﻿{"id":5163,"date":"2014-12-17T14:24:55","date_gmt":"2014-12-17T20:24:55","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=5163"},"modified":"2021-05-04T13:59:30","modified_gmt":"2021-05-04T18:59:30","slug":"el-milagro-curativo-de-la-electricidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-milagro-curativo-de-la-electricidad\/","title":{"rendered":"El milagro curativo de la electricidad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Paulina Mart\u00ednez Figueroa<br \/>\nCEH-El Colegio de M\u00e9xico<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 24.<\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #229491;\">La electroterapia tuvo un gran auge en M\u00e9xico a fines del siglo XIX. El cintur\u00f3n el\u00e9ctrico del doctor McLaughlin fue el que tuvo mejor aceptaci\u00f3n en la poblaci\u00f3n como m\u00e9todo de cura, desde el asma hasta las enfermedades cr\u00f3nicas. \u00bfSu secreto? Aumenta la energ\u00eda vital con una corriente el\u00e9ctrica suave que restaura los nervios, promet\u00eda una publicidad de la \u00e9poca.<\/span><\/h2>\n<figure id=\"attachment_5164\" aria-describedby=\"caption-attachment-5164\" style=\"width: 434px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/CE8156-434x640.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-5164  \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/CE8156-434x640.jpg\" alt=\"CE8156 (434x640)\" width=\"434\" height=\"640\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-5164\" class=\"wp-caption-text\">M. M. A., Alegor\u00eda del progreso industrial, 1852, \u00f3leo sobre lienzo. Museo Nacional del Romanticismo, Madrid, Espa\u00f1a<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la novela corta <i>Los fuere\u00f1os<\/i>, escrita por Jos\u00e9 Tom\u00e1s de Cu\u00e9llar en 1883, el autor describe la llegada de una familia de provincia a la ciudad de M\u00e9xico y las peripecias que padece. Al acercarse a la Plaza del Seminario, do\u00f1a Candelaria, la madre de familia, exclama con sobresalto: \u00a1Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9! A continuaci\u00f3n se produce el siguiente di\u00e1logo:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfQu\u00e9 le sucede se\u00f1ora?<br \/>\n\u2013Que me lastima el gas.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 gas?<br \/>\n\u2013Ese blanco del farol, mire usted qu\u00e9 barbaridad.<br \/>\n\u2013Esa es la luz el\u00e9ctrica do\u00f1a Candelaria [\u2026] es una luz hermos\u00edsima.<br \/>\n\u2013\u00a1Quite usted all\u00e1!, qu\u00e9 hermoso va a ser eso, si es peor que un hach\u00f3n de ocote en las narices. De seguro yo me voy a enfermar esta noche de la vista, se\u00f1or Guti\u00e9rrez.<br \/>\n\u2013No se fije usted en los focos.<br \/>\n\u2013\u00bfQu\u00e9 focos?<br \/>\n\u2013Los de la luz [\u2026]<br \/>\n\u2013Ahora comprendo [\u2026] c\u00f3mo es que hay en M\u00e9xico una escuela de ciegos; en mi tierra no la hay y ya caigo por qu\u00e9: como en mi tierra no hay el\u00e9ctricas.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><br clear=\"all\" \/>La electricidad, maravilla para algunos, inexplicable para otros, fue el motor de la segunda revoluci\u00f3n industrial y por ello no debe extra\u00f1ar la fe que la generaci\u00f3n de cambio del siglo XIX al XX ten\u00eda en sus potencialidades. Parece que el culto al progreso la inclu\u00eda entre sus santones pues har\u00eda m\u00e1s alegre y deliciosa la vida en el hogar, facilitar\u00eda el transporte en la ciudad, atraer\u00eda m\u00e1s clientela a los negocios con avisos luminosos y alumbrar\u00eda las calles con enormes farolas. Por si esto fuera poco, los hombres de la \u00e9poca encontrar\u00edan un uso m\u00e1s que dar al <i>milagro <\/i>de la electricidad: el medicinal.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5168\" aria-describedby=\"caption-attachment-5168\" style=\"width: 218px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/seq-35-1-copia-432x640.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-5168    \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/seq-35-1-copia-432x640.jpg\" alt=\"Una cura en cada ciudad, publicidad del cinturA?n McLaughlin en The San Francisco Call, 27 de septiembre de 1903, Estados Unidos. Library of Congress, Washington D.C.\" width=\"218\" height=\"322\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-5168\" class=\"wp-caption-text\">Una cura en cada ciudad, publicidad del cintur\u00f3n McLaughlin en The San Francisco Call, 27 de septiembre de 1903, Estados Unidos. Library of Congress, Washington D. C.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El desarrollo de la electroterapia, es decir, el uso de la corriente el\u00e9ctrica con fines terap\u00e9uticos, tuvo una evoluci\u00f3n muy peculiar y muy diferente de lo ocurrido con otras terapias f\u00edsicas. Puede decirse que sus primeras aplicaciones se llevaron a cabo en la antigua Grecia, cuando se utilizaban peque\u00f1as descargas del pez torpedo como medio de sanaci\u00f3n de la artritis, dado que posee \u00f3rganos capaces de producir fuertes descargas el\u00e9ctricas para capturar a sus presas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante centurias se avanz\u00f3 poco en este campo, ya que la tecnolog\u00eda no permit\u00eda la producci\u00f3n de electricidad, ni muchos menos una dosificaci\u00f3n correcta para su aplicaci\u00f3n terap\u00e9utica. Fue a partir de los siglos XVII y XVIII, con la invenci\u00f3n y perfeccionamiento de los generadores electrost\u00e1ticos, la botella de Leiden y la pila de Volta, cuando se desarroll\u00f3 y perfeccion\u00f3, en especial despu\u00e9s de la Ilustraci\u00f3n. La electroterapia adquiri\u00f3 cierta notoriedad a fines del siglo XIX, cuando comenz\u00f3 a generalizarse su uso dom\u00e9stico y la distribuci\u00f3n de la llamada corriente continua.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><a title=\"A?Anda suscrAi??bete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">[&#8230;]<br \/>\nPara leer el art\u00edculo completo, consulte la revista <em>BiCentenario<\/em>.<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Paulina Mart\u00ednez Figueroa CEH-El Colegio de M\u00e9xico En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 24. La electroterapia tuvo un gran auge en M\u00e9xico a fines del siglo XIX. El cintur\u00f3n el\u00e9ctrico del doctor McLaughlin fue el que tuvo mejor aceptaci\u00f3n en la poblaci\u00f3n como m\u00e9todo de cura, desde el asma hasta las enfermedades cr\u00f3nicas. \u00bfSu secreto? Aumenta la energ\u00eda vital con una corriente el\u00e9ctrica suave que restaura los nervios, promet\u00eda una publicidad de la \u00e9poca. En la novela corta Los fuere\u00f1os, escrita por Jos\u00e9 Tom\u00e1s de Cu\u00e9llar en 1883, el autor describe la llegada de una familia de provincia a la ciudad de M\u00e9xico y las peripecias que padece. Al acercarse a la Plaza del Seminario, do\u00f1a Candelaria, la madre de familia, exclama con sobresalto: \u00a1Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9! 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