﻿{"id":23902,"date":"2026-05-07T00:49:34","date_gmt":"2026-05-07T06:49:34","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=23902"},"modified":"2026-05-22T14:44:56","modified_gmt":"2026-05-22T20:44:56","slug":"el-acre-exilio-de-federico-gamboa-en-la-habana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-acre-exilio-de-federico-gamboa-en-la-habana\/","title":{"rendered":"El acre exilio de Federico Gamboa en La Habana"},"content":{"rendered":"<p>Marisa P\u00e9rez Dom\u00ednguez<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 71.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_05_Gamboa.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Hubiese preferido Estados Unidos, pero su voz filosa no se lo permiti\u00f3. La obligada salida a Cuba del intelectual porfirista transit\u00f3 entre el desagrado por el clima, limitaciones econ\u00f3micas y la imposibilidad de hallarse c\u00f3modo siendo extranjero.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_24130\" aria-describedby=\"caption-attachment-24130\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-24130\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_033.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"597\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_033.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_033-300x224.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_033-768x573.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24130\" class=\"wp-caption-text\">William Henry Jackson, Gran Hotel Inglaterra, Habana, ca. 1900.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La novela <em>Santa<\/em>, publicada en 1903, es sin duda alguna la obra que le dio gran reputaci\u00f3n literaria a Federico Gamboa en las letras hispanoamericanas. El \u00e9xito fue tal que a\u00f1os despu\u00e9s la transformaron en un melodrama inolvidable del cine mexicano; una verdadera leyenda popular. A prop\u00f3sito de este logro editorial, como se\u00f1al\u00f3 Jos\u00e9 Emilio Pacheco, se desprende un di\u00e1logo con Jos\u00e9 Rub\u00e9n Romero, autor de <em>La vida in\u00fatil de Pito P\u00e9rez<\/em>, en donde don Federico declar\u00f3: \u201cas\u00ed como me ve de decente vivo de una mujer: de mi Santa\u201d, a lo que Romero respondi\u00f3: \u201cpues yo le gano, porque vivo de mi Pito\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s all\u00e1 de la an\u00e9cdota, no todo en Gamboa fue literatura de creaci\u00f3n, pues en distintos momentos de su vida public\u00f3 en otros g\u00e9neros como en su <em>Mi <\/em><em>Diario. Mucho de mi vida y algo de la de otros (1892-1939)<\/em>, documento inestimable para conocer de buena tinta el devenir del r\u00e9gimen porfirista y los siguientes lustros desde la perspectiva de un escritor que practic\u00f3 el memorialismo, a la manera del <em>Journal<\/em> de los hermanos Jules y Edmond de Goncourt, donde Gamboa brinda una mirada cr\u00edtica sobre los acontecimientos mexicanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque se sabe mucho de su destacada labor literaria y su quehacer en el \u00e1mbito diplom\u00e1tico, poco se conoce sobre los a\u00f1os que estuvo exiliado, primero en Estados Unidos y despu\u00e9s en Cuba, cuando tuvo que salir de M\u00e9xico, en 1914, en el contexto de la revoluci\u00f3n mexicana. Por ello, con base en su <em>Diario<\/em>, nos acercaremos a ese periodo de su vida, de suerte que podremos conocer en primera persona algunas de las cosas vividas, particularmente en la capital de la isla caribe\u00f1a. Lo anterior contribuye al conocimiento de una faceta poco evocada de esta controvertida figura del porfiriato, historia que sin lugar a duda puede ser compartida por muchos de sus contempor\u00e1neos que corrieron la misma suerte.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>La salida al exilio<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El avance de las tropas constitucionalistas a la ciudad M\u00e9xico y la renuncia de Victoriano Huerta a la presidencia provocaron que Federico Gamboa, identificado con el porfirismo y visible colaborador del gobierno huertista, tomara la decisi\u00f3n de salir de la ciudad de M\u00e9xico en agosto de 1914. Alertado por varios amigos cercanos que le advirtieron del peligro que corr\u00eda su vida de continuar en el pa\u00eds, y ante el temor de las venganzas y represalias que el gobierno carrancista podr\u00eda acometer en su persona, decidi\u00f3 partir junto con su esposa, hijo y otros familiares hacia el puerto de Veracruz, donde se encontrar\u00eda con muchas amistades y conocidos que, como \u00e9l, se preparaban para huir del territorio mexicano. En su <em>Diario<\/em> dejar\u00eda plasmado el sentimiento de un \u201ccoraz\u00f3n hecho pedazos\u201d al abandonar su casa en la ciudad de M\u00e9xico, cuando de hecho empieza a escribir el cap\u00edtulo del exilio.<\/p>\n<figure id=\"attachment_24139\" aria-describedby=\"caption-attachment-24139\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-24139\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_042.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"700\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_042.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_042-300x263.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_042-768x672.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24139\" class=\"wp-caption-text\">Luis G. Urbina S\u00e1nchez y Federico Gamboa, ca. 1912, inv. 653789, SINAFO.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">A su arribo al puerto de Veracruz pudo corroborar \u201clo que de ver ten\u00eda a diario por qui\u00e9n sabe cu\u00e1nto tiempo: \u00a1la invasi\u00f3n yanqui!\u201d. Fue testigo de la presencia de barcos de guerra estadunidenses, de los famosos <em>bluejackets <\/em>deambulando por el muelle jarocho y de todo ese ambiente caracterizado por un intenso movimiento de personas y de vapores, en el que un gran n\u00famero de familias mexicanas y extranjeras demandaban comprar un billete para abandonar el pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gamboa, como se\u00f1al\u00f3 en su <em>Diario<\/em>, <strong><em>hubiera preferido marcharse a Espa\u00f1a, pero dos consideraciones de peso le hicieron desistir de la idea: el alto precio de los pasajes y la creencia de que, en Estados Unidos, pese a que sus moradores le disgustaban en general, hallar\u00eda acomodo<\/em><\/strong> \u201cliberalmente\u201d retribuido, tranquilidad y eventualmente mediana fortuna. Por lo anterior, y a pocos d\u00edas de cumplir un mes de \u201cantesala\u201d en Veracruz, Gamboa zarp\u00f3 con su familia hacia Texas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Instalado en la ciudad de Galveston las condiciones no fueron sencillas, sobre todo porque en \u00e9l pesaba el haber respondido oficialmente al agente confidencial estadunidense John Lind, cuando fungi\u00f3 por breve tiempo como secretario del gobierno huertista que siendo M\u00e9xico un pa\u00eds libre y soberano, el presidente Woodrow Wilson no ten\u00eda por qu\u00e9 inmiscuirse en sus asuntos internos. Adem\u00e1s, en uni\u00f3n con otros exiliados organiz\u00f3 la Asamblea Pacificadora Mexicana, la cual proyectaba devolver la paz y el orden a M\u00e9xico, unificando a todos los expatriados para intentar la contrarrevoluci\u00f3n, hecho que coloc\u00f3 a Gamboa en una posici\u00f3n delicada frente a la Casa Blanca, lo que deriv\u00f3 en la declaraci\u00f3n de persona <em>non grata<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante la dificultad de ganarse el sustento, Gamboa se vio en la necesidad de emigrar de Estados Unidos, para lo cual eligi\u00f3 la capital cubana, ciudad que tradicionalmente hab\u00eda sido receptora de exiliados mexicanos. En La Habana se encontrar\u00eda con numerosos amigos, personajes vinculados al r\u00e9gimen porfirista, muchos de los cuales hab\u00edan colaborado con Victoriano Huerta. Artistas como Manuel M. Ponce, hombres de la talla de Luis G. Urbina, Victoriano Salado \u00c1lvarez, Antonio de la Pe\u00f1a y Reyes, Jos\u00e9 Mar\u00eda Lozano, Francisco Bulnes, Querido Moheno, los arzobispos Jos\u00e9 Mora y del R\u00edo, de M\u00e9xico, y Mart\u00edn Tritschler y C\u00f3rdova, de Yucat\u00e1n.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Cinco a\u00f1os en La Habana<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En junio de 1915 Federico Gamboa march\u00f3 rumbo a La Habana para continuar su destierro. A su llegada a la capital cubana, como sol\u00eda suceder en el puerto, fue interceptado por los reporteros que buscaban entrevistarlo. Las notas period\u00edsticas fueron muy \u201celogiosas\u201d, en particular los peri\u00f3dicos de mayor circulaci\u00f3n en la isla, el <em>Diario de la Marina <\/em>y <em>El<\/em> <em>Heraldo de Cuba.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debido a los acontecimientos en M\u00e9xico, las noticias divulgadas en la prensa cubana con relaci\u00f3n a los nav\u00edos de distintas nacionalidades que atracaban en el puerto eran abundantes, en particular con aquellos pasajeros que ten\u00edan significaci\u00f3n pol\u00edtica, cultural o econ\u00f3mica. En ese sentido, los barcos y los personajes que viajaban en ellos se convirtieron en protagonistas, pues su presencia se convert\u00eda en la nota del d\u00eda, como se puede corroborar en las \u201cCr\u00f3nicas del Puerto\u201d del <em>Diario de la Marina, <\/em>que en sus secciones matutina y vespertina publicaban titulares como los siguientes: \u201cVienen fugitivos de M\u00e9jico\u201d, \u201cDistinguidas familias mexicanas llegan huyendo\u201d, \u201cLos mexicanos de valer llegan huyendo horrorizados de su pa\u00eds\u201d, entre otros muchos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ir y venir de buques y pasajeros en el puerto habanero tambi\u00e9n fue motivo de cierta confusi\u00f3n, lo que provoc\u00f3 que con asiduidad se dispersaran rumores acerca de la identidad de algunos viajeros, quienes en ocasiones sustitu\u00edan su nombre para no ser reconocidos, adem\u00e1s de ser recelosos con respecto a la causa de su viaje a la isla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior no fue el caso de Federico Gamboa, pues no s\u00f3lo no viaj\u00f3 en calidad de inc\u00f3gnito, sino que en su <em>Diario<\/em> se puede percibir cierta complacencia por la \u201cdiana de periodistas\u201d que evidenciaban su inter\u00e9s por obtener declaraciones acerca de la situaci\u00f3n que imperaba en M\u00e9xico y las razones de su partida de Estados Unidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esa Habana donde se respiraban \u201cvoluptuosidades incontenibles\u201d, Gamboa fue recibido por su hijo, que hab\u00eda llegado una semana antes con su madre, su sobrino Antonio, el licenciado Mara\u00f1\u00f3n, Fern\u00e1ndez Verna y Romero Palafox, con quienes se traslad\u00f3 a la Richmond House, lugar en donde la familia hab\u00eda encontrado hospedaje. Esa misma noche se entrevist\u00f3 con su amigo y tambi\u00e9n exiliado, el escritor Luis G. Urbina, a quien encontr\u00f3 \u201calgo hura\u00f1o y deprimido\u201d. Los d\u00edas siguientes estuvieron rodeados de visitas de periodistas y encuentros con amigos como el abogado Jos\u00e9 Mar\u00eda Lozano, quien por breve tiempo se hab\u00eda encargado de las secretar\u00edas de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Bellas Artes y de la de Comercio y Obras P\u00fablicas en el gobierno de Victoriano Huerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>A su llegada a La Habana expres\u00f3 que, pese al idioma, el clima y las costumbres, se sent\u00eda m\u00e1s desterrado y extranjero que en Estados Unidos<\/em><\/strong>, apreciaci\u00f3n muy particular que contradec\u00eda algunos se\u00f1alamientos hechos por otros mexicanos exiliados, que constantemente refer\u00edan \u201csentirse como en casa\u201d. Estimaba que, en la capital cubana, como en Texas, se viv\u00eda \u201cel mismo hervidero de chismarrajos pol\u00edticos\u201d, los cuales se agravaban con la temperatura de \u201chorno\u201d de esa tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, reconoc\u00eda que La Habana, adem\u00e1s de ser hospitalaria, era cosmopolita y por consiguiente estaba habituada a ver muchos forasteros, a sonre\u00edrles y a explotarlos. De igual manera, y volviendo a sus noches juveniles, no dejaba de demostrar asombro por la cantidad de cubanas \u201cbell\u00edsimas\u201d con las que se tropezaba. \u201c\u00a1Qu\u00e9 mujeres! \u00a1qu\u00e9 garbos!, \u00a1mire usted que hay mujeres bonitas!, pero \u00bfpor qu\u00e9, se\u00f1or, hablar\u00e1n alzando tanto la voz?\u201d Desde los primeros d\u00edas de su estancia, Gamboa entabl\u00f3 relaci\u00f3n con personajes del mundo editorial, nada extra\u00f1o para un hombre reconocido en el \u00e1mbito de la literatura. As\u00ed, se entrevist\u00f3 con Jos\u00e9 Zamora y con un espa\u00f1ol de la Biblioteca de Autores Cubanos, quienes al parecer ten\u00edan inter\u00e9s en editar el tomo III de <em>Mi Diario<\/em>. Asimismo, visit\u00f3 en su quinta veraniega a Nicol\u00e1s de Rivero, director del <em>Diario de la Marina<\/em>, \u201canciano hidalgo e interesante asturiano, exjefe carlista, casado dos veces, muy rico e influyente\u201d, a quien hab\u00eda conocido en M\u00e9xico durante las fiestas del Centenario y de quien deseaba lo contratara como colaborador literario de su peri\u00f3dico, a fin de poder obtener una decorosa remuneraci\u00f3n. Empero, la oferta que le fue hecha distaba mucho de sus expectativas y rechaz\u00f3 el ofrecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gamboa, a diferencia de otros personajes del r\u00e9gimen porfirista que pose\u00edan fortuna, sali\u00f3 al exilio con grandes limitaciones econ\u00f3micas, motivo por el cual tuvo la necesidad de buscar un empleo para sobrevivir y allegarse recursos a trav\u00e9s de la venta de sus libros. En esta tarea, explor\u00f3 diversas posibilidades de trabajo, una de las cuales fue con un importante personaje de la pol\u00edtica de la isla, Orestes Ferrara, presidente de la C\u00e1mara de Representantes cubana y due\u00f1o de varios peri\u00f3dicos como <em>El Heraldo de Cuba<\/em>, a quien dej\u00f3 en su despacho una \u201cexpresiva\u201d carta de recomendaci\u00f3n que el abogado y diplom\u00e1tico tabasque\u00f1o, Joaqu\u00edn Casas\u00fas, le diera cuando se encontraron en Nueva York. Ferrara le ofreci\u00f3 que, como estar\u00eda durante un tiempo ausente de la isla, se hiciera cargo de la direcci\u00f3n de una de sus revistas, <em>La Reforma Social<\/em>, recibiendo una remuneraci\u00f3n de cien d\u00f3lares mensuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00edas antes de recibir la noticia de su nuevo empleo, en medio de tabaco y champa\u00f1a ofrecidos por el presidente y el secretario del Centro Gallego de La Habana, quienes lo hab\u00edan convidado a conocer las instalaciones de ese \u201cpalacio social\u201d y el antiguo Teatro Tac\u00f3n, ahora convertido en Teatro Nacional, Gamboa recibi\u00f3 la noticia del fallecimiento del general Porfirio D\u00edaz en Francia, raz\u00f3n por la cual resolvi\u00f3 que su primera contribuci\u00f3n a <em>La Reforma Social<\/em> ser\u00eda un estudio sobre el general D\u00edaz que figuraba en el tomo III de su <em>Diario<\/em>. Sin embargo, luego de pensarlo dos veces decidi\u00f3 dejar pasar la oportunidad y publicar en su lugar un art\u00edculo sobre Salina Cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El exilio habanero signific\u00f3 desde su llegada un reencuentro de amigos y colegas, con quienes restableci\u00f3 contacto y comparti\u00f3 algunas actividades de car\u00e1cter social, las cuales fueron ocasiones propicias para compartir ideas, pensamientos y pesares, como seguramente lo fue la boda de su amigo Antonio Med\u00edz Bolio, periodista y poeta yucateco afiliado al maderismo y exiliado en la isla desde 1913. En esa ocasi\u00f3n se encontr\u00f3 con el periodista y diplom\u00e1tico Manuel M\u00e1rquez Sterling, que hab\u00eda regresado a Cuba por las hostilidades del gobierno huertista y quien luego lo invitar\u00eda a colaborar en su peri\u00f3dico <em>La Naci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<figure id=\"attachment_24129\" aria-describedby=\"caption-attachment-24129\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-24129\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_032.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"598\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_032.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_032-300x224.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_032-768x574.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24129\" class=\"wp-caption-text\">William Henry Jackson, Teatro de Tacon, La Habana, Cuba, ca. 1911.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n fue asiduo a las misas dominicales en El Cristo, a pesar de que desde muy joven Gamboa dej\u00f3 de asistir a misa y de confiar su destino al Dios de los cat\u00f3licos. De su crisis de conciencia, \u201cque fue presumiblemente ardua y dilatada como suelen ser\u201d, en una nota retrospectiva escrita a la salida del confesionario el 23 de enero de 1903, se\u00f1al\u00f3 que: \u201cesta noche me he operado de las cataratas del esp\u00edritu\u201d. Al d\u00eda siguiente, por primera vez en una eternidad, Gamboa comulg\u00f3. De esta manera fue que comenz\u00f3 a asistir a las ceremonias organizadas por el arzobispo de Yucat\u00e1n, en el habanero templo de La Merced, con el objeto de rezar por la paz en M\u00e9xico, para luego reunirse en la Asociaci\u00f3n Cubana de Beneficencia para los muchos mexicanos exiliados, actividades que trascend\u00edan el sentimiento religioso, pues eran verdaderos actos pol\u00edticos. As\u00ed tambi\u00e9n se registra en su <em>Diario<\/em> la asistencia a las misas de aniversario de la muerte de Ignacio Torres y Adalid en el templo de Bel\u00e9n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n particip\u00f3 en los festejos del XXV aniversario de ordenaci\u00f3n sacerdotal de Mart\u00edn Tritschler y C\u00f3rdova, a los cuales concurri\u00f3 la \u201ccolonia yucateca y la mayor de la mejicana\u201d. Durante el banquete posterior a la ceremonia, don Federico pronunci\u00f3 un discurso en honor del festejado, intervenci\u00f3n que aprovech\u00f3 para hablar de la \u201cpersecuci\u00f3n injusta y b\u00e1rbara\u201d que lo hab\u00eda arrojado de su sede episcopal, para atender a los sufrimientos de sus ovejas, \u201ctambi\u00e9n privadas de la patria\u201d, consolando la tristeza del destierro.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-24140 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_043.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"554\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_043.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_043-300x208.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_71_043-768x532.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El trabajo y las actividades realizadas con otros mexicanos en el exilio no fueron impedimento para que Gamboa continuara con su labor literaria, pues dedicaba algunas horas a la redacci\u00f3n del relato <em>La confesi\u00f3n de un palacio<\/em>, al tiempo que escrib\u00eda para otros medios period\u00edsticos como <em>Cuba Contempor\u00e1nea. <\/em>Adem\u00e1s, de vez en cuando asist\u00eda a algunos sitios, como el famoso cementerio a las afueras de la ciudad, propiedad del obispado cubano, pues en la isla, ni el Estado ni el Municipio, dec\u00eda, pose\u00edan alguno, por lo cual asentaba en su <em>Diario \u201c<\/em>\u00bfQu\u00e9 dir\u00edan nuestros constitucionalistas?\u201d Igualmente, visitaba el Museo Nacional, como tambi\u00e9n, confundido entre la muchedumbre de curiosos, y a fin de conocer a los funcionarios principales de la isla, presenci\u00f3 en la calle Belascoain, a la salida de la Secretar\u00eda de Salubridad y Beneficencia, el entierro del doctor Carlos J. Finlay, m\u00e9dico cubano descubridor de la importancia del vector biol\u00f3gico de la transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla, donde tuvo la oportunidad de ver de lejos al presidente cubano Mario Garc\u00eda Menocal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien La Habana en ese tiempo era una ciudad en proceso de crecimiento y auge econ\u00f3mico, Gamboa se preguntaba por qu\u00e9 no pod\u00eda Cuba, y menos su capital, dejar de ser espa\u00f1ola, \u201cpues la riqueza, el comercio, la propiedad, la fisonom\u00eda moral y material, los defectos y virtudes, el habla, las costumbres, la mentalidad y el alma eran espa\u00f1oles, profund\u00edsimamente espa\u00f1oles, perpetuamente espa\u00f1oles. \u00a1Vaya un zarpazo el que le hinc\u00f3 en esta tierra el le\u00f3n hispano, que le dej\u00f3 su sello para la eternidad!\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A poco m\u00e1s de un a\u00f1o de haber salido de M\u00e9xico Gamboa se\u00f1alaba padecer \u201cgrandes penurias\u201d, con pocas esperanzas de un pronto retorno, sobre todo porque las noticias recibidas en La Habana no resultaban nada alentadoras: el reconocimiento <em>de facto<\/em> de Estados Unidos al gobierno de Venustiano Carranza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los a\u00f1os siguientes, en la coyuntura de la Primera Guerra Mundial y en medio de las sospechas entre las autoridades mexicanas y estadunidenses, Federico Gamboa fue se\u00f1alado insistentemente junto con otros exiliados en Cuba, de formar parte de un movimiento que se relacionaba con el servicio secreto alem\u00e1n, cuya finalidad era resquebrajar las relaciones de M\u00e9xico con Estados Unidos, acusaci\u00f3n que nuestro personaje nunca acept\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Considerado por el carrancismo como huertista recalcitrante, <strong><em>Gamboa fue de los \u00faltimos exiliados que regresaron a M\u00e9xico. \u00danicamente la enfermedad de su esposa lo dobleg\u00f3 a solicitar la repatriaci\u00f3n<\/em><\/strong> de esta ante las autoridades carrancistas. Despu\u00e9s \u201cde cinco a\u00f1os y veinte d\u00edas exactos\u201d de exilio, don Federico arrib\u00f3 al puerto de Veracruz, el 11 de octubre de 1919. Sin embargo, \u201clos rigores del exilio no hab\u00edan alterado sus tercas ideas pol\u00edticas y esa misma noche se jact\u00f3 en privado de ser re-reaccionario\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El detallado y rico testimonio que Federico Gamboa ha dejado plasmado en <em>Mi Diario<\/em>, as\u00ed como su extensa obra literaria y period\u00edstica, ameritan ser revisadas e incorporadas de manera m\u00e1s generosa en los futuros trabajos que sobre el exilio se realicen, pues en definitiva constituyen una veta poco explorada que ayudar\u00e1 a comprender desde otra perspectiva este fen\u00f3meno de principios del siglo XX, y ser\u00e1 tambi\u00e9n una fuente fundamental para conocer m\u00e1s de cerca las caracter\u00edsticas y la vida cotidiana de la isla receptora de muchos mexicanos exiliados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, Federico Gamboa no s\u00f3lo fue un escritor en el exilio, fue el retrato de una \u00e9lite que, al perder el poder, se descubri\u00f3 extranjera en todas partes. Su exilio revela algo m\u00e1s que una experiencia individual: muestra c\u00f3mo una generaci\u00f3n entera qued\u00f3 atrapada entre dos mundos, sin pertenecer ya al viejo\u2026 ni comprender del todo el nuevo.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h3>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Gamboa, Federico, <em>Mi Diario VI, <\/em>M\u00e9xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes\/Direcci\u00f3n General de Publicaciones, 1995 (Col. Memorias Mexicanas).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">P\u00e9rez de Sarmiento, Marisa, \u201cFederico Gamboa: un intelectual en tiempos revolucionarios\u201d, en <em>El orden cultural de la Revoluci\u00f3n Mexicana<\/em>, (Coord. Leonardo Mart\u00ednez Carrizales), M\u00e9xico, Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana, 2010, pp. 23-50.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Uribe, \u00c1lvaro, <em>Recordatorio de Federico Gamboa, <\/em>M\u00e9xico, Breve Fondo Editorial, 1999.<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marisa P\u00e9rez Dom\u00ednguez Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 71. Hubiese preferido Estados Unidos, pero su voz filosa no se lo permiti\u00f3. La obligada salida a Cuba del intelectual porfirista transit\u00f3 entre el desagrado por el clima, limitaciones econ\u00f3micas y la imposibilidad de hallarse c\u00f3modo siendo extranjero. La novela Santa, publicada en 1903, es sin duda alguna la obra que le dio gran reputaci\u00f3n literaria a Federico Gamboa en las letras hispanoamericanas. El \u00e9xito fue tal que a\u00f1os despu\u00e9s la transformaron en un melodrama inolvidable del cine mexicano; una verdadera leyenda popular. A prop\u00f3sito de este logro editorial, como se\u00f1al\u00f3 Jos\u00e9 Emilio Pacheco, se desprende un di\u00e1logo con Jos\u00e9 Rub\u00e9n Romero, autor de La vida in\u00fatil de Pito P\u00e9rez, en donde don Federico declar\u00f3: \u201cas\u00ed como me ve de decente vivo de una mujer: de mi Santa\u201d, a lo que Romero respondi\u00f3: \u201cpues yo le<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2945],"tags":[2960,490,1029,78],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23902"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23902"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23902\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":24199,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23902\/revisions\/24199"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23902"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23902"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23902"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}