﻿{"id":4827,"date":"2014-10-14T16:25:25","date_gmt":"2014-10-14T21:25:25","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=4827"},"modified":"2021-05-04T14:01:55","modified_gmt":"2021-05-04T19:01:55","slug":"recuerdos-de-jose-vasconcelos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/recuerdos-de-jose-vasconcelos\/","title":{"rendered":"Recuerdos de Jos&eacute; Vasconcelos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Graziella Altamirano Cozzi &#8211; Instituto Mora.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico \/\u00a0<\/em><em>Durango,\u00a0<\/em><em>450 a\u00f1os de historia<\/em>, edici\u00f3n especial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #e17b10;\"><strong>El escritor oaxaque\u00f1o vivi\u00f3 unos pocos meses en Durango cuando ya abogado fue designado all\u00ed fiscal federal. En algunos tramos de su autobiograf\u00eda, de la cual extraemos aqu\u00ed algunos p\u00e1rrafos, da cuenta de sus pasos por el estado siendo ni\u00f1o y, luego, desde la mirada anal\u00edtica del joven funcionario relata sus observaciones sobre la vida rutinaria de provincia, los contrastes del Porfiriato y un enamoramiento sin voluntades de converger.<\/strong><\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_4833\" aria-describedby=\"caption-attachment-4833\" style=\"width: 377px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Jos\u00e9-Vasconcelos-Library-of-Congress-471x640.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-4833 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Jos\u00e9-Vasconcelos-Library-of-Congress-471x640.jpg\" alt=\"Jos\u00e9 Vasconcelos-Library of Congress (471x640)\" width=\"377\" height=\"512\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-4833\" class=\"wp-caption-text\">Jos\u00e9 Vasconcelos, ca. 1914. Library of Congress, Washington, D. C. Estados Unidos.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>J<\/strong>os\u00e9 Vasconcelos es estimado como uno de los mejores escritores mexicanos de la primera mitad del siglo XX, por su obra autobiogr\u00e1fica <em>Ulises Criollo<\/em>, la cual lo sit\u00faa como novelista de su propia vida, de su ni\u00f1ez y su juventud, en un M\u00e9xico de transici\u00f3n a los a\u00f1os revolucionarios. Hombre de una compleja personalidad cuya obra refleja hondos contrastes de fe, misticismo y sensualidad &#8211;elementos muy comentados por sus cr\u00edticos&#8211;, adem\u00e1s de su extraordinaria pluma literaria, Vasconcelos es considerado como uno de los fundadores y constructores de la pol\u00edtica, la cultura, la educaci\u00f3n y el pensamiento del M\u00e9xico que le toc\u00f3 vivir. Nacido en Oaxaca el 28 de febrero de 1882, Jos\u00e9 Mar\u00eda Albino fue el segundo de los nueve hijos que procrearon Ignacio Vasconcelos Varela y Carmen Calder\u00f3n Conde. Pas\u00f3 su infancia en diferentes partes del pa\u00eds, en raz\u00f3n del trabajo de su padre como inspector de aduanas: en la ciudad fronteriza de Piedras Negras, realizando sus primeros estudios en Eagle Pass; en Toluca, en Campeche y, finalmente, en la ciudad de M\u00e9xico, donde ingres\u00f3 a la Escuela Nacional Preparatoria y a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, obteniendo en 1907 el t\u00edtulo de abogado. Trabaj\u00f3 como pasante en una notar\u00eda y en un juzgado, y ocup\u00f3 el puesto de fiscal federal en la ciudad de Durango, en la que vivi\u00f3 por unos meses. <em>Ulises Criollo<\/em> es el primer tomo de las memorias de Vasconcelos (1935), las cuales empez\u00f3 a escribir en el exilio, cuando ya saboreaba con nostalgia sus recuerdos y evocaba con honda emoci\u00f3n los a\u00f1os de su ni\u00f1ez, sus primeras inquietudes y despertares de juventud, sus vivencias y sentimientos de entonces, as\u00ed como el inicio de sus actividades intelectuales y pol\u00edticas (M\u00e9xico, UNAM, 2008, Nuestros Cl\u00e1sicos, 100).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"color: #e17b10;\">CAMINO A DURANGO<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Jos\u00e9 Vasconcelos. Texto tomado de sus memorias en <em>Ulises Criollo<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos seleccionado de esta obra el relato de dos momentos de la vida de Vasconcelos que convergen en Durango. El primero exhuma los recuerdos del ni\u00f1o que obtuvo &#8220;primera lecci\u00f3n de belleza&#8221; al conocer esta ciudad, recorrer sus calles, presenciar sus tradiciones, percibir sus sonidos y descubrir sus colores con el asombro y la &#8220;alegr\u00eda que le prestaron los ojos de la infancia&#8221;. El segundo, evoca la mirada anal\u00edtica del joven que volvi\u00f3 varios a\u00f1os despu\u00e9s y percibi\u00f3 m\u00e1s lento el transcurrir cotidiano de la misma ciudad, lo que le permiti\u00f3 detenerse a contemplarla, a seguir el ritmo de su gente, a recorrer sus cercanas para guardar las im\u00e1genes de hermosos paisajes que rescatar\u00eda de su memoria y los plasmar\u00eda con una gran fuerza descriptiva. Vasconcelos recuerda al Durango porfiriano, el de los claroscuros y los contrastes que ya presagiaban el estallido social de 1910; el Durango en el que &#8220;confiesa&#8221;, dej\u00f3 un poco de coraz\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_4836\" aria-describedby=\"caption-attachment-4836\" style=\"width: 512px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/19609u-640x458.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-4836   \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/19609u-640x458.jpg\" alt=\"19609u (640x458)\" width=\"512\" height=\"366\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-4836\" class=\"wp-caption-text\">Palacio de Gobierno de Durango, ca. 1910. Library of Congress, Washington, D. C. EUA.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">A mi padre le hab\u00edan asegurado que Durango se parec\u00eda a Oaxaca. Esto bast\u00f3 a decidirlo. Adem\u00e1s, y\u00e9ndose a Durango, contrariaba la corriente de los que empleaban las vacaciones en San Antonio, Texas. Tomando la ruta del sur, le volv\u00eda la espalda ostentosamente al progreso, a lo yanqui. A fuer de entendido, \u00e9l se iba adonde la verdadera civilizaci\u00f3n. La piedra labrada siempre valdr\u00eda m\u00e1s que el cemento, por m\u00e1s que se lo dieran superpuesto en pisos. Con mi padre iba yo por derecho de mayor\u00eda. El viaje le hubiera correspondido enseguida a Concha, pero no quiso separarse de mi madre y cedi\u00f3 el lugar a Lola, que ahora completaba el terceto. Qued\u00f3 mi madre al cuidado de su prole, aumentada ya con el nacimiento de la peque\u00f1a Chole [&#8230;] En los ocios forzados del vag\u00f3n mi padre explicaba por anticipado lo que ver\u00edamos; nos describ\u00eda las ceremonias de la Semana Santa; el porqu\u00e9 de los altares enlutados; la se\u00f1a y los maitines; el <em>Stabat Mater<\/em> y la Misa de Gloria. No era iglesiero ni rezador, sino m\u00e1s bien un creyente tibio. Sin embargo, adoraba el rito, que era para \u00e9l la mejor forma de arte.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Para leer el art\u00edculo completo,\u00a0<a title=\"\u00a1Anda suscr\u00edbete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario.<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Graziella Altamirano Cozzi &#8211; Instituto Mora. En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico \/\u00a0Durango,\u00a0450 a\u00f1os de historia, edici\u00f3n especial. El escritor oaxaque\u00f1o vivi\u00f3 unos pocos meses en Durango cuando ya abogado fue designado all\u00ed fiscal federal. 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