﻿{"id":4807,"date":"2014-10-14T15:04:57","date_gmt":"2014-10-14T20:04:57","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=4807"},"modified":"2021-05-04T10:01:07","modified_gmt":"2021-05-04T15:01:07","slug":"tierra-de-alacranes-entre-leyenda-y-realidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/tierra-de-alacranes-entre-leyenda-y-realidad\/","title":{"rendered":"Tierra de alacranes. Entre leyenda y realidad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Gloria Estela Cano Cooley &#8211; Instituto de Investigaciones Hist\u00f3ricas de la UJED.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico \/\u00a0<\/em><em>Durango,\u00a0<\/em><em>450 a\u00f1os de historia<\/em>, edici\u00f3n especial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #e17b10;\"><strong>Se ganaron el respeto a golpe de coletazos, m\u00e1s en una tierra donde abundan desde los temidos g\u00fceros a los pululantes negros. Varias d\u00e9cadas atr\u00e1s le pusieron letra de m\u00fasica, un primer paso para que los escorpiones pasaran a formar parte del orgullo duranguense.<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120039.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4810\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120039.jpg\" alt=\"P1120039\" width=\"147\" height=\"190\" \/>Ai??<\/a><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120029.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4815\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120029.jpg\" alt=\"P1120029\" width=\"143\" height=\"190\" \/><\/a>Ai??<a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120038.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4809\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120038.jpg\" alt=\"P1120038\" width=\"143\" height=\"190\" \/><\/a>Ai??<a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120033.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4816\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120033.jpg\" alt=\"P1120033\" width=\"168\" height=\"154\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>D<\/strong>esde tiempo inmemorial los escorpiones pueblan muchas regiones de M\u00b4rxico, sin embargo, fue Durango el que se gan\u00f3 el mote de <em>tierra de los alacranes<\/em> por la variedad, cantidad, tama\u00f1o y ponzo\u00f1a de sus ar\u00e1cnidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A diferencia de otros tipos, los alacranes de Durango son de los que s\u00ed se introducen en las casas (sin af\u00e1n de picar hasta no verse agredidos), por lo que los habitantes tuvieron que acostumbrarse a coexistir con ellos y a reconocerlos principalmente por el color de su tegumento, vinculado con el grado de toxicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120047.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-4811 alignleft\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120047.jpg\" alt=\"P1120047\" width=\"302\" height=\"217\" \/><\/a>El color de los alacranes duranguenses va desde las tonalidades claras hasta las m\u00e1s oscuras. Los amarillos, bautizados popularmente con el nombre de <em>g\u00fceritos o aceitosos<\/em>, son los m\u00e1s venenosos y abundantes en la ciudad, de particular manera en las casas antiguas construidas de adobe y\/o de piedra de los barrios de Tierra Blanca, el Calvario y Analco; en las calles de Nogal, Florida y De la Cruz, as\u00ed como en el cerro de Los Remedios. Los <em>canelos<\/em> son numerosos; su matiz rojizo los distingue de los caf\u00e9s, cuyo tono m\u00e1s oscuro llega hasta los <em>alacranes negros,<\/em> que se dice habitaban por mont\u00f3n en el Cerro de Mercado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La picadura del alacr\u00e1n ha sido siempre muy temida. Est\u00e1 escrito que para el a\u00f1o 1749 la ciudad hab\u00eda jurado como su patrono contra esta plaga a San Jorge y, aunque este no existi\u00f3, por muchos a\u00f1os los ni\u00f1os acostumbraban rezarle a san Jorge bendito antes de acostarse, para que amarrara <em>a sus animalitos con su cord\u00f3n bendito<\/em>. En la actualidad, el 23 de abril de cada a\u00f1o se celebra en la catedral de Durango una romer\u00eda en la que, con flores y velas, se invoca la protecci\u00f3n del santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/5SanJorge-480x640.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-4817 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/5SanJorge-480x640.jpg\" alt=\"5SanJorge (480x640)\" width=\"288\" height=\"384\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\">Los mayores recuerdan que en su infancia, cuando no hab\u00eda tantos juguetes y aparatos distractores, se entreten\u00edan largas horas examinando el comportamiento de los alacranes atrapados con tenazas en los huertos de sus casas y metidos con rapidez en un frasco de vidrio. Puestos despu\u00e9s en un aguamanil para que no escaparan, observaban sus danzas &#8211;a lo mejor luchas de sobrevivencia o apareamiento. Gustaban de provocar su enojo sopl\u00e1ndoles o toc\u00e1ndolos en el lomo con alg\u00fan objeto para observar sus coletazos en todas direcciones, pero nunca vieron que uno se suicidara pic\u00e1ndose a s\u00ed mismo, lo cual es un mito, como igual es que los alacrancitos se comen a la madre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120082.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-4812 alignright\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120082.jpg\" alt=\"P1120082\" width=\"337\" height=\"432\" \/><\/a>Se educaba en el temor y respeto a los alacranes. La gente conoc\u00eda bien sus costumbres y tomaba medidas preventivas d\u00eda a d\u00eda. Antes de acostarse se revisaban las s\u00e1banas, y antes de ponerse los zapatos tambi\u00e9n, para que no tuvieran un alacr\u00e1n escondido. De modo casi instintivo, antes de recargarse o de poner la mano en la pared, en las puertas de madera o en los marcos de cantera, se descartaba su posible presencia. Al agua con que se trapeaban los pisos y lavaban las paredes de las casas se le echaba un poco de creolina, pues se cre\u00eda que su olor los ahuyentaba, y lo mismo se pretend\u00eda al tirar los cascarones de huevo en las cenizas ardientes de las estufas de le\u00eda o quemar con alcohol y fuego a los alacranes muertos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de 1943, cuando Miguel \u00c1ngel Gallardo escribi\u00f3 &#8220;Yo soy de la tierra de los alacranes&#8221;\u00a0en la primera l\u00ednea del popular &#8220;Corrido de Durango&#8221;, y este se cant\u00f3 por el mundo, el animal pas\u00f3 a ser imagen del orgullo duranguense. De all\u00ed que en los diferentes clubes deportivos haya existido siempre un equipo que lleve el nombre de los o las <em>Alacranes(as) de Durango.<\/em> Hay conjuntos musicales norte\u00f1os formados por duranguenses, cuyos integrantes visten camisas, sombreros, botas y cinturones con un alacr\u00e1n grabado; probablemente lo lleven tatuado en el cuerpo y, por la letra de sus canciones nost\u00e1lgicas, llevan un alacr\u00e1n grabado en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Asimismo, sin dejar de ser una amenaza real, los alacranes se han convertido en recuerdo y <em>recuerditos<\/em>, siendo estos \u00faltimos parte notable de la artesan\u00eda popular de Durango. Los puestos de vendedores de <em>recuerditos<\/em> abarcan un \u00e1rea importante del mercado de la ciudad, y para los ni\u00f1os y j\u00f3venes que no hayan visto un alacr\u00e1n vivo, se exhiben varios <em>g\u00fceritos<\/em> trepando piedras volc\u00e1nicas y los viejos en su cautiverio de vidrio. Al preguntar de d\u00f3nde sale tanto alacr\u00e1n, los locatarios ocultan la existencia de criaderos y responden que en la sierra existen a\u00fan muchos <em>paninos de alacr\u00e1n<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120026.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4813\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120026.jpg\" alt=\"P1120026\" width=\"187\" height=\"207\" \/><\/a>Ai??<a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120027.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4814\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120027.jpg\" alt=\"P1120027\" width=\"185\" height=\"207\" \/><\/a>Ai??<a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120035.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4808\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/P1120035.jpg\" alt=\"P1120035\" width=\"207\" height=\"203\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La labor de los alacraneros es a\u00fan fundamental, pues no s\u00f3lo surten de materia prima al Centro Antialacr\u00e1nico, tambi\u00e9n a los artesanos que elaboran ceniceros, llaveros, relojes de pared, servilleteros, licoreras, hebillas, anillos, etc. Hasta el muy apreciado jamoncillo de leche es presentado en la forma del alacr\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><a title=\"\u00a1Anda suscr\u00edbete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario.<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gloria Estela Cano Cooley &#8211; Instituto de Investigaciones Hist\u00f3ricas de la UJED. 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A diferencia de otros tipos, los alacranes de Durango son de los que s\u00ed se introducen en las casas (sin af\u00e1n de picar hasta no verse agredidos), por lo que los habitantes tuvieron que acostumbrarse a coexistir con ellos y a reconocerlos principalmente por<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1249,1154,302],"tags":[148,2267,1262],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4807"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4807"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4807\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15788,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4807\/revisions\/15788"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4807"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4807"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4807"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}