﻿{"id":4235,"date":"2014-04-09T16:56:44","date_gmt":"2014-04-09T21:56:44","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=4235"},"modified":"2026-03-27T00:04:01","modified_gmt":"2026-03-27T06:04:01","slug":"no-mas-culpa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/no-mas-culpa\/","title":{"rendered":"No m\u00e1s culpa"},"content":{"rendered":"<p>Ana Su\u00e1rez<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 22.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #333300;\"><b>El ruido aumenta, las pisadas sobre la hierba y la rotura de ramas indican que el jinete no va solo. De un s\u00fabito muro de sombras sale una descarga de fusiler\u00eda. Aparecen Ju\u00e1rez, el Gran Maestre y San Ignacio de Loyola para sonre\u00edrle al presidente Comonfort.<\/b><\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_4236\" aria-describedby=\"caption-attachment-4236\" style=\"width: 435px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/81-Comonfort.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-4236 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/81-Comonfort.png\" alt=\"Ignacio Comonfort; en Rivera Cambas, Los gobernantes de MAi??xico, 1872.\" width=\"435\" height=\"567\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-4236\" class=\"wp-caption-text\">Ignacio Comonfort; en Rivera Cambas, Los gobernantes de M\u00e9xico, 1872.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es tiempo de cosechar el ma\u00edz o disponer la tierra para el trigo, pero los campos que pasan a los lados de la carretela se ven solitarios y tristes y la gente se guarda en sus casas. Debe ser por el calor de las cuatro o m\u00e1s bien por la incertidumbre reinante, ya que los vecinos de Chamacuero les advirtieron de la gavilla de malhechores que merodea por las cercan\u00edas. Carajo, el abandono ha hecho presa del pa\u00eds despu\u00e9s de la guerra civil que \u00e9l mismo provoc\u00f3, porque a\u00fan no lo entiende, si \u00e9l cre\u00eda en otra cosa, pero dio o\u00eddos a quienes le dec\u00edan: &#8220;Usted es el presidente, se\u00f1or Comonfort, usted puede anular la Constituci\u00f3n&#8221;. Nunca le pesar\u00e1 bastante; la culpa lo persigui\u00f3 implacable durante sus casi cuatro a\u00f1os de exilio, y lo persigue a\u00fan, hasta en ese lugar perdido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada le sirve para distraer la mente, ni descubrir el paisaje ni pensar en sus hijas; \u00bfqu\u00e9 har\u00e1n ahora Clara y Adela? Al menos en Monterrey estar\u00e1n protegidas de las faltas de su padre. Ah\u00ed est\u00e1, es la culpa otra vez; por m\u00e1s contrici\u00f3n que sienta o empe\u00f1o que ponga, no consigue aliviarla. Aunque no se va a rendir. Obre Dios para que halle la forma de concluir con su misi\u00f3n de despedir a los <i>franchute<\/i>s que avanzan sobre el territorio y de pasada perdonarse a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dice que habr\u00eda de darse tiempo para cavilar; as\u00ed lo recomendaba el padre rector a los pupilos del Colegio Carolino cuando \u00e9l era uno de ellos. Pero el sol que a esa hora pega en el valle no lo deja discurrir con inteligencia. Los rayos son fuertes en tiempo de seca y el bochorno se hace insoportable, pese a que el coronel Cerda lleva las mulas a buen paso y la brisa del arroyuelo que los viene orientando los abanica un poco. Convendr\u00eda devolverse al pueblo y esperar hasta el amanecer, pero llevan ya buen rato de haberlo dejado y retrasar\u00edan mucho la llegada a Guanajuato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Urge llegar. Tan pronto como sea posible, debe reunir al ej\u00e9rcito para someter a los franceses; el se\u00f1or Ju\u00e1rez lo perdon\u00f3 y le ha otorgado su confianza, no le puede fallar. \u00a1Es lo que m\u00e1s desea! Eso, y un palmo de patria para establecerse con Clara y Adela y vivir en familia el d\u00eda a d\u00eda, \u00e9l entregado a sus negocios, ellas al cuidado del hogar. Pero es Dios quien obrar\u00e1 en el futuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La carretela avanza ahora junto a las aguas mansas que comienzan a ensancharse; desde ah\u00ed logra ver el punto donde el cauce se junta con el r\u00edo de la Laja. La soledad sigue reinando, y eso lo turba, tendr\u00edan al menos que haberse cruzado con alg\u00fan arriero de los que van y vienen por el Baj\u00edo o avistar a una mujer agachada sobre la corriente mientras lava la ropa y vigila a los hijos que chapotean alegres. Algo raro pasa, tal vez sean los bandoleros que tienen espantada a la gente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comitiva se detiene ante el afamado molino de Soria; solo queda una ruina, como del pa\u00eds entero, qu\u00e9 tristeza. Nadie aparece, aunque s\u00ed, un hombre malencarado asoma por la puerta, apenas saluda y gru\u00f1e ser el administrador; el coronel Cerda se aplica para arrancarle el rumbo por el que toca seguir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El camino sin orillas se angosta despu\u00e9s del puente que cruza el arroyo. El puente est\u00e1 tan maltrecho que no aguantar\u00e1 el peso de la carretela, m\u00e1s la escolta de 20 jinetes. Menos mal que los carabineros de la retaguardia se han retrasado; as\u00ed pasar\u00e1n m\u00e1s tarde y el peligro ser\u00e1 menor, si no pasan todos juntos. Eso es, lo han logrado, pero lo que viene se mira arriesgado. Con el r\u00edo a la izquierda y el elevado derrumbe a la derecha, solo queda avanzar o volverse. Entonces, que Cerda azuce a las mulas para eludir cualquier asechanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La quietud impera, nada se escucha, pero hay algo, s\u00ed, a unas 25 varas se distingue el trotar de un jinete que viaja en sentido contrario; debe ser un arriero, \u00e9l les dir\u00e1 si es posible salvar la ca\u00f1ada. El ruido aumenta, las pisadas sobre la hierba y la rotura de ramas indican que no va solo; los susurros se tornan voces, ahora son gritos. De un s\u00fabito muro de sombras sale una descarga de fusiler\u00eda, a la que sucede el ruido de cuerpos que se desploman y una multitud les cae encima con machetes, pistolas, espadas, hasta piedras. Son demasiados para ser malhechores; esos se mueven en partidas menores y estos se cuelan por todas partes haciendo estragos, amedrentan a los caballos y empujan a quienes pasan cerca; dif\u00edcilmente logra reconocer a los suyos. \u00bfQu\u00e9 debe hacer? <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Lo inunda el olor de la p\u00f3lvora, el ruido de la fusiler\u00eda estalla en sus o\u00eddos, pero se las arregla para asir la pistola con fuerza. Luego de ver que el coronel Cerda yace sobre el asiento con un machete clavado en la frente, se apea de la carretela y monta un caballo sin due\u00f1o; no es momento de morir, que Dios le conceda el plazo que necesita para desempe\u00f1ar su encomienda.\u00a0 A\u00fan tiene que reunir a los oficiales y las tropas dispersas, atraer a los desafectos, apoyar a la guerrilla, conseguir fusiles, parque, ca\u00f1ones. Qu\u00e9 diablos, ha de cumplir el <\/span><i><span data-contrast=\"auto\">juro que luchar\u00e1 por la independencia de la patria <\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">que de joven pronunci\u00f3 ante el Gran Maestre y los hermanos de la logia.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Algunos guardias se repliegan hacia el puente; es lo sensato, pero ser\u00eda indigno de su parte hacer lo mismo, carajo, \u00bfpara qu\u00e9 negar que un d\u00eda \u00e9l se comport\u00f3 indignamente? De todos modos, siendo ahora general en jefe del ej\u00e9rcito de la rep\u00fablica, ser\u00eda imperdonable que lo hiciera otra vez. Aunque ni caso tiene considerarlo, el ansia que siente en el est\u00f3mago y el coraz\u00f3n que le retumba con fuerza y le quita el aliento le dicen que est\u00e1 rodeado. \u00bfC\u00f3mo salir avante? No debe perder la primera batalla de la guerra, ni dejar solas a sus hijas; a\u00fan ha de velar por ellas, lo necesitan. No, como sea, ganar\u00e1 a los malditos que lo est\u00e1n atacando; seguro son de las tropas reaccionarias, desgraciados traidores que abrieron las puertas al invasor. <\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Siente un dolor filoso introduci\u00e9ndosele en la cabeza; lo peor es el pecho, que le sangra con perfidia. Debe darse tiempo para pensar, como le ense\u00f1aron los jesuitas, pero no lo hay; ha de resolver r\u00e1pido c\u00f3mo salir del embrollo. <\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Cierra los ojos mientras suelta la pistola para cubrirse el pecho con las manos, nada m\u00e1s un instante, pero el clar\u00edn de las trompetas y el batir de los tambores causa gran estr\u00e9pito; no lo puede creer, son los carabineros que los han alcanzado. Obra Dios. Lo extra\u00f1o es que no llegan solos, sino que los acompa\u00f1an cientos de hombres formando varias columnas, unos a pie, otros a caballo; a lo lejos ve carretas cargadas de ca\u00f1ones. Las mujeres y los ni\u00f1os del pueblo se aglomeran a los lados del arroyo. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Son un mar de gente, la \u00faltima cresta de la naci\u00f3n que rompe contra las casas de Chamacuero. Se pregunta qui\u00e9n los habr\u00e1 mandado; su sorpresa es grande al descubrir en la vanguardia al mism\u00edsimo licenciado Ju\u00e1rez rodeado por su gabinete y con el pie puesto sobre la espalda del administrador del Molino de Soria. Ese truh\u00e1n merece la horca por no haberles advertido del peligro que corr\u00edan. El se\u00f1or presidente enarbola la divisa tricolor mientras conversa con alguien que porta ropa clerical y grita que la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas no solo se encuentra lista para resistir al vil adversario, sino tambi\u00e9n para derrotarlo. Es San Ignacio de Loyola, s\u00ed que lo es, su rostro es id\u00e9ntico al de la imagen que presid\u00eda la capilla del Colegio Carolino; lo corean el padre rector y cuantiosos jesuitas con sotana y alzacuellos, rezan frente al estandarte de la Virgen de Guadalupe y tienen en sus manos las picas, alabardas, arcabuces y ballestas utilizadas en tiempos del fundador.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Un poco m\u00e1s all\u00e1, el Gran Maestre de la Logia encabeza otra columna; tras \u00e9l se forman hermanos de todos los ritos y grados, visten traje de ceremonia y llevan los atributos de sus cargos colgados del cuello; varios agitan banderas al tiempo que gritan las tres salvas reglamentarias. En ese momento todos vuelven la cabeza para observarlo; el silencio se impone; el licenciado Ju\u00e1rez y el Gran Maestre le sonr\u00eden c\u00e1lidamente; San Ignacio extiende el brazo derecho y le da la absoluci\u00f3n. Es el tiempo que se ha detenido para concederle sus deseos m\u00e1s ocultos. Son sus afanes y su penar de tantos a\u00f1os que llegan a t\u00e9rmino; concentradas las tropas que echar\u00e1n a los invasores, le es f\u00e1cil figurarse c\u00f3mo los van a hacer retroceder por valles y monta\u00f1as hasta el litoral del golfo, y all\u00ed les exigir\u00e1n abordar los barcos que los devolver\u00e1n a la Francia. Abre entonces los ojos y mira que el cielo azul se ha apagado, ahora los baja para descubrirse embrocado sobre una barah\u00fanda de soldados y caballos abatidos. Las mulas derribaron la carretela, los bagajes est\u00e1n regados por el suelo. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">El dolor le rasga el pecho, le penetra los sesos y lo paraliza, pero se las compone para arrastrarse hacia el suelo y acariciarlo con los dedos cubiertos de sangre. Mientras su pensamiento se ensombrece hacia la noche total, roza con suavidad el palmo de patria que ha recuperado, es suyo, para siempre. Siente que por fin es libre de culpa, ya no la sentir\u00e1 m\u00e1s.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Su\u00e1rez Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 22. El ruido aumenta, las pisadas sobre la hierba y la rotura de ramas indican que el jinete no va solo. De un s\u00fabito muro de sombras sale una descarga de fusiler\u00eda. Aparecen Ju\u00e1rez, el Gran Maestre y San Ignacio de Loyola para sonre\u00edrle al presidente Comonfort. Es tiempo de cosechar el ma\u00edz o disponer la tierra para el trigo, pero los campos que pasan a los lados de la carretela se ven solitarios y tristes y la gente se guarda en sus casas. Debe ser por el calor de las cuatro o m\u00e1s bien por la incertidumbre reinante, ya que los vecinos de Chamacuero les advirtieron de la gavilla de malhechores que merodea por las cercan\u00edas. 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