﻿{"id":2981,"date":"2013-09-27T14:50:17","date_gmt":"2013-09-27T19:50:17","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=2981"},"modified":"2021-05-04T14:27:36","modified_gmt":"2021-05-04T19:27:36","slug":"responda-nino-lucas-responda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/responda-nino-lucas-responda\/","title":{"rendered":"Responda, ni\u00f1o Lucas, responda"},"content":{"rendered":"<p><strong>Ana Rosa Su\u00e1rez \/ Instituto Mora<\/strong><\/p>\n<p><strong>BiCentenario #9<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-14.45.29.png\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-2982\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-14.45.29.png\" alt=\"Captura de pantalla 2013-09-27 a las 14.45.29\" width=\"209\" height=\"197\" \/><\/a><strong>E<\/strong>l anciano irradiaba poder. Escrib\u00eda con trazos firmes y precisos, absorto, sin duda el ce\u00f1o fruncido le ayudaba\u00a0 fijar la atenci\u00f3n. Pon\u00eda ahora la pluma en el tintero, se miraba en el espejo de marco estofado en oro y, con un peine de carey que extra\u00eda de la levita, se arreglaba los abundantes cabellos blancos, sin que uno solo quedara sin colocar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lucas no reconoce la plaza que se deja ver por la ventana, pero al observarla con esmero se percata de que es la Plaza Mayor de la ciudad M\u00e9xico, el sol ma\u00f1anero que dispone juegos de luz y sombra en las fachadas la hace lucir m\u00e1s bella que en cualquiera de las ilustraciones guardadas en casa. Algo espeso le escurre por la cara, se palpa una herida en la sien, le duele, c\u00f3mo se la caus\u00f3, en qu\u00e9 momento, d\u00f3nde se encuentra. Cierto, el caballo se encabrit\u00f3 ante las llamas que surg\u00edan de la Alh\u00f3ndiga y no pudo dominarlo. Abre los ojos, vaya, el d\u00eda se extingui\u00f3, su madre descubrir\u00e1 pronto su falta, en todo caso, lo sabr\u00e1 en cuanto note su ropa vuelta harapos y sucia de tierra y tizne, adem\u00e1s ha de tener el cuerpo lleno de cardenales. Lo mejor ser\u00e1 marcharse, le queda un buen trecho por recorrer y m\u00e1s si se sigue por callejuelas y atajos para no ser notado. No puede levantarse, siente que todo gira a su alrededor, le palpita la sien, se recuesta de nuevo, vaya, su escapada se malogr\u00f3 y la curiosidad lo ha metido en un l\u00edo, aunque tambi\u00e9n el secreto anhelo de romper reglas que a veces lo asalta, en particular desde que do\u00f1a Ignacia tom\u00f3 el mando familiar. No quer\u00eda contrariarla, pero tuvo que comprobar si los insurgentes se hallaban en verdad a las puertas de Guanajuato, pues bien, lo hizo y lo lamenta, s\u00f3lo desea alejarse para siempre Dejar\u00e1 al anciano, qui\u00e9n ser\u00e1, e parece familiar pero no lo recuerda, su rostro es serio y solemne como el de los desconocidos que casi saltan de los retratos colgados en el sal\u00f3n, el semblante duro y amargo le tra\u00eda la memoria a su madre, desde que enviud\u00f3 sonr\u00ede rara vez, s\u00f3lo a \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-14.47.40.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2984\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-14.47.40.png\" alt=\"Captura de pantalla 2013-09-27 a las 14.47.40\" width=\"574\" height=\"400\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rezaba de rodillas en el reclinatorio colocado en el rinc\u00f3n, ante la imagen de la virgen de los Remedios. Lo hac\u00eda con devoci\u00f3n, en voz baja, pero le escuchaba rogar que se le concediera fuerza para cumplir con su misi\u00f3n de proteger a la Iglesia. Se sacud\u00eda el polvo de las rodillas y alisaba las supuestas arrugas de una impecable levita obscura antes de sentarse frente al escritorio. Miraba su imagen en el espejo, su cabello segu\u00eda en orden, pero lo peinaba de nuevo, como si no pudiera evitarlo. Por fin mov\u00eda la pluma sobre el pliego mientras susurraba que deb\u00eda conservarse la religi\u00f3n cat\u00f3lica, \u00fanico lazo que ataba a la naci\u00f3n y la redimir\u00eda de los males que la amenazaban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-14.46.18.png\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2983\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-14.46.18.png\" alt=\"Captura de pantalla 2013-09-27 a las 14.46.18\" width=\"575\" height=\"425\" \/><\/a>Est\u00e1 de acuerdo, la culpa de lo que pasa es de ese cura Hidalgo por alzar a la indiada, su obligaci\u00f3n como p\u00e1rroco era ayudar al gobierno a guardar el orden, no enardecer a la multitud. Tiene que retornar, har\u00e1 el esfuerzo, all\u00ed corre peligro, y su madre no entender\u00e1 ni le personar\u00e1, si dir\u00e1 que mand\u00f3 que nadie saliera. Observa a su alrededor para situar a su caballo, silba para que se acerque, intentar\u00e1 montarlo y luego se dejar\u00e1 ir en \u00e9l. No asoma, de seguro trota asustado por la cuesta de Marfil, con prisa por alcanzar el corral. Qu\u00e9 har\u00e1, ir a pie es impensable, nada m\u00e1s de alzar la cabeza todo le da vueltas, la herida le arde, le punza el o\u00eddo, Dios Santo, qu\u00e9 tiene. Se apartar\u00e1 de los rescoldos, la Alh\u00f3ndiga se incendi\u00f3 cual pira gigante, el ma\u00edz y la harina y los v\u00edveres acopiados la atizaron, falta que lo que resta del techo acabe por derrumbarse y se desplome sobre \u00e9l una viga en llamas. Se alza poco a poco, se arrastra lentamente a lo largo de\u00a0 unas varias y cae postrado en un zagu\u00e1n, apenas a tiempo para evitar a la turba que fluye hacia el recinto; as\u00ed tuvo que ser la que invadi\u00f3 el Nuevo Mundo, con puro indio armado de palos y flechas y hondas y lanzas, capaz de todo. Unos cuantos llevan fusiles y disparan al aire, dos o tres esgrimen carrizos que portan la imagen de la virgen de Guadalupe, otros alumbran el camino con ocotes ardientes, esa pesadilla le acosar\u00e1 mientras viva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-14.48.39.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2985\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-14.48.39.png\" alt=\"Captura de pantalla 2013-09-27 a las 14.48.39\" width=\"488\" height=\"365\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recorr\u00eda el aposento de un lado a otro, se paraba delante de la ventana para examinar la Plaza Mayor y de inmediato volv\u00eda a andar, pisaba con fuerza el tapete que vest\u00eda de p\u00farpura el piso de duela, como si de esa forma desahogara el enojo y le serv\u00eda, cierto, se notaba m\u00e1s dispuesto. Ahora re\u00f1\u00eda con un militar sentado a su frente, se trataba de alguien importante, de uniforme extra\u00f1o, de seguro correspond\u00eda a alg\u00fan regimiento reci\u00e9n desembarcado de Espa\u00f1a. Por \u00faltimo el anciano aprobaba, a disgusto, con el mismo enojo que su madre exhib\u00eda cuando actuaba como Do\u00f1a Ignacia. El militar se iba, chispeante de gozo. Volv\u00eda el rasgar de la pluma y la voz que declaraba que la tropa se iba a reducir a lo imprescindible para perseguir a los indios b\u00e1rbaros y dar seguridad en los caminos, nada m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Para leer el art\u00edculo completo,\u00a0<a title=\"SUSCRIBIRSE\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\">suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario<\/a>.<\/strong><\/p>\n<p><strong>PARA SABER M\u00c1S:<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>Mu\u00f1oz, Rafael F., <em>Santa Anna: el dictador resplandeciente,<\/em> Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 2005.<\/li>\n<li>Lira, Andr\u00e9s, <em>Lucas Alam\u00e1n<\/em>, Cal y Arena, M\u00e9xico, 1997.<\/li>\n<li>Ver Dolores Tosta &#8220;de Santa Anna y Lucas Alam\u00e1n&#8221; en: http:\/\/www.youtube.com\/watch?v=6VrDrnywaOk&amp;feature=related<\/li>\n<li>Ver &#8220;La Toma de la Alh\u00f3ndiga de Granaditas&#8221; en: http:\/\/www.youtube.com\/watch?v=bEHC6Bla6DA&amp;feature=PlayList&amp;p=175AA243E483D6CC&amp;playnext_from=PL&amp;playnext=1&amp;index=25<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Rosa Su\u00e1rez \/ Instituto Mora BiCentenario #9 El anciano irradiaba poder. Escrib\u00eda con trazos firmes y precisos, absorto, sin duda el ce\u00f1o fruncido le ayudaba\u00a0 fijar la atenci\u00f3n. Pon\u00eda ahora la pluma en el tintero, se miraba en el espejo de marco estofado en oro y, con un peine de carey que extra\u00eda de la levita, se arreglaba los abundantes cabellos blancos, sin que uno solo quedara sin colocar. Lucas no reconoce la plaza que se deja ver por la ventana, pero al observarla con esmero se percata de que es la Plaza Mayor de la ciudad M\u00e9xico, el sol ma\u00f1anero que dispone juegos de luz y sombra en las fachadas la hace lucir m\u00e1s bella que en cualquiera de las ilustraciones guardadas en casa. Algo espeso le escurre por la cara, se palpa una herida en la sien, le duele, c\u00f3mo se la caus\u00f3, en qu\u00e9 momento, d\u00f3nde<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,228],"tags":[825],"class_list":{"0":"post-2981","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-9","8":"tag-lucas-alaman"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2981","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2981"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2981\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15965,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2981\/revisions\/15965"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2981"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2981"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2981"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}