﻿{"id":4047,"date":"2014-03-05T10:55:48","date_gmt":"2014-03-05T16:55:48","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=4047"},"modified":"2026-03-26T23:59:20","modified_gmt":"2026-03-27T05:59:20","slug":"pedimos-posada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/pedimos-posada\/","title":{"rendered":"Pedimos Posada"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\">Marisol Tarriba Mart\u00ednez L\u00f3pez<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM<\/span><\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 22<\/strong><\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008080;\">Pocas fiestas mezclan de una forma tan espont\u00e1nea y amena el juego, la m\u00fasica y la teatralidad, sin excluir un car\u00e1cter solemne y espiritual. Una de ellas es esta tradici\u00f3n religiosa que los sacerdotes agustinos propalaron a partir del siglo XVI.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Aquellos gorjeos ruidosos de los pitos de carrizo son la solemne convocatoria de los vagos: son el signo de movimiento y acci\u00f3n en mil casas; son por fin, los precursores de nueve noches consecutivas de gresca y barah\u00fanda m\u00edstico mundanal. \u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Antonio Garc\u00eda Cubas\u00a0<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/BiC22-WEB_P\u00e1gina_26-copia.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-4102 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/BiC22-WEB_P\u00e1gina_26-copia.jpg\" alt=\"BiC22-WEB_P\u00e1gina_26 - copia\" width=\"252\" height=\"360\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Casi todo mexicano hoy en d\u00eda puede presumir de haber asistido a una posada alguna vez en su vida. En M\u00e9xico, la palabra <i>posada<\/i> se utiliza con m\u00e1s frecuencia para hacer referencia a las festividades decembrinas que preceden a la Navidad, que a aquello que dio el nombre a tales fiestas: la petici\u00f3n de alojamiento. Actualmente es com\u00fan que en las escuelas primarias los alumnos celebren una posada el \u00faltimo d\u00eda de clases de diciembre, consistente en romper una pi\u00f1ata con forma de alguna caricatura c\u00e9lebre y recibir bolsas de dulces. Entre las familias y amigos no falta quien invite, a partir de la segunda semana de diciembre, a celebrar una posada en su casa, es decir, tomar ponche, platicar y tal vez romper una pi\u00f1ata. Sin embargo, en contextos populares y sobre todo en barrios de larga tradici\u00f3n, las distintas familias se organizan para hacer una posada mucho m\u00e1s apegada al rito de hace 200 a\u00f1os, y se percibe en este tipo de posadas aquella solemnidad religiosa de la que tanto hablan los autores de anta\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/BiC22-WEB_P\u00e1gina_28.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-4103 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/BiC22-WEB_P\u00e1gina_28.jpg\" alt=\"BiC22-WEB_P\u00e1gina_28\" width=\"183\" height=\"297\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1 convenga preguntarse a qu\u00e9 se debe la popularidad e importancia de las famosas <i>posadas<\/i> <i>mexicanas;<\/i>\u00a0\u00bfde d\u00f3nde provienen?, \u00bfpor qu\u00e9?, \u00bfcu\u00e1ndo? Las posadas han devenido en un tipo de festividad muy amplio y algo ambiguo, pues casi cualquier fiesta que tenga lugar durante los d\u00edas previos al 25 de diciembre y donde haya pi\u00f1ata y ponche, puede darse el privilegio de llamarse as\u00ed. Sin embargo, eso obedece al car\u00e1cter profanizado de nuestra sociedad actual; las festividades, como las sociedades, se transforman con el correr de los a\u00f1os. A mediados del siglo XIX, para que una celebraci\u00f3n pudiera denominarse <i>posada<\/i>, deb\u00eda cumplir ciertos aspectos que muchas de nuestras posadas actuales ya no cumplen. Para comenzar, y ante todo, deb\u00edan profesar una naturaleza religiosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tema de las posadas es algo recurrente en los escritos del siglo XIX y aparece en textos que van desde las cr\u00f3nicas y las memorias (como las de Guillermo Prieto y Antonio Garc\u00eda Cubas), hasta los libros de viajeros como el de la se\u00f1ora Calder\u00f3n de la Barca. Las posadas de mediados del siglo XIX eran una manifestaci\u00f3n muy importante de las creencias religiosas y las diversiones decimon\u00f3nicas; al estudiarlas, debemos tener presente su nexo con la religiosidad de la sociedad mexicana del siglo XIX, sin olvidar la importancia que ten\u00edan las fiestas como un entretenimiento que permit\u00eda convivir y olvidarse del trabajo cotidiano. En <i>El libro de mis recuerdos<\/i>, Garc\u00eda Cubas define acertadamente el car\u00e1cter de las posadas que buscamos transmitir: \u201c<i>En ningunos actos, tanto como en estos, ha trat\u00e1dose de unir estrechamente lo humano con lo divino, la diversi\u00f3n con el fervor religioso, o como vulgarmente se dice, la \u00f3pera con el serm\u00f3n\u201d<\/i>.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008080;\"><b>Ra\u00edces de una tradici\u00f3n<\/b><\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien la Navidad ha sido para el mundo cristiano una fecha important\u00edsima desde los primeros siglos del cristianismo, en M\u00e9xico la celebraci\u00f3n de la natividad de Cristo es precedida, hasta el d\u00eda de hoy, por una serie de rezos y festividades que son practicados durante nueve d\u00edas y culminan la noche del 24 de diciembre, conocidas mundialmente como las <i>posadas mexicanas<\/i>. Estos ritos remontan su origen a las <i>misas de aguinaldo<\/i> que introdujeron los agustinos en Nueva Espa\u00f1a desde el siglo XVI, y que durante la Colonia fueron adquiriendo rasgos distintivos y \u00fanicos, hasta volverse un fen\u00f3meno novohispano por antonomasia, que sobrevivi\u00f3 a la independencia y lleg\u00f3 al siglo XIX totalmente arraigado en la tradici\u00f3n de los mexicanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia de las <i>misas de aguinaldo <\/i>(de preparaci\u00f3n para la Navidad) tiene una larga duraci\u00f3n; sin embargo, en Nueva Espa\u00f1a adquirieron rasgos muy particulares y se extendieron durante el siglo XVI debido a la labor de los agustinos. Fueron ellos quienes difundieron el <i>octavario<\/i> y el <i>novenario<\/i> por el Virreinato, con la intenci\u00f3n de sustituir ritos prehisp\u00e1nicos por cultos cristianos, haciendo coincidir sus fechas y permitiendo, a su vez, que los ind\u00edgenas conservaran algunos de sus bailes y cantos populares. Las <i>misas de aguinaldo<\/i> se celebraban en el atrio de las iglesias, comenzaban el 16 de diciembre y terminaban el 24 con la <i>misa de gallo<\/i> o de medianoche. Los padres agustinos las acompa\u00f1aban con villancicos para hacerlas m\u00e1s atractivas, y su \u00e9xito fue tal que para fines del XVI ya eran una pr\u00e1ctica generalizada en muchas partes de Hispanoam\u00e9rica. Tales misas ten\u00edan la doble funci\u00f3n de preparar para la Navidad y ense\u00f1ar su significado a los ne\u00f3fitos, por lo cual estaban llenas de simbolismos. Al finalizar, los agustinos daban fruta y dulces a los asistentes en agradecimiento por aceptar la doctrina de Cristo. Los padres, en sus misas, se serv\u00edan del rezo de rosarios, de canciones y de representaciones para recordar al pueblo la peregrinaci\u00f3n de Jos\u00e9 y Mar\u00eda de Nazaret a Bel\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tales misas fueron transform\u00e1ndose gradualmente hasta cobrar la forma definitiva de las <em>posadas<\/em>. Debido a la gran concurrencia que ten\u00edan, las autoridades civiles coloniales ayudaron a que se trasladaran de los templos religiosos a las calles y plazas. Para fines del siglo XVIII, con sus variaciones, las posadas ten\u00edan ya la siguiente din\u00e1mica: primero se rezaba el santo rosario correspondiente y se cantaban las letan\u00edas mientras que los asistentes formaban dos filas, a cuyo t\u00e9rmino iban dos ni\u00f1os portando im\u00e1genes de Mar\u00eda y Jos\u00e9, simbolizando su peregrinaci\u00f3n. Despu\u00e9s, un grupo representaba a los peregrinos que ped\u00edan d\u00f3nde pasar la noche, y otro se met\u00eda a la casa y les negaba la entrada un par de veces, hasta que llegaba el momento en que permit\u00eda pasar a los peregrinos. Al final se celebraba una Cesta acompa\u00f1ada de villancicos y se daba clausura a la noche entregando dulces, llamados aguinaldos. Posteriormente se incorpor\u00f3 al festejo la pi\u00f1ata, elemento dirigido particularmente a los ni\u00f1os y que posiblemente simbolizaba el triunfo de Dios ante Lucifer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablar de posadas es hablar de religi\u00f3n; la sociedad mexicana de la primera mitad del XIX era, en el aspecto religioso, casi igual a la novohispana. Las primeras d\u00e9cadas de la rep\u00fablica no influyeron de manera importante en esta religiosidad, por lo cual la vida cotidiana segu\u00eda permeada por ella de forma esencial, dentro y fuera del hogar. La sociedad a la que nos referimos viv\u00eda a\u00fan bajo la sombra de la novohispana, y se ve\u00eda rodeada de Cestas religiosas todo el a\u00f1o. Eran parte indisociable de la vida cotidiana: eran sus dotadoras de sentido. Guillermo Prieto, en sus Memorias, nos esboza el panorama de lo que llama el entusiasmo cristiano: <em>En enero rifas de santos y compadrazgos; en cuaresma funci\u00f3n los viernes, confesiones y comuniones por intenci\u00f3n, y paseos con motivo de la semana mayor y sus procesiones. Ejercicios, desagravios, romer\u00edas, posadas, nochebuena, nacimiento\u2026.<\/em> \u00a1La mar! Se trataba de festividades peri\u00f3dicas que participaban de ese entusiasmo por lo divino; entusiasmo consensuado, que gobernaba las acciones y las pasiones de toda la sociedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas de posada eran d\u00edas de gran movimiento, pues las personas iban del templo al mercado y a diversos comercios a prepararse para los rezos y las celebraciones. Apenas llegaba el 15 de diciembre, los j\u00f3venes comenzaban a anunciar las posadas en las calles de las zonas m\u00e1s frecuentadas. Las campanas de los templos avisaban la hora de la misa de aguinaldo cuando apenas amanec\u00eda. Los templos adornaban sus altares con nacimientos decorados con heno, nochebuenas, tr\u00e9bol y encino, adem\u00e1s de los cl\u00e1sicos personajes de Jos\u00e9, la Virgen, la mula, el \u00e1ngel y el buey.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las misas reinaba un ambiente especial, festivo y jubiloso, alimentado por la m\u00fasica y los cantos que se hac\u00edan o\u00edr dentro de los templos. La alegr\u00eda no se limitaba al interior de estos, pues tambi\u00e9n en las calles se experimentaba el sentimiento de movimiento y entusiasmo entre comerciantes y compradores; las familias de clase media enviaban a sus lacayos a las casas de empe\u00f1o para as\u00ed conseguir dinero y comprar lo necesario para la velada: cera, m\u00fasicos, alcohol, prendas de vestir. Prieto critica que estas Cestas dieran lugar a tal despilfarro: <em>Gastemos, empe\u00f1\u00e9monos, gocemos un d\u00eda; ayunemos ciento\u2026 [\u2026] \u00bfpara qu\u00e9?, para la vanidad de unas cuantas horas, para halagar al pueril pundonorcillo<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gente estaba dispuesta a sacrificar sus ahorros y pertenencias para conmemorar de una manera espl\u00e9ndida la jornada de los santos peregrinos. Aunque esto causara disgusto a Prieto, los mexicanos del siglo XXI todav\u00eda podemos comprender tal disposici\u00f3n al sacrificio por s\u00f3lo un d\u00eda de Cesta; es algo que a\u00fan sucede, ya sea en honor a un santo, a una boda o a unos quince a\u00f1os. Para quien comprende el sentido de la Cesta, el despilfarro lo vale. As\u00ed pues, las posadas eran d\u00edas de consumo en que los puestos de frutas y golosinas hac\u00edan su fortuna; turrones, pl\u00e1tanos, obleas, canelones, ca\u00f1as, coquitos, cacahuates, casta\u00f1as asadas, j\u00edcamas, naranjas y dem\u00e1s confites eran ofrecidos por doquier. Y la Plaza de la Constituci\u00f3n, testigo de tantas \u00e9pocas, era el lugar en donde los puestos se instalaban ofreciendo todo lo necesario para los festejos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gente pon\u00eda gran esmero en todos los preparativos: instalaba el altar y el <em>nacimiento<\/em>, no sin antes limpiar y restaurar las piezas de barro o cera, intentando decorar a los personajes seg\u00fan la moda de la \u00e9poca. El ruido del alborozo se hac\u00eda o\u00edr por doquier, pues sonaban pitos, sonajas de hojalata, panderos, tambores, flautas, guitarras, cohetes que iluminaban el cielo y c\u00e1nticos provenientes de las casas y vecindades. Otra se\u00f1al que anunciaba la llegada de las posadas era la decoraci\u00f3n de las casas y las fachadas con faroles de papel de colores, lumbradas de ocote, arcos de tule y obleas, inciensos, flores, vasos de colores y cortinas. Prieto cuenta que una vez que todos los invitados llegaban a la casa anfitriona, se hincaban y comenzaba a entonarse el rosario por el sacerdote, de haberlo, y si no por alg\u00fan hombre de esp\u00edritu <em>laborioso<\/em>. Se cantaba alguna cuarteta entre rezo y rezo, acompa\u00f1ada por algunos instrumentos musicales y, al finalizar los rezos, los asistentes se levantaban con una vela encendida e iniciaba la procesi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Cubas nos ofrece una imagen detallada de c\u00f3mo se formaba dicha procesi\u00f3n en las familias de clase media o alta: primero los ni\u00f1os, despu\u00e9s los j\u00f3venes de ambos sexos, tras ellos las personas de mayor edad; a continuaci\u00f3n segu\u00edan los ni\u00f1os que cargaban a los santos peregrinos, al \u00e1ngel y a la mula, luego los m\u00fasicos y, dependiendo de la familia, la servidumbre. Entre m\u00fasica y cohetes se daba una vuelta alrededor de la casa mientras se recitaba la letan\u00eda, hasta que la procesi\u00f3n se divid\u00eda en dos grupos, uno de los cuales quedaba dentro de una habitaci\u00f3n (compuesto en general por mujeres), y el otro fuera de ella representando a los peregrinos Jos\u00e9 y Mar\u00eda. Al pedir posada, se entonaban cantos en los cuales, dice Prieto, <em>Jos\u00e9 expone la pre\u00f1ez de la Virgen, su fr\u00edo, su pobreza, y el posadero testarudo erre que erre: le insta, le ruega, le suplica, le reh\u00fasa, y el di\u00e1logo es animado [\u2026]: mientras los dem\u00e1s devotos a imitaci\u00f3n de lo que pasa con los santos, piden posada, instan y se ruegan y dan celos\u2026 <\/em>Al abrir sus puertas el posadero, se apagaban las velas del altar, se rezaba la novena y volv\u00edan el griter\u00edo y los silbidos. Terminados los rezos comenzaban el baile y la m\u00fasica y, seg\u00fan la casa, se distribu\u00edan cacahuates, dulces y confites, arroj\u00e1ndolos al suelo, o se romp\u00eda la pi\u00f1ata. Esta se colgaba del techo o se depositaba en el piso, y luego la gente la rodeaba en un c\u00edrculo mientras un concurrente, con los ojos vendados, intentaba romperla de un garrotazo. Las pi\u00f1atas eran parecidas a las de hoy en d\u00eda: ollas de barro recubiertas de papeles y lienzos coloridos para representar diversas figuras grotescas, rellenas de fruta, cacahuates y dem\u00e1s confites.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tales festejos ocurr\u00edan dentro de las casas, ya fueran particulares, en el caso de las clases medias y altas, ya fueran de vecindad, para las familias de menos recursos. Cada noche correspond\u00eda a una casa distinta ser la anfitriona para la posada, y las familias invitadas a la primera noche de posada estaban pr\u00e1cticamente obligadas a ofrecer sus propios hogares para las siguientes noches. El ceremonial de las posadas era muy similar para todas las familias, difiriendo en aspectos como la fastuosidad, las prendas, los cantos o la celebraci\u00f3n en interiores o exteriores. En algunas casas se daba mayor importancia al aspecto religioso, mientras que para otras los rezos eran m\u00e1s bien parte del ritual para finalmente llegar al convivio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La temporada de posadas era de las m\u00e1s animadas y alegres del a\u00f1o, quiz\u00e1 debido a que, como dijo Garc\u00eda Cubas, <em>es aquella en que se celebra el acontecimiento m\u00e1s grato que registran los fastos de la humanidad: la venida del Salvador<\/em>. Los ni\u00f1os las disfrutaban debido a los juguetes y colaciones que recib\u00edan, y los novios por la oportunidad que se les ofrec\u00eda de cortejarse. Las posadas cerraban el 24 de diciembre, fecha en la cual se sustitu\u00edan los regalos y aguinaldos por un banquete. El ritual era casi id\u00e9ntico a las noches anteriores, pero al terminar el rezo de la novena jornada, se acostaba al ni\u00f1o Dios en el pesebre del nacimiento, y pasada medianoche se serv\u00eda por Cn la cena de Nochebuena. Con este banquete culminaban las jornadas posaderiles que tanta devoci\u00f3n, diversi\u00f3n, sacrificio y emoci\u00f3n provocaban en la sociedad mexicana de aquellos tiempos. Gracias a un autor tan apasionado y l\u00edrico como Guillermo Prieto, podemos viajar al pasado a trav\u00e9s de su detallado y nost\u00e1lgico testimonio del d\u00eda de Noche Buena en su cr\u00f3nica de 1868 en El Monitor Republicano:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>En el comedor y la despensa se representaba otra escena, era la postura de la mesa para las personas, las mesitas para los chicos y la solemne distribuci\u00f3n de colaci\u00f3n en tompeatitos peque\u00f1os, pero con sus dulces cubiertos, sus cacahuates y tejocotes, su pl\u00e1tano pasado y su diluvio de anises, confites y canelones. En la sala, en una especie de grave aislamiento, la aristocracia de la familia, con el sacerdote de la casa disponiendo el nacimiento, reconstruyendo el portal, sacudiendo pastores y reyes magos, poniendo en corriente a las fuentecitas que han de arrojar agua y a los nadadores, sembrando el heno y la lama de refulgentes estrellas y cometas de esta\u00f1o y de sutiles hilos de escarcha que han de reverberar flotantes con las mil luces del nacimiento. La posada, el rorro, el nacimiento, el baile\u2026. \u00a1Oh cu\u00e1nta deliciosa emoci\u00f3n! Y luego el baile, y si ven\u00eda a cuento, la misa del gallo, y si duraba el fervor, a saludar la aurora tomando leche al pie de la vaca\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pensar una tradici\u00f3n de tan larga duraci\u00f3n, que a\u00fan vive en nuestra sociedad mexicana, incita a reflexionar sobre muchos aspectos de nuestra historia y nuestro presente. Hoy en d\u00eda, las posadas son una tradici\u00f3n ampliamente extendida, mientras que muchas otras celebraciones han desaparecido o est\u00e1n en v\u00edas de hacerlo. \u00bfQu\u00e9 tienen de particular estas Cestas decembrinas que cada a\u00f1o nos siguen anunciando los puestos de pi\u00f1atas, frutas, musgo y heno? Quiz\u00e1 se deba a que pocas Cestas, como esta, mezclan de una forma tan espont\u00e1nea y amena el juego, la m\u00fasica y la teatralidad, sin excluir un car\u00e1cter solemne y espiritual. Cada a\u00f1o se imprimen libretas de villancicos, cada a\u00f1o se producen figuras para nacimientos. Cada a\u00f1o nos gusta ser parte de ese escenario que son las calles y sentirnos peregrinos aunque sea s\u00f3lo por el placer de convivir. Cada a\u00f1o las posadas renacen, y somos los mexicanos quienes las hacemos vivir.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Cubas, Antonio, <em>El libro de mis recuerdos<\/em>, M\u00e9xico, 1904, <a href=\"http:\/\/archive.org\/stream\/ellibrodemisrec00cubagoog#page\/n7\/mode\/2up\">http:\/\/archive.org\/stream\/ellibrodemisrec00cubagoog#page\/n7\/mode\/2up<\/a><\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Aracil, Beatriz, <em>Fiesta y teatralidad de la pastorela mexicana<\/em>, M\u00e9xico, Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM, 2004.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Iglesias y Cabrera, Sonia C., <em>Navidades mexicanas<\/em>, M\u00e9xico, Conaculta\/Direcci\u00f3n General de Culturas Populares, 2001.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Staples, Anne (coord.) \u201cBienes y vivencias. El siglo XIX\u201d en Pilar Gonzalvo Aizpuru (DIR.), <em>Historia de la vida cotidiana en M\u00e9xico<\/em>, M\u00e9xico, FCE\/El Colegio de M\u00e9xico, 2005.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marisol Tarriba Mart\u00ednez L\u00f3pez Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 22 Pocas fiestas mezclan de una forma tan espont\u00e1nea y amena el juego, la m\u00fasica y la teatralidad, sin excluir un car\u00e1cter solemne y espiritual. Una de ellas es esta tradici\u00f3n religiosa que los sacerdotes agustinos propalaron a partir del siglo XVI. Aquellos gorjeos ruidosos de los pitos de carrizo son la solemne convocatoria de los vagos: son el signo de movimiento y acci\u00f3n en mil casas; son por fin, los precursores de nueve noches consecutivas de gresca y barah\u00fanda m\u00edstico mundanal. \u00a0 Antonio Garc\u00eda Cubas\u00a0 &nbsp; &nbsp; Casi todo mexicano hoy en d\u00eda puede presumir de haber asistido a una posada alguna vez en su vida. 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