﻿{"id":3430,"date":"2013-11-29T15:40:13","date_gmt":"2013-11-29T21:40:13","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=3430"},"modified":"2021-05-04T14:20:22","modified_gmt":"2021-05-04T19:20:22","slug":"fiestas-de-bienvenida-para-virreyes-y-libertadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/fiestas-de-bienvenida-para-virreyes-y-libertadores\/","title":{"rendered":"Fiestas de bienvenida para virreyes y libertadores"},"content":{"rendered":"<p><strong>Pavel Ignacio Luna Espinosa<br \/>\nFaculta de Filosof\u00eda y Letras, UNAM<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam.\u00a0 21.<\/strong><\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><span style=\"color: #459098;\">Los habitantes de la ciudad de M\u00e9xico fueron hospitalarios y festivos cada vez que los hombres de poder hac\u00edan su entrada triunfal. As\u00ed fuesen virreyes o libertadores, como el caso de Iturbide, en sus recepciones abundaron el ambiente festivo, los desfiles, el ritual religioso y la entrega de las llaves de la ciudad.<\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_3431\" aria-describedby=\"caption-attachment-3431\" style=\"width: 442px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-15.36.39.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3431 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-15.36.39.png\" alt=\"AnA?nimo, Entrada de AgustAi??n de Iturbide a la ciudad de MAi??xico en 1821, MAi??xico, s. XIX. Col. Banamex\" width=\"442\" height=\"221\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3431\" class=\"wp-caption-text\">An\u00f3nimo, Entrada de Agust\u00edn de Iturbide a la ciudad de M\u00e9xico en 1821, M\u00e9xico, s. XIX. Col. BANAMEX<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<\/strong>os virreyes sirvieron, durante 300 a\u00f1os, como representantes de los reyes de Espa\u00f1a en Nueva Espa\u00f1a. Dada la distancia entre la pen\u00ednsula y el nuevo mundo, era impensable que el rey pudiera gobernar ambas tierras instalado en la metr\u00f3poli. Por ello, el virrey era la sustituci\u00f3n de su voluntad y, a su llegada, deb\u00eda ser recibido como tal. Era un acto que generaba gran entusiasmo entre la poblaci\u00f3n novohispana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por principio de cuentas, debemos imaginar que la traves\u00eda de Espa\u00f1a a Am\u00e9rica no resultaba nada sencilla. El camino pod\u00eda ser fastidioso y, en algunas ocasiones, hasta peligroso. El pr\u00f3ximo gobernante ten\u00eda permitido llevar consigo criados de su casa y algunas damas y caballeros de la nobleza. Por lo general, lo acompa\u00f1aban entre 60 y 100 personas, las cuales formar\u00edan parte de la Corte. La virreina, por su parte, estaba acompa\u00f1ada de diez o quince mujeres. No eran pues pocas las personas que ven\u00edan a estas tierras acompa\u00f1ando al virrey.<\/p>\n<figure id=\"attachment_3432\" aria-describedby=\"caption-attachment-3432\" style=\"width: 200px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-15.37.55.png\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3432\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-15.37.55.png\" alt=\"Virrey Francisco Caxigal de la Vega (1760). WIKICOMMONS\" width=\"200\" height=\"264\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3432\" class=\"wp-caption-text\">Virrey Francisco Caxigal de la Vega (1760). WIKICOMMONS<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Manuel Payno, en su novela <i>El hombre de la situaci\u00f3n<\/i>, habla sobre el viaje que realizaban los virreyes. En tiempos de Carlos III, es decir, en el siglo XVIII, decir, en el siglo XVIII, el virrey viajaba <i>por lo com\u00fan, en lo que se llamaba la flota. La flota era la reuni\u00f3n que hac\u00edan en C\u00e1diz los comerciantes, de muchos barcos cargados de efectos para las Indias. Estos barcos eran escoltados por buques de la marina real y hac\u00edan la traves\u00eda juntos. <\/i>Si hemos de creer en esta descripci\u00f3n, los viajes debieron haber sido todo un espect\u00e1culo. Al venir custodiado por la flota, el viaje, que seg\u00fan este autor duraba dos meses, gozaba de mayor seguridad. Naturalmente, ante un traslado de tanto tiempo, el barco del virrey ten\u00eda que ser de lujo para proporcionarle todas las comodidades posibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al llegar a costas mexicanas, a la altura de Campeche, el virrey enviaba a Veracruz una embarcaci\u00f3n menor para avisar de su pr\u00f3xima llegada. La parada serv\u00eda, adem\u00e1s, para que los barcos que se hab\u00edan retrasado tuvieran tiempo de reunirse con los m\u00e1s adelantados. No era entonces sorpresa que al llegar a \u00faltimo puerto los ca\u00f1ones de San Juan de Ul\u00faa tronaran, anunciando el nivel y categor\u00eda del personaje que arribaba. A su vez, los buques de guerra que ven\u00edan con \u00e9l contestaban de la misma manera.<\/p>\n<figure id=\"attachment_3433\" aria-describedby=\"caption-attachment-3433\" style=\"width: 210px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-15.39.00.png\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3433\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-15.39.00.png\" alt=\"Virrey MatAi??as de GA?lvez y Gallardo (1783-1784). WIKICOMMONS\" width=\"210\" height=\"263\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3433\" class=\"wp-caption-text\">Virrey Mat\u00edas de G\u00e1lvez y Gallardo (1783-1784). WIKICOMMONS<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al tocar tierra el virrey era recibido por el Ayuntamiento y el gobernador, quien le entregaba en una bandeja de plata, colocada en un coj\u00edn de terciopelo, las llaves de la ciudad, <i>que el virrey tom\u00f3 por ceremonia, volvi\u00e9ndolas a dejar en seguida diciendo: que \u00abparando en manos tan fieles como las del gobernador\u00bb, los intereses de S. M. estaban muy bien guardados, y la ciudad completamente segura. <\/i>Inmediatamente despu\u00e9s, \u00e9l y sus acompa\u00f1antes iban a la parroquia, donde se cantaba un tedeum. Al terminar el acto religioso, acud\u00eda a sus aposentos, donde, finalmente, pod\u00eda descansar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Payno cuenta un peque\u00f1o episodio en el cual el protagonista, Fulgencio, en un paraje de Tlaxcala, coincide con el virrey. En efecto, sabemos que un virrey tardaba semanas en hacer el traslado desde Veracruz hasta la ciudad de M\u00e9xico, pues en cada poblado al que llegaba la gente lo recib\u00eda con un festejo, dese\u00e1ndole que su gesti\u00f3n fuera ben\u00e9fica para todos. All\u00ed se le obsequiaban presentes, constru\u00edan arcos de triunfo con materiales perecederos y hab\u00eda un ambiente totalmente festivo. Adem\u00e1s, los organizadores eleg\u00edan dioses o semidioses de la tradici\u00f3n grecolatina con los que se establec\u00eda una analog\u00eda con el nuevo gobernante; se recordaba as\u00ed a los espectadores que quien llegaba era representante del rey y, como tal, deb\u00eda obedec\u00e9rsele como si fuese el monarca mismo. Seg\u00fan Payno, el \u00faltimo lugar que el virrey visitaba antes de entrar en la ciudad de M\u00e9xico era la Villa de Guadalupe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin, el virrey y la virreina llegaban a la capital, donde evidentemente, ten\u00eda lugar el mejor festejo que se pod\u00eda ofrecer al enviado de la Corona. Los cabildos eclesi\u00e1stico y civil compet\u00edan para demostrar la mayor creatividad en la elaboraci\u00f3n de los arcos del triunfo, mismos que desempe\u00f1aban un papel important\u00edsimo, y podemos considerar verdaderas obras de arte. En 1680, por ejemplo, a la llegada del conde de Paredes a la ciudad de M\u00e9xico, se nombr\u00f3 nada menos que a Sor Juana In\u00e9s de la Cruz y a Carlos de Sig\u00fcenza y G\u00f3ngora como encargados de elaborarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La entrada a M\u00e9xico deb\u00eda ser fastuosa.\u00a0Para ello se mandaba a limpiar las calles as\u00ed como a iluminarlas \u2013-en caso de que el virrey llegara de noche-\u2013, y en el gran momento hab\u00eda desfiles a los que asist\u00edan m\u00fasicos, funcionarios importantes, miembros de la Real y Pontificia Universidad de M\u00e9xico con sus insignias de grado y dem\u00e1s personajes de alcurnia. El virrey acud\u00eda de inmediato a la catedral, donde se lo recib\u00eda con solemnidad y realizaba el debido evento religioso. Para coronar el bullicio, se acostumbraba organizar una corrida de toros a la que acud\u00eda el reci\u00e9n llegado y era tambi\u00e9n com\u00fan hacer representaciones teatrales escritas y escenificadas por integrantes de distintas \u00f3rdenes religiosas, especialmente de jesuitas y carmelitas descalzos.<\/p>\n<figure id=\"attachment_3434\" aria-describedby=\"caption-attachment-3434\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-15.40.00.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3434\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Captura-de-pantalla-2013-11-29-a-las-15.40.00.png\" alt=\"Plaza de armas de la ciudad de MAi??xico. 1757-1769. INAH Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec\" width=\"678\" height=\"571\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3434\" class=\"wp-caption-text\">Plaza de armas de la ciudad de M\u00e9xico. 1757-1769. INAH Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec<\/figcaption><\/figure>\n<h2 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<br \/>\nPara leer el art\u00edculo completo, consulte la revista <em>BiCentenario<\/em><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pavel Ignacio Luna Espinosa Faculta de Filosof\u00eda y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam.\u00a0 21. Los habitantes de la ciudad de M\u00e9xico fueron hospitalarios y festivos cada vez que los hombres de poder hac\u00edan su entrada triunfal. As\u00ed fuesen virreyes o libertadores, como el caso de Iturbide, en sus recepciones abundaron el ambiente festivo, los desfiles, el ritual religioso y la entrega de las llaves de la ciudad. Los virreyes sirvieron, durante 300 a\u00f1os, como representantes de los reyes de Espa\u00f1a en Nueva Espa\u00f1a. Dada la distancia entre la pen\u00ednsula y el nuevo mundo, era impensable que el rey pudiera gobernar ambas tierras instalado en la metr\u00f3poli. Por ello, el virrey era la sustituci\u00f3n de su voluntad y, a su llegada, deb\u00eda ser recibido como tal. Era un acto que generaba gran entusiasmo entre la poblaci\u00f3n novohispana. 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