﻿{"id":23084,"date":"2026-01-29T16:19:18","date_gmt":"2026-01-29T22:19:18","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=23084"},"modified":"2026-02-17T16:45:55","modified_gmt":"2026-02-17T22:45:55","slug":"veracruz-en-la-mirada-de-montserrat-pecanins","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/veracruz-en-la-mirada-de-montserrat-pecanins\/","title":{"rendered":"Veracruz en la mirada de Montserrat Pecanins"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Anna Ribera Carb\u00f3<br \/>\nInstituto Nacional de Antropolog\u00eda e Historia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eulalia Ribera Carb\u00f3<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 70.<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/BiC_70_05_Pecanis.pdf\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-16736 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 observaciones puede hacer un extranjero sobre el M\u00e9xico que se encuentra al llegar aqu\u00ed? Montserrat Pecanins da cuenta sobre costumbres e idiosincrasia, con un humor mordaz y recuerdos cargados de sentimiento.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_23169\" aria-describedby=\"caption-attachment-23169\" style=\"width: 795px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23169\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_081.jpg\" alt=\"\" width=\"795\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_081.jpg 795w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_081-50x50.jpg 50w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_081-298x300.jpg 298w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_081-768x773.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 795px) 100vw, 795px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23169\" class=\"wp-caption-text\">Montserrat Pecanins en el rancho de Veracruz. Colecci\u00f3n particular Brian Nissen.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>D<\/strong>esde que los primeros europeos avistaron costas mexicanas en el siglo xvi, numerosos viajeros han dejado testimonio de lo que encontraron. Lo hicieron a finales del xxviii, extranjeros de diversas nacionalidades, no s\u00f3lo espa\u00f1oles, empujados por un af\u00e1n de conocimiento propio del pensamiento ilustrado. Despu\u00e9s de lograda la independencia pol\u00edtica del pa\u00eds, a ese inter\u00e9s cient\u00edfico se sum\u00f3 el econ\u00f3mico y pol\u00edtico de quienes ven\u00edan procedentes de las potencias europeas o del vecino Estados Unidos, interesados en los recursos naturales y la posibilidad de apoderarse de los circuitos comerciales restringidos hasta hac\u00eda poco tiempo al imperio espa\u00f1ol. Posteriormente, en el siglo xx, refugiados pol\u00edticos latinoamericanos y de otras latitudes llegaron tambi\u00e9n al litoral veracruzano, y describieron sus experiencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los testimonios escritos por mujeres son m\u00e1s escasos. Entre ellos sobresale, sin duda, el de la escocesa Fanny Calder\u00f3n de la Barca, esposa del primer embajador espa\u00f1ol en M\u00e9xico, llegada al puerto de Veracruz el 18 de diciembre de 1839. De sus primeras impresiones escribi\u00f3:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El aspecto de todo lo que estamos viendo mientras nos vamos acercando, es de lo m\u00e1s melanc\u00f3lico, <em>delabr\u00e9<\/em> y desconsolador que puede uno imaginarse. De un lado la fortaleza con sus murallas rojinegras; del otro, la ciudad, miserable y t\u00e9trica, llena de bandadas de unos p\u00e1jaros negros, llamados <em>zopilotes<\/em>, que revolotean sobre alg\u00fan animal muerto o tienden el vuelo en busca de carro\u00f1a. Y sin embargo, como era el t\u00e9rmino de nuestro viaje, todo fue bien acogido, aun lo triste de la ciudad; aun los m\u00e9danos de arena roja que la rodean, tan semejantes a los desiertos de Arabia, nos parecieron atractivos.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cien a\u00f1os despu\u00e9s, en 1939, el alud de refugiados pol\u00edticos procedentes de la derrotada Rep\u00fablica espa\u00f1ola produjo testimonios similares sobre el puerto. Enric Faraudo contaba: \u201cnos cay\u00f3 el alma a los pies. \u00a1P\u00e1catelas! Vimos Veracruz, sin ni siquiera un empedrado, ni siquiera un pavimentado. Con montones de basura enormes por todas partes, con zopilotes comi\u00e9ndose la basura\u201d. \u00c1ngel Palerm refrenda esta percepci\u00f3n, pero a\u00f1ade \u201cque por otro lado el tr\u00f3pico y las frutas tropicales, yo nunca hab\u00eda comido pi\u00f1a ni hab\u00eda visto un mango\u201d. Esta sorpresa por lo ex\u00f3tico y novedoso la comparte Cecilia Sanz de Ridaura:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los carritos con pi\u00f1a, mangos y otras maravillosas y desconocidas (para nosotros) frutas, rodeadas de hielo o con paletas heladas y otras golosinas, quedaron vac\u00edos r\u00e1pidamente porque los ni\u00f1os, deslumbrados, se acercaban a ellos con sus caritas sorprendidas y ansiosas, y los vendedores les regalaban la mercanc\u00eda. En las cantinas nos obsequiaban con cerveza; nos introduc\u00edan en los misterios de las carnitas, la moronga, la sanfaina; descubrimos el tequila y, por sobre todas las cosas, ten\u00edamos la maravillosa sensaci\u00f3n de ser libres.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Carmen Romero cuenta que \u201cya en tierra, al entrar en contacto con la ciudad y su gente, no dej\u00e1bamos de admirar su fisonom\u00eda, colorido, la alegre m\u00fasica y sobre todo el volver a oir espa\u00f1ol, pero con ese acento veracruzano que nos hac\u00eda tanta gracia\u201d.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Montserrat Pecanins<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La joven catalana Montserrat Pecanins lleg\u00f3 a la costa veracruzana terminando 1949 en compa\u00f1\u00eda de sus padres y de sus hermanas, las gemelas Ana Mar\u00eda y Teresa. Su padre ven\u00eda contratado por una empresa textil, as\u00ed que no llegaban como refugiados pol\u00edticos, pero s\u00ed huyendo del ambiente opresivo de la posguerra espa\u00f1ola, y de un r\u00e9gimen ensa\u00f1ado especialmente con la cultura y las libertades en Catalu\u00f1a. Viajaron en el Vapor Magallanes y trajeron consigo sus muebles, su perro y dos pianos, de los cuales contaba Montserrat, \u201cuno qued\u00f3 en la aduana de Veracruz, qued\u00f3 a la intemperie y al final parec\u00eda que re\u00eda porque se torci\u00f3 la tapa y ense\u00f1aba los dientes\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_23174\" aria-describedby=\"caption-attachment-23174\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23174\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_078.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"621\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_078.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_078-300x233.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_078-768x596.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23174\" class=\"wp-caption-text\">Las hermanas Pecanins en su galer\u00eda de la calle Hamburgo. Colecci\u00f3n particular Brian Nissen.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras diez a\u00f1os bajo la dictadura franquista, en los que transcurri\u00f3 su tr\u00e1nsito de la infancia a la adolescencia, las hermanas Pecanins vivieron el viaje a M\u00e9xico como una aventura. \u201cParamos en Curazao, en Puerto Rico y en La Habana. El viaje nos impidi\u00f3 pensar en lo que dej\u00e1bamos y de imaginarnos a d\u00f3nde \u00edbamos. Fue un lapso maravilloso, espl\u00e9ndido, tanto para m\u00ed como para mis hermanas. Esa fue una aventura preciosa, inolvidable\u201d, cuenta Ana Mar\u00eda. Montserrat, por su parte, rememora que ella acab\u00f3 \u201cdel mar hasta el gorro y ahora no subo ni a una g\u00f3ndola. \u00a1Treinta d\u00edas! Estaba harta del cielo, de las estrellas, de las olas y de los delfines\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien no disfrut\u00f3 el viaje, a Montserrat le maravill\u00f3 el puerto de Veracruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Relata:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Veracruz fue una cosa impresionantemente maravillosa. Ver a todos esos hombres vestidos de blanco, esas marimbas, esa plaza, esa comida, el caf\u00e9 de La Parroquia, con olor de caf\u00e9 de verdad. En esos a\u00f1os de la posguerra en Catalu\u00f1a se tomaba una cosa que se llama achicoria. Venir de esa Espa\u00f1a, de esa Barcelona tan triste que ten\u00edamos que ir a buscar el pan con tarjeta de racionamiento. Mi padre ten\u00eda que ir a comprar cosas de estraperlo. Los hombres compraban un cigarro. Hab\u00eda se\u00f1oras en la calle que vend\u00edan \u00a1un cigarrito! No eramos pobres, era la miseria que estaba en todas partes. Al llegar a Veracruz, ver que cantan y bailan cuando en Catalu\u00f1a estaban prohibidas las sardanas, \u00a1prohibido todo! Era salir de una cosa oscura a ver una cosa iluminada. \u00a1Esto da una alegr\u00eda de vivir! Estuvimos en el hotel Diligencias, que era muy bonito y fuimos a Fort\u00edn de las Flores. Ah\u00ed nos metimos en una piscina llena de gardenias. No nos dimos cuenta de que en M\u00e9xico tambi\u00e9n hab\u00eda miseria.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ana Mar\u00eda describe las horas de la comida como \u201caventuras maravillosas\u201d. \u201cEn la mesa te pon\u00edan toda una azucarera llena, cuando en Barcelona s\u00f3lo pod\u00edamos consumir una cucharadita al d\u00eda\u201d. Dec\u00eda que \u201cdespu\u00e9s de haber vivido una dictadura espantosa\u201d, el presidente de la Rep\u00fablica, el veracruzano Miguel Alem\u00e1n \u201cnos parec\u00eda tan gal\u00e1n, tan comunicativo, tan del pueblo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Efectivamente, cuando la familia Pecanins desembarc\u00f3 en Veracruz a finales de 1949, gobernaba M\u00e9xico Miguel Alem\u00e1n, quien hab\u00eda ocupado la silla presidencial apenas terminada la segunda guerra mundial en 1945. Fue el primer candidato civil en la posrevoluci\u00f3n. Su gobierno se inscribi\u00f3 en las posturas anticomunistas de una guerra fr\u00eda que apenas empezaba, fue poniendo freno a las pol\u00edticas m\u00e1s radicales de corte social con las que L\u00e1zaro C\u00e1rdenas hab\u00eda logrado cumplir con los anhelos de la revoluci\u00f3n mexicana. A pesar tambi\u00e9n del creciente control pol\u00edtico y sindical que fue implementando, la presencia de Miguel Alem\u00e1n que era un civil, un abogado universitario y un hombre simp\u00e1tico y carism\u00e1tico, le dio al pa\u00eds un aire de renovaci\u00f3n y modernidad. Para alguien salido de la enrarecida posguerra espa\u00f1ola, el M\u00e9xico del alemanismo daba una sensaci\u00f3n de progreso y libertad. Dice Ana Mar\u00eda, \u201cluego de vivir los horrores de levantarte en la ma\u00f1ana y tener que cantar \u2018de cara al sol y con camisa nueva\u201d, de soportar todo tipo de privaciones, M\u00e9xico nos pareci\u00f3 maravilloso\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue justamente durante el alemanismo cuando se consolid\u00f3 el estereotipo del jarocho con su pareja, ambos vestidos de blanco, bailando un zapateado coste\u00f1o entre palmeras y vapores tropicales que Montserrat recrear\u00eda en sus memorias muchos a\u00f1os despu\u00e9s de ese primer contacto con el puerto, sin duda fruto de sus recuerdos, pasados por el tamiz de esas representaciones regionales petrificadas en el imaginario popular.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La familia Pecanins se traslad\u00f3 muy poco despu\u00e9s de desembarcar en Veracruz a la ciudad de M\u00e9xico, lugar que se convirti\u00f3 para siempre en su principal lugar de residencia. Ah\u00ed Montserrat y sus hermanas fundaron en 1964 una galer\u00eda de arte, la Galer\u00eda Pecanins, que contribuy\u00f3 a impulsar el arte de vanguardia que rompi\u00f3 con las ya para entonces anticuadas expresiones art\u00edsticas del nacionalismo revolucionario. Tiempo despu\u00e9s, abrieron otra galer\u00eda en su Barcelona natal, lo que las convirti\u00f3 en el puente principal entre las vanguardias en M\u00e9xico y las catalanas del arte pl\u00e1stico y el <em>happening.<\/em><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Un terreno en la selva<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero Montserrat estableci\u00f3 una nueva y extraordinaria relaci\u00f3n con Veracruz. Sus t\u00edos Pl\u00e1cido y Lola, ella hermana de su madre, llegaron a M\u00e9xico siguiendo a la familia unos a\u00f1os despu\u00e9s. Estando por vencerse su visado de turistas, y ante los complicados tr\u00e1mites migratorios en la Secretar\u00eda de Gobernaci\u00f3n, Montserrat no tuvo mejor idea que aceptar la oferta de un amigo asturiano que les habl\u00f3 de la posibilidad, primero, de que los t\u00edos fueran a trabajar en una algodonera y, cuando aquello no prosper\u00f3, los anim\u00f3 a comprar unas tierras para que pusieran cuatro vacas. Montserrat lo cuenta as\u00ed:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo, que no tengo la m\u00e1s m\u00ednima idea, compr\u00e9 200 hect\u00e1reas por 5 000 d\u00f3lares. Mi padre se hab\u00eda ido de viaje a Catalu\u00f1a y hab\u00eda dejado todas las cuentas a mi nombre, para que las administrara en su ausencia. Me ofrecieron el terreno como una ganga, pero yo no sab\u00eda lo que era. \u00a1Doscientas hect\u00e1reas en la selva! Esto era en el a\u00f1o 54 o 55, no s\u00e9. Mi pap\u00e1 me dijo que estaba loca.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El terreno adquirido por Montserrat estaba en la regi\u00f3n del Sotavento veracruzano y, efectivamente, se trataba de suelo ocupado por selva alta perenifolia. Correspond\u00eda al municipio de Isla, que hab\u00eda formado parte de la hacienda de Tacamahuixtal, cuyos propietarios hab\u00edan sido de apellidos Isla Camacho. Con la construcci\u00f3n del ramal del ferrocarril entre Veracruz y Suchiate al iniciar el siglo xx, hubo una estaci\u00f3n en el lugar, que se llam\u00f3 Estaci\u00f3n Isla. Con el tiempo, el apelativo dio nombre al pueblo que se form\u00f3 y, m\u00e1s adelante, al municipio.<\/p>\n<figure id=\"attachment_23175\" aria-describedby=\"caption-attachment-23175\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23175\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_080.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"780\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_080.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_080-50x50.jpg 50w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_080-300x293.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/BiC_70_080-768x749.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23175\" class=\"wp-caption-text\">Montserrat Pecanins en el rancho de Veracruz. Colecci\u00f3n particular Brian Nissen.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dec\u00eda Montserrat:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El terreno es enorme, con dos r\u00edos. Nunca en la vida llegu\u00e9 al segundo. Para llegar al rancho, tuvimos que contratar unos hombres que abrieran brecha a machetazos. Lo m\u00e1s cercano era la estaci\u00f3n Isla que apenas y era pueblo. Todo para huir de las garras de Gobernaci\u00f3n [&#8230;]. La t\u00eda Lola y el t\u00edo Pl\u00e1cido se hicieron rancheros [&#8230;] La <em>tieta<\/em> Lola era rubia con pecas y a la \u201cg\u00fcera do\u00f1a Lolita\u201d todo el mundo la quiso porque era muy dulce. Tuvo una vaca especial para los ni\u00f1os de ah\u00ed [&#8230;] Ella les ense\u00f1aba a leer y a escribir, a rezar el Padre Nuestro y les hac\u00eda atole para que desayunaran. Era San Francisco de As\u00eds con faldas.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa que se construyeron los t\u00edos de Montserrat era como un palafito con un metro por encima del suelo, para que los animales encontraran abrigo del sol por debajo y las inundaciones no la afectaran. Ten\u00eda techo de palapa. Su \u00fanica estancia estaba partida a la mitad para separar la habitaci\u00f3n de todo lo dem\u00e1s. \u201cTen\u00edan unos catres para cuando \u00edbamos las ni\u00f1as. Hab\u00eda ganchos de fierro para colgar los pl\u00e1tanos y otras cosas y que los bichos no se les subieran. O\u00edan en el radio un programa de unos cubanos muy divertidos, <em>La tremenda Corte<\/em>\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Montserrat empez\u00f3 a ir al rancho muy jovencita y soltera, y continu\u00f3 haci\u00e9ndolo durante varios lustros, ya casada y con sus dos hijas. Se hab\u00eda criado en una gran ciudad europea, y desde que lleg\u00f3 a M\u00e9xico a los 20 a\u00f1os hizo una vida urbana. Se catalogaba a s\u00ed misma como una \u201cflor de asfalto\u201d y no pod\u00eda dormir en el campo, dec\u00eda, \u201cporque los grillos me despiertan\u201d. Sin embargo, siempre tuvo por Veracruz y el rancho donde viv\u00edan sus t\u00edos, una cercan\u00eda afectiva y un gusto que, gracias a su car\u00e1cter optimista y divertido, le permiti\u00f3 apreciar idiosincracias, incomodidades y hasta conflictos, vivi\u00e9ndolos como una gran aventura.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda, estaba yo en traje de ba\u00f1o ba\u00f1\u00e1ndome en el r\u00edo y pas\u00f3 un indito que me dijo, \u201cay se\u00f1o \u00bfya vio el lagarto?\u201d Me imagin\u00e9 una lagartija. Tiene como un metro. Sal\u00ed corriendo y me sub\u00ed al caballo sin ni siquiera ponerme los pantalones. Hay un mosquito que se llama chaquiste. Los chaquistes me pellizcaron hasta el apellido. Todav\u00eda tengo marcas de las picaduras.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la regi\u00f3n, Montserrat no s\u00f3lo se enfrent\u00f3 a las dificultades propias de un medio f\u00edsico selv\u00e1tico, sino a los modos y las corruptelas de la pol\u00edtica local. Una madrugada su t\u00edo fue detenido por abigeato, acusado de robar su propio ganado. Ella, una jovencita de no m\u00e1s de 25 a\u00f1os, viaj\u00f3 inmediatamente hasta Xalapa. Cuenta, \u201cme fui para all\u00e1 a coquetear con los polic\u00edas que eran todos \u00a1tan feos! [\u2026] coqueteas un poco y \u00a1son tan brutos!\u201d. Al final, el jefe de la polic\u00eda le dio un papel para que sacara a su t\u00edo y le dijo que ah\u00ed la esperaba porque la iba a llevar a conocer Xalapa y a comer a un restaurante. \u201cAy qu\u00e9 b\u00e1rbaro!, \u00a1qu\u00e9 amable!\u201d. En cuanto su t\u00edo fue liberado, lo meti\u00f3 a su coche y regresaron al rancho dejando plantado al personaje. \u201cEs m\u00e1s castigado el abigeato que matar a una persona.\u201d, dec\u00eda. Un d\u00eda de una fiesta en el pueblo pregunt\u00f3 c\u00f3mo hab\u00eda estado la pachanga. Con grandes carcajadas recordaba la respuesta, \u201caburrida, s\u00f3lo hubo un muertito.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los t\u00edos Lola y Pl\u00e1cido ten\u00edan ganado, criaban gallinas, cultivaban jitomates y recog\u00edan mangos de sus \u00e1rboles.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los 80 a\u00f1os la t\u00eda Lola iba a dar la comuni\u00f3n a caballo, porque el cura nada m\u00e1s se fiaba de ella. Le dec\u00eda, \u201cdo\u00f1a Lolita, f\u00edjese que do\u00f1a Petra se est\u00e1 muriendo y quiere que le den la comuni\u00f3n y yo no puedo ir porque tengo la misa\u201d. La <em>tieta<\/em> Lola agarraba el caballo y se iba a dar la comuni\u00f3n. La t\u00eda Lola era de esa sensibilidad, y no era mocha. Cuando muri\u00f3 el t\u00edo Pl\u00e1cido, la t\u00eda Lola no se pod\u00eda quedar sola ah\u00ed y la trajimos a la ciudad de M\u00e9xico con nosotras. Es la t\u00eda que hemos querido m\u00e1s de nuestra vida. Como a nuestra madre.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los t\u00edos Lola y Pl\u00e1cido, y la familia Pecanins al completo, metidos en la selva del Sotavento veracruzano son muestra de ese conjunto heterog\u00e9neo e ins\u00f3lito que es la sociedad mexicana, en la que, al lado, o en medio de la poblaci\u00f3n y la cultura dominantes, aparecen figuras exc\u00e9ntricas y extraordinarias que contribuyen a la conformaci\u00f3n de nuestro variado y rico mosaico cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Montserrat siempre fue rom\u00e1ntica y sentimental. Se emocionaba cuando recordaba un eclipse de luna pasado en la selva. \u201cEl ruido de los bichos en la noche es tremendo, y un d\u00eda, de repente se hizo un silencio incre\u00edble. Hubo un eclipse de luna. En la selva todo se call\u00f3, ni el viento se o\u00eda. Qued\u00f3 todo a oscuras. En cuanto volvi\u00f3 a salir la luna todo empez\u00f3 de nuevo ric, ric, ric, rac, rac, rac\u2026\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El historiador Bernardo Garc\u00eda sostiene que las cr\u00f3nicas de los viajeros extranjeros en M\u00e9xico tienen siempre un \u201cagudo sentido de la distancia cultural\u201d y un claro prejuicio eurocentrista que distorsiona su punto de vista. Montserrat no estuvo exenta de ese prejuicio. Pero tambi\u00e9n es cierto que, con su mirada, \u201ccon sus luces y con sus sombras\u201d al decir de Andr\u00e9s Henestrosa, contribuye \u201ca crear la imagen de M\u00e9xico, a hacerle su mitolog\u00eda y su historia\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S:<\/strong><\/h4>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Emerich, Luis Carlos, <em>Galer\u00eda Pecanins, la siempre vivaz<\/em>, M\u00e9xico, Turner Libros, 2000.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Calder\u00f3n de la Barca, Madame, <em>La vida en M\u00e9xico durante una residencia de dos a\u00f1os en ese pa\u00eds<\/em>, M\u00e9xico, Porr\u00faa, 1990, en https:\/\/goo.su\/PtezKPs<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Mora, Pablo y \u00c1ngel Miquel, comp., <em>Barco en tierra. Espa\u00f1a en M\u00e9xico<\/em>, M\u00e9xico, UNAM\/Fundaci\u00f3n Pablo Iglesias, 2006.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Pla brugat, Dolores, <em>Els exiliats catalans. Un estudio de la emigraci\u00f3n republicana espa\u00f1ola en M\u00e9xico<\/em>, M\u00e9xico, inah\/Orfe\u00f3 Catal\u00e0 de M\u00e8xic\/Libros del Umbral, 1999.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Dolores Ribera Carb\u00f3, Eulalia y Anna Ribera Carb\u00f3, <em>Montserrat Pecanins. Memoria emotiva<\/em>, M\u00e9xico, Instituto Mora\/inah, 2022.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Anna Ribera Carb\u00f3 Instituto Nacional de Antropolog\u00eda e Historia Eulalia Ribera Carb\u00f3 Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 70. \u00bfQu\u00e9 observaciones puede hacer un extranjero sobre el M\u00e9xico que se encuentra al llegar aqu\u00ed? Montserrat Pecanins da cuenta sobre costumbres e idiosincrasia, con un humor mordaz y recuerdos cargados de sentimiento. Desde que los primeros europeos avistaron costas mexicanas en el siglo xvi, numerosos viajeros han dejado testimonio de lo que encontraron. Lo hicieron a finales del xxviii, extranjeros de diversas nacionalidades, no s\u00f3lo espa\u00f1oles, empujados por un af\u00e1n de conocimiento propio del pensamiento ilustrado. Despu\u00e9s de lograda la independencia pol\u00edtica del pa\u00eds, a ese inter\u00e9s cient\u00edfico se sum\u00f3 el econ\u00f3mico y pol\u00edtico de quienes ven\u00edan procedentes de las potencias europeas o del vecino Estados Unidos, interesados en los recursos naturales y la posibilidad de apoderarse de los circuitos comerciales restringidos hasta hac\u00eda poco tiempo<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2898],"tags":[2649,898,1419],"class_list":{"0":"post-23084","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-70","8":"tag-diario-de-viaje","9":"tag-veracruz","10":"tag-viaje"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23084","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23084"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23084\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":23177,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23084\/revisions\/23177"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23084"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23084"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23084"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}