est\u00e1n fuera del mercado laboral, que seguramente pasaron por situaciones similares a sus edades, que por poco rato fueron a la escuela y no les qued\u00f3 m\u00e1s que aprovechar las oportunidades de hacer los trabajos m\u00e1s duros. Los tiempos cambian y la humanidad hace sus progresos, pero la pobreza no deja de regenerarse. La esperanza de vida de ellos no era la misma que la de sus contempor\u00e1neos de hoy, que por necesidad los evocan. Ahora podemos hablar de 75 a\u00f1os de expectativa de vida, aunque para ellos \u2013sean los ni\u00f1os de la foto o los que vemos hoy en nuestras calles\u2013, quiz\u00e1 las cifras se mantengan en los 35 a\u00f1os de principios del siglo XX, cuando fue tomada la imagen. La actual no deja de ser una realidad m\u00e1s dura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los ni\u00f1os de la calle habitan las calles. Y hasta alcantarillas. Muchos han perdido familias. Sus familias son otros como ellos, de la misma edad. Con suerte, caen en manos generosas de casas-hogar donde pueden comer, ba\u00f1arse y compartir un colch\u00f3n. Es el lujo de cada d\u00eda. Si los tratan con respeto, se habr\u00e1n sacado la loter\u00eda. Los ni\u00f1os de nuestra foto viv\u00edan en poblaciones que, por su tama\u00f1o, a\u00fan se confund\u00edan con el campo. Alimentarse, al menos, estaba m\u00e1s al alcance de la mano. Las milpas cercanas prove\u00edan del ma\u00edz, el nopal o los frijoles, y hasta frutas. Y era posible criar una gallina o un cerdo en un terreno vecino. Sufrir es un concepto que en la marginalidad los ni\u00f1os deben aprender demasiado pronto. Nunca regales dinero, deben aprender el esfuerzo del trabajo, decimos muchos. \u00bfPero se les puede inculcar si los adultos no podemos ofrecerles la educaci\u00f3n, el alimento o la compensaci\u00f3n de un juguete? Seis de los ni\u00f1os que nos miran desde la c\u00e1mara est\u00e1n distra\u00eddos en la curiosidad de ser retratados o atentos a alg\u00fan truco del fot\u00f3grafo. Pero dos \u2013semiocultas, aparecen lo que sus cabellos largos y vestimentas denotan: una ni\u00f1a\u2013 permanecen imperturbables en su objetivo: el sombrero y las manos se alzan para pedir. Arriba del vag\u00f3n, un adulto que no vemos posiblemente se preste a entregar algo. O a permanecer indiferente y esperar a que el tren se mueva para dejarlos all\u00ed con sus esperanzas truncas. \u00bfAcaso no es esa la imagen que podemos descubrir en algunas de nuestras calles de hoy?<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 25. La escenograf\u00eda ha cambiado, pero el presente y el pasado de los ni\u00f1os que piden ayuda \u2013seguramente unas monedas\u2013 se mantienen en su lugar. Manos alzadas que imploran por algo que llevar a casa. Del otro lado de las v\u00edas entonces, o del otro lado de una vereda, un camell\u00f3n, una avenida, en la actualidad. S\u00f3lo pueden ofrecer a cambio la bondad de sus rostros a\u00fan inocentes. Son solidarios con las necesidades de quienes los arropan todos los d\u00edas, les aportan unos bocados y los duermen en las noches. Detr\u00e1s de ellos hay quienes est\u00e1n fuera del mercado laboral, que seguramente pasaron por situaciones similares a sus edades, que por poco rato fueron a la escuela y no les qued\u00f3 m\u00e1s que aprovechar las oportunidades de hacer los trabajos m\u00e1s duros. 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