﻿{"id":3494,"date":"2013-11-29T17:09:08","date_gmt":"2013-11-29T23:09:08","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=3494"},"modified":"2021-05-04T09:50:07","modified_gmt":"2021-05-04T14:50:07","slug":"solo-ustedes-lo-saben","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/solo-ustedes-lo-saben\/","title":{"rendered":"S\u00f3lo ustedes lo saben"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><b>Silvia L. Cuessy<\/b><\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 21.<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>M<\/strong>alhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. Ese instante cambi\u00f3 tu suerte. \u00bfTe acuerdas? Pues claro que te acuerdas. Incluso el todopoderoso de la naci\u00f3n te lo dijo: ese hombre s\u00f3lo te traer\u00e1 dolores de cabeza, conozco su estirpe. Pero ya era tarde para enterarte de lo que no quer\u00edas saber. Cuando te topaste con \u00e9l, tu l\u00ednea del destino qued\u00f3 trazada. No pensaste en otra cosa sino averiguar qui\u00e9n era, y pronto tu gente te lo dijo. Te aturdiste con su galanura y su porte bragado. Un apremio se te meti\u00f3 en la piel, y las ganas de conocerlo te desbordaban los poros. La idea de que fuera rebelde e indomable te aviv\u00f3 una extra\u00f1a mirada s\u00f3lo entendida por los que sab\u00edan tus secretos. TA? que entonces manipulabas la C\u00e1mara a tu antojo; t\u00fa que pose\u00edas innumerables tierras y eras due\u00f1o del destino de tantas personas, ten\u00edas que acerc\u00e1rtele. Los caballos sirvieron de pretexto. T\u00fa ten\u00edas los m\u00e1s finos del pa\u00eds; \u00e9l era el mejor arrendador de la regi\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_3495\" aria-describedby=\"caption-attachment-3495\" style=\"width: 423px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-17.07.42.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3495\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-17.07.42.png\" alt=\"Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman's Sons, 1910\" width=\"423\" height=\"580\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3495\" class=\"wp-caption-text\">Amada D\u00edaz de la Torre, Jos\u00e9 Francisco Godoy. Porfirio D\u00edaz, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman&#8217;s Sons, 1910<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy s\u00ed piensas en Amada, \u00bfverdad? Est\u00e1s agonizando en esa cama del Hospital Stern, Nacho, y ahora s\u00ed la llamas. Maldito. Ojal\u00e1 tambi\u00e9n te acuerdes de lo mucho que la hiciste sufrir. A\u00f1o tras a\u00f1o la dejaste sola en Navidades y aniversarios, adem\u00e1s de los otros 355 d\u00edas del a\u00f1o, si descontamos los ocho en que quiz\u00e1 la llevaste al teatro o a alg\u00fan baile porque as\u00ed te conven\u00eda hacerlo. Desdichada. Deambulaba por cualquiera de las casas, ya fueran las de la capital o en alguna de las haciendas. Sola en su hogar, sola en los ajenos. Sus lamentos, zumbidos molestos a tus o\u00eddos &#8220;Nacho, ya no quiero que me miren con l\u00e1stima cada vez que llego sin ti a una fiesta. Nacho no soporto los cuchicheos detr\u00e1s de las copas de <i>cognac<\/i> o los abanicos&#8221; Sola, porque ni un hijo le quisiste dar; ni para cubrir las apariencias o acallar las malas lenguas. Rehu\u00edas las miradas de tu esposa suplicando caricias, y el contacto de sus manos sobre las tuyas te revolv\u00eda las entra\u00f1as. Por las noches escuchaste sus pasos detenerse a la puerta de tu habitaci\u00f3n y no abriste ni siquiera para un buenas noches. \u00bfQu\u00e9 te costaba sacrificarte un poquito con tal de cumplirle el deseo de la maternidad? Te vas a morir pronto, Nacho, y esa mujer merec\u00eda por lo menos el consuelo de un heredero. Ella te dio fidelidad y devoci\u00f3n, y t\u00fa le devolviste penas y verg\u00fcenza. Ya no tendr\u00e1 otra opci\u00f3n que cuidar sobrinos y morirse de vieja con los brazos vac\u00edos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni el az\u00facar producido en todas tus haciendas lograba endulzarte el car\u00e1cter, bromeaba tu suegro con el resto de la familia. Fuiste siempre tan arrogante. Las fotos no mienten, en ellas pareces estatua de conquistador moderno. Un <i>sportman <\/i>de revista: mano a la cintura, bigote retorcido a manera de k\u00e1iser mexicano, chaqueta de <i>tweed<\/i>, pantal\u00f3n <i>golf<\/i> y boina de lana: pura moda inglesa, no hay duda. \u00a1Ah! Qu\u00e9 diferencia \u00bfverdad? Y ahora, m\u00edrate ah\u00ed tan vulnerable con el trasero purulento reventado por las almorranas; alrededor, enfermos que al igual que t\u00fa tienen los minutos contados; sin embargo ninguno del mismo mal, ninguno se retuerce tanto en la cama para calmar sus dolores, y ninguno tan arrepentido de sus pecados mientras suplica y llora. Esp\u00e9rate tantito, desgraciado, Amada no tarda, viene en camino desde M\u00e9xico. Llevaba meses busc\u00e1ndote; en la capital, en Morelos, bajo las piedras. Seguro dio gracias a Dios y a los santos del cielo cuando le lleg\u00f3 la nota furtiva en la que le avisabas, desde Veracruz, que ya ibas rumbo a Nueva York. Ni ella misma supo c\u00f3mo hab\u00eda sido la huida. No importa si fue mediante su ayuda o la de otros, no interesa si fue un milagro divino. Vendi\u00f3 las alhajas que le diste en lugar de amor despu\u00e9s de que los rebeldes le quitaron a tu familia cuanta pertenencia ten\u00eda; esas joyas eran su esperanza de no depender de los parientes y de la supuesta herencia de su padre. Viene a firmar la autorizaci\u00f3n para que los m\u00e9dicos te sometan a una cirug\u00eda. Sorte\u00f3 obst\u00e1culos y l\u00e1grimas en medio de tiempos convulsionados. Quiere estar a tu lado y cumplir con su deber de esposa abnegada. Pareces cad\u00e1ver, qui\u00e9n sabe si aguantes. Por lo menos dale ese \u00fanico gusto. Esp\u00e9rala vivo, infeliz.<\/p>\n<p>Utilizabas a la gente. La mov\u00edas a placer para proteger tus intereses. Para eso son el poder y el dinero, dec\u00edas. Confabulaste con tus colegas diputados para acabar con el gobierno de Madero, mandaste a tu ch\u00f3fer a rentar un auto frente a La Alameda; un coche que llevar\u00eda al presidente y al vicepresidente a su encuentro con la traici\u00f3n y la muerte, junto a la penitenciar\u00eda de Lecumberri. Pensaste que acabado su gobierno, todo volver\u00eda a ser igual y los capitales, tuyos y de tu camarilla, estar\u00edan a salvo.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<br \/>\nPara leer el art\u00edculo completo, consulte la revista <em>BiCentenario<\/em>.<\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Silvia L. Cuessy En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 21. \u00a0 Malhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. 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