﻿{"id":373,"date":"2010-03-25T09:49:36","date_gmt":"2010-03-25T15:49:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistabicentenario.com.mx\/?p=373"},"modified":"2021-05-04T13:05:36","modified_gmt":"2021-05-04T18:05:36","slug":"ser-nino-o-nina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/ser-nino-o-nina\/","title":{"rendered":"Ser ni\u00f1o o ni\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p><strong><span style=\"line-height: 1.714285714; text-align: justify; font-size: 1rem;\">Laura Su\u00e1rez de la Torre &#8211; Instituto Mora<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 5.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #fe64a3;\"><strong>En el siglo XIX<\/strong><\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/doc00185620150430133423.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5652 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/doc00185620150430133423.jpg\" alt=\"doc00185620150430133423\" width=\"2193\" height=\"3142\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un ni\u00f1o de posici\u00f3n acomodada recib\u00eda una educaci\u00f3n cuidadosa y una serie de privilegios que, con el tiempo, le sumar\u00edan a los grupos rectores del pa\u00eds, desde un punto de vista pol\u00edtico o econ\u00f3mico o aun religioso. Su vida transcurr\u00eda sin preocupaciones, o cuando menos eso se pretend\u00eda, para que pudiera dedicarse a forjar con denuedo una profesi\u00f3n de abogado, m\u00e9dico, maestro y, m\u00e1s tarde, quiz\u00e1 como ingeniero en los colegios establecidos para ese fin. Su infancia pasaba entre el estudio con silabarios y catecismos, libros de f\u00e1bulas y m\u00e1ximas de buena educaci\u00f3n. Gozaba con los juegos al aire libre y, en casa, con trompos y soldados de lat\u00f3n o cartulina de vivos colores, marionetas de trapo, una corneta o juguetes de madera pintada: un caballito risue\u00f1o, luchadores enfrentados, un torero, el juego de la oca y la loter\u00eda. Se le ense\u00f1aba la religi\u00f3n con el catecismo del Padre Ripalda; en ella iban las pr\u00e1cticas devotas, pero adem\u00e1s la celebraci\u00f3n de fiestas, acompa\u00f1adas por juguetes como los alfe\u00f1iques y los judas, las matracas y las calaveras.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #fe64a3;\"><strong>En el siglo XX<\/strong><\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/doc00185720150430133450.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-5653 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/doc00185720150430133450.jpg\" alt=\"doc00185720150430133450\" width=\"2153\" height=\"3144\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni\u00f1os y ni\u00f1as tuvieron la posibilidad de mejorar su condici\u00f3n de vida, que intent\u00f3 abrirles la Revoluci\u00f3n mexicana. La educaci\u00f3n no se enfocar\u00eda a formar buenos cristianos, sino a instaurar una educaci\u00f3n cient\u00edfica y difundir los principios c\u00edvicos y nacionalistas de un Estado liberal que desde el XIX se persegu\u00edan sin gran \u00e9xito. Los ni\u00f1os privilegiados no fueron los \u00fanicos que pudieron aspirar a ser m\u00e9dicos y abogados y las ni\u00f1as dejaron de tener como \u00fanica opci\u00f3n la de ser esposas y madres o monjas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni\u00f1os y ni\u00f1as pudieron, poco a poco, asistir a escuelas primarias en todo el pa\u00eds y aspirar a un progreso, aunque no todos, pues las diferencias continuaron entre los ni\u00f1os y las ni\u00f1as de los distintos sectores sociales y entre los del campo y la ciudad. Las acostumbradas y populares rondas o las canciones de Cri-Cr\u00ed y los entretenimientos tradicionales que se practicaban en el hogar o al aire libre fueron desapareciendo. Por dar un ejemplo, los ni\u00f1os y las ni\u00f1as de las ciudades salieron a las calles a disfrutar de los parques y jardines en nuevas urbanizaciones; anduvieron en bicicletas, triciclos y patines; jugaron f\u00fatbol y b\u00e9isbol. Asistieron a los cines y se pasaron muchas horas ante las televisiones, las computadoras y los videojuegos. Todos (unos m\u00e1s, otros menos) recibieron los beneficios de los avances m\u00e9dicos, que les permitieron traspasar los primeros a\u00f1os de vida, lo cual en siglos anteriores, no era com\u00fan. Por \u00faltimo, el autoritarismo que se ejerc\u00eda sobre ellos se fue perdiendo y se proclamaron abiertamente sus derechos, derechos que, lamentablemente, no se han conquistado a plenitud.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong><a title=\"A?Anda suscrAi??bete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario.<\/a><\/strong><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vida cotidiana de los niAi??os y niAi??as mexicanos durante los siglos XIX y Xx<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[140,43,1,19],"tags":[222,2304,668,2287,39,2286,2269,156,36],"class_list":{"0":"post-373","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-5","7":"category-extras","8":"category-instituto","9":"category-varia","10":"tag-diversion","11":"tag-educacion","12":"tag-juguetes","13":"tag-nina","14":"tag-ninez","15":"tag-nino","16":"tag-siglo-xix","17":"tag-siglo-xx","18":"tag-vida-cotidiana"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/373","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=373"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/373\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15837,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/373\/revisions\/15837"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=373"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=373"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=373"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}