﻿{"id":3031,"date":"2013-09-27T16:35:20","date_gmt":"2013-09-27T21:35:20","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=3031"},"modified":"2021-05-04T09:51:05","modified_gmt":"2021-05-04T14:51:05","slug":"la-celada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-celada\/","title":{"rendered":"La celada"},"content":{"rendered":"<p><strong>Alfredo Vargas<\/strong><\/p>\n<figure id=\"attachment_3032\" aria-describedby=\"caption-attachment-3032\" style=\"width: 363px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-16.34.06.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3032 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-16.34.06.png\" alt=\"Mural inconcluso de Juan de O'Gorman (detalle)\" width=\"363\" height=\"574\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3032\" class=\"wp-caption-text\">Mural inconcluso de Juan de O&#8217;Gorman (detalle)<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>T<\/strong>odos los recuerdos se abren en su mente mientras se acomoda, junto a sus fieles colaboradores, en el <em>Dodge Brother<\/em> que inicia su marcha en esa fresca ma\u00f1ana del 20 de julio de 1923.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El paisaje de aquel d\u00eda lo atrap\u00f3 de nuevo, sordo y mudo bajo el golpe brutal del sol \u00e1spero y met\u00e1lico, espacio marchito y polvoriento, crep\u00fasculo ambarino. Un escalofr\u00edo le hab\u00eda recorrido el cuerpo al volver la mirada al resto de sus hombres, ese grupo maltrecho, pelot\u00f3n de un cementerio ambulante que parec\u00eda haber sido arrojado desde las entra\u00f1as de la tierra. Las pieles yermas, quemadas y sedientas por la falta de agua, metidas en esas ropas cenizas de tanto trasegar en medio de esas gredas tan muertas como ellos mismos. Hombres impulsados por su propia historia, con hijos, padres o mujeres que esperaban su regreso con ansia e ilusi\u00f3n. Soldados valientes, fieles guerrilleros, motivados por la fe en alcanzar un ideal de justicia en un pa\u00eds dividido y confuso, atrapado en una lucha cruel que los reduc\u00eda a objetos dejados en el desamparo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hu\u00edda se\u00f1alaba su camino, como a los animales salvajes cuando son perseguidos y terminan acorralados, sin posibilidades reales de sobrevivir. Bajo el cielo trasl\u00facido de aquel paisaje des\u00e9rticos, sin ataduras pero prisioneros de la sorda batalla por alcanzar una libertad que les arrebat\u00f3 un poder inflexible y un entorno incierto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y \u00e9l, Francisco Villa, tan mortal como cualquier otro bajo la presi\u00f3n de un fr\u00e1gil destino, a\u00fan se preguntaba entonces qu\u00e9 palabras deb\u00eda utilizar para levantar el \u00e1nimo de los suyos, para que de su garganta saliese la respuesta salvadora, como aqu\u00e9llas que en el pasado le sirvieron para alentar arduos enfrentamientos e infundirles valor frente al enemigo. \u00bfCon qu\u00e9 mano acariciar su noble devoci\u00f3n y decir, sin el menor asomo de duda, que la paz estaba segura?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda levantado la mirada, pero las aves de rapi\u00f1a que volaban sobre sus cabezas le hicieron pensar que pod\u00edan ser un augurio maligno, un s\u00edmbolo nefasto que su mente edificaba en medio de aquella opresi\u00f3n viva. La muerte pareci\u00f3 mirarlo de frente. Aunque se trata del destino inevitable y se halla acechando, a punto de caer encima, imaginarla cuando el miedo asoma, cuando el temor ronda la conciencia, es una tortura. Quiz\u00e1s estos pensamientos, suspendidos del desasosiego, como detenidos en el tiempo, marcan el t\u00e9rmino de la propia vida.<\/p>\n<figure id=\"attachment_3033\" aria-describedby=\"caption-attachment-3033\" style=\"width: 593px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-16.36.01.png\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3033\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-16.36.01.png\" alt=\"Tras la firma del armisticio en 1920\" width=\"593\" height=\"425\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3033\" class=\"wp-caption-text\">Tras la firma del armisticio en 1920<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una voz lo hab\u00eda sacado de aquellas ideas. El sonido fue una invocaci\u00f3n salvadora. Hizo un esfuerzo por voltear, pero el polvo metido entre el abultado bigote le hizo estornudar. Un acto involuntario, una se\u00f1al de su cuerpo que lo clavaba a la vida. Sac\u00f3 su pa\u00f1uelo y limpi\u00f3 el sudor que bajaba por la frente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Mi general, el prisionero no da m\u00e1s&#8221; aquella palabras parec\u00edan salir de un pesado sue\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entorn\u00f3 los ojos e intent\u00f3 reconocer al oficial; le pareci\u00f3 que una luminosidad extra\u00f1a lo circundaba, quiz\u00e1 fuera por el cansancio. Su mirada finalmente qued\u00f3 puesta sobre Miguel Trillo, su brazo derecho y fiel amigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Ese hombre no aguanta una legua m\u00e1s, mi general&#8221;. Aquel rostro ajado con los ojos hundidos y la voz reseca quedaron en espera de una respuesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Villa lo hab\u00eda mirado casi ausente, como si fuera la primera vez que lo mirara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Mi general&#8221; volvi\u00f3 a escuchar como si se tratara de una voz venida de un lejano recuerdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se hab\u00edan reagrupado luego de querer evitar un enfrentamiento con un cuartel menor del ej\u00e9rcito. No hubiera querido tener un choque con ese asentamiento castrense. No ten\u00eda sentido, lo sab\u00eda bien. Cualquier escaramuza podr\u00eda echar por los suelos la tregua que se negociaba con el gobierno federal. Pero estaba en la mitad del camino y cuando su gente ya se hab\u00eda alejado de aquel peligro, hubo un avance sorpresivo de las fuerzas all\u00ed estacionadas, que los atacaron y obligaron a responder. Las balas silbaron inevitablemente. Aquella celada fue hecha con premeditaci\u00f3n, con el claro designio de alborotar el avispero y caus\u00f3 la ca\u00edda de varios de sus hombres. El resto se intern\u00f3 a galope y en pleno descenso de la noche en lo profundo del desierto. Fueron perdiendo el camino, quedando atrapados en un mar de polvo. Y la \u00fanica explicaci\u00f3n de ese ataque imprevisto hab\u00eda sido la infiltraci\u00f3n en sus planes, la traici\u00f3n de alguien metido dentro de sus tropas, no le cupo la menor duda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>Para leer el art\u00edculo completo, <a title=\"SUSCRIBIRSE\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\">suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario<\/a>.<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alfredo Vargas Todos los recuerdos se abren en su mente mientras se acomoda, junto a sus fieles colaboradores, en el Dodge Brother que inicia su marcha en esa fresca ma\u00f1ana del 20 de julio de 1923. El paisaje de aquel d\u00eda lo atrap\u00f3 de nuevo, sordo y mudo bajo el golpe brutal del sol \u00e1spero y met\u00e1lico, espacio marchito y polvoriento, crep\u00fasculo ambarino. 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