﻿{"id":375,"date":"2010-03-24T09:51:13","date_gmt":"2010-03-24T15:51:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistabicentenario.com.mx\/?p=375"},"modified":"2021-05-04T09:55:30","modified_gmt":"2021-05-04T14:55:30","slug":"el-codigo-iturbide","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-codigo-iturbide\/","title":{"rendered":"EL C&Oacute;DIGO ITURBIDE"},"content":{"rendered":"<address><strong>Juan Sahag\u00fan<\/strong><\/address>\n<address><span style=\"color: #993366;\">Revista BiCentenario, No. 5, p\u00e1g.71<br \/>\n<\/span><\/address>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/Iturbide-B-5.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-2495\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/Iturbide-B-5.png\" alt=\"Iturbide B-5\" width=\"484\" height=\"498\" \/><\/a><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Entrada de Iturbide a la ciudad de M\u00e9xico el 27 de septiembre de 1821<\/h6>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; No hay nadie; es hora de poner la bomba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cosme responde con acci\u00f3n a las palabras de Esteban. Se coloca el pasamonta\u00f1as negro. El nerviosismo se refleja en sus manos. De por s\u00ed, siempre ha sido de manos torpes. La abertura que debe permitir la visi\u00f3n, ha quedado exactamente en la oreja derecha. Con un par de jalones enfadados logra corregir el error. Posteriormente, con la torpeza de un m\u00e9dico biso\u00f1o, se enfunda un par de guantes negros; los dedos confunden las entradas y luego de varios intentos descubren su verdadero sitio. Esteban tamborilea el volante al tiempo que mira por el retrovisor temiendo alguna presencia que frustre el plan. Cosme murmura un ametrallado &#8220;voy-voy-voy&#8221; mientras toma la mochila con los implementos necesarios. Inhala, sostiene el aire cuatro segundos, exhala dando un resoplido equino bajo la sordina de la capucha. Abre la portezuela. Como el impulso es desmedido y la oscilaci\u00f3n de la mochila harto peligrosa, Esteban exclama un ahogado &#8220;cuidado, pendejo, llevas una bomba&#8221;. Cosme se detiene, murmura para s\u00ed un &#8220;calmado, cabr\u00f3n&#8221;, sale del auto y prosigue su camino midiendo cada movimiento, eso s\u00ed, sin perder la prisa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La madrugada es inm\u00f3vil. Impera un aletargado silencio. A lo lejos, el motor de un cami\u00f3n que contin\u00faa un viaje trasnochado. M\u00e1s lejos, ladridos de perros insomnes y necios. Un grupo de estrellas aburridas se cubre con el paso intermitente de nubes rojizas. La calle parece la escenograf\u00eda de una fracasada obra de teatro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El revolucionario corre hacia la puerta de la sucursal bancaria como si se tratara de una enorme rata gris salida de una cloaca. Se agacha por instinto. Voltea por precauci\u00f3n. En realidad, podr\u00eda caminar c\u00f3modamente erguido; no hay un alma. Llega hasta el port\u00f3n de cristal. Se detiene al lado de un letrero. D\u00f3lar. Compra 14.30. Venta 15.45<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO, <a href=\"..\/?page_id=10\">SUSCR\u00cdBASE A BICENTENARIO<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El revolucionario corre hacia la puerta de la sucursal bancaria como si se tratara de una enorme rata gris salida de una cloaca. Se agacha por instinto. Voltea por precauciA?n. 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