﻿{"id":23528,"date":"2026-04-02T20:17:40","date_gmt":"2026-04-03T02:17:40","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=23528"},"modified":"2026-06-01T01:34:03","modified_gmt":"2026-06-01T07:34:03","slug":"la-revolucion-y-el-tiburon-martillo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-revolucion-y-el-tiburon-martillo-2\/","title":{"rendered":"La revoluci\u00f3n y el tibur\u00f3n martillo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Javier Rico M.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\"><br \/>\n<\/span><span data-contrast=\"auto\">Facultad de Filosof\u00eda y Letras,\u00a0<\/span><span data-contrast=\"none\">UNAM<\/span><\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><span style=\"text-align: justify;\" data-contrast=\"auto\">En revista\u00a0<\/span><i style=\"text-align: justify;\">BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/i><span style=\"text-align: justify;\" data-contrast=\"auto\">, n\u00fam. 29-30.\u00a0<\/span><\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\">El viaje estudiantil del verano de 1975 a un lejano Puerto Escondido estaba impregnado de ideales revolucionarios.\u00a0En el camino, el\u00a0descubrir\u00a0el M\u00e9xico profundo dej\u00f3 otras ense\u00f1anzas para aquellos j\u00f3venes que luego se perder\u00edan en sus propias b\u00fasquedas de vida.\u00a0\u00a0<\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_24110\" aria-describedby=\"caption-attachment-24110\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-24110\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_038.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"528\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_038.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_038-300x198.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_038-768x507.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24110\" class=\"wp-caption-text\">Vista panor\u00e1mica de Acapulco, tarjeta postal, ca. 1870. Colecci\u00f3n de RAA.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">\u201cPero ustedes no traen nada, \u00bfverdad?\u201d Por un instante (s\u00f3lo por un instante) sus palabras fluyeron como un mero tr\u00e1mite para mantener la conversaci\u00f3n. \u201cNo\u2026\u201d, respondieron casi a coro. Pero pasado ese momento, quiz\u00e1 por una especie de s\u00fabita revelaci\u00f3n, nos llenamos de espanto. Hab\u00eda pronunciado la frase con el rostro hacia nosotros, pero en realidad su mirada se perd\u00eda en el camino que dej\u00e1bamos atr\u00e1s a bordo de un veh\u00edculo de carga. \u00bfEra una pregunta como cualquier otra, una sospecha o, peor a\u00fan, aun advertencia?, \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda querido decir con \u2026nada\u2026?, \u00bfobjetos robados, drogas, armas?\u00a0Juan A.,\u00a0Humberto\u00a0H., Guillermo S., Carlos F. y yo\u00a0intercambiamos una r\u00e1faga de\u00a0miradas\u2026 \u201c\u00bfNooo?, \u00a1c\u00f3mo no, g\u00fcey! \u00a1Los libros!\u201d<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Era el verano de 1975. El plan de viajar a Puerto Escondido (una especie de para\u00edso perdido al que imagin\u00e1bamos con un m\u00edtico lugar: la playa prometida) lo urdieron los dirigentes de un taller de m\u00fasica folcl\u00f3rica latinoamericana de Prepa 5, del cual \u00e9ramos orgullosos integrantes. El dinero para el viaje sali\u00f3 de varias semanas de hacer\u00a0brigadas\u00a0(al salir de clases sub\u00edamos a los camiones a tocar una pieza musical y ped\u00edamos una cooperaci\u00f3n para materiales e instrumentos\u00a0para nuestro taller). Cubrimos el tramo de M\u00e9xico a Oaxaca en tren, con pasajes de segunda clase. Recuerdo que ni fue f\u00e1cil abrirse paso para encontrar lugar en los asientos de madera entre aquellos pasajeros, gente del campo, que hab\u00eda invadido el pasillo con parte de su equipaje: gallinas, huacales, canastas, cajas de cart\u00f3n, costales de yute\u2026 Luego de catorce horas de viaje nos trasladamos a un poblado cercano; de ah\u00ed iniciar\u00edamos la segunda etapa larga del viaje.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Ya hab\u00edamos dejado atr\u00e1s Ocotl\u00e1n, donde parientes cercanos de Guillermo S. nos ofrecieron esperar en su casa al pariente lejano X,\u00a0chofer de un cami\u00f3n de carga, que esa noche saldr\u00eda rumbo a Pochutla. Gustosamente, el pariente lejano X nos dar\u00eda un avent\u00f3n. \u201cSon amigos de Memo, compa\u00f1eros de la Prepa, all\u00e1 en M\u00e9xico\u201d, dec\u00eda con orgullo alguna de las mujeres de la casa mientras extend\u00eda un mantel blanco sobre la mesa del comedor. No tard\u00f3 en llegar una noticia desalentadora: el pariente lejano X \u2013nunca supimos por qu\u00e9\u2013 hab\u00eda cancelado el viaje. Luego de una corta deliberaci\u00f3n se impuso la obstinaci\u00f3n de Juan. Juan Amat era el l\u00edder del grupo: blanco, de pelo largo (lacio y rubio), tendr\u00eda unos 18 o 20 a\u00f1os, aunque el entrecejo fruncido que se advert\u00eda sobre sus lentes cuadrados de pasta negra lo hac\u00edan parecer mayor; era la viva imagen del estudiante rebelde, y el grupo lo ve\u00eda como un joven patriarca; era, por a\u00f1adidura, novio de Giovanna, que tambi\u00e9n parec\u00eda mayor, y cuyo rostro siempre irradiaba alegr\u00eda por la vida.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Poco antes del\u00a0anochecer\u00a0nos despedimos de los parientes cercanos de Memo S. En poco tiempo est\u00e1bamos ya en la carretera, pues Ocotl\u00e1n era entonces un\u00a0poblado\u00a0peque\u00f1o y melanc\u00f3lico. Pronto cayeron\u00a0sobre nosotros las sombras de una noche densa y negra; acostumbrados a iluminaci\u00f3n el\u00e9ctrica, nos sentimos vulnerables, abandonados en aquella nada tan oscura. Aparte de las mochilas y las tiendas de campa\u00f1a nos pesaba la frustraci\u00f3n por no conseguir el avent\u00f3n que\u00a0nos llevar\u00eda \u2013o por lo menos deb\u00eda acercarnos\u2013 a nuestro destino. Se decidi\u00f3 que acamp\u00e1ramos a unos 50 metros de distancia de la carretera, en un claro rodeado de \u00e1rboles espectrales que s\u00f3lo lograr\u00edamos descifrar a la luz de la ma\u00f1ana siguiente.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Era mi primera experiencia de un viaje\u00a0con\u00a0amigos, mochilas, tiendas de campa\u00f1a y una buena dosis de libertad in\u00e9dita (\u00e9xtasis de la\u00a0adolescencia). A la ma\u00f1ana siguiente, luego de levantar el campamento volvimos a la cinta de asfalto. Camin\u00e1bamos a la espera del momento en que sucediera la prodigiosa aparici\u00f3n de un veh\u00edculo que se detuviera delante de nosotros invit\u00e1ndonos a subir. Tras varios kil\u00f3metros bajo el sol, la esperanza se evaporaba sin remedio. Y de repente sucedi\u00f3: el veh\u00edculo no llevaba carga sino dos filas de asientos a\u00a0ambos\u00a0lados; ah\u00ed estaban ya instalados algunos pasajeros: una mujer de rasgos ind\u00edgenas que se las ingeniaba para viajar con un ni\u00f1o peque\u00f1o y dos enormes canastas; del otro lado un hombre de unos 50\u00a0a\u00f1os de edad\u00a0y de apariencia mestiza. Creo que tardamos en sacudirnos la ilusi\u00f3n: no, no era un avent\u00f3n, sino una forma de transporte p\u00fablico com\u00fan entre los habitantes de la regi\u00f3n, y por el cual hab\u00eda que pagar. Mientras la mujer se mantuvo impasible, el otro personaje nos salud\u00f3 con una mirada amable, y al poco tiempo ya conversaba con Juan, quien le habl\u00f3 de nuestro itinerario. Mencion\u00f3 los lugares por los que habr\u00edamos de pasar, y a\u00f1adi\u00f3 que en unos diez minutos llegar\u00edamos al primer ret\u00e9n militar, y\u00a0ah\u00ed, los soldados revisaban todo. Fue entonces que solt\u00f3 la frase: \u201cPero ustedes no traen nada, \u00bfverdad?\u201d Ya no recuerdo de quien fue la voz de alarma: \u201c\u00bfNooo?, \u00a1c\u00f3mo no g\u00fcey!, \u00a1los libros!\u201d Como buenos estudiantes con convicci\u00f3n revolucionaria, viaj\u00e1bamos con la idea de aprovechar el tiempo para leer, para formarnos. Y las lecturas eran casi todas publicaciones de la Editorial Progreso, de Mosc\u00fa. Eran unos libros de portadas rojas, que en tipograf\u00eda de buen tama\u00f1o luc\u00edan el nombre de sus autores (casi dioses): K. Marx, F. Engels, V. Lenin. Cada uno llevaba en su mochila dos o tres ejemplares.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Era el verano de 1975: unos seis meses atr\u00e1s (en diciembre del \u201974), tras un enfrentamiento con el ej\u00e9rcito, hab\u00eda muerto Lucio Caba\u00f1as. Nosotros no sab\u00edamos (\u00bfqui\u00e9n pod\u00eda decir que sab\u00eda?) lo que estaba pasando. Mir\u00e1bamos el mundo desde un cristal de irreconciliable dualidad de amor y odio, negro y blanco, afanes solidarios y repudio a las dictaduras latinoamericanas; y en el fondo, la quim\u00e9rica imagen de una sociedad mejor, cuyo apellido (\u00bfqui\u00e9n podr\u00eda dudarlo?) era socialista. Nuestros referentes inclu\u00edan los excesos de la junta militar chilena y las desapariciones forzadas en Uruguay y en Argentina; lo que no sab\u00edamos (quien pod\u00eda decir que sab\u00eda) era que algo muy parecido estaba sucediendo en M\u00e9xico., justo en la regi\u00f3n por la que viaj\u00e1bamos; y ah\u00ed estamos nosotros, cinco diminutos escarabajos tratando de cruzar la sierra con los acordes de un himno: Siento al caminar \/ toda la piel de Am\u00e9rica en mi piel \/ y anda en mi sangre un r\u00edo \/ que libera en mi voz su caudal\u2026 \/ Todas las voces todas, \/ todas las manos todas, \/ toda la sangre puede \/ ser canci\u00f3n en el viento\u2026<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_24109\" aria-describedby=\"caption-attachment-24109\" style=\"width: 569px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-24109\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_037.jpg\" alt=\"\" width=\"569\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_037.jpg 569w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_037-213x300.jpg 213w\" sizes=\"(max-width: 569px) 100vw, 569px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24109\" class=\"wp-caption-text\">Portada del libro Jos\u00e9 Stalin, El Marxismo y la Ling\u00fc\u00edstica, 1974. Colecci\u00f3n de RAA.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Deb\u00edamos deshacernos de inmediato de esa carga, y en tales circunstancias no hab\u00eda m\u00e1s remedio que arrojarla desde el veh\u00edculo en movimiento. Fue as\u00ed como aquellos libros, impresos en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica para despertar conciencias y formar revolucionarios, volaron unos metros batiendo con nerviosismo sus alas de papel, antes de ir a dar con sus lomos y portadas rojas contra el duro y ardiente asfalto. Esa fue la \u00faltima imagen que tuvimos de ellos; nadie se atrevi\u00f3 a voltear\u00a0hac\u00eda\u00a0atr\u00e1s para ver que yac\u00edan como mariposas subversivas aplastadas por los camiones y autom\u00f3viles que transitaban por la carretera de Ocotl\u00e1n-Ejutla. En Miahuatl\u00e1n hubo que renunciar a la idea de conseguir avent\u00f3n. Abordamos un cami\u00f3n de pasajeros que nos llev\u00f3 por un camino de terracer\u00eda\u00a0que\u00a0a duras penas, y curva tras curva, se abr\u00eda paso por la escarpada sierra. Aprovechamos una escala del autob\u00fas para estirar las piernas; nos acercamos a la orilla del camino y fuimos sorprendidos: delante de nosotros se abr\u00eda un inmenso vac\u00edo;\u00a0a lo lejos, la ladera de las monta\u00f1as luc\u00eda un verde azulado de bosques tupidos, mientras que abajo las nubes se agrupaban como un reba\u00f1o inquieto: quedamos como \u00e1ngeles mortales, pasmados ante aquella especie de\u00a0cielo invertido que nos ofrec\u00eda San Pedro el Alto.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La noche del 15 de septiembre descendimos del autob\u00fas: hab\u00edamos llegado a nuestro destino. Puerto Escondido contaba apenas con una calle principal, paralela a la playa, por donde hab\u00eda una desordenada fila de palapas donde los lugare\u00f1os vend\u00edan en el d\u00eda comida de mala calidad; al fondo se distingu\u00eda un peque\u00f1o pero s\u00f3lido caser\u00edo construido al pie de un peque\u00f1o pe\u00f1asco, del cual emerg\u00eda, como un c\u00edclope con su \u00fanico ojo giratorio, la silueta del faro del puerto. Hab\u00eda cuetes, m\u00fasica y algarab\u00eda. Nos dirigimos de inmediato a la playa, a esa hora vac\u00eda y oscura. Casi termin\u00e1bamos de instalar el campamento cuando advertimos entre las sombras un grupo de cinco o seis jinetes que se aproximaba hac\u00eda nosotros; el que iba al frente estaba\u00a0apunto\u00a0de tropezar contra los tensores de la tienda m\u00e1s grandes. Creo que fue Humberto el que alzando los brazos trat\u00f3 de advertirle: \u201c\u00a1Cuidado!, va a chocar con la cuerda.\u201d Como si le hubiera ca\u00eddo un rayo de furia, aquel jinete con sombrero de palma se transform\u00f3 en una especie de samur\u00e1i iracundo; espole\u00f3 al caballo y lo dirigi\u00f3 contra nosotros al tiempo que desenfundaba un machete gritando \u201c\u00bfQu\u00e9 traen hijos de la chingada?\u201d No s\u00e9 si fue un milagro, lo cierto es que s\u00fabitamente su ira se extingui\u00f3. Regres\u00f3 el machete a la funda de cuero y la fila de jinetes ebrios sigui\u00f3 su camino por la playa, pasando a nuestro lado sin mirarnos.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Fueron d\u00edas extraordinarios. Mis sentidos se adaptaron al ritmo incesante de las olas, d\u00eda y noche; por las ma\u00f1anas, cuando el mar parec\u00eda un enorme manto plateado, caminaba hac\u00eda las rocas que marcaban el final de la playa; me extasiaba mirando los pececillos de colores\u00a0que el descenso de la marea hab\u00eda dejado atrapados en un peque\u00f1o estanque natural. En una ocasi\u00f3n nad\u00e9 hasta una de las lanchas que los pescadores dejaban ancladas a unos 30 metros de la playa, estir\u00e9 primero un brazo para sostenerme de la borda, luego el otro. Cuando pude asomarme al interior de la embarcaci\u00f3n qued\u00e9 paralizado: junto a las redes no hab\u00eda pescados ni camarones o cosa parecida, sino tres o cuatro tiburones martillo que yac\u00edan con los ojos abiertos como guerreros ca\u00eddos en batalla. Luego de superar el miedo, pas\u00e9 mi mano sobre uno de ellos: su piel era rasposa, como una piedra. Supimos la raz\u00f3n de ese espect\u00e1culo por un pescador de marcados rasgos negroides y baja estatura, que se hab\u00eda puesto como rutina ir a visitarnos al campamento. Daba la impresi\u00f3n de ser un proscrito entre sus pares y s\u00f3lo buscaba al alguien con quien platicar mientras fumaba marihuana sin parar. Nos cont\u00f3 que en las ma\u00f1anas los pescadores recog\u00edan las redes que tend\u00edan en la tarde anterior; no era extra\u00f1o que algunos tiburones quedaran atorados en ellas y se ahogaran, pero si a\u00fan estaban vicos, los mataban golpe\u00e1ndolos en la cabeza con un palo. Ya en la playa, los destazaban, luego salaban los trozos antes de meterlos\u00a0en tambos que un cami\u00f3n iba a recoger cada tres d\u00edas (al parecer los vend\u00edan como bacalao).\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Uno de esos d\u00edas, Memo y yo nos quedamos de guardia mientras Carlos, Humberto y Juan fueron al centro del puerto. Regresaron emocionados: hab\u00edan entrado a una cantina a tomar una cerveza (la \u00e9tica revolucionaria no permitir\u00eda m\u00e1s). Ah\u00ed, en una rockola hab\u00eda un disco que los lugare\u00f1os repet\u00edan sin cesar: Escuchen este corrido que yo les voy a cantar \/ Su nombre es Lucio Caba\u00f1as, no te vayan a matar \/ Recuerda lo de Genaro, eso te puede pasar \/ As\u00ed matan a los hombres que no se saben dejar \/ Ya con esta me despido de todo p\u00fablico entero\u00a0\/ Les he cantado el corrido de un hombre que es guerrillero \/ Su nombre es Lucio Caba\u00f1as, del estado de Guerrero.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\">Regreso\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Los d\u00edas de playa se fueron como un suspiro. El plan de viaje indicaba regresar por Acapulco y hac\u00eda all\u00e1 emprendimos la marcha. Tras una hora de viacrucis se detuvo una camioneta color gris y (\u00a1al fin!) el conductor nos invit\u00f3 a subir. No s\u00e9\u00a0cuanto\u00a0tiempo transcurri\u00f3 antes de que el veh\u00edculo hiciera un alto total: s\u00fabitamente, la carretera se terminaba antes del paso del r\u00edo Verde. El protocolo consist\u00eda en alquilar el servicio de una panga: dos lanchas largas y angostas unidas transversalmente por un par de tablones que hac\u00edan las veces de una rampa. Ingeniosamente los lancheros acomodaron el veh\u00edculo en aquella especie de catamar\u00e1n primitivo y la aseguraron (si es que eso era realmente posible) con cuerdas. Luego nos acomodamos en los espacios que quedaron vac\u00edos. El r\u00edo tendr\u00eda unos 150 metros de ancho, y la panga comenz\u00f3 a cruzarlo trazando una diagonal. Al llegar a la mitad del cauce la corriente era m\u00e1s fuerte y la embarcaci\u00f3n se balanceaba peligrosamente. Sent\u00ed que el coraz\u00f3n,\u00a0otra vez,\u00a0bombeaba\u00a0adrenalina en lugar de sangre. En la proa los lancheros se manten\u00edan erguidos y miraban con familiaridad hac\u00eda la otra orilla, adonde finalmente arribamos y procedieron con destreza a poner en tierra el veh\u00edculo, como si bajaran a un elefante.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Pasado el mediod\u00eda nos despedimos con gratitud de nuestro benefactor. As\u00ed llegamos a la calle central de Pinotepa Nacional. \u00cdbamos de nuevo bajo aquel sol despiadado cuando advertimos la oscura marcha de una multitud entre la que se alcanzaba a distinguir una banda que tocaba una m\u00fasica entre festiva y mon\u00f3tona. Al frente iban casi puras mujeres, abrazando un humilde ramo de nubes; un rebozo les cubr\u00eda la cabeza, pero no pod\u00eda ocultar la tristeza que brotaba de sus rostros ind\u00edgenas. Detr\u00e1s de ellas, cuatro hombres cargaban sobre los hombros una mesa de madera con el cuerpo sin vida de una ni\u00f1a. Estaba vestida de blanco,\u00a0con sus peque\u00f1as manos cruzadas sobre el pecho, y rodeada de flores. Nos pegamos a la pared para no estorbar el paso de aquel funeral sin f\u00e9retro; y aunque nadie pronunci\u00f3 una palabra, s\u00e9 que por la mente de los cinco pas\u00f3 la peregrina idea de compartir aquellos versos de Violeta Parra: Ya se va para los cielos \/ Ese querido angelito \/ A rogar por sus abuelos, \/ Por sus padres y hermanitos \/ Cuando se muere la carne, \/ El alma va derechito \/ A saludar a la luna \/ y de paso al lucerito \/ \u00bfA d\u00f3nde se fue su gracia? \/ \u00bfD\u00f3nde se fue su dulzura? \/ \u00bfpor qu\u00e9 se caen de su cuerpo \/ como una fruta madura?&#8230; Por supuesto que a pesar de nuestro af\u00e1n por estar en contacto con el pueblo y de la convicci\u00f3n en la unidad cultural de Am\u00e9rica Latina, aquello hubiera sido m\u00e1s que un desprop\u00f3sito.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">El \u00edmpetu heroico para seguir el viaje de avent\u00f3n se desvaneci\u00f3 por completo: el ardor de la piel lacerada por el sol de la costa, el peso de las mochilas, la sed y el hambre hicieron su trabajo. Juan Amat se sent\u00f3 en la orilla de la banqueta para hacer cuentas. \u201cTomemos el autob\u00fas\u201d, sentenci\u00f3.\u00a0A pesar de que alguien quiso insistir en que deb\u00edamos perseverar en el intento, al final guard\u00f3 silencio, y por dentro todos nos sentimos aliviados.\u00a0Llegamos a Acapulco por la ma\u00f1ana.\u00a0Los resabios infantiles que todos llev\u00e1bamos dentro, incluyendo a Juan Amat, nos hicieron olvidar el cansancio y el dolor de los hombros, y nos dirigimos a La Condesa. Ese d\u00eda volvimos a comer algo decente, Juan hizo cuenta nuevamente: buenas noticias, nos alcanzaba para comer en el mercado y comprar los boletos del autob\u00fas para la ciudad de M\u00e9xico (la idea del avent\u00f3n nos resultaba ya fastidiosa). Todav\u00eda pasar\u00edamos esa noche y parte del d\u00eda siguiente en el puerto.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">No cabe duda de que el viaje nos dio varias lecciones. Pero hubo una en particular que no entendimos, no quisimos, no pod\u00edamos comprender: el pueblo era real. Ah\u00ed estaba: en los pasajero del vag\u00f3n de segunda clase, bebiendo pulque hasta quedarse dormidos mientras el tren cruzaba la noche y las monta\u00f1as de Puebla y de Oaxaca, con su cargamento de gallinas amarradas de las patas y llorando estr\u00e9s por sus ojitos negros; en aquel samur\u00e1i enfurecido con sombrero de palma que lanz\u00f3 su caballo contra nuestra vulnerable humanidad mientras desenfundaba su machete; en los soldados que vaciaron nuestras mochilas y nos auscultaron con una mirada de desconfianza y odio en el puesto de revisi\u00f3n, en el pescador negro que todos los d\u00edas iba a visitarnos y a fumar marihuana; en el cortejo f\u00fanebre de la infante difunta recostada sobre una mesa de madera y rodeada de flores\u2026 Ese pueblo poco o nada ten\u00eda que ver con lo que la palabra impresa designaba en los libros (como los que hab\u00edamos arrojado en la carretera Ocotl\u00e1n-Ejutla y que quedaron como mariposas aplastadas).\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">No s\u00e9 c\u00f3mo habr\u00e1 sido el relato que mis compa\u00f1eros de viaje contaron\u00a0al regresar a sus casas. Como obedeciendo un deber revolucionario, yo opt\u00e9 por omitir del m\u00edo aquellos pasajes en los que hab\u00edamos caminado al filo de la navaja. Al paso de los a\u00f1os aprend\u00ed que aquellos pasajes no hab\u00edan sido cualquier cosa. Como el \u00edmpetu heroico de conseguir un\u00a0avent\u00f3n ,\u00a0la revoluci\u00f3n imaginada (la que cre\u00edamos ver esper\u00e1ndonos a la vuelta de la esquina) se fue difuminando. Despu\u00e9s de todo, poco o nada ten\u00edan que ver el tibur\u00f3n martillo y la revoluci\u00f3n socialista.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\">Ep\u00edlogo\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Convencidos de que la revoluci\u00f3n pronto reclamar\u00eda nuestro esfuerzo, nos inclin\u00e1bamos por estudiar econom\u00eda o sociolog\u00eda. S\u00f3lo ellas nos dar\u00edan las herramientas necesarias para participar en la construcci\u00f3n de la nueva sociedad.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Juan Amat hab\u00eda concluido el sexto a\u00f1o de la preparatoria. Ingres\u00f3 a Ciencias Pol\u00edticas y abandon\u00f3 la m\u00fasica latinoamericana, a\u00f1os despu\u00e9s alguien me cont\u00f3 que trabajaba en una oficina de gobierno, Hab\u00eda perdido su imagen de estudiante rebelde y ahora vest\u00eda de traje y corbata.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Carlos F. tambi\u00e9n era reci\u00e9n egresado y pas\u00f3 a la Facultad de Econom\u00eda. No s\u00e9 c\u00f3mo conciliaba su papel de miembro de una familia acomodada (burguesa en todo sentido) con su militancia en el Partido Socialista de los Trabajadores. Con uno de sus correligionarios hab\u00eda tratado de inducirnos a construir una base estudiantil de\u00a0<\/span><span data-contrast=\"none\">Pst<\/span><span data-contrast=\"auto\">\u00a0en Prepa 5. Despu\u00e9s de eso no lo volv\u00ed a ver.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Humberto H. cursaba quinto a\u00f1o. Qued\u00f3 a deber materias por aqu\u00ed y por all\u00e1, pero fue el \u00fanico que sigui\u00f3 el camino de la m\u00fasica (era, es un m\u00fasico nato). Form\u00f3 parte de una agrupaci\u00f3n musical del magisterio, y eso lo llev\u00f3 a conocer varias partes del mundo. Fue tambi\u00e9n de los primeros que se alej\u00f3 de las pretendidas convicciones pol\u00edticas.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Memo seguramente sigui\u00f3 estudiando, pero nunca volv\u00ed a tener noticias de \u00e9l.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Giovanna (que no hizo el viaje) tambi\u00e9n ingres\u00f3 a la Facultad de Econom\u00eda. Varios a\u00f1os despu\u00e9s, por azar, nos encontramos en el aeropuerto. Hab\u00eda vivido un tiempo en Par\u00eds, en donde sufri\u00f3 un desencanto amoroso. Su brillo se hab\u00eda apagado, y ahora estaba en El Colegio de M\u00e9xico, entusiasmada en una investigaci\u00f3n sobre las misiones de los jesuitas en la pen\u00ednsula de Baja California. Despu\u00e9s de ese encuentro no he sabido nada de ella.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Yo era el benjam\u00edn del grupo (me pusieron de sobrenombre El Alumno). Por aquellos meses declin\u00e9 mi inicial deseo de estudiar F\u00edsica; tambi\u00e9n\u00a0ingres\u00e9 a la Facultad de Econom\u00eda, pero\u00a0termine\u00a0por abandonarla en tercer semestre y reorient\u00e9 mis pasos a las humanidades.\u00a0\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Javier Rico M. Facultad de Filosof\u00eda y Letras,\u00a0UNAM En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 29-30.\u00a0 El viaje estudiantil del verano de 1975 a un lejano Puerto Escondido estaba impregnado de ideales revolucionarios.\u00a0En el camino, el\u00a0descubrir\u00a0el M\u00e9xico profundo dej\u00f3 otras ense\u00f1anzas para aquellos j\u00f3venes que luego se perder\u00edan en sus propias b\u00fasquedas de vida.\u00a0\u00a0 \u201cPero ustedes no traen nada, \u00bfverdad?\u201d Por un instante (s\u00f3lo por un instante) sus palabras fluyeron como un mero tr\u00e1mite para mantener la conversaci\u00f3n. \u201cNo\u2026\u201d, respondieron casi a coro. Pero pasado ese momento, quiz\u00e1 por una especie de s\u00fabita revelaci\u00f3n, nos llenamos de espanto. Hab\u00eda pronunciado la frase con el rostro hacia nosotros, pero en realidad su mirada se perd\u00eda en el camino que dej\u00e1bamos atr\u00e1s a bordo de un veh\u00edculo de carga. \u00bfEra una pregunta como cualquier otra, una sospecha o, peor a\u00fan, aun advertencia?, \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda querido decir con \u2026nada\u2026?, \u00bfobjetos robados,<\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1369,5],"tags":[9,1419],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23528"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23528"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23528\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":24246,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23528\/revisions\/24246"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23528"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23528"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23528"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}