﻿{"id":3178,"date":"2013-09-27T22:03:36","date_gmt":"2013-09-28T03:03:36","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=3178"},"modified":"2021-05-04T09:50:37","modified_gmt":"2021-05-04T14:50:37","slug":"un-naufragio-en-los-alacranes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/un-naufragio-en-los-alacranes\/","title":{"rendered":"Un naufragio en Los Alacranes"},"content":{"rendered":"<p><strong>Lorena Careaga<br \/>\nUniversidad del Caribe<\/strong><\/p>\n<h3><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=848\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 11.<\/a><\/h3>\n<figure id=\"attachment_3179\" aria-describedby=\"caption-attachment-3179\" style=\"width: 706px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-21.56.23.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-3179\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-21.56.23.png\" alt=\"Captura de pantalla 2013-09-27 a las 21.56.23\" width=\"706\" height=\"445\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3179\" class=\"wp-caption-text\">Marina (1825)<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>M<\/strong>i nombre es Cecilia Grierson Duffy, nac\u00ed en Buenos Aires en 1859, tengo 30 a\u00f1os y soy la primera mujer en la historia de Argentina que ha logrado titularse de doctora en medicina. No es mi culpa. Provengo de una estirpe escocesa de hembras inteligentes, recias y valientes; de varones aventureros, emprendedores y l\u00edderes.<\/p>\n<figure id=\"attachment_3180\" aria-describedby=\"caption-attachment-3180\" style=\"width: 260px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-21.59.24.png\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-3180 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-21.59.24.png\" alt=\"Cecilia Grierson Duffy\" width=\"260\" height=\"347\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3180\" class=\"wp-caption-text\">Cecilia Grierson Duffy<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo todav\u00eda una ni\u00f1a, mi padre me llev\u00f3 a conocer la tierra de nuestros ancestros: Kelso, la ciudad m\u00e1s bella y rom\u00e1ntica de Escocia (al decir de Sir Walter Scott). En Duff Manor, la propiedad de su t\u00edo, el empresario y diplom\u00e1tico William Parish Robertson, transcurrieron dos a\u00f1os inolvidables de mi existencia, de aquellos que dejan una marca imborrable. Ah\u00ed empec\u00e9 a saber qui\u00e9n era yo y qu\u00e9 quer\u00eda en la vida. O al menos, lo que no quer\u00eda. Ah\u00ed pas\u00e9 tardes enteras escuchando y aprendiendo de la prima de mi padre, la t\u00eda H.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nunca supe bien a bien su nombre; todos le dec\u00edamos &#8220;Prima H&#8221;, &#8220;<i>Auntie <\/i>H&#8221;, &#8220;<i>Miss <\/i>H&#8221;. Podr\u00eda haberse llamado Harriet, Hannah, Hellen o Hope. No importa. La t\u00eda H era mucho m\u00e1s que un nombre; era una leyenda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los 17 a\u00f1os, un memorable diciembre de 1848, la t\u00eda H tom\u00f3 la decisi\u00f3n de acompa\u00f1ar a su padre, William, a Am\u00e9rica, concretamente a M\u00e9xico. \u00e9ste hab\u00eda sido nombrado agente de los bonos de la deuda inglesa, con la encomienda de visitar las minas de plata de Real del Monte. Era una traves\u00eda larga y peligrosa; bien lo sab\u00eda William, viajero empedernido y experimentado. Pero de nada sirvi\u00f3 su negativa inicial; la t\u00eda H no se quedar\u00eda en tierra, y no se qued\u00f3. Su energ\u00eda y entusiasmo contagiaron a toda la familia, que les ayud\u00f3 a empacar, comprar los pasajes y dejar sus asuntos en orden en menos de 48 horas. El 2 de diciembre, H y su padre partieron de Southampton en el <i>Avon, <\/i>un vapor de la Royal Mail Steam Packet Company.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Desde el principio, las cosas pintaron mal&#8221; sol\u00eda relatarme la t\u00eda H, mientras tom\u00e1bamos el te frente a la chimenea de la biblioteca, el pastor irland\u00e9s Darach echado a sus pies. &#8220;Catorce d\u00edas, sin parar, de vientos y oleaje. \u00a1No te puedes imaginar lo que implicaba vestirme con tanto bamboleo, y trastabillar, mareada y magullada, hasta el sal\u00f3n! El vendaval nos desvi\u00f3 irremediablemente de nuestro curso. En vez de llegar a Bermuda, terminamos en Madeira. En vez de pasar por Nassau, acabamos dirigi\u00e9ndonos a St. Thomas. Pero como eran lugares desconocidos para m\u00ed y tan diferentes de lo que estaba acostumbrada, me parecieron fascinantes, lo mismo que el cambio en la temperatura, la vegetaci\u00f3n y la gente.&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;\u00a1Cu\u00e9ntame de St Thomas, <i>Auntie <\/i>H!&#8221; le ped\u00eda yo. Eso de las <em>Islas V\u00edrgenes<\/em> me sonaba tan lejano y ex\u00f3tico que mi imaginaci\u00f3n volaba. Y ella me hablaba de la poblaci\u00f3n negra (los <i>darkies<\/i>)\u00a0y su alegr\u00eda, el control que ejerc\u00eda el gobierno dan\u00e9s, el pujante comercio y el cruce de caminos caribe\u00f1os de aquel puerto cosmopolita que era St. Thomas, salpicando aqu\u00ed y all\u00ed el relato con historias de piratas y escondites de bucaneros.<\/p>\n<figure id=\"attachment_3183\" aria-describedby=\"caption-attachment-3183\" style=\"width: 656px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-22.01.11.png\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3183\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-22.01.11.png\" alt=\"Carta de las Indias Occidentales (1796)\" width=\"656\" height=\"313\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3183\" class=\"wp-caption-text\">Carta de las Indias Occidentales (1796)<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;En La Habana cambiamos de barco, con la peregrina idea de recuperar el tiempo perdido y llegar a Veracruz cu\u00e1nto antes. \u00a1Ah, si hubi\u00e9semos sabido lo que nos esperaba!&#8221; dec\u00eda la t\u00eda H suspirando. &#8220;Pero a nadie nos es dado anticipar el futuro, as\u00ed que, esperanzados, mi padre y yo abordamos el <i>Forth, <\/i>otro vapor igual de elegante y c\u00f3modo. Ten\u00eda un camarote para mi sola y pronto hice amistades entre los dem\u00e1s pasajeros, especialmente con un jovenzuelo nada feo, por cierto, pero con el rid\u00edculo nombre de Agapito Jenkins.&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Desde nuestra partida, un evento predomin\u00f3 en la mente de todos nosotros: el tr\u00e1gico naufragio del <i>Tweed<\/i>, de la misma compa\u00f1\u00eda de paquebotes que el <i>Avon <\/i>y el <i>Forth<\/i>, acaecido en el arrecife de Los Alacranes casi dos a\u00f1os antes, en febrero de 1847. Unas 80 personas perdieron la vida. Con nosotros viajaba el Dr. Rowland, el m\u00e9dico de a bordo, quien era uno de los sobrevivientes del <i>Tweed<\/i>, y no nos cans\u00e1bamos de pedirle que nos narrara la tragedia, aunque mi padre insist\u00eda en que no escuchara aquellas descripciones de p\u00e1nico y muerte, pues no hab\u00eda de qu\u00e9 preocuparse. Sin embargo, \u00e9l mismo no las ten\u00eda todas consigo. Entre broma y broma, manifest\u00f3 al capit\u00e1n Sturdee que tuviera buen cuidado de dar un gran rodeo a tan peligroso arrecife, y \u00e9ste lo invit\u00f3 al puente, donde le mostr\u00f3, en varias cartas n\u00e1uticas, la posici\u00f3n que guard\u00e1bamos en aquellos momentos y la trayectoria esperada.&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, la t\u00eda H sol\u00eda hacer una pausa dram\u00e1tica, de la cual yo era presa irremediable. &#8220;\u00bfY qu\u00e9 pas\u00f3 entonces, <i>Auntie <\/i>H? \u00a1Sigue!&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;\u00a1Ay, Cecilia querida!&#8221; exclamaba gesticulando. &#8220;Me fui a dormir tan tranquila, pero a eso de las cinco de la ma\u00f1ana, todav\u00eda a oscuras, me despert\u00f3 una fuerte sacudida. No sab\u00eda qu\u00e9 hab\u00eda sucedido, pero el movimiento del barco y los gritos me indicaron que deb\u00eda ser algo terrible. En camis\u00f3n y descalza corr\u00ed al camarote de mi padre, pero lo encontr\u00f3 vac\u00edo, porque \u00e9l mismo se hab\u00eda dirigido de inmediato a cubierta. Cuando regres\u00f3, vi en la palidez y expresi\u00f3n de su cara, que est\u00e1bamos perdidos. Nos abrazamos unos instantes. Un abrazo que era, en realidad, una despedida.&#8221;<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<br \/>\nPara leer el art\u00edculo completo, consulte la revista\u00a0<em>BiCentenario<\/em>.<\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lorena Careaga Universidad del Caribe En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 11. Mi nombre es Cecilia Grierson Duffy, nac\u00ed en Buenos Aires en 1859, tengo 30 a\u00f1os y soy la primera mujer en la historia de Argentina que ha logrado titularse de doctora en medicina. No es mi culpa. Provengo de una estirpe escocesa de hembras inteligentes, recias y valientes; de varones aventureros, emprendedores y l\u00edderes. Siendo todav\u00eda una ni\u00f1a, mi padre me llev\u00f3 a conocer la tierra de nuestros ancestros: Kelso, la ciudad m\u00e1s bella y rom\u00e1ntica de Escocia (al decir de Sir Walter Scott). En Duff Manor, la propiedad de su t\u00edo, el empresario y diplom\u00e1tico William Parish Robertson, transcurrieron dos a\u00f1os inolvidables de mi existencia, de aquellos que dejan una marca imborrable. Ah\u00ed empec\u00e9 a saber qui\u00e9n era yo y qu\u00e9 quer\u00eda en la vida. O al menos, lo que no quer\u00eda. 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