﻿{"id":4418,"date":"2014-06-17T16:24:05","date_gmt":"2014-06-17T21:24:05","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=4418"},"modified":"2026-05-07T22:06:40","modified_gmt":"2026-05-08T04:06:40","slug":"los-espacios-de-hospedaje-en-el-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/los-espacios-de-hospedaje-en-el-siglo-xix\/","title":{"rendered":"Los espacios de hospedaje en el siglo XIX"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Paulina Mart\u00ednez Figueroa<br \/>\nEl Colegio de M\u00e9xico<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 23.<\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\"><strong>En las largas traves\u00edas por los caminos de M\u00e9xico, mesones, ventas y hoteles de diligencia reparaban el cansancio de los viajeros en el medio rural o urbano. Abundaban la sencillez y los descuidos en la limpieza. En algunos casos eran improvisados refugio. La habitaci\u00f3n se compart\u00eda, y para dormir estaba el piso o una tabla.<\/strong><\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>E<\/strong>n el camino hacia su desafortunada aventura como colono de Coatzacoalcos en los a\u00f1os treinta del siglo XIX, Mathieu de Fossey pudo ver la ciudad de Veracruz desde la ventana de la peque\u00f1a posada donde se alojaba<i>: <\/i><i>Estaba sucia y hedionda la calle a donde ca\u00eda la ventana de mi cuarto; y no descansaba la vista sino en montones de fango, de basura y de zopilotes; pero en compensaci\u00f3n ten\u00eda tambi\u00e9n la de la mar, que se desarrollaba magn\u00edfica delante de m\u00ed, perdi\u00e9ndose por el horizonte en el azul del cielo. Desde mi cama ve\u00eda enfrente los primeros fuegos del sol naciente dorando las centelleantes oleadas; descubr\u00eda el castillo, los barcos esparcidos all\u00e1 y acull\u00e1 por la rada, y las velas que asomaban a lo lejos.<\/i><\/p>\n<figure id=\"attachment_23790\" aria-describedby=\"caption-attachment-23790\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-23790 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_027.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"751\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_027.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_027-300x282.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_027-768x721.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23790\" class=\"wp-caption-text\">Escalinata en un mes\u00f3n de San \u00c1ngel; en Mary Barton, Impressions of M\u00e9xico, Imprenta de Methuen &amp; Co., 1911.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sentir agridulce se advierte no s\u00f3lo en su descripci\u00f3n del exterior, sino tambi\u00e9n del interior, pues su cuarto apenas contaba con dos sillas y un catre, aunque le proporcion\u00f3 el descanso que necesitaba tras el largo viaje que acababa de concluir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como esta posada, que acogi\u00f3 a nuestro viajero en su paso por M\u00e9xico, existieron otros lugares de hospedaje que tuvieron un lugar fundamental en el desarrollo de la cotidianidad durante el siglo XIX. Su importancia no s\u00f3lo radic\u00f3 en su funci\u00f3n como refugio para caminantes y viajeros que realizaban estad\u00edas m\u00e1s o menos cortas en distintos sitios del pa\u00eds. Tambi\u00e9n fueron lugares significativos para el intercambio de experiencias, de encuentro de compatriotas o de viajeros de distintas nacionalidades. Una poblaci\u00f3n creciente de militares los utiliz\u00f3 casi como cuarteles. Se cuenta incluso que en algunos casos sirvieron de escenario para fraguar rebeliones y asonadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, como todo espacio p\u00fablico, con el paso del tiempo se transform\u00f3 de acuerdo a las necesidades de los inquilinos, de los propios due\u00f1os, las disposiciones gubernamentales y el traj\u00edn de la vida diaria. De esta forma, encontramos que los mesones, posadas, casas de hu\u00e9spedes, ventas y dem\u00e1s sitios de hospedaje reflejan esas transformaciones, incluso f\u00edsicas, de sus instalaciones.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\">Mala fama<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los mesones o posadas, t\u00e9rminos que se usaron como sin\u00f3nimos a lo largo del siglo, estuvieron asociados con la tradici\u00f3n novohispana y por ello, los viajeros mexicanos les atribu\u00edan cierta carga negativa y de relaci\u00f3n con los viejos tiempos, por lo que eran renuentes a utilizarlos. Los extranjeros tambi\u00e9n llegaron a describirlos como sitios l\u00fagubres, sucios, sin mobiliario y detallaron las noches de pesadilla que pasaron recostados en las tablas o en el piso de tierra.<\/p>\n<figure id=\"attachment_23779\" aria-describedby=\"caption-attachment-23779\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-23779 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_016.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"583\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_016.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_016-300x219.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_016-768x560.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23779\" class=\"wp-caption-text\">Detalle de una posada humilde en la cd. de M\u00e9xico en el siglo XIX, litograf\u00eda; en Manuel Toussaint, La litograf\u00eda en M\u00e9xico en el siglo XIX, M\u00e9xico, Estudios Neolitho M. Quesada B., 1934.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\">Los mesones se ubicaron, en general, en las casas t\u00edpicas y amplias de la \u00e9poca colonial. Las habitaciones en dos pisos, rodeaban un patio que serv\u00eda para estacionar los coches o los animales de los hu\u00e9spedes. Ten\u00edan una bodega en donde se guardaban los implementos necesarios para el aseo y alimentaci\u00f3n de caballos y dem\u00e1s animales que acompa\u00f1aban a los inquilinos. Algunos contaban con un edificio anexo, la cocina o fonda, que ten\u00eda salida a la calle y constitu\u00eda uno de los espacios m\u00e1s importantes de todo el local. Tambi\u00e9n exist\u00eda una habitaci\u00f3n en la cual viv\u00eda el administrador. A pesar de que la pastura o el grano para los animales eran fundamentales, generalmente el viajero ten\u00eda que buscarlos en otros sitios pues en el mes\u00f3n no exist\u00eda un lugar especial que lo proveyera.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La descripci\u00f3n de William T. Penny nos muestra el movimiento y la diversidad que abundaba en aquellos sitios:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>En cada pueblo el mes\u00f3n se distingue de las dem\u00e1s casas <\/i>[\u2026] <i>por ser generalmente el edificio m\u00e1s grande, exceptuando la iglesia <\/i>[\u2026] <i>Es una construcci\u00f3n de planta cuadrada que contiene por dentro el patio central que se halla completamente ocupado de carruajes, literas, caballos, mulas y hombres de todas las clases; s\u00f3lo tiene planta baja y todas las habitaciones dan a ese patio. La entrada se hace bajo un pasaje abovedado que se cierra durante la noche <\/i>[\u2026] <i>a un lado de la entrada, bajo el arco, encontramos por lo general la cocina y, opuesto a ella, la tienda o almac\u00e9n de toda suerte de cosas. Ambos compartimientos son de grand\u00edsima importancia para el mes\u00f3n; sin embargo frecuente- mente encontramos el primero sin cocinero y el \u00faltimo con anaqueles vac\u00edos.<\/i><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las descripciones que quedan de estas casas y sus cuartos se\u00f1alan la carencia de ventanas y que s\u00f3lo entraba luz cuando se abr\u00eda la puerta. Tampoco ten\u00edan muebles, ni siquiera camas o lugares donde recostarse. Algunos ostentaban una o dos sillas y alguna mesa, y era com\u00fan que las habitaciones fueran compartidas por varias personas, aunque no se conocieran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de ello, las puertas y escasas ventanas de los mesones sirvieron a viajeros de todas nacionalidades para observar la vida mexicana: mujeres vendiendo comida, mozos de cordel, carruajes y otros peculiares medios de transporte, cargadores y dem\u00e1s poblaci\u00f3n del lugar. Lucien Biart, en <i>La tierra templada, <\/i>escribi\u00f3:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Encendido mi cigarro, fui a reunirme, junto al ancho port\u00f3n de la entrada con los viajeros de toda especie alojados en el hotel. Singuar espect\u00e1culo el de las calles mexicanas, en que cada transe\u00fante, por su traje o por sus maneras, excita la curiosidad del extranjero, que se siente verdaderamente transportado a otro mundo.<\/i><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\">Los mesones o posadas no siempre fueron lugares fijos o construcciones formales de ladrillo, piedra y argamasa. Muchas veces se tuvieron que improvisar establecimientos temporales debido a su escasez o a la realizaci\u00f3n de festividades que exig\u00edan grandes espacios para alojar a los visitantes. Algunos extranjeros atestiguaron la existencia de estos <i>hangares cubiertos de hojas o juncos y cerrados como si fueran una gran jaula con pedazos de madera separados los unos de los otros para que desde afuera pudiera verse lo que pasaba adentro<\/i>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Gracias a su aguda visi\u00f3n de la sociedad mexicana, sus costumbres y sus rituales cotidianos, la pluma de Manuel Payno nos dej\u00f3 una rica descripci\u00f3n de la feria de San Juan de los Lagos, una de las m\u00e1s concurridas en todo el pa\u00eds, y en la que se improvisaban alojamientos para los asistentes:\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Los hoteles eran de lo m\u00e1s originales y c\u00f3micos. Un gran cobertizo formando una galer\u00eda de cincuenta u ochenta varas de largo por seis u ocho de ancho. Las divisiones entre cuarto y cuarto consist\u00edan en una cortina de manta ordinaria por cuyo tejido, sin necesidad de hacer un agujero, se pod\u00eda ver lo que pasaba en la casa del vecino. Los muebles consist\u00edan en un catre de tijera, con o sin colch\u00f3n, una peque\u00f1a mesa de madera y dos sillas, un candelero y un cacharro de barro, para lo que pudiera ofrecerse a la media noche [\u2026] Cada uno de estos cuartos val\u00eda por una noche cuatro pesos, y tom\u00e1ndolos por la temporada, tres pesos diarios, por supuesto, sin asistencia ni comida.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559685&quot;:709,&quot;335559738&quot;:360,&quot;335559739&quot;:360,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\">Casas y ventas\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Un tipo de hospedaje importante durante la \u00e9poca y establecido desde los a\u00f1os treinta fueron las llamadas casas u hoteles de diligencia, negocio ideado y desarrollado por don Anselmo Zurutuza, seg\u00fan cuenta Guillermo Prieto.\u00a0Todos aquellos que utilizaban las diligencias, guayines y bomb\u00e9s de don Anselmo ten\u00edan la posibilidad de hospedarse en ciertas casas que \u00e9l mismo adapt\u00f3 para el servicio.\u00a0Aparentemente ten\u00eda contactos en numerosas ciudades que le permitieron armar una red de establecimientos. Por testimonios, sobre todo de usuarios mexicanos, se sabe que el servicio era bueno. En algunos casos, se adaptaron casas que no fueron construidas como mesones y algunos edificios en desuso. En otros, se establec\u00eda un trato con el due\u00f1o de una posada ya establecida, a fin de que permitiera utilizar parte de su edificio como alojamiento para viajantes. Sin embargo, no todos los caminos de la rep\u00fablica contaban con este tipo de alojamientos. Se los encontraba entre Veracruz y M\u00e9xico, de M\u00e9xico a Quer\u00e9taro y entre Guanajuato y Lagos. Tambi\u00e9n se menciona el servicio hasta Zacatecas. En el resto de los caminos funcionaban las ventas y mesones tradicionales.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Estos espacios albergaron al mismo tiempo dos conceptos distintos de alojamiento y de tradiciones diferentes.\u00a0El mismo Prieto, cuando habla de la reconocida hacienda de\u00a0Arroyozarco, indica:\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">[\u2026] los altos hab\u00edan cobrado el car\u00e1cter de Hotel del Diligencias, merced al genio emprendedor de don Anselmo Zurutuza [\u2026] pero la parte baja, la del com\u00fan de m\u00e1rtires. Era el mes\u00f3n del tiempo virreinal, con su tizne y su grasa, sus criados ladinos y su fig\u00f3n lleno de humo, estorbado por perros cazcarrientos y animado por maritornes mugrosas, mechudas y de fisonom\u00edas que con s\u00f3lo mirarlas ahuyentaba el hambre\u2026 y el hombre.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559685&quot;:709,&quot;335559738&quot;:360,&quot;335559739&quot;:360,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Otro importante espacio de alojamiento durante la \u00e9poca fueron las ventas. Si bien los mesones y posadas se relacionaron con el entorno urbano, las ventas fueron los refugios que recibieron a los viajeros en los despoblados, en los caminos. Los trayectos de un poblado a otro sol\u00edan ser largos y los caminos bastante malos. Resultaba una tortura, tanto para viajeros como para aurigas, pasar muchas horas continuadas en los distintos tipos de transporte. Es probable que caballos y mulas resistieran m\u00e1s, pero ellos tambi\u00e9n necesitaban descanso y alimentos para no morir en el trayecto, cosa que suced\u00eda a menudo.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Por otro\u00a0lado\u00a0estaba la cuesti\u00f3n de la inseguridad. Los caminos eran asediados por bandidos y muchos viajeros fueron despojados de sus pertenencias durante sus traslados. Las ventas, adem\u00e1s de servir como\u00a0refugio, interrump\u00edan las enormes distancias entre un pueblo y otro, trayectos en los que estas bandas pod\u00edan actuar con m\u00e1s facilidad. Sin embargo, se corri\u00f3 el rumor de que algunos administradores eran c\u00f3mplices de los delincuentes y participaban en los asaltos a los viajeros, de modo que algunas ventas con mala fama eran eludidas durante los recorridos.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Totolapan, C\u00f3rdoba, cerca de R\u00edo Fr\u00edo,\u00a0pero\u00a0sobre todo, Arroyo Zarco, en el camino\u00a0de M\u00e9xico a Quer\u00e9taro, fueron las ventas m\u00e1s conocidas. Por lo general eran grandes haciendas con vastos terrenos y acceso a agua \u2013cerca de los llamados caminos reales\u2013, de amplios establos y caballerizas, y con sembrad\u00edos o \u00e1rboles frutales que la abastec\u00edan de manera regular. El paso de la guerra de independencia dej\u00f3 consecuencias en estas construcciones, como Joel R. Poinsett atestigu\u00f3 a su paso por el lugar:\u00a0\u201cA las cinco llegamos a la posada de Arroyo Zarco, que es una gran hacienda. El lugar estaba en ruinas, pues lo incendiaron durante las luchas revolucionarias, y encontramos que las pocas piezas que hab\u00edan quedado estaban ocupadas por viajeros\u201d.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Con el tiempo, la hacienda rehabilit\u00f3 los espacios y, como vimos l\u00edneas arriba, un hotel\u00a0de diligencia ocup\u00f3 la parte alta del edificio. Sin embargo, aparentemente nunca recuper\u00f3 su esplendor. El vasto edificio, situado\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">casi a la entrada de las f\u00e9rtiles llanuras del Baj\u00edo, fue descrito por Luis\u00a0Bellemare\u00a0como un amplio patio cuadrado con p\u00f3rticos de piedra parecidos a las de un convento viene a ser como el vest\u00edbulo; los cuartos de los viajeros se hallan debajo de las galer\u00edas. M\u00e1s adentro hay otros dos o tres patios con cuadras bastante espaciosas para alojar c\u00f3modamente un regimiento de caballer\u00eda [\u2026]<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559685&quot;:709,&quot;335559738&quot;:360,&quot;335559739&quot;:360,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Una vez m\u00e1s, los observadores mexicanos notaron su extenso y cuadrado patio, sus amplios portales o la entrada a las caballerizas, y percibieron tambi\u00e9n la\u00a0\u201cclasificaci\u00f3n perfecta\u201d\u00a0que exist\u00eda en la distribuci\u00f3n de los espacios habitables y de los inquilinos: El\u00a0portal es propiedad de los arrieros y viandantes pedestres y de escasa fortuna; los cuartos reciben a los transe\u00fantes de caballer\u00eda y a los que atraviesan en apopl\u00e9tico bomb\u00e9s; y la parte superior, a\u00e9rea y elegante, para los que se anuncian al chasquido del l\u00e1tigo y al r\u00e1pido rodar de la diligencia [\u2026] Para un observador, la gradaci\u00f3n apenas bosquejada pod\u00eda presentar tres fases curiosas de\u00a0nuestra\u00a0civilizaci\u00f3n, desde el\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">alter ego<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0del pollino hasta la caricatura del gentleman, o del\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">lion<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0parisiense\u201d.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Tambi\u00e9n llam\u00f3 la atenci\u00f3n de los viandantes el extraordinario movimiento y coordinaci\u00f3n con que se iniciaban las jornadas, cargando los convoyes de mulas, alimentando a los animales, reparando albardas\u00a0o curando a los animales heridos; los arrieros con su desayuno de atole y tasajo y finalmente la partida: los pasos precipitados del caballo, hombres y mujeres montados, y la larga fila de animales que reiniciaba la marcha.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">De esta forma, el espacio de la venta se relacion\u00f3 mucho m\u00e1s con el campo, lo rural, los caminos, y siempre se consider\u00f3 como una suerte de oasis tras las inciertas y agotadoras jornadas que experimentaban los viajeros:\u00a0\u201cM\u00e1s que cansancio del cuerpo se siente uno cansado espiritualmente ante el incesante cambio que un viaje como el realizado ofrece, y ante los constantes matices y colores que a galope parecen desfilar ante nosotros, tal como si fueran nuevos cuadros de una gran linterna m\u00e1gica\u201d, atestigu\u00f3 Carlos Guillermo\u00a0Koppe.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\" data-contrast=\"none\">Hoteles en la ciudad<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;134245418&quot;:true,&quot;134245529&quot;:true,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335551550&quot;:2,&quot;335551620&quot;:2,&quot;335559738&quot;:360,&quot;335559739&quot;:240,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">El \u00faltimo espacio de hospedaje del que hablaremos en esta ocasi\u00f3n son los hoteles, concepto que apareci\u00f3 en M\u00e9xico de manera un tanto tard\u00eda y siempre estuvo m\u00e1s relacionado con las \u201cgrandes ciudades\u201d, las clases altas y cierta idea del lujo que se comenz\u00f3 a difundir durante aquellos a\u00f1os, concepto que ya iba de la mano con los de modernidad y civilizaci\u00f3n de finales del siglo XIX<\/span><span data-contrast=\"auto\">.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Los viajeros extranjeros fueron los que emplearon m\u00e1s el t\u00e9rmino, sin embargo, por lo general usaron las palabras mes\u00f3n, posada y hotel como sin\u00f3nimo.\u00a0En las cr\u00f3nicas mexicanas, los hoteles aparecen poco y lo hacen para designar un establecimiento distinto al mes\u00f3n o posada tradicional de raigambre colonial, un lugar con un tipo de servicio diferente y en el cual la idea de comodidad ya se encuentra mucho m\u00e1s presente.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">El ejemplo de hotel por excelencia en el M\u00e9xico decimon\u00f3nico lo ofrece La Gran Sociedad, que se encontraba en la esquina de la calle del Esp\u00edritu Santo,\u00a0\u201cextendi\u00e9ndose hasta la calle del coliseo en la ciudad de M\u00e9xico\u201d. Al correr el tiempo, pas\u00f3 de ser llamado la gran suciedad, al sitio al que la gente de clase alta acud\u00eda tanto a hospedarse, como a comer, jugar billar o tomar un helado.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Hay datos que indican que el negocio era de un franc\u00e9s, otros\u00a0que\u00a0de un mexicano, don Diego Ram\u00f3n Somera. Lo constante son referencias a las secciones en que estaba dividido: caf\u00e9, billares, never\u00eda y hospedaje. Tambi\u00e9n se indica que, en esta \u00faltima secci\u00f3n, se contaba con la particularidad de tener colchones,\u00a0\u201c\u00fatil desconocido en mesones y posadas comunes\u201d.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">t\u00e9rmino hotel, adem\u00e1s de incluir cuestiones relativas a la comodidad, subrayaba las referentes a la higiene. Recordaremos para ello a don\u00a0Anselmo Zurutuza que en sus Casas de Diligencia \u2013llamados posteriormente Hoteles\u00a0e Diligencia\u2013, arregl\u00f3 cuartos y dispuso fondas, dio a conocer\u00a0\u201cespejos y lavamanos, ba\u00f1os e inodoros, llevando su celo al extremo de dictar un reglamento para el aseo de los concurrentes; atenciones para las se\u00f1oras y decencia y compostura en la mesa del comedor\u201d. Es interesante notar que en ninguna de las descripciones de mesones, ventas o posadas aparece la idea moderna de un cuarto de ba\u00f1o.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Pero regresemos al \u00e1mbito capitalino. La Gran Sociedad se convirti\u00f3 en el lugar en que se daba cita la gente m\u00e1s acomodada:\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">comerciantes, ricos, empleados de categor\u00eda, jefes del ej\u00e9rcito, hacendados ociosos, tah\u00fares de renombre, que se mezclaban sin escr\u00fapulo con c\u00f3micos y danzantes; caballeros de industria y ni\u00f1os de casa grande, como se les llamaba, holgazanes y prostituidos [\u2026]<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559685&quot;:709,&quot;335559738&quot;:360,&quot;335559739&quot;:360,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">El espacio entonces se modific\u00f3, diversific\u00f3 y adapt\u00f3 a un nuevo tipo de p\u00fablico. Se dejaron atr\u00e1s, por ejemplo, los lugares para los animales, los cuales antes conviv\u00edan de manera muy cercana con los hu\u00e9spedes, provocando serios problemas tanto al descanso como a la salud de los inquilinos.\u00a0Pero, adem\u00e1s, se adoptaron otros tipos de diversiones, se modificaron las zonas para ingerir alimentos, la distribuci\u00f3n y cuidado de las habitaciones, lo cual tambi\u00e9n provoc\u00f3 un cambio en las formas de interacci\u00f3n entre los hu\u00e9spedes y entre \u00e9stos y los administradores.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_23796\" aria-describedby=\"caption-attachment-23796\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-23796 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_035.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"621\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_035.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_035-300x233.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/BiC_23_035-768x596.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23796\" class=\"wp-caption-text\">L. Dumont, P. Blanchard, Palais de l&#8217;empereur Iturbide (actuelment hotel des diligences g\u00e9n\u00e9rales).<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Como vimos, los sitios de hospedaje no s\u00f3lo funcionaron como establecimientos para alojar a viajeros y a personas que transitaban por el pa\u00eds temporalmente. Fueron sitios de encuentro, lugares en donde se compartieron an\u00e9cdotas, refugios contra el cansancio, pero tambi\u00e9n contra los bandidos y gavilleros, la diferencia entre la vida y muerte de animales y entre el transporte de pasajeros y mercanc\u00edas. Sitios en donde la tradici\u00f3n y la modernidad se disputaban espacios, hombres y servicios.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"none\">PARA SABER M\u00c1S<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"1\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Bellemare, Luis De,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Escenas de la vida mexicana<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, Barcelona, s\/e, 1945. (1825).<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"2\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Biart, Lucien,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">La tierra templada. Escenas de la vida mexicana (1846- 1855)<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, M\u00e9xico,\u00a0Jus, 1959.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"3\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Bullock, William, \u201cLe\u00a0Mexique\u00a0en 1823\u201d, en\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Viajes en M\u00e9xico. Cr\u00f3nicas extranjeras<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, selecci\u00f3n, traducci\u00f3n e introducci\u00f3n de Margo Glantz, M\u00e9xico, Secretar\u00eda de Obras P\u00fablicas, 1964, pp. 96-105.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"4\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Koppe, Carlos Guillermo,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Cartas a la patria. Dos cartas alemanas sobre el M\u00e9xico de 1830<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, M\u00e9xico,\u00a0<\/span><span data-contrast=\"none\">UNAM<\/span><span data-contrast=\"auto\">\/Facultad de Filosof\u00eda y Letras\/Direcci\u00f3n\u00a0General de Publicaciones, 1955.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Paulina Mart\u00ednez Figueroa El Colegio de M\u00e9xico En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 23. En las largas traves\u00edas por los caminos de M\u00e9xico, mesones, ventas y hoteles de diligencia reparaban el cansancio de los viajeros en el medio rural o urbano. Abundaban la sencillez y los descuidos en la limpieza. En algunos casos eran improvisados refugio. La habitaci\u00f3n se compart\u00eda, y para dormir estaba el piso o una tabla. En el camino hacia su desafortunada aventura como colono de Coatzacoalcos en los a\u00f1os treinta del siglo XIX, Mathieu de Fossey pudo ver la ciudad de Veracruz desde la ventana de la peque\u00f1a posada donde se alojaba: Estaba sucia y hedionda la calle a donde ca\u00eda la ventana de mi cuarto; y no descansaba la vista sino en montones de fango, de basura y de zopilotes; pero en compensaci\u00f3n ten\u00eda tambi\u00e9n la de la mar, que se<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,1228],"tags":[1229],"class_list":{"0":"post-4418","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-23","8":"tag-hospedajes"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4418","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4418"}],"version-history":[{"count":19,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4418\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":23935,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4418\/revisions\/23935"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4418"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4418"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4418"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}