﻿{"id":4016,"date":"2014-02-26T13:37:23","date_gmt":"2014-02-26T19:37:23","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=4016"},"modified":"2026-04-14T01:38:13","modified_gmt":"2026-04-14T07:38:13","slug":"una-libreria-colonial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/una-libreria-colonial\/","title":{"rendered":"Una librer\u00eda colonial"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\">Olivia Moreno Gamboa<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM<\/span><\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 22.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">Para\u00a0el siglo XVIII, un caso at\u00edpico para las librer\u00edas que se concentraban principalmente en la zona del centro hist\u00f3rico de la capital, era la que pertenec\u00eda al abogado Luis Mariano de Ibarra. Ubicada puertas adentro de su propiedad, en un segundo piso distribuy\u00f3 su acervo que lleg\u00f3 a ocupar cinco de las nueve habitaciones de la vivienda.<\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_4039\" aria-describedby=\"caption-attachment-4039\" style=\"width: 452px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/6-Taller-de-imprenta-de-finales-del-siglo-XVII.-Col.-RAA.1.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-4039 \" title=\"Taller de imprenta de finales del siglo XVII. Col. RAA.\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/6-Taller-de-imprenta-de-finales-del-siglo-XVII.-Col.-RAA.1.jpg\" alt=\"[6] Taller de imprenta de finales del siglo XVII. Col. RAA.\" width=\"452\" height=\"516\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-4039\" class=\"wp-caption-text\">Taller de imprenta de finales del siglo XVII. Col. RAA.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia 1730, un abogado de la ciudad de M\u00e9xico, Luis Mariano de Ibarra, se inici\u00f3 en el <i>trato <\/i>o la venta de libros. Por varios testimonios se sabe que en poco tiempo lleg\u00f3 a formar una muy buena librer\u00eda, a la que un conocido suyo describi\u00f3 como un <i>cuerpo florido <\/i>por la riqueza de su cat\u00e1logo. Dos d\u00e9cadas m\u00e1s tarde su viuda, Ana de Miranda, llegar\u00eda a afirmar que se trataba de <i>la mejor del reino <\/i>de Nueva Espa\u00f1a, refiri\u00e9ndose a su gran tama\u00f1o y amplio surtido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, el inventario de la librer\u00eda \u2013realizado en 1750 a ra\u00edz del fallecimiento de Ibarra\u2013 constat\u00f3 la existencia de un vasto acervo de poco m\u00e1s de 2 000 t\u00edtulos y 2 000 ejemplares. Habr\u00eda que preguntarse si estas cifras la hac\u00edan el mejor establecimiento en su tipo, tal como la viuda aseguraba, pero tambi\u00e9n cabr\u00eda preguntarse qu\u00e9 entend\u00edan los novohispanos del siglo XVIII por <i>una buena librer\u00eda<\/i>. Asom\u00e9monos al establecimiento de Ibarra para saber un poco del comercio capitalino de libros a fines de la colonia.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\"><strong>De abogado a librero<\/strong><\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XVIII no era com\u00fan hallar a un graduado universitario al frente de una librer\u00eda, por m\u00e1s que este negocio implicara la venta de una mercanc\u00eda de tipo cultural, af\u00edn a su medio socioecon\u00f3mico. La mayor\u00eda de los due\u00f1os de tiendas de libros eran comerciantes de oficio. \u00bfPor qu\u00e9 entonces un profesional del derecho con licencia para litigar por parte de la Audiencia de M\u00e9xico opt\u00f3 por esta actividad? Es factible que se debiera a la falta de oportunidades. En la primera mitad del siglo XVIII los abogados laicos, cada vez m\u00e1s numerosos, comenzaron a enfrentar dificultades para colocarse en la administraci\u00f3n civil y en cargos de gobierno. Una alternativa a la carrera burocr\u00e1tica era la pr\u00e1ctica privada en un despacho propio o ajeno, que pod\u00eda llegar a ser muy lucrativa si se contaba con buenas relaciones y una trayectoria destacada. Los menos privilegiados deb\u00edan contentarse con ejercer actividades ajenas al foro, e Ibarra fue uno de ellos. Por un tiempo trabaj\u00f3 como administrador de las propiedades de la Congregaci\u00f3n del Oratorio de San Felipe Neri, pero como este empleo no le garantizaba prosperidad, prefiri\u00f3 arriesgarse en el comercio de libros.<\/p>\n<figure id=\"attachment_4091\" aria-describedby=\"caption-attachment-4091\" style=\"width: 344px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/11-Atributos-de-imprenta-antigua.-Col.-RAA..jpg\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-4091 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/11-Atributos-de-imprenta-antigua.-Col.-RAA..jpg\" alt=\"Atributos de imprenta antigua.\" width=\"344\" height=\"245\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-4091\" class=\"wp-caption-text\">Atributos de imprenta antigua.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9 invirti\u00f3 en este tipo de negocio y no en otro? En Nueva Espa\u00f1a la mayor\u00eda de los oficios \u2013como el de sastre o panadero\u2013 estaban organizados en gremios, lo que significa que nadie ajeno a la corporaci\u00f3n pod\u00eda ejercerlo. Pero los comerciantes de libros carec\u00edan de gremio (al igual que los impresores), aunque desconocemos las razones de ello. La ausencia de gremio permiti\u00f3 que pr\u00e1cticamente cualquier individuo pudiera dedicarse a la venta de impresos en condiciones muy dispares. De ah\u00ed que entre los due\u00f1os de librer\u00edas encontremos, adem\u00e1s del licenciado Ibarra, a varios tip\u00f3grafos, un par de eclesi\u00e1sticos, un alf\u00e9rez y un peque\u00f1o grupo de comerciantes cuya escala iba del mercader mayorista al modesto <i>viandante <\/i>o ambulante, pasando por empleados y due\u00f1os de medianos y peque\u00f1os establecimientos. Fue as\u00ed como Ibarra pudo invertir en la compra de un primer lote de libros para venderlos en su casa.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\">Barrio de libreros<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Detr\u00e1s del monasterio de carmelitas descalzas, en la calle de Santa Teresa la Antigua (hoy Guatemala), entre las de Relox (Argentina) e Indio Triste (Carmen), se encontraba la casa de Luis Mariano, herencia familiar que compart\u00eda con dos hermanas. Fue en su propia vivienda, hasta el d\u00eda de su muerte, donde ejerci\u00f3 el <em>trato<\/em> de libros. La ubicaci\u00f3n de la librer\u00eda es otro aspecto interesante del caso, porque a mediados del siglo XVIII casi todas las imprentas, tiendas y puntos menores de venta de impresos \u2013entre los que se cuentan simples mesillas o puestos callejeros\u2013 se localizaban al sur poniente de la Plaza Mayor (Z\u00f3calo). Aunque no se puede hablar propiamente de un barrio de libreros, quien quisiera comprar un libro deb\u00eda dirigirse a esa zona de lo que hoy llamamos el <em>centro hist\u00f3rico<\/em>. Adem\u00e1s de librer\u00edas, en esas calles hab\u00eda tiendas de telas, ropa, art\u00edculos de mercer\u00eda, cigarros y puros, objetos de plata, esto es, mercanc\u00edas importadas y de consumo suntuario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero esta librer\u00eda era un caso at\u00edpico por hallarse fuera del <em>\u00e1rea natural<\/em> a esos negocios, y tambi\u00e9n porque no se trataba propiamente de una <em>tienda abierta<\/em>, es decir, de un espacio comercial visible al paso de los transe\u00fantes. Se sabe que algunas librer\u00edas ten\u00edan ya esa importante caracter\u00edstica, mas no se puede asegurar que todas ocuparan locales con vista a la calle, como lo hicieron a partir del siglo XIX.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si en el periodo colonial las librer\u00edas no eran necesariamente tiendas, \u00bfqu\u00e9 eran entonces? La palabra <em>librer\u00eda<\/em> designaba, en realidad, un <em>cuerpo<\/em> o conjunto de libros, de ah\u00ed que en los documentos de la \u00e9poca se utilice tambi\u00e9n para referirse a las bibliotecas de particulares e instituciones como conventos, colegios y seminarios. De este modo, cuando se habla de librer\u00edas coloniales se piensa en colecciones de libros e impresos, m\u00e1s que en los establecimientos propiamente dichos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al momento de fallecer Ibarra ten\u00eda una inmensa cantidad de libros e impresos sueltos sin encuadernar, llamados \u201ccuadernillos\u201d en la jerga de los tip\u00f3grafos y libreros. Sin duda su negocio fue uno de los m\u00e1s grandes de la ciudad de M\u00e9xico. Su tama\u00f1o era semejante al de las librer\u00edas mejor surtidas de Sevilla, importante centro editorial ib\u00e9rico y de abastecimiento para las colonias. As\u00ed, a mediados del siglo XVIII, una buena librer\u00eda hispanoamericana constaba con 1 500 a 2 000 t\u00edtulos y existencias que variaban entre 10 000 y 20 000 vol\u00famenes.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\">Orden en los anaqueles<\/span><\/h3>\n<p>Tr\u00e1tese de locales comerciales o de viviendas, hay que admitir que a\u00fan se sabe poco sobre las librer\u00edas como espacios f\u00edsicos: el tipo de mobiliario que empleaban y su distribuci\u00f3n, la organizaci\u00f3n de los vol\u00famenes y la manera como se exhib\u00eda a los clientes esta peculiar mercanc\u00eda que hoy podemos tomar libremente y escudri\u00f1ar antes de decidirnos a comprarla. \u00bfPod\u00edan los lectores novohispanos hojear los libros a su antojo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque la librer\u00eda de Ibarra se hallaba en su propia morada, su organizaci\u00f3n debi\u00f3 ser similar a la de otras que ocupaban locales comerciales. El abogado era due\u00f1o de una casa de tipo principal, con dos patios alrededor de los cuales se distribu\u00edan cuartos de distintas dimensiones. En la segunda planta guardaba su valiosa mercanc\u00eda. Con el tiempo los libros llegaron a ocupar cinco de nueve habitaciones. Para comprar un impreso sus clientes deb\u00edan entrar a la casa, atravesar el primer patio y subir al segundo nivel. Se sabe que los cuartos destinados a la librer\u00eda estaban <em>tapizados<\/em> de estantes de madera e incluso encima y a los lados de las puertas y ventanas se colocaron anaqueles para dar cabida a m\u00e1s hu\u00e9spedes de papel. \u00danicamente se dejaron libres dos paredes para adornarse con espejos y cuadros de los santos de la devoci\u00f3n familiar. Las dos habitaciones m\u00e1s amplias contaban cada una con un mostrador grande y varios escritorios, papeleras, escriban\u00edas, sillas con brazos; esto es, con muebles adecuados para la escritura, la contabilidad y la lectura. Bien podemos imaginarnos a un cl\u00e9rigo sentado c\u00f3modamente frente uno de los escritorios leyendo las <em>Ep\u00edstolas<\/em> de San Jer\u00f3nimo o la<em> Gazeta de Madrid.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A diferencia de las librer\u00edas actuales donde predomina una distribuci\u00f3n tem\u00e1tica, en la de Ibarra los vol\u00famenes se organizaban por formatos o tama\u00f1os, que eran b\u00e1sicamente cinco de mayor a menor: <em>infolio<\/em>, cuarto, octavo, doceavo y dieciseisavo (es decir, el tama\u00f1o resultante del n\u00famero de veces en que se doblara el pliego de papel producido en la \u00e9poca, que era el infolio). En segundo lugar, el abogado se guiaba por la calidad de la encuadernaci\u00f3n (<em>dorada o fina, pergamino o com\u00fan<\/em>). Es posible que la mayor\u00eda de los libreros de la \u00e9poca ordenaran su mercanc\u00eda de esta forma; al menos as\u00ed lo hac\u00eda tambi\u00e9n Crist\u00f3bal de Z\u00fa\u00f1iga y Ontiveros, cuya tienda estaba en el mercado del Pari\u00e1n. Tambi\u00e9n se consideraba el estado f\u00edsico del ejemplar, pues estos libreros vend\u00edan tanto ediciones nuevas como viejas (inclusive maltratadas, rotas y apolilladas). En cambio, el contenido de las obras no contaba tanto en la organizaci\u00f3n de los acervos, toda vez que el precio de venta se fijaba sobre todo en funci\u00f3n de la materialidad del libro. Imperaba una l\u00f3gica mercantil, opuesta al <em>orden del saber<\/em> de las bibliotecas por disciplinas y autoridades. Ibarra guard\u00f3 algunos de los libros m\u00e1s caros y finos en los cajones de los mostradores, quiz\u00e1s para evitar que se maltrataran o extraviaran. Si bien todos eran infolios encuadernados en dorado, las obras trataban sobre diversas materias: teolog\u00eda, medicina, derecho can\u00f3nico y romano, entre otras. Por el contrario, las <em>menudencias<\/em> sin encuadernar, como devocionarios y comedias, se acomodaron en estantes y en cajas.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\">Lecturas y lectores<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 tipo de obras vend\u00eda Ibarra y a qu\u00e9 grupos sociales estaban destinadas? Como la mayor\u00eda de las librer\u00edas del periodo colonial, la de Ibarra ofrec\u00eda principalmente libros de tem\u00e1tica religiosa, desde las magnas obras de los Padres de la Iglesia (San Agust\u00edn) y los te\u00f3logos y comentaristas de la <em>Biblia<\/em> m\u00e1s afamados, hasta manuales de espiritualidad muy populares, como la <em>Imitaci\u00f3n de Cristo<\/em>, de Tom\u00e1s de Kempis, o los <em>Ejercicios<\/em>, del obispo Juan de Palafox y Mendoza. As\u00ed, m\u00e1s de la mitad de los libros inventariados en 1750 eran religiosos. Segu\u00edan en importancia las obras de derecho (eclesi\u00e1stico y romano) y los textos para el aprendizaje de la gram\u00e1tica y la ret\u00f3rica latinas (Cicer\u00f3n, Ovidio, Virgilio). Los lectores de estas obras eran sobre todo estudiantes de los colegios de las \u00f3rdenes religiosas, los seminarios diocesanos y la Universidad, donde se formaban <em>artistas<\/em> \u2013esto es, bachilleres en Artes o Humanidades\u2013, te\u00f3logos, juristas en ambos derechos y m\u00e9dicos. Para estos \u00faltimos la librer\u00eda de Ibarra dispon\u00eda de numerosos tratados de medicina gal\u00e9nica y, en menor cantidad, de cirug\u00eda y farmacopea. Adem\u00e1s de libritos piadosos, a un p\u00fablico m\u00e1s amplio y heterog\u00e9neo se ofrec\u00edan romances y novelas picarescas como el <em>Lazarillo de Tormes<\/em>, piezas teatrales del Siglo de Oro y la l\u00edrica barroca de G\u00f3ngora y de Quevedo, entre otros poetas espa\u00f1oles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ibarra tambi\u00e9n vend\u00eda libros de car\u00e1cter pr\u00e1ctico y t\u00e9cnico de diversas materias: lunarios o pron\u00f3sticos del clima para uso de agricultores, ganaderos y navegantes; tratados de aritm\u00e9tica para contadores y comerciantes; libros de albeiter\u00eda o veterinaria, y manuales de medicina <em>dom\u00e9stica<\/em> para parteras, sangradores y barberos. Ya que la miner\u00eda constitu\u00eda la principal actividad econ\u00f3mica del virreinato, no pod\u00edan faltar obras tan c\u00e9lebres, aunque tradicionales, como la de Alonso de Barba, <em>Arte de los metales<\/em> (1639).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, las lecturas destinadas a la venta eran de amplia demanda, dirigidas particularmente a eclesi\u00e1sticos, profesionistas y bur\u00f3cratas, sectores tradicionalmente vinculados a la cultura impresa.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000080;\">Aristas del negocio<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La inmensa mayor\u00eda de los libros que Ibarra pose\u00eda al momento de fallecer y que quedaron asentados en el grueso inventario ven\u00edan del Viejo Mundo. La producci\u00f3n tipogr\u00e1fica del virreinato era modesta en comparaci\u00f3n con la introducida por los barcos que peri\u00f3dicamente arribaban a Veracruz. Entonces, como ahora, la ciudad de M\u00e9xico era un mercado para la edici\u00f3n europea, y desde mediados del XVIII sobre todo para la ib\u00e9rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para adquirir sus mercanc\u00edas los libreros deb\u00edan recurrir a una red de intermediarios puesto que el comercio colonial estaba restringido a un peque\u00f1o grupo de mercaderes ubicados a uno y otro lados del Atl\u00e1ntico. El monopolio entre Espa\u00f1a y sus posesiones americanas se conoce como la <em>Carrera de Indias<\/em>. Estos comerciantes controlaban el tr\u00e1fico legal y la redistribuci\u00f3n de diversos efectos, entre ellos libros, impresos sueltos y estampas. En la capital del virreinato los almaceneros eran hombres ricos e influyentes, algunos de origen vasco y ascendencia noble; sus fortunas constitu\u00edan importantes fuentes de cr\u00e9dito para la miner\u00eda, las actividades agropecuarias y el comercio minorista. A trav\u00e9s de uno de ellos, Miguel Alonso de Ortigoza, Ibarra adquiri\u00f3 a cr\u00e9dito varios lotes de libros que pagaba a plazos. Tambi\u00e9n acudi\u00f3 a un mercader de C\u00e1diz para otros pedidos y recibi\u00f3 en consignaci\u00f3n varios cargamentos para venderlos a cambio de una comisi\u00f3n, como hacen hoy en d\u00eda casi todas las librer\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De este modo, Ibarra adquiri\u00f3 importantes deudas, y la muerte lo sorprendi\u00f3 sin haberlas saldado. Al respecto la legislaci\u00f3n era muy clara: obligaba a los Cadores, viudas y familiares a pagar a los acreedores. De no hacerlo por falta de solvencia, los bienes del difunto deb\u00edan rematarse al mejor postor en subasta p\u00fablica (<em>almoneda<\/em>), para que con el producto de la venta se liquidaran las deudas. Este fue el desafortunado destino de los libros de Ibarra. Pero ante la dificultad de rematar \u00edntegra una librer\u00eda tan grande, los acreedores accedieron a divid\u00edrsela en partes proporcionales al monto de lo que se les deb\u00eda. La mayor parte pas\u00f3 a manos del almacenero Ortigoza, por ser quien hab\u00eda otorgado el cr\u00e9dito m\u00e1s elevado. Fueron necesarios 185 viajes en carreta o a lomo de mula para trasladar las cajas de libros a la casa del nuevo propietario. Asistido por un empleado, Ortigoza sigui\u00f3 as\u00ed vendiendo los libros que a\u00f1os atr\u00e1s \u00e9l mismo hiciera comprar y traer de Espa\u00f1a.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #000000;\">PARA SABER M\u00c1S<\/span><\/h3>\n<ul>\n<li style=\"text-align: left;\">Megged, Amos, \u201cRevalorando las luces en el mundo hisp\u00e1nico: la primera y \u00fanica librer\u00eda de Agust\u00edn Dherv\u00e9 a mediados del siglo XVIII en la ciudad de M\u00e9xico\u201d, en<em> Bulletin Hispanique,<\/em> Bordeaux, 1999, <a href=\"https:\/\/www.academia.edu\/34610127\/_El_mundillo_del_libro_en_la_capital_de_Nueva_Espa%C3%B1a_Cajones_puestos_y_venta_callejera_siglo_XVIII_Revista_de_Indias_2017_vol_LXXVII_n%C3%BAm_270\">https:\/\/www.academia.edu\/34610127\/_El_mundillo_del_libro_en_la_capital_de_Nueva_Espa%C3%B1a_Cajones_puestos_y_venta_callejera_siglo_XVIII_Revista_de_Indias_2017_vol_LXXVII_n%C3%BAm_270<\/a><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\">Moreno Gamboa, Olivia, en <em>La librer\u00eda de Luis Mariano de Ibarra.<\/em> Ciudad de M\u00e9xico, 1730-1750, M\u00e9xico, Ediciones de Educaci\u00f3n y Cultura, 2009. \u201cHacia una tipolog\u00eda de libreros de la ciudad de M\u00e9xico (1700-1778)\u201d, en <em>Estudios de Historia Novohispana,<\/em> M\u00e9xico, UNAM, 2009, <a href=\"http:\/\/www.revistas.unam.mx\/index.php\/ehn\/article\/view\/15319\">http:\/\/www.revistas.unam.mx\/index.php\/ehn\/article\/view\/15319<\/a><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\">Su\u00e1rez Rivera, Manuel, \u201c\u2018En el arco frontero al Palacio\u2019. An\u00e1lisis del inventario de la Librer\u00eda de Crist\u00f3bal de Z\u00fa\u00f1iga y Ontiveros. 1758\u201d, tesis de maestr\u00eda en Historia, Facultad de Filosof\u00eda y Letras, M\u00e9xico, UNAM, 2009, en: <a href=\"https:\/\/tesiunamdocumentos.dgb.unam.mx\/ptd2009\/septiembre\/0648985\/Index.html\">https:\/\/tesiunamdocumentos.dgb.unam.mx\/ptd2009\/septiembre\/0648985\/Index.html<\/a><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Olivia Moreno Gamboa Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 22. Para\u00a0el siglo XVIII, un caso at\u00edpico para las librer\u00edas que se concentraban principalmente en la zona del centro hist\u00f3rico de la capital, era la que pertenec\u00eda al abogado Luis Mariano de Ibarra. Ubicada puertas adentro de su propiedad, en un segundo piso distribuy\u00f3 su acervo que lleg\u00f3 a ocupar cinco de las nueve habitaciones de la vivienda. Hacia 1730, un abogado de la ciudad de M\u00e9xico, Luis Mariano de Ibarra, se inici\u00f3 en el trato o la venta de libros. Por varios testimonios se sabe que en poco tiempo lleg\u00f3 a formar una muy buena librer\u00eda, a la que un conocido suyo describi\u00f3 como un cuerpo florido por la riqueza de su cat\u00e1logo. 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