﻿{"id":23097,"date":"2026-02-02T21:00:13","date_gmt":"2026-02-03T03:00:13","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=23097"},"modified":"2026-02-05T20:05:56","modified_gmt":"2026-02-06T02:05:56","slug":"el-enigma-de-la-hacienda-de-las-animas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-enigma-de-la-hacienda-de-las-animas\/","title":{"rendered":"El enigma de la Hacienda de las \u00c1nimas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Ana Su\u00e1rez<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 70.<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/BiC_70_CUENTO_Animas.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Un crimen se ha cometido. La silla del caballo de la v\u00edctima tiene todas las pruebas. Los autores intelectuales y materiales no podr\u00e1n escapar con facilidad.<\/h3>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong> La llegada<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sol enrojec\u00eda los cerros que rodeaban la Hacienda de las \u00c1nimas, despidiendo el d\u00eda. Un viento fr\u00edo soplaba sobre los magueyales. En medio de una calma inquietante, un hombre montado en un caballo negro lleg\u00f3 al acceso principal. Era el detective al que la viuda de don Fernando Trevi\u00f1o, el poderoso empresario que controlaba el suministro de pulque a la capital, hab\u00eda mandado llamar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Do\u00f1a Clara, una mujer de apariencia fr\u00e1gil, lo aguardaba en la entrada. Llevaba un vestido negro y un velo que apenas dejaba ver unos ojos enrojecidos por el llanto. A su lado, Tom\u00e1s, un sirviente viejo y encorvado, sosten\u00eda una l\u00e1mpara de aceite.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Se\u00f1or Kelly, gracias por venir tan r\u00e1pido \u2013dijo do\u00f1a Clara\u2013. Cuento con usted. La muerte de mi esposo no s\u00f3lo me ha dejado un gran vac\u00edo, sino que la sospecha del m\u00e9dico de que falleci\u00f3 por envenamiento me tiene muy angustiada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hijo de irland\u00e9s y mexicana, Daniel Kelly se hab\u00eda entrenado en la famosa agencia de detectives Pinkerton en Chicago, donde adquiri\u00f3 diversas y modernas habilidades de investigaci\u00f3n. Ahora, en el crep\u00fasculo campestre, asinti\u00f3 desmontando con suavidad, con un malet\u00edn de cuero entre las manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Do\u00f1a Clara, lamento mucho su p\u00e9rdida \u2013dijo\u2013. Estoy aqu\u00ed para ayudarla. No perdamos el tiempo. Lo primero es ver el lugar donde ocurri\u00f3 el deceso.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>La biblioteca<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era una habitaci\u00f3n impresionante, con sus estanter\u00edas llenas de libros. El escritorio de caoba estaba cubierto de papeles, una pluma descansaba sobre un tintero y abierto, en el centro, se hallaba el volumen que el difunto hab\u00eda estado leyendo: <em>El Pr\u00edncipe<\/em> de Nicol\u00e1s Maquiavelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Daniel observ\u00f3 las p\u00e1ginas, notando que estaban subrayadas en varias partes. Esta, seg\u00fan la viuda, era una pr\u00e1ctica que su marido segu\u00eda para reflexionar sobre las lecciones del autor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfQui\u00e9n m\u00e1s entra aqu\u00ed? \u2013pregunt\u00f3 Kelly.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013S\u00f3lo mis hijos, Tom\u00e1s y yo \u2013replic\u00f3 do\u00f1a Clara\u2013. Mi marido se pasaba las horas leyendo. Ese libro fue obsequio de Peter Hargrove, su exsocio americano. Aunque no estaba muy contento con \u00e9l, pues desconfiaba de sus malos manejos y por eso se separaron, no se atrevi\u00f3 a rechazarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El detective registr\u00f3 el dato. Supo de Hargrove cuando vivi\u00f3 en Chicago. Su astucia y falta de escr\u00fapulos eran conocidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kelly decidi\u00f3 revisar <em>El<\/em> <em>Pr\u00edncipe<\/em> con cuidado. Esa noche, a la luz de una l\u00e1mpara de aceite, sac\u00f3 del malet\u00edn la lupa de alta calidad que todo Pinkerton llevaba consigo. Sospechaba que las hojas pudieran haber sido envenenadas. Gracias a su examen del libro descubri\u00f3 que no hab\u00eda sido as\u00ed. El asesino no hab\u00eda recurrido a un m\u00e9todo tan com\u00fan. De ah\u00ed que, a la ma\u00f1ana siguiente, el detective se dedicara a buscar rastros t\u00f3xicos en la comida, en la bebida y hasta en las medicinas tomadas por el occiso. Pero tampoco encontr\u00f3 nada.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Las entrevistas<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kelly decidi\u00f3 entonces entrevistar a los deudos y sirvientes de la casa en pos de otra pista. Lo hizo de manera indirecta, hablando de la rutina diaria y las relaciones dentro de la familia. La primera fue do\u00f1a Clara, quien le cont\u00f3 que la salud de su esposo se hab\u00eda deteriorado en las \u00faltimas semanas: perdi\u00f3 el apetito y sufr\u00eda debilidad muscular y mucho dolor en las piernas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El detective convers\u00f3 luego con Felipe, un joven de aspecto serio que, a cargo ya de la hacienda, no ocultaba sus planes de transformarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Felipe \u2013dijo Kelly\u2013, parece que tu padre estaba muy interesado en los libros que le enviaba m\u00edster Hargrove.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Pap\u00e1 amaba la lectura \u2013respondi\u00f3 el joven\u2013. Pero <em>El Pr\u00edncipe<\/em> no le agrad\u00f3 como obsequio. Hargrove es un hombre dif\u00edcil y pap\u00e1 desconfiaba de sus intenciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus palabras sonaron evasivas, indicando un resentimiento profundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kelly charl\u00f3 despu\u00e9s con Mariana, una joven reservada de mirada melanc\u00f3lica. Aunque se mostr\u00f3 cauta, por ella se enter\u00f3 de que don Fernando era muy duro con su \u00fanico heredero, quien se hab\u00eda convertido en un joven amargado que parec\u00eda odiar a su progenitor. D\u00edas antes hab\u00edan tenido una fuerte pelea por la gesti\u00f3n de la hacienda, pues Felipe quer\u00eda explotar tambi\u00e9n los minerales que guardaba el subsuelo, mientras su padre se negaba a cualquier cambio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El detective habl\u00f3 posteriormente con Tom\u00e1s y los dem\u00e1s sirvientes. Supo por ellos que en las \u00faltimas semanas Felipe hab\u00eda recibido varias cartas y un paquete provenientes de Estados Unidos. Supo tambi\u00e9n que don Fernando se levantaba temprano cada ma\u00f1ana para montar a caballo. Una vez en el establo comenzaba su ritual. Primero revisaba la silla de montar. Observaba con detenimiento las correas para asegurarse de que estuvieran en perfectas condiciones y \u00e9l mismo ajustaba los estribos y las espuelas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Not\u00f3 que el cuero de las riendas ten\u00eda un brillo extra\u00f1o. Al revisarlas con la lupa pudo ver que estaban recubiertas de una sustancia extra\u00f1a, apenas perceptible a la vista, que al ser frotada desprend\u00eda un olor a aceite rancio. Reconoci\u00f3 el talio, un veneno de acci\u00f3n retardada que no se consegu\u00eda con facilidad en M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era la pista que necesitaba. Supo que hab\u00eda hallado la causa de la muerte y tambi\u00e9n el m\u00e9todo. El plan era sencillo: cada vez que don Fernando montase a caballo, el roce y el sudor de las manos facilitar\u00edan la acci\u00f3n de la sustancia letal, de manera que \u00e9l se fuese enfermando y finalmente muriera sin levantar dudas. Dado que los arreos eran s\u00f3lo suyos, nadie m\u00e1s estaba expuesto. Aunque lo que el asesino no previ\u00f3 fueron las sospechas del m\u00e9dico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tocaba ahora conseguir que el culpable reconociera su crimen.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>El careo<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la evidencia en la mano y la deducci\u00f3n casi completa, Kelly decidi\u00f3 confrontar a Felipe. Lo llam\u00f3 a su habitaci\u00f3n, donde lo invit\u00f3 a mirar sobre la mesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfLos reconoces? \u2013pregunt\u00f3 sin mayor rodeo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013S\u00ed \u2013replic\u00f3 el joven\u2013. Son los arreos de mi padre. Nadie m\u00e1s que \u00e9l los usaba, y nos ten\u00eda terminantemente prohibido que siquiera los toc\u00e1ramos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Lo s\u00e9. Lo que no entiendo es c\u00f3mo don Fernando termin\u00f3 envenenado por tocarlos. A menos que alguien con acceso al establo los impregnara con un veneno que se absorbe despacio a trav\u00e9s de la piel y que es casi imposible de conseguir en M\u00e9xico. Alguien que pretendi\u00f3 asegurarse de que nadie pudiera identificar f\u00e1cilmente el m\u00e9todo del asesinato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Felipe dio un paso atr\u00e1s, el rostro cada vez m\u00e1s p\u00e1lido, el sudor cada vez m\u00e1s copioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfQu\u00e9 insin\u00faa, se\u00f1or Kelly? \u2013musit\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Digo que el asesinato s\u00f3lo pudo cometerlo alguien que conociera bien a tu padre y supiese de sus h\u00e1bitos y rutinas. Creo que Hargrove proporcion\u00f3 los medios, pero que el crimen fue llevado a cabo por alguien de esta casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Felipe trat\u00f3 de mantener la compostura e intent\u00f3 negar las acusaciones. Sin embargo, al verse acorralado por la l\u00f3gica implacable y las evidencias presentadas por el detective, confes\u00f3 que impulsado por el odio a su padre, por la ambici\u00f3n y por las promesas de Hargrove de ayudarlo a convertir la hacienda en un gran negocio hab\u00eda envenenado las riendas con la sustancia que aquel le envi\u00f3, convenci\u00e9ndolo de que era imposible de detectar.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>La madre<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez resuelto el caso, Kelly inform\u00f3 a do\u00f1a Clara sobre el triste fruto de sus pesquisas. La viuda result\u00f3 ser menos fr\u00e1gil de lo que hab\u00eda aparentado en un inicio, mostrando un gran temple y agradeciendo al detective que hubiera descubierto la verdad por penosa que fuera. Sin embargo, despu\u00e9s de meditarlo unos momentos, le pidi\u00f3 que le diera un poco de tiempo antes de presentar la denuncia ante las autoridades correspondientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kelly frunci\u00f3 el ce\u00f1o, consciente de que las emociones pod\u00edan ser una trampa peligrosa en una investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfPor qu\u00e9, do\u00f1a Clara? \u2013pregunt\u00f3 con seriedad\u2013. Su hijo es culpable y yo no puedo retrasar la justicia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Lo s\u00e9 \u2013respondi\u00f3 ella\u2013. Pero perm\u00edtame decirle esto: hay m\u00e1s en esta historia de lo que parece. Felipe no actu\u00f3 solo y si lo entrega ahora el principal responsable quedar\u00e1 libre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El detective entrecerr\u00f3 los ojos. Hab\u00eda algo en el tono de do\u00f1a Clara que le indicaba que no ment\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfDe qu\u00e9 habla? \u2013inquiri\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013De m\u00edster Hargrove \u2013respondi\u00f3 la viuda, para entonces comenzar a relatar una historia que Kelly desconoc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de la ruptura de su sociedad con don Fernando, el norteamericano hab\u00eda seguido en contacto con Felipe, alimentando su odio y su ambici\u00f3n. Fue \u00e9l quien le suministr\u00f3 el veneno y le prometi\u00f3 que, tan pronto como estuviera a cargo de la hacienda, explotar\u00edan juntos los ricos minerales all\u00ed depositados y har\u00edan una fortuna incalculable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Si detiene ahora a mi hijo \u2013a\u00f1adi\u00f3 do\u00f1a Clara\u2013, m\u00edster Hargrove lo sabr\u00e1 y desaparecer\u00e1 sin que pueda ser arrestado. Deme unos d\u00edas. S\u00e9 que se encuentra en la capital, donde tengo contactos que le impedir\u00e1n escapar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El detective la escuch\u00f3 en silencio, a sabiendas de que la decisi\u00f3n que tomara en ese instante afectar\u00eda el destino de muchos. En sus manos estaba entregar a Felipe, pero la mera idea de que un hombre como Hargrove quedara libre le parec\u00eda intolerable. Finalmente accedi\u00f3. Sab\u00eda que el tiempo que daba a la viuda podr\u00eda significar la diferencia entre justicia completa o incompleta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Tres d\u00edas, do\u00f1a Clara \u2013se\u00f1al\u00f3, categ\u00f3rico\u2013. Ni uno m\u00e1s.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>La justicia<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong>Consciente de que el tiempo corr\u00eda en su contra, la viuda puso manos a la obra. Sab\u00eda que de no encontrar una soluci\u00f3n r\u00e1pida, Felipe ser\u00eda arrestado. Con su mente trabajando a toda velocidad, pronto urdi\u00f3 un plan para salvarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa misma noche llam\u00f3 a su hijo a la biblioteca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Has cometido un crimen imperdonable \u2013le dijo con voz firme\u2013. Pero temo que seas juzgado y seguramente condenado. Debes salir del pa\u00eds antes de que sea demasiado tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Felipe, que miraba a su madre con desesperaci\u00f3n, asinti\u00f3 sin decir nada. La mera idea de enfrentar a la justicia lo aterrorizaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Do\u00f1a Clara aprovech\u00f3 sus contactos en la capital para conseguir un pasaporte falso e hizo los arreglos necesarios para que Felipe cruzara la frontera sin dejar rastro. El plan era que su hijo se refugiase en el rancho de un amigo en Texas, donde podr\u00edan ocultarlo mientras la situaci\u00f3n se calmaba. Sin embargo, el problema no era tanto salir del pa\u00eds sino hacerlo sin despertar las sospechas de Kelly, que ejerc\u00eda una vigilancia discreta y recelar\u00eda de cualquier movimiento inusual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los dos d\u00edas que siguieron, do\u00f1a Clara trabaj\u00f3 sin descanso en la organizaci\u00f3n del escape. Mientras tanto conversaba con Kelly, a quien trataba de dar la impresi\u00f3n de que estaba cooperando. El tercer d\u00eda por la noche puso unas gotas de l\u00e1udano en la copa de vino con que el detective acompa\u00f1\u00f3 su cena. Cuando este dorm\u00eda profundamente, Felipe sali\u00f3 en silencio de la hacienda. Disfrazado de pe\u00f3n y escondido en una carreta, fue trasladado a la estaci\u00f3n m\u00e1s cercana del ferrocarril que lo llev\u00f3 a la frontera. All\u00ed, sin mayor obst\u00e1culo, cruz\u00f3 a Estados Unidos y lleg\u00f3 a salvo a su destino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Do\u00f1a Clara permaneci\u00f3 en la hacienda, dispuesta a enfrentar las consecuencias. Pero cuando Kelly despert\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente y descubri\u00f3 que Felipe hab\u00eda desaparecido, no pudo hacer nada. Aunque present\u00eda que su madre hab\u00eda planeado el escape, carec\u00eda de pruebas para acusarla directamente. Ella, por su parte, sab\u00eda que vivir\u00eda con la duda de si hab\u00eda hecho lo correcto, pero en el fondo no se arrepent\u00eda de haber protegido a su hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, Daniel Kelly mont\u00f3 en su caballo y dijo adi\u00f3s a la Hacienda de las \u00c1nimas. Mientras el alba se asomaba con timidez detr\u00e1s de los cerros, ti\u00f1endo el horizonte de rojo y oro, pens\u00f3 que la lecci\u00f3n aprendida era que nada, ni siquiera la justicia, pod\u00eda oponerse a la decisi\u00f3n de una madre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Su\u00e1rez Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 70. Un crimen se ha cometido. La silla del caballo de la v\u00edctima tiene todas las pruebas. Los autores intelectuales y materiales no podr\u00e1n escapar con facilidad. La llegada El sol enrojec\u00eda los cerros que rodeaban la Hacienda de las \u00c1nimas, despidiendo el d\u00eda. Un viento fr\u00edo soplaba sobre los magueyales. En medio de una calma inquietante, un hombre montado en un caballo negro lleg\u00f3 al acceso principal. Era el detective al que la viuda de don Fernando Trevi\u00f1o, el poderoso empresario que controlaba el suministro de pulque a la capital, hab\u00eda mandado llamar. Do\u00f1a Clara, una mujer de apariencia fr\u00e1gil, lo aguardaba en la entrada. Llevaba un vestido negro y un velo que apenas dejaba ver unos ojos enrojecidos por el llanto. 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