﻿{"id":4203,"date":"2014-04-08T17:59:37","date_gmt":"2014-04-08T22:59:37","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=4203"},"modified":"2026-03-27T00:02:34","modified_gmt":"2026-03-27T06:02:34","slug":"claves-para-legitimar-el-traje-de-charro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/claves-para-legitimar-el-traje-de-charro\/","title":{"rendered":"Claves para legitimar el traje de charro"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Faustino A. Aquino S\u00e1nchez<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Museo Nacional de las Intervenciones, INAH.<\/span><\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 22.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\"><b>Si hay una vestimenta que pueda identificar la imagen del hombre de campo mexicano es la del charro. El autor la defiende como tradici\u00f3n ecuestre de siglos, arraigada en la poblaci\u00f3n, que le da identidad y renombre al pa\u00eds, en contraposici\u00f3n a quienes la cuestionan por su imagen estereotipada y supuestamente artificial.<\/b><\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_4204\" aria-describedby=\"caption-attachment-4204\" style=\"width: 733px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/12.-Eugenio-Landesio-El-puente-de-San-Antonio-en-el-camino-a-San-A?ngel-1855-MUNAL.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-4204 \" title=\"Charros\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/12.-Eugenio-Landesio-El-puente-de-San-Antonio-en-el-camino-a-San-\u00c1ngel-1855-MUNAL.jpg\" alt=\"12. Eugenio Landesio, El puente de San Antonio en el camino a San A?ngel, 1855-MUNAL\" width=\"733\" height=\"578\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-4204\" class=\"wp-caption-text\">Eugenio Landesio, El puente de San Antonio en el camino a San \u00c1ngel, 1855. COL. MUNAL.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde tiempos antiguos se ha considerado al charro como la imagen por antonomasia de lo mexicano. Sin embargo, en las \u00faltimas d\u00e9cadas, la legitimidad de su traje como el traje nacional de M\u00e9xico ha sido cuestionada por historiadores e intelectuales que consideran a los charros de hoy descendientes y representantes de las clases y regiones m\u00e1s conservadoras del pa\u00eds, y a su representatividad nacional, un <i>invento<\/i>, un simple estereotipo de la pol\u00edtica priista de la primera mitad del siglo XX, que encontr\u00f3 en el cine un c\u00f3mplice perfecto para difundir una identidad nacional <i>artificial<\/i>, relacionada con un tipo rid\u00edculamente fanfarr\u00f3n que nada ten\u00eda que ver con el M\u00e9xico urbano posrevolucionario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al escribir lapidariamente en contra de una de las tradiciones m\u00e1s importantes de M\u00e9xico, estos autores parecen olvidar que la charrer\u00eda obtuvo la representaci\u00f3n nacional desde la primera mitad del siglo XIX, no en el XX. En aquella \u00e9poca, este era un pa\u00eds rural y de jinetes, por lo que, a excepci\u00f3n de los indios, desde la alta California hasta los estados sure\u00f1os, la mayor\u00eda de los mexicanos vistieron ese traje. Con \u00e9l se dieron a conocer ante el mundo cuando, luego de la apertura al contacto internacional gracias a la independencia, los viajeros extranjeros difundieron en Europa y Estados Unidos la idea de que el traje ecuestre era el traje nacional de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Mexican-riding-costume.-William-E.-Carson-Mexico-the-wonderland-of-the-South-NY-McMillan-1909..png\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-4208 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Mexican-riding-costume.-William-E.-Carson-Mexico-the-wonderland-of-the-South-NY-McMillan-1909..png\" alt=\"Mexican riding costume. William E. Carson, Mexico, the wonderland of the South, NY, McMillan, 1909.\" width=\"272\" height=\"376\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viajeros como madame Calder\u00f3n de la Barca y representantes diplom\u00e1ticos de las grandes potencias escribieron cartas y diarios de viaje en los que asentaron su sorpresa al percatarse de que en M\u00e9xico la pr\u00e1ctica de la equitaci\u00f3n \u2014que en Europa era privilegio de las clases acomodadas\u2014 era tan extendida, que hasta campesinos humildes dispon\u00edan de caballos como medio de transporte cotidiano y vest\u00edan un traje ecuestre totalmente original del pa\u00eds. De hecho, desde siglos anteriores se sab\u00eda que la equitaci\u00f3n mexicana era de las mejores del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El jinete mexicano era conocido con el apelativo de <i>ranchero<\/i>, equivalente a campesino o aldeano, pues la palabra rancho o rancher\u00eda se refiere a un conjunto de chozas cuyos habitantes se dedican a las labores propias del campo. Un ejemplo de la admiraci\u00f3n que su traje despertaba entre los extranjeros son las palabras del espa\u00f1ol Niceto de Zamacois, quien lo describi\u00f3 como <i>ese hombre que parece que le han clavado a la silla del caballo, seg\u00fan lo firme y bien sentado que va en ella. \u00bfQu\u00e9 vestido m\u00e1s propio para montar sobre un arrogante alaz\u00e1n que el suyo? Los extranjeros lo miran con inter\u00e9s y gusto, y aplauden entre s\u00ed la feliz idea del que lo invent\u00f3, como la aplaud\u00ed yo, cuando al venir de Espa\u00f1a pude admirar tan pintoresco traje<\/i>.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\"><b>Tradici\u00f3n y categor\u00edas<\/b><\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde fines del siglo XVIII y hasta mediados del XIX dicho traje (que pod\u00eda confeccionarse con cualquier tipo de tela y en cualquier color) consist\u00eda en un sombrero redondo de ala ancha y copa baja llamado jarano que pod\u00eda estar decorado con galones y gruesa toquilla, muchas veces de plata; camisa (no necesariamente blanca); chaqueta corta llamada cotona adornada con bordados y alamares, tambi\u00e9n com\u00fanmente de plata; faja o ce\u00f1idor de seda roja, pantal\u00f3n con perniles abiertos (llamado calzonera) que dejaba expuesto un ancho calz\u00f3n blanco y que pod\u00eda cerrarse en el momento de montar a caballo por medio de una serie de botones (la llamada botonadura); una pieza de cuero o gamuza (que pod\u00eda ser decorada con bordado o repujado) enrollada en la pantorrilla y sujeta por debajo de la rodilla con cordones o tiras de cuero, a la que llamaban bota de campana o campanera, y entre esta y la pierna, un cuchillo de monte; como calzado, botines y las indispensables espuelas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una gran tradici\u00f3n ecuestre no pudo sino producir una vestimenta y unos arreos a su altura, y Zamacois no erraba al llamarlos pintorescos, pues numerosos artistas gr\u00e1ficos, nacionales y extranjeros (entre estos el italiano Claudio Linati, los alemanes Johan Moritz Rugendas y Carl Nebel, el franc\u00e9s Edouard Pingret o el ingl\u00e9s Daniel Thomas Egerton) ejecutaron \u00f3leos y litograf\u00edas que captaron la imagen del ranchero en sus m\u00e1s m\u00ednimos detalles, y en la mayor\u00eda de sus paisajes, ya fueran naturales o urbanos, no dejaron de incluirla como un sello distintivo de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/FOTOTECA-No.-24753-c.-1922.png\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-4207 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/FOTOTECA-No.-24753-c.-1922.png\" alt=\"FOTOTECA, No. 24753, c. 1922\" width=\"790\" height=\"496\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan puede verse en la novela costumbrista <i>Astucia. El jefe de los hermanos de la hoja o los charros contrabandistas de la rama<\/i>, de Luis G. Incl\u00e1n, publicada en 1865 y ambientada en la d\u00e9cada de 1830, entre los rancheros exist\u00eda una categor\u00eda particular, el <i>charro<\/i>, especie de t\u00edtulo honor\u00edfico que se aplicaba al ranchero que era diestro en las suertes de colear, lazar, jinetear y torear, as\u00ed como en el manejo de las armas propias de la caballer\u00eda: el sable, la lanza, la pistola y la carabina. Se distingu\u00eda por <span data-contrast=\"auto\">vestir con lujo el traje antes descrito y hacer evidente con su presencia sus habilidades y dotes atl\u00e9ticas:<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span data-contrast=\"auto\">\u00bfSabes, Lorenzo \u2013dijo Alejo mir\u00e1ndolo de arriba a abajo\u2013, que con ese traje de ranchero que llevas con soltura, tus pistolas al cinto, asomando la cacha de tu pu\u00f1al en el doblez de la bota de campana y sabiendo que tienes buena garra, me averg\u00fcenzo de estar a tu lado y parezco un sacrist\u00e1n? <\/span><\/i><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span data-contrast=\"auto\">No te burles de m\u00ed, Alejo \u2013 contest\u00f3 sonroj\u00e1ndose; pues estos se\u00f1ores que por primera vez he tenido el honor de saludar, creer\u00e1n que soy alg\u00fan perdonavidas.\u00a0<\/span><\/i><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span data-contrast=\"auto\">No lo digo por eso; sino que efectivamente tu presencia infunde respeto, y desde luego se conoce que eres un verdadero charro, que har\u00e1s m\u00e1s temible a la sociedad de los Hermanos de la Hoja.<\/span><\/i><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">As\u00ed, un verdadero\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">charro<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0era un ranchero dispuesto a arrostrar los peligros de una vida aventurera por dedicarse a actividades de riesgo, como el contrabando, la arrier\u00eda, el bandidaje, la polic\u00eda rural y la milicia. Tal vez a ello se debe que en el imaginario popular se atribuyan al charro aires \u00e9picos y de justiciero (o de fanfarr\u00f3n, como dir\u00edan algunos escritores actuales); por ejemplo, en la novela, inspirada en hechos reales que formaron parte de la vida del autor, los charros de la hermandad de la hoja se dedicaban al contrabando como un acto de rebeld\u00eda contra leyes injustas (el estanco del tabaco), y para beneficiar con su comercio y ganancias a amigos y vecinos. Tambi\u00e9n existen testimonios de que en la guerra de independencia hubo generales charros que lideraron cuerpos de caballer\u00eda compuestos exclusivamente por charros. Por todo ello, al traje de ranchero tambi\u00e9n sol\u00eda llam\u00e1rsele traje de charro. Hasta la fecha, nadie ha podido explicar por qu\u00e9 raz\u00f3n la palabra charro, que en Espa\u00f1a designa a los campesinos de la provincia de Salamanca, se adopt\u00f3 en M\u00e9xico para referirse a un jinete aventurero.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La novela tambi\u00e9n pone en claro que exist\u00edan otras dos categor\u00edas de ranchero, en funci\u00f3n de la manera de vestir:\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">el cuerudo<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0y\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">el chinaco<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">. El primero se distingu\u00eda simplemente por confeccionar su traje totalmente en gamuza, mientras que el segundo por vestir con desali\u00f1o o pobreza, y adem\u00e1s ser carente de refinamiento. As\u00ed, uno de los personajes es descrito de la siguiente manera:<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span data-contrast=\"auto\">Al cabo de dos horas volvi\u00f3 don Gaspar acompa\u00f1ado de su pariente, era un hombrecillo bajo de cuerpo, trigue\u00f1o, de patillas cerdosas, una cicatriz que le atravesaba la boca, unos ojos negros chiquitos que\u00a0continuamente mov\u00eda, al propio tiempo que giraba la cabeza como receloso, vigil\u00e1ndose sin cesar los flancos; apenas tendr\u00eda dos dedos de frente\u2026, una voz \u00e1spera y ronca; en todas sus maneras, desde luego se conoc\u00eda que era un chinaco cualquiera\u2026 Desde la primera mirada que le ech\u00f3 Astucia, conoci\u00f3 la clase de bicho que era el tal Chucho.\u00a0<\/span><\/i><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Como puede verse, el apelativo chinaco era similar al actual despectivo naco; sin embargo, durante la guerra de Reforma (1857-1860), los miembros del partido conservador negaron el t\u00edtulo de charro a los jinetes que, vistiendo el traje de ranchero, se un\u00edan a la caballer\u00eda irregular juarista, y los llamaron chinacos, con el evidente prop\u00f3sito de estigmatizarlos; pero dichos jinetes adoptaron el estigma con orgullo y con \u00e9l adquirieron fama internacional al derrotar, en innumerables escaramuzas, a la elegante caballer\u00eda de Napole\u00f3n III durante la Intervenci\u00f3n Francesa (1862-1867).<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La lectura de la novela de Incl\u00e1n aclara la confusi\u00f3n que actualmente se hace manifiesta cuando se habla de traje de ranchero, de charro, de chinaco y de cuerudo como si se tratara de trajes distintos, cuando en realidad se trata de una misma indumentaria. Los diferentes apelativos se aplicaban a la calidad de quien vest\u00eda el traje.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #333399;\">Transformaciones\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Las numerosas pinturas, acuarelas y litograf\u00edas que existen sobre el tema de la equitaci\u00f3n mexicana testifican que, a mediados del siglo XIX<\/span><span data-contrast=\"auto\">, el traje ecuestre comenz\u00f3 a evolucionar: el sombrero adopt\u00f3 una copa m\u00e1s alta y en forma de cono invertido, el pantal\u00f3n se cerr\u00f3, pero conserv\u00f3 la botonadura, y las botas de campana desaparecieron para ser sustituidas por zahones de piel o gamuza llamados chaparreras. Este nuevo traje termin\u00f3 su evoluci\u00f3n durante el porfiriato (1876-1911) y podr\u00edamos llamarle\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">traje de charro<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0moderno, pues la expresi\u00f3n traje de ranchero cay\u00f3 en desuso. Ha llegado hasta nuestros d\u00edas con cambios poco importantes. Existe el mito, producto de la confusi\u00f3n antes mencionada, de que esta evoluci\u00f3n se debe al emperador Maximiliano de Habsburgo, a quien se le atribuye la invenci\u00f3n de este \u00faltimo traje de charro, tal vez porque en varios de sus retratos aparece luci\u00e9ndolo; sin embargo, es evidente que esto resulta simplista. Una de las im\u00e1genes m\u00e1s notables que dan cuenta de la evoluci\u00f3n de ese traje es un retrato fotogr\u00e1fico del ministro plenipotenciario de la Gran Breta\u00f1a en M\u00e9xico, Charles\u00a0Lenox\u00a0Wyke, en el que aparece vestido con una combinaci\u00f3n transitoria: el antiguo sombrero jarano con el moderno pantal\u00f3n cerrado con botonadura. Wyke desarroll\u00f3 su misi\u00f3n diplom\u00e1tica en M\u00e9xico entre 1861 y 1862.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">De acuerdo con el criterio simplista mencionado, habr\u00eda que atribuirle a \u00e9l la invenci\u00f3n del traje de charro moderno y no a Maximiliano, quien lleg\u00f3 al pa\u00eds dos a\u00f1os despu\u00e9s. Es de notar que los extranjeros no se limitaban a admirar la indumentaria ecuestre mexicana, sino que la vistieron; el tristemente c\u00e9lebre coronel Charles Desir\u00e9 Dupin, jefe de la contraguerrilla francesa, gustaba de usar el sombrero y la chaqueta, mientras que el conde austriaco Carl\u00a0Khevenhuller, alumno de la famosa Escuela de Equitaci\u00f3n Espa\u00f1ola de Viena y oficial de la Legi\u00f3n Austriaca al servicio de Maximiliano, tiene retratos y fotograf\u00edas no s\u00f3lo vistiendo el traje, sino montando al estilo mexicano. En el Diario de este noble europeo puede leerse la afirmaci\u00f3n, ya de uso corriente en la \u00e9poca, de que el traje de charro es el\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">traje nacional de M\u00e9xico.<\/span><\/i><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Los arreos de montar ejercieron sobre el extranjero una influencia m\u00e1s importante que la vestimenta. Es bien sabido que en Estados Unidos se desarroll\u00f3 una cultura ganadera basada en la charrer\u00eda: la del cowboy, cuya silla de montar, freno, chaparreras, espuelas y lazo son de origen mexicano. La silla mexicana fue adoptada por la caballer\u00eda argentina en la d\u00e9cada de 1840 y tambi\u00e9n por la estadunidense en 1859, aunque de manera indirecta, pues la montura inventada por el general George B.\u00a0MacClellan, en uso oficial hasta 1940, est\u00e1 basada en ella. Varias monturas oriundas de Centroam\u00e9rica, Colombia, Ecuador y las Antillas tambi\u00e9n se derivan de la mexicana.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #333399;\">Confusiones\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Durante el porfiriato se desarrollaron grandes haciendas ganaderas en las que el oficio-deporte favorito de los rancheros desde la \u00e9poca colonial, el rodeo o jaripeo (manejo del ganado para marcar, curar y tusar reses), cobr\u00f3 gran auge. Tal vez a eso se debe que muchos crean, err\u00f3neamente, que el charro estaba estrechamente ligado a la clase opresora porfirista. Hoy, incluso, se afirma que\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">el charro era el hacendado<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, cuando hemos visto que se trataba de un personaje de extracci\u00f3n totalmente popular y con profundas ra\u00edces hist\u00f3ricas. Esta confusi\u00f3n, que asocia a la charrer\u00eda con la aristocracia porfirista es lo que ha despertado la animadversi\u00f3n de algunos historiadores actuales, quienes tambi\u00e9n se basan en el hecho de que fue un arist\u00f3crata, Carlos Rinc\u00f3n\u00a0Gallardo\u00a0\u2013para colmo jefe de la represora polic\u00eda rural porfirista que usaba como uniforme el traje de charro\u2013, el encargado de escribir el reglamento que instituy\u00f3 como deporte a la charrer\u00eda, para afirmar que esta tradici\u00f3n no representa otra cosa que a la odiada dictadura y negarle la representatividad nacional.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Para los detractores de la charrer\u00eda es indudable que el mexicano de hoy\u00a0no tiene por qu\u00e9 identificarse con la figura del charro, pues para ellos se trata de un estereotipo artificial creado, a partir de la d\u00e9cada de 1920, por los medios de comunicaci\u00f3n bajo la notable influencia de la conservadora Asociaci\u00f3n Nacional de Charros y sus simpatizantes. Algunos de los ellos, incluso, incursionaron como productores, directores y actores en el llamado cine de charros (Miguel Contreras Torres, director; Gustavo S\u00e1enz de Sicilia, director; Carlos Rinc\u00f3n\u00a0Gallardo, actor; Ra\u00fal de Anda, actor), sin otro objeto que el de rendir culto a un mundo ideal ambientado en la hacienda porfirista y la regi\u00f3n m\u00e1s conservadora, los Altos de Jalisco, y cuestionan as\u00ed el reparto agrario, el sometimiento de la Iglesia y los cambios en las costumbres.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Por supuesto, tal descalificaci\u00f3n de la charrer\u00eda hace a un lado a la historia de los siglos anteriores al XX<\/span><span data-contrast=\"auto\">, y no explica por qu\u00e9, entonces, los gobiernos posrevolucionarios,\u00a0antiporfiristas, usaron al charro para reforzar la identidad nacional, y tampoco por qu\u00e9 esa artificialidad ha sido capaz de trascender en el tiempo, lo cual se comprueba con la creciente proliferaci\u00f3n de lienzos y asociaciones charras, pues la charrer\u00eda sigue practic\u00e1ndose de manera muy intensa en las ciudades peque\u00f1as y pueblos de todo el pa\u00eds (e incluso en Estados Unidos, donde es una expresi\u00f3n de identidad militante) como parte de las actividades agropecuarias. En nuestra opini\u00f3n, la explicaci\u00f3n de este fen\u00f3meno es simple: el pueblo mexicano sigue siendo fiel a una tradici\u00f3n ecuestre de siglos, la cual le ha dado identidad y renombre en el \u00e1mbito internacional. Como explicara en t\u00e9rminos sencillos y claros el Dr. Atl,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">La equitaci\u00f3n mexicana constituye una de las manifestaciones m\u00e1s t\u00edpicas de la rep\u00fablica; el esp\u00edritu popular ha condensado en el hombre que monta a caballo \u2013el charro\u2013 el esp\u00edritu nacional por excelencia.<\/span><\/i><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">PARA SABER M\u00c1S<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"1\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Incl\u00e1n, Luis G.,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Astucia: el jefe de los hermanos de la Hoja o los charros contrabandistas de la rama<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, M\u00e9xico, FCE<\/span><span data-contrast=\"auto\">, 2005, 2 vols.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"2\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Museo de la Charrer\u00eda, ubicado en Jos\u00e9 Mar\u00eda Izazaga s\/n, col. Centro, del. Cuauht\u00e9moc, D. F. tel. (55) 57094793.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\" aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"3\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Museo de la Caballer\u00eda, ubicado en Campo militar No.1\u2013B, Av. M\u00e9xico Tacuba, entre Felipe Carrillo Puerto y Ferrocarril de Cuernavaca, col. Popotla, D. F. tel. (55) 53965975.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchez Museo Nacional de las Intervenciones, INAH. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 22. Si hay una vestimenta que pueda identificar la imagen del hombre de campo mexicano es la del charro. El autor la defiende como tradici\u00f3n ecuestre de siglos, arraigada en la poblaci\u00f3n, que le da identidad y renombre al pa\u00eds, en contraposici\u00f3n a quienes la cuestionan por su imagen estereotipada y supuestamente artificial. Desde tiempos antiguos se ha considerado al charro como la imagen por antonomasia de lo mexicano. Sin embargo, en las \u00faltimas d\u00e9cadas, la legitimidad de su traje como el traje nacional de M\u00e9xico ha sido cuestionada por historiadores e intelectuales que consideran a los charros de hoy descendientes y representantes de las clases y regiones m\u00e1s conservadoras del pa\u00eds, y a su representatividad nacional, un invento, un simple estereotipo de la pol\u00edtica priista de la primera mitad<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1219,1156],"tags":[1221,375,624],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4203"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4203"}],"version-history":[{"count":22,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4203\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":23456,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4203\/revisions\/23456"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4203"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4203"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4203"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}