﻿{"id":23914,"date":"2026-05-07T01:36:50","date_gmt":"2026-05-07T07:36:50","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=23914"},"modified":"2026-05-22T15:12:02","modified_gmt":"2026-05-22T21:12:02","slug":"mundos-paralelos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/mundos-paralelos\/","title":{"rendered":"Mundos paralelos"},"content":{"rendered":"<p><span class=\"TextRun SCXW252146002 BCX0\" lang=\"ES-MX\" xml:lang=\"ES-MX\" data-contrast=\"auto\"><span class=\"NormalTextRun SCXW252146002 BCX0\">Dar\u00edo Fritz<\/span><\/span><span class=\"EOP Selected SCXW252146002 BCX0\" data-ccp-props=\"{&quot;335551550&quot;:6,&quot;335551620&quot;:6}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 71.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_Sepia.pdf\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<figure id=\"attachment_24169\" aria-describedby=\"caption-attachment-24169\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-24169 size-large\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_093-801x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"1023\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_093.jpg 801w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_093-235x300.jpg 235w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_093-768x982.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24169\" class=\"wp-caption-text\">Dorothea Lange, Abuela mexicana que emigra cada a\u00f1o con su numerosa familia desde Glendale, Arizona, siguiendo los cultivos a trav\u00e9s de California y regresando. Aqu\u00ed se la ve cosechando tomates en el Valle de Santa Clara, California, 1938. Biblioteca del Congreso, Washington, D.C., EUA.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La mujer de la imagen es una abuela. Una abuela migrante mexicana que recoge tomates en un campo de Santa Clara Valley, California, y que junto a su \u201camplia\u201d familia hab\u00eda migrado en 1938, como en a\u00f1os anteriores, desde Glendale, Arizona, para trabajar en las cosechas californianas. El meticuloso dato del rango familiar que la autora de la foto, Dorothea\u00a0Lange, dej\u00f3 registrado,\u00a0permite correr la certera imaginaci\u00f3n de\u00a0que\u00a0a sus alrededores, una prole significativa de hasta nietos, estar\u00edan pendientes como ella de los frutos ya maduros para recoger. Tampoco la imaginaci\u00f3n ser\u00eda caprichosa si dij\u00e9ramos que no muy lejos de all\u00ed, la abuela y los suyos pasar\u00edan las horas de descanso bajo una carpa sin servicio alguno.\u00a0Le\u00a0pasaba a los blancos, y con m\u00e1s raz\u00f3n a latinos y afroamericanos.\u00a0En esos a\u00f1os, Lange y otros dos\u00a0colegas, Rusell Lee y Walker Evans, hab\u00edan recorrido el pa\u00eds, pagados por\u00a0el gobierno, para retratar las consecuencias de la Gran Depresi\u00f3n. Uno de los trabajos de mayor impacto de la fot\u00f3grafa fue\u00a0<a style=\"color: #000000;\" href=\"https:\/\/institucional.us.es\/revistas\/Culturas\/11\/3.pdf\">\u201cMigrant Mother\u201d,<\/a> una madre blanca con sus hijos peque\u00f1os sobreviviendo bajo una lona, retratada tambi\u00e9n en California. Al cabo de casi nueve d\u00e9cadas, las condiciones laborales han mejorado para los trabajadores agr\u00edcolas migrantes, pero hay otros entornos que permanecen inalterables. <a style=\"color: #000000;\" href=\"https:\/\/blogs-loc-gov.translate.goog\/loc\/2021\/04\/russell-lees-look-at-america\/?_x_tr_sl=en&amp;_x_tr_tl=es&amp;_x_tr_hl=es&amp;_x_tr_pto=tc\">Lee describ\u00eda en otra foto<\/a> sobre una ni\u00f1a mexicana trabajando en la costura en una habitaci\u00f3n en Robstown, Texas, que \u201ccontrariamente a lo que se suele pensar, los mexicanos suelen ser muy ordenados y limpios, incluso cuando viven en condiciones de gran hacinamiento\u201d. La lectura intr\u00ednseca nada se aleja de los postulados actuales del peor meg\u00e1fono estadunidense, residente en la Casa Blanca: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 solo aceptamos gente de pa\u00edses de mierda?\u201d. O m\u00e1s claro, \u201csanguijuelas\u201d y \u201cbasura\u201d se ha propalado desde all\u00ed. A la par de aquella abuela y sus nietos recolectores de tomates, en otros lugares otras abuelas criaban descendientes que machacar\u00edan con la actual impronta xen\u00f3foba. El pa\u00f1uelo llevado con elegancia, la dignidad manifiesta en los dos botones que sostienen cerrado el su\u00e9ter, la sobriedad del vestido, hacen de ella la integridad frente al espejismo siempre presente de un poder y una riqueza <a style=\"color: #000000;\" href=\"https:\/\/elpais.com\/opinion\/2025-10-19\/los-dientes-del-odio.html\">que esconde el viejo odio<\/a>\u00a0sobre\u00a0los\u00a0otros,\u00a0diferentes y pobres, y para\u00a0su pesar,\u00a0honrados.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span data-ccp-props=\"{&quot;335551550&quot;:6,&quot;335551620&quot;:6}\">\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz\u00a0 En revista\u00a0BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 71. La mujer de la imagen es una abuela. Una abuela migrante mexicana que recoge tomates en un campo de Santa Clara Valley, California, y que junto a su \u201camplia\u201d familia hab\u00eda migrado en 1938, como en a\u00f1os anteriores, desde Glendale, Arizona, para trabajar en las cosechas californianas. El meticuloso dato del rango familiar que la autora de la foto, Dorothea\u00a0Lange, dej\u00f3 registrado,\u00a0permite correr la certera imaginaci\u00f3n de\u00a0que\u00a0a sus alrededores, una prole significativa de hasta nietos, estar\u00edan pendientes como ella de los frutos ya maduros para recoger. 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