﻿{"id":4787,"date":"2014-10-14T12:12:36","date_gmt":"2014-10-14T17:12:36","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=4787"},"modified":"2021-05-04T14:02:30","modified_gmt":"2021-05-04T19:02:30","slug":"multiples-voces-del-cerro-de-mercado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/multiples-voces-del-cerro-de-mercado\/","title":{"rendered":"M&uacute;ltiples voces del Cerro de Mercado"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Enrique Mijares Verd\u00edn.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico \/\u00a0<\/em><em>Durango,\u00a0<\/em><em>450 a\u00f1os de historia<\/em>, edici\u00f3n especial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #e17b10;\"><strong>Mitos, leyendas, sue\u00f1os y desilusiones se cuecen a su alrededor. Nadie puede hacer la cr\u00f3nica del valle de Guadiana mejor que \u00e9l porque ya estaba ah\u00ed cuando los tepehuanes se defend\u00edan de los colonizadores espa\u00f1oles. Su hierro parec\u00eda inagotable, pero no era as\u00ed. Se sucedieron quienes lo explotaron hasta que no fue negocio. Pero hay quienes no desfallecen a\u00fan por exprimir un poco m\u00e1s de sus entra\u00f1as.<\/strong><\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_4791\" aria-describedby=\"caption-attachment-4791\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Fundicion-del-cerro-del-mercado-copia-copia-640x390.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-4791\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Fundicion-del-cerro-del-mercado-copia-copia-640x390.jpg\" alt=\"Fundicion del cerro del mercado copia - copia (640x390)\" width=\"640\" height=\"390\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-4791\" class=\"wp-caption-text\">&#8220;Fundici\u00f3n del Cerro de Mercado&#8221;, Durango, ca. 1890. Tarjeta perteneciente al fondo pictogr\u00e1fico de Colecciones Especiales de la Universidad Aut\u00f3noma de Ciudad Ju\u00e1rez.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>P<\/strong>ara ni\u00f1os acostumbrados al asfalto urbano, explorar la tarde del domingo el Cerro de Mercado constitu\u00eda una aventura parecida a visitar Marte, por lo rojizo del paisaje. Era el \u00fanico d\u00eda de la semana que se pod\u00eda entrar al lugar sin riesgo de derrumbes porque, al descansar los mineros, no retumbaban en el aire las explosiones de dinamita con que los barrenadores remov\u00edan la corteza, los crestones, las entra\u00f1as de ese cuerpo mineral, inerme, indefenso ante la explotaci\u00f3n inmisericorde de que estaba siendo objeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hallazgos se suced\u00edan ante nuestros ojos maravillados. Provistos de sendas l\u00e1mparas de mano, entr\u00e1bamos a la cueva de la marmaja donde el polvo especular permanec\u00eda flotando, movi\u00e9ndose, enviando lancetadas de luz hacia las paredes rugosas, luci\u00e9rnagas <em>bordando de lentejuela la oscuridad.<\/em> A la caverna de piedra lim\u00f3n llev\u00e1bamos tachuelas, clavos y rondanas s\u00f3lo para sentir c\u00f3mo la fuerza de atracci\u00f3n nos las arrebataba de las manos y luego verlas en la techumbre titilando cual min\u00fasculas estalactitas, dejando constancia de que hab\u00edamos estado all\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nunca dimos con la cueva del Diablo, donde dec\u00edan que Pancho Villa guardaba el caudaloso bot\u00edn de sus m\u00faltiples correr\u00edas de bandido, y cada aniversario de su muerte hace temblar la tierra, su caballo relincha y \u00e9l se aparece en medio de una nube de polvo. Tal vez nunca ha existido esa cueva, lo mismo que deben de ser falsas las innumerables leyendas que o\u00edmos acerca del origen de esa monta\u00f1a hecha de una especie de oro y plata que se ha herrumbrado con el tiempo hasta cobijarse bajo esa zalea amoratada que en \u00e9poca de lluvia se cubre de verd\u00edn y hasta le brotan arbustos a los que acuden algunas aves y muchas mariposas. Han dicho que el cerro es un meteorito que cay\u00f3 del espacio haciendo mucho ruido. Que apareci\u00f3 de pronto en el horizonte. Que parec\u00eda una vaca echada all\u00ed desde antes del diluvio. Que hab\u00eda tesoros fabulosos en su vientre. Otros aseguran que en \u00e9l hay puros esqueletos de murci\u00e9lagos y tejones. Asltimamente, suponen que es una enorme fosa clandestina con un mont\u00f3n de cad\u00e1veres adentro. Que era el crest\u00f3n de una veta de oro, con m\u00e1s de veinte millones de pies cuadrados de mineral. Que en el fondo de una inmensa galer\u00eda central brota una fuente, un manantial, un r\u00edo que corre subterr\u00e1neo, se entierra a gran profundidad y no vuelve a salir por ning\u00fan lado.<\/p>\n<figure id=\"attachment_4792\" aria-describedby=\"caption-attachment-4792\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Fot.-Luz-Rodr\u00edguez-100_8968-640x480.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-4792 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Fot.-Luz-Rodr\u00edguez-100_8968-640x480.jpg\" alt=\"Fot. Luz Rodr\u00edguez-100_8968 (640x480)\" width=\"640\" height=\"480\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-4792\" class=\"wp-caption-text\">Cerro de Mercado. Fotograf\u00eda de Luz Rodr\u00edguez Robles.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son tantas las versiones que corren y muchas m\u00e1s las que se van inventando, que desde peque\u00f1o empec\u00e9 no s\u00e9 si a so\u00f1ar o a imaginar la voz del Cerro, percibo clarito que me habla, que me conf\u00eda sus secretos, sus anhelos, sus temores. Desde entonces hasta la fecha no he dejado de conversar con \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Mi nacimiento se remonta a una eternidad mineral sin memoria. Mi existencia es una larga sucesi\u00f3n de accidentes meteorol\u00f3gicos. Entonces apareci\u00f3 el capit\u00e1n Gin\u00e9s V\u00e1zquez de Mercado, y mi cuenta del tiempo se dividi\u00f3 en antes de su llegada y despu\u00e9s de su partida. Todos creen que se fue de aqu\u00ed desenga\u00f1ado y que muri\u00f3 en desgracia. Nadie sabe que me dej\u00f3 a cargo del tesoro que el destino le hab\u00eda prometido. Desde entonces vigilo su recuerdo, mantengo viva su memoria y espero su regreso.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Para leer el art\u00edculo completo,\u00a0<a title=\"A?Anda suscrAi??bete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario.<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Mijares Verd\u00edn. En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico \/\u00a0Durango,\u00a0450 a\u00f1os de historia, edici\u00f3n especial. Mitos, leyendas, sue\u00f1os y desilusiones se cuecen a su alrededor. Nadie puede hacer la cr\u00f3nica del valle de Guadiana mejor que \u00e9l porque ya estaba ah\u00ed cuando los tepehuanes se defend\u00edan de los colonizadores espa\u00f1oles. Su hierro parec\u00eda inagotable, pero no era as\u00ed. 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