﻿{"id":5402,"date":"2015-02-25T11:06:33","date_gmt":"2015-02-25T17:06:33","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=5402"},"modified":"2026-05-11T02:23:09","modified_gmt":"2026-05-11T08:23:09","slug":"la-infancia-de-justo-sierra-mendez-en-campeche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-infancia-de-justo-sierra-mendez-en-campeche\/","title":{"rendered":"La infancia de Justo Sierra M\u00e9ndez en Campeche"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Jos\u00e9 Manuel Alcocer Bern\u00e9s<br \/>\nCronista de Campeche<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 25.<\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/h3>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008000;\">El hombre que le dio un vuelco fundamental a la educaci\u00f3n en M\u00e9xico vivi\u00f3 sus primeros nueve a\u00f1os de vida en una apacible pero tambi\u00e9n convulsionada ciudad de Campeche. Cobijado en la contenci\u00f3n de una de las familias m\u00e1s ricas de la ciudad, su estad\u00eda all\u00ed se cort\u00f3 definitivamente por los conflictos pol\u00edticos locales. Casi medio siglo despu\u00e9s regresar\u00eda como un hijo pr\u00f3digo.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"right\">La ciudad de Campeche manten\u00eda todav\u00eda en la primera mitad del siglo XIX un aire colonial, guarnecida de murallas que recordaban ese pasado violento de su lucha contra los enemigos de Espa\u00f1a: los piratas. Las murallas que la proteg\u00edan y aislaban permitieron, sin propon\u00e9rselo, establecer una diferencia de clases que se recrudeci\u00f3 con este cintur\u00f3n de piedra donde conviv\u00edan <i>los de adentro <\/i>y <i>los de afuera<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"right\">Desde su fundaci\u00f3n, la vida de la villa, despu\u00e9s ciudad, gir\u00f3 en torno a la plaza principal, la cual estaba rodeada de los edificios m\u00e1s importantes: el palacio municipal, la iglesia parroquial, la Aduana y las casas de los principales vecinos, poderosos comerciantes y miembros del Ayuntamiento de la ciudad. En una de estas viviendas, situada en el extremo\u00a0oriental mirando al mar y a la plaza, estaba la residencia del m\u00e1s poderoso e influyente caudillo regional, don Santiago M\u00e9ndez Ibarra.<\/p>\n<figure id=\"attachment_23815\" aria-describedby=\"caption-attachment-23815\" style=\"width: 585px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-23815 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_001.jpg\" alt=\"\" width=\"585\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_001.jpg 585w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_001-219x300.jpg 219w\" sizes=\"(max-width: 585px) 100vw, 585px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23815\" class=\"wp-caption-text\">Justo Sierra, fotograf\u00eda, ca. 1912.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su nieto, Justo Sierra M\u00e9ndez, naci\u00f3 all\u00ed en un a\u00f1o complicado para la regi\u00f3n, 1848, pues la rebeli\u00f3n ind\u00edgena asolaba a toda la pen\u00ednsula arrasando pueblos enteros, principalmente en la parte norte. Esta situaci\u00f3n motivaba que oleadas de refugiados buscaran la protecci\u00f3n y el amparo de las murallas campechanas. La ciudad viv\u00eda momentos de caos y fervor, cientos de personas durmiendo en las calles, las rogativas al Cristo milagroso y protector de la ciudad, el Se\u00f1or de San Rom\u00e1n, no paraban y en procesi\u00f3n el Cristo fue sacado de su templo y llevado a un lugar seguro. Los pobladores, ante cualquier estruendo de gritos lejanos e inexplicables, corr\u00edan a refugiarse a sus casas, al mismo tiempo que se sellaban las puertas de la muralla. Por las noches -a manera de precauci\u00f3n- cientos de antorchas eran encendidas a lo largo del cintur\u00f3n de piedra. Pero lejos de esta barbarie, en el hogar de los abuelos, la vieja casa colonial y al amparo de la familia materna \u2014su padre se encontraba en Washington\u2014, naci\u00f3 Justo.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\">La infancia<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por orden del patriarca, a los pocos d\u00edas de nacido fue bautizado en la iglesia parroquial por su t\u00edo materno, el presb\u00edtero Vicente M\u00e9ndez, y fungi\u00f3 como padrino otro de sus t\u00edos, Luis M\u00e9ndez, teji\u00e9ndose a su alrededor toda una red de ligas familiares provenientes del lado materno, quienes en ese momento controlaban la vida pol\u00edtica y econ\u00f3mica de la ciudad y de la regi\u00f3n. Su padre conocer\u00eda a su primog\u00e9nito hasta el mes de agosto, a su regreso de Estados Unidos.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5408\" aria-describedby=\"caption-attachment-5408\" style=\"width: 403px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a style=\"color: #0f3647; line-height: 21.8181819915772px; text-align: justify;\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/Nana-Campechana-INCLUIR-403x640.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-5408 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/Nana-Campechana-INCLUIR-403x640.jpg\" alt=\"Nana Campechana INCLUIR (403x640)\" width=\"403\" height=\"640\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-5408\" class=\"wp-caption-text\">Aurora del R\u00edo, nana campechana de clase alta, siglo XIX. Colecci\u00f3n particular.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Justo Sierra vivi\u00f3 en la ciudad murada por nueve a\u00f1os. Sus primeros tiempos estuvieron acompa\u00f1ados y matizados por los cuidados de su madre y de su <i>chich\u00ed <\/i>(abuela) y de sus <i>x-k\u2019oos <\/i>mayas, muchachas que llegaban a la casa de las familias acomodadas para el servicio, sin retribuci\u00f3n econ\u00f3mica, ya que solo obten\u00edan protecci\u00f3n familiar, alimentaci\u00f3n y vestido. Muchas permanec\u00edan hasta su muerte como parte de la familia. De ellas, Justo habr\u00e1 escuchado azorado y temeroso los relatos de la <i>Xtabay, el chivo brujo o de la bruja del morro<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De los viejos marinos que tej\u00edan sus redes cerca de su casa, relatos de piratas que se robaban a las mujeres, as\u00ed como los milagros del Cristo negro o las haza\u00f1as de pescadores enfrentados a animales reales o imaginarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Por nueve a\u00f1os la ciudad de Campeche fue su espacio cotidiano. Mirando hacia el mar desde el balc\u00f3n de su casa, sus ojos infantiles contemplaron la llegada de los barcos procedentes de Nueva York, La Habana o Nueva Orleans, de los cuales descend\u00edan mercanc\u00edas europeas para satisfacer a la aristocracia porte\u00f1a y peninsular. Contempl\u00f3 seguramente la abundancia de cayucos cargados de especies marinas y aprendi\u00f3 sus nombres:\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">caz\u00f3n, cherna, esmedregal, sierra, pargo<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0que se degustaban en\u00a0las mesas\u00a0de los campechanos adinerados, regados con generosos vinos europeos. Su o\u00eddo logr\u00f3 identificar los diferentes acentos de viajeros y marinos, como el\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">ceceo<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0espa\u00f1ol, el cantadito de los habitantes del centro del pa\u00eds o el<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0aporradeado<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0de los yucatecos.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23847 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_033.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"507\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_033.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_033-300x190.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_033-768x487.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">En sus primeros a\u00f1os aprendi\u00f3 a hablar empleando los modismos propios de los habitantes como <\/span><i><span data-contrast=\"auto\">me\u00a0quit\u00e9<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0en lugar de me fui,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">atabacado<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0por caf\u00e9,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">flux<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0por saco de vestir,<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0gindar<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0por colgar, alisar por planchar,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">mata\u00a0<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">por\u00a0planta,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">mataz\u00f3n<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0por amontonamiento, expresiones salpicadas por palabras mayas como\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">mulix,\u00a0tuch,\u00a0xix,\u00a0xic,\u00a0purux,\u00a0chuch,\u00a0nach,\u00a0xexec<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">. Su mundo infantil estuvo lleno de experiencias enriquecidas por este cruzamiento cultural que le abri\u00f3 \u2013m\u00e1s adelante- un amplio panorama cultural.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Recorri\u00f3 la plaza elevando su papagayo e ir\u00eda con su familia en los meses m\u00e1s calurosos a las casas de veraneo en las playas de Lerma, disfrutando de las c\u00e1lidas aguas y con el vaiv\u00e9n de una hamaca cubierta de un albo mosquitero dar\u00eda vuelo a su imaginaci\u00f3n en esas acaloradas noches campechanas. Probablemente sabore\u00f3 los helados hechos con frutas naturales de Campeche, provenientes de las quintas\u00a0santaneras cercanas de la ciudad como saramuyos, nance, mara\u00f1\u00f3n, guan\u00e1banas, anonas, caimitos o la gran diversidad de ciruelas rojas y maduras. En este tiempo se nutri\u00f3 de las tradiciones campechanas como el carnaval, la Semana Santa, las fiestas del<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0voltejeo<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, o la fiesta al santo patrono el Se\u00f1or de San Rom\u00e1n.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_23842\" aria-describedby=\"caption-attachment-23842\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23842\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_028.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"578\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_028.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_028-300x217.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_028-768x555.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23842\" class=\"wp-caption-text\">Campeche<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Cuando lleg\u00f3 la hora de iniciar su educaci\u00f3n elemental fue inscrito por sus padres con\u00a0el mejor educador de la ciudad, don Eulogio Perera, quien se encargar\u00eda de ense\u00f1arle las primeras letras y n\u00fameros con silabarios y catones. Por nueve a\u00f1os fue ajeno a los conflictos pol\u00edticos de la regi\u00f3n, pero a esta edad no fue testigo de la barbarie ind\u00edgena que a\u00fan asolaba la pen\u00ednsula sino de la barbarie producto de los conflictos pol\u00edticos, de la inconformidad por una elecci\u00f3n a gobernador, donde se culpaba a su abuelo, don Santiago M\u00e9ndez.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Una tarde una horda de v\u00e1ndalos invadi\u00f3 su casa, la incendi\u00f3, destruy\u00f3 la biblioteca de su padre don Justo Sierra O\u2019Reilly, por lo que la familia sali\u00f3 huyendo para no regresar nunca m\u00e1s.\u00a0A partir de entonces, Justo Sierra M\u00e9ndez inici\u00f3 una vida trashumante, primero se fue a M\u00e9rida y luego a la ciudad de M\u00e9xico donde estudi\u00f3 y fue maestro, educador y pol\u00edtico.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\">El educador\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Una de las grandes preocupaciones de la elite pol\u00edtico-cultural del siglo XIX <\/span><span data-contrast=\"auto\">era la educaci\u00f3n. Para ella este era el \u00fanico camino que pod\u00eda liberar de la ignorancia y conducir al pa\u00eds hacia una nueva era. Miles de propuestas se llevaron a cabo, pero ninguna funcion\u00f3. El pa\u00eds segu\u00eda en una permanente guerra civil y con numerosos conflictos con naciones extranjeras por lo que los gobiernos por m\u00e1s que trataron de reorganizar a M\u00e9xico la inestabilidad pol\u00edtica y la situaci\u00f3n econ\u00f3mica lo imped\u00edan.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La llegada al poder de Porfirio D\u00edaz marc\u00f3 la pacificaci\u00f3n y con ello la\u00a0reorganizaci\u00f3n pol\u00edtica, administrativa y econ\u00f3mica de M\u00e9xico. La creaci\u00f3n de la Secretar\u00eda de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Bellas Artes fue el sitio que permitir\u00eda a Sierra desarrollar y buscar soluciones a una de sus mayores inquietudes: la educaci\u00f3n. Sus principales proyectos fueron la educaci\u00f3n primaria gratuita, pero con car\u00e1cter nacional, es decir unificar \u00e9sta\u00a0en torno a los objetivos que el pa\u00eds necesitaba. Una educaci\u00f3n que fuese adem\u00e1s laica, obligatoria e integral. Su visi\u00f3n abarc\u00f3 una ense\u00f1anza desde la infancia y hasta la juventud, sin dejar de mirar por los adultos analfabetas. Por ello, estableci\u00f3 los jardines de ni\u00f1os y las escuelas para adultos, pero su mayor m\u00e9rito fue la instauraci\u00f3n de la Universidad Nacional. Con estas acciones, Sierra impuls\u00f3 la educaci\u00f3n y sent\u00f3 las bases para un M\u00e9xico moderno.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_23844\" aria-describedby=\"caption-attachment-23844\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23844\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_030.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"438\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_030.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_030-300x164.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_030-768x420.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23844\" class=\"wp-caption-text\">Campeche<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Sierra fue una de esas grandes figuras intelectuales del M\u00e9xico moderno cuyo esp\u00edritu enciclop\u00e9dico y renacentista pertenece a la estirpe de hombres de acci\u00f3n capaces de debatir en la tribuna, de escribir sobre nuestra historia y forjar las leyes del pa\u00eds, as\u00ed como crear una obra art\u00edstica propia y personal y de tomar las armas o regir los designios del pa\u00eds. Sierra, educador por excelencia, poeta, pol\u00edtico pensante, retorn\u00f3 a Campeche 49 a\u00f1os despu\u00e9s de aquel suceso tr\u00e1gico.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\">Retorno\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Invitado a inaugurar la estatua de su padre en el moderno Paseo de Montejo de la ciudad de M\u00e9rida, Justo Sierra decidi\u00f3 visitar su ciudad natal. Hab\u00edan transcurrido 49 a\u00f1os cuando \u00e9l y su familia salieron huyendo y quiz\u00e1 a\u00fan rememoraba estos acontecimientos, aloj\u00e1ndose en \u00e9l sentimientos encontrados. En la ma\u00f1ana\u00a0del 17 de marzo de 1906 un inusitado regocijo se manifest\u00f3 en toda la ciudad, el hijo pr\u00f3digo regresaba a su casa convertido en una gloria de las letras mexicanas y siendo el titular del Ministerio de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Bellas Artes.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_23855\" aria-describedby=\"caption-attachment-23855\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-23855 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_041.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"562\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_041.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_041-300x211.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_041-768x540.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23855\" class=\"wp-caption-text\">Boda de Justo Sierra M\u00e9ndez con Luz Mayora Carpio, fotograf\u00eda, 1874.<\/figcaption><\/figure>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\">La cr\u00f3nica period\u00edstica de ese d\u00eda relat\u00f3 lo siguiente:\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span data-contrast=\"auto\">Desde la estaci\u00f3n del ferrocarril hasta la Plaza Principal un nutrido cord\u00f3n de gentes esperaba el paso del ministro. De la Plaza Principal a la casa del Sr. Miguel Lanz donde se hospedar\u00eda el ilustre visitante,\u00a0form\u00e1banle\u00a0valla todos los alumnos de ambos sexos, de todas las escuelas de la poblaci\u00f3n, portando hermosos ramos de flores. El tranv\u00eda se detuvo al costado de la catedral precisamente frente a la puerta de la farmacia Lanz. Descendi\u00f3 el maestro, alto, grueso, de porte recto y elegante, de bigotes, barba y cabellos blancos. A su lado marchaba el Sr. Tom\u00e1s Aznar y Cano, gobernador del estado, el diputado Miguel Lanz, los poetas y literatos Luis G. Urbina y Alfredo Chavero, los poetas campechanos, Salvador Mart\u00ednez\u00a0Alom\u00eda, Gaspar Trueba y otros m\u00e1s. Al descender del tranv\u00eda levant\u00f3 la vista y contempl\u00f3 las torres de la\u00a0catedral y luego dirigi\u00f3 la vista al parque. Mudo como en \u00e9xtasis recorr\u00eda con la mirada toda la plaza\u2026 se orientaba. De pronto, sin atender las indicaciones del gobernador y de su consuegro Lanz, con paso \u00e1gil y decidido penetra al parque y llega al extremo de la Plaza y par\u00e1ndose de golpe, levanta los brazos, su rostro se anima y con voz fuerte y emocionado exclama: \u00a1Esa es la casa donde nac\u00ed, en aquel balc\u00f3n empinaba mi papagayo! Y brillan en sus ojos l\u00e1grimas\u2026 l\u00e1grimas de emoci\u00f3n, tal vez de alegr\u00eda al recordar su ni\u00f1ez. Y en tanto, un anciano de alaba testa, de espejuelos y de bast\u00f3n grueso, abr\u00edase paso a codazos, entre la multitud hasta llegar\u00a0<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">junto al Maestro. Se planta en jarras frente a \u00e9l, le clava la mirada y le dice: \u00a1Justo! Al o\u00edr aquella voz, baja la mirada, contempla por breves momentos a aquel anciano de blanca cabellera que audazmente y con insistencia lo mira. De pronto, abriendo los brazos y sonriente exclama: mi maestro, mi querido maestro y en un estrecho abrazo se unen maestro y disc\u00edpulo. Y mientras los dos viejos se abrazaban, la banda de m\u00fasica desgranaba las melodiosas notas de un paso doble marcial; las frondas de la arboleada del parque\u00a0mec\u00edanse\u00a0a impulsos de la brisa suave y el cielo azul brillaba m\u00e1s espl\u00e9ndidamente celebrando aquel abrazo en que dos personalidades un\u00edan sus afectos confundiendo en un estrecho abrazo la albura de sus cabellos.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_23842\" aria-describedby=\"caption-attachment-23842\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-23842 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_028.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"578\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_028.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_028-300x217.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_25_028-768x555.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23842\" class=\"wp-caption-text\">Campeche<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Campeche permaneci\u00f3 en la mente de Sierra, al igual que su mar que diariamente contemplaba desde el balc\u00f3n de la casa, el mar apacible con tonalidades cambiantes seg\u00fan las nubes, as\u00ed como sus\u00a0atardeceres enrojecidos\u00a0por el sol de mayo. Campeche estuvo presente en \u00e9l y lo reflej\u00f3 en sus obras como Marina, La sirenita o Playeras. Por ello se dice que Justo Sierra M\u00e9ndez es el campechano universal, el mexicano que percibi\u00f3 la necesidad de ensanchar los horizontes de M\u00e9xico a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">PARA SABER M\u00c1S<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li style=\"text-align: left;\" aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"1\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Barros, Cristina,\u202fJusto Sierra siempre joven, semblanza e iconograf\u00eda, Campeche, Gobierno de Campeche, 2012.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul style=\"text-align: left;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"2\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Lara Zavala, Hern\u00e1n,\u00a0Justo Sierra M\u00e9ndez, forjador del alma mexicana, Universidad Aut\u00f3noma de Campeche, 2013.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul style=\"text-align: left;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"3\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Ocampo L\u00f3pez, Javier, \u201cJusto Sierra \u2018El maestro de Am\u00e9rica\u2019. Fundador de la Universidad Nacional de M\u00e9xico\u201d,\u00a0Revista Historia de la Educaci\u00f3n Latinoamericana, 2010, en <a href=\"https:\/\/www.redalyc.org\/pdf\/869\/86918064002.pdf\">http:\/\/www.redalyc.org\/\u00a0pdf\/869\/86918064002.pdf<\/a><\/span><a href=\"https:\/\/www.redalyc.org\/pdf\/869\/86918064002.pdf\"><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/a><\/li>\n<\/ul>\n<ul style=\"text-align: left;\">\n<li style=\"text-align: justify;\" aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"4\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Sierra, Justo,\u00a0Evoluci\u00f3n pol\u00edtica del pueblo mexicano, 1941, en <a href=\"https:\/\/www.cervantesvirtual.com\/obra-visor\/evolucion-politica-del-pueblo-mexicano--0\/html\/de0b67a0-3dac-4ea9-abcc-3514594308f9_2.html\">http:\/\/biblioteca.org.ar\/libros\/89742.pdf<\/a><\/span><a href=\"https:\/\/www.cervantesvirtual.com\/obra-visor\/evolucion-politica-del-pueblo-mexicano--0\/html\/de0b67a0-3dac-4ea9-abcc-3514594308f9_2.html\"><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/a><\/li>\n<\/ul>\n<h3 style=\"text-align: left;\"><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Manuel Alcocer Bern\u00e9s Cronista de Campeche En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 25. El hombre que le dio un vuelco fundamental a la educaci\u00f3n en M\u00e9xico vivi\u00f3 sus primeros nueve a\u00f1os de vida en una apacible pero tambi\u00e9n convulsionada ciudad de Campeche. Cobijado en la contenci\u00f3n de una de las familias m\u00e1s ricas de la ciudad, su estad\u00eda all\u00ed se cort\u00f3 definitivamente por los conflictos pol\u00edticos locales. Casi medio siglo despu\u00e9s regresar\u00eda como un hijo pr\u00f3digo. La ciudad de Campeche manten\u00eda todav\u00eda en la primera mitad del siglo XIX un aire colonial, guarnecida de murallas que recordaban ese pasado violento de su lucha contra los enemigos de Espa\u00f1a: los piratas. Las murallas que la proteg\u00edan y aislaban permitieron, sin propon\u00e9rselo, establecer una diferencia de clases que se recrudeci\u00f3 con este cintur\u00f3n de piedra donde conviv\u00edan los de adentro y los de afuera. 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