﻿{"id":5302,"date":"2015-01-15T13:12:53","date_gmt":"2015-01-15T19:12:53","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=5302"},"modified":"2021-05-04T13:57:27","modified_gmt":"2021-05-04T18:57:27","slug":"pasiones-de-un-maquinista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/pasiones-de-un-maquinista\/","title":{"rendered":"Pasiones de un maquinista"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">Revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico n\u00fam<\/em>. 24.<\/span><\/h4>\n<figure id=\"attachment_5303\" aria-describedby=\"caption-attachment-5303\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/19211022-El-abuelo-en-Orizaba-1-1-copia-640x499.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-5303  \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/19211022-El-abuelo-en-Orizaba-1-1-copia-640x499.jpg\" alt=\"19211022 El abuelo en Orizaba (1) (1) - copia (640x499)\" width=\"640\" height=\"499\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-5303\" class=\"wp-caption-text\">A mi Lucha adorada, con todo mi cari\u00f1o, Orizaba, Guillermo, 22 de octubre de 1921, Veracruz. Colecci\u00f3n ARSA.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los que nacieron con el ferrocarril a un paso de sus casas\u00a0 o formando parte de sus vivencias personales \u2013subir en \u00e9l para vacacionar, visitar familiares, asistir a una cita m\u00e9dica importante\u2013, saben de los ritos que pod\u00eda generar y el respeto que deparaba. Desde preparar maletas, llegar con anticipaci\u00f3n a la estaci\u00f3n, instalarse a conversar en la sala de espera, divagar por los acompa\u00f1antes que la fortuna deparaba para la traves\u00eda (especialmente para los pasajeros de poblaciones intermedias que sub\u00edan sin asientos numerados) o si la calefacci\u00f3n ayudar\u00eda a hacer m\u00e1s soportables las noches g\u00e9lidas. El and\u00e9n de una estaci\u00f3n ferroviaria pod\u00eda ser bullicioso, y nadie dejaba de otear en el horizonte para ver al filo de las v\u00edas si aquella mole de hierro se acercaba. Un punto de luz en la inmensidad lo delataba en la noche; el vibrar de los durmientes o un pitido perdido lo hac\u00eda reconocer en el d\u00eda. Pero su entrada a una estaci\u00f3n siempre era triunfal. Nadie se animar\u00eda a llamarle <i>la Bestia<\/i>. Todos callaban a su paso, sin\u00f3nimo de respeto y gratitud, o una necesidad ante el estruendo ensordecedor. El olor particular del combustible y de los frenos de la locomotora invad\u00edan con su aura, diferente del que se sent\u00eda dentro de los vagones. El rito continuaba: mientras los pasajeros se acomodaban en sus asientos y\u00a0 hasta alg\u00fan familiar sub\u00eda a ayudar, especialmente hombres, abajo los m\u00e1s curiosos caminaban junto al convoy para ubicar a conocidos de otros pueblos o descubrir nuevas caras. Era tambi\u00e9n una forma de sociabilizar. Tres personajes eran clave en la llegada del tren: el jefe de estaci\u00f3n, tan respetado como el jefe policial del pueblo, el guarda y uno casi invisible pero imprescindible, el maquinista. Serio y concentrado observaba todo el tiempo el horizonte, atento a que nada se le atravesara sobre las v\u00edas. Ten\u00eda su glamour, como el de los pilotos de aviones actuales, aunque eran su ant\u00edtesis. Desconocidos para el pasajero, vest\u00edan overol, se engrasaban con tanto fierro que manipulaban y como cumpl\u00edan funciones de mec\u00e1nicos, sus manos distaban de estar sedosas. El glamour lo alimentaba el poder de conducir hasta un nuevo destino. Ese era el caso de Guillermo Fern\u00e1ndez (manos en la cintura en la imagen) posando junto a su equipo en la locomotora que en los a\u00f1os veinte cubr\u00eda el recorrido M\u00e9xico-Veracruz. Despu\u00e9s de haber sido uno de los reprimidos en la huelga de R\u00edo Blanco, sumarse a la revoluci\u00f3n y sufrir la persecuci\u00f3n de los huertistas, en tiempos de paz ya pudo dedicarse a su pasi\u00f3n de la infancia: manejar locomotoras. Al pasar por Orizaba gozaba con tocar el silbato y que le saludaran. All\u00ed estaba Luz del Carmen Bravo, que corr\u00eda desde su casa cercana. En poco tiempo se casar\u00edan y tendr\u00edan dos hijos. El 22 de octubre de 1921 el maquinista enamorado le envi\u00f3 esta foto con dedicatoria, una postal de su otra pasi\u00f3n.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><\/h3>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Consulte la revista <em>BiCentenario<\/em>.<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz Revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico n\u00fam. 24. 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