﻿{"id":23053,"date":"2025-11-10T10:57:05","date_gmt":"2025-11-10T16:57:05","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=23053"},"modified":"2025-11-10T10:57:05","modified_gmt":"2025-11-10T16:57:05","slug":"el-auge-de-la-imprenta-en-el-nuevo-pais-independiente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-auge-de-la-imprenta-en-el-nuevo-pais-independiente\/","title":{"rendered":"El auge de la imprenta en el nuevo pa\u00eds independiente"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Laura Su\u00e1rez de la Torre<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 69.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_01_Auge_Imprenta.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Los nuevos tiempos pol\u00edticos para M\u00e9xico, consumada la emancipaci\u00f3n, tuvieron en los impresores un negocio floreciente que se instalar\u00eda para siempre. Lo fue para difundir ideas en peri\u00f3dicos y revistas o novedades en libros, pero tambi\u00e9n para cuestiones cotidianas, desde los calendarios a la compilaci\u00f3n de leyes.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_23054\" aria-describedby=\"caption-attachment-23054\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23054\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_170.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"593\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_170.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_170-300x222.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_170-768x569.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23054\" class=\"wp-caption-text\">La aparici\u00f3n, litograf\u00eda en Semanario de las se\u00f1oritas mejicanas. Educaci\u00f3n cient\u00edfica, moral y literaria, del bello sexo, M\u00e9xico, Imprenta de Vicente G. Torres, 1841, T. 1. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar \u2013 Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La independencia de M\u00e9xico trajo nuevos aires a la otrora Nueva Espa\u00f1a. Con nuevas autoridades, formas de gobierno, libertades que antes no se disfrutaban y, entre ellas, la posibilidad de establecer negocios que, si bien exist\u00edan desde la etapa virreinal, se esperaban mejores perspectivas. Me refiero a los talleres de imprenta que se multiplicar\u00edan tras el periodo colonial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La imprenta en M\u00e9xico era antigua. En la ciudad de M\u00e9xico se instituy\u00f3 en 1539, llegar\u00eda a Puebla en el siglo xvii, a Guadalajara en el xviii y a M\u00e9rida mucho tiempo despu\u00e9s, en el siglo xix. La libertad de imprenta, heredada de la Constituci\u00f3n de C\u00e1diz, se instaur\u00f3 en el nuevo pa\u00eds y hubo que luchar por ella cuando se vio amenazada. Una conquista como esa no iba a ser desechada tan f\u00e1cilmente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los viejos y nuevos talleres cobraron un nuevo aliento en la d\u00e9cada de 1830. Y ello respond\u00eda tambi\u00e9n a la importancia que alcanzaron los impresos en la etapa de la guerra insurgente, en el trienio liberal y en los primeros a\u00f1os de vida independiente. La agitaci\u00f3n pol\u00edtica dio mucho de qu\u00e9 hablar o mejor dicho de qu\u00e9 publicar. As\u00ed, a la impronta de papeles sueltos y folletos que privaron una d\u00e9cada antes, los peri\u00f3dicos comenzaron a tener una gran importancia como voceros de los grupos pol\u00edticos que se conformaron, poco a poco, para dar a conocer sus proyectos pol\u00edticos o para criticar o refutar a sus contrincantes. Asimismo, sirvieron para publicar las propuestas de connotados pensadores e incluso comenzaron a hacer una publicidad de la vida cotidiana de la ciudad, con sus ventas de productos diversos, p\u00e9rdidas de personas o de objetos, rentas de casas, ofertas de trabajo, entre otras cuestiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La d\u00e9cada de los a\u00f1os 30 del siglo xix marc\u00f3 el surgimiento de talleres de imprenta en la ciudad de M\u00e9xico en los que j\u00f3venes entusiastas y emprendedores se lanzaron a este negocio con la finalidad de tener \u00e9xito en un campo que se abr\u00eda con nuevos alcances y posibilidades. Ellos se sumaron a los que ya exist\u00edan en la etapa colonial, como Z\u00fa\u00f1iga y Ontiveros o Manuel Vald\u00e9s. Justo en esta d\u00e9cada Jos\u00e9 Mariano Fern\u00e1ndez de Lara, Ignacio Cumplido y Vicente Garc\u00eda Torres, por citar los m\u00e1s importantes, saltan a la palestra y sus nombres se volver\u00e1n familiares en la capital del pa\u00eds. Fueron ellos los responsables de introducir novedades editoriales y de producci\u00f3n. Estos nombres se unieron al de Mariano Galv\u00e1n quien desde 1826 estableci\u00f3 su taller tipogr\u00e1fico y se hizo muy conocido por los calendarios que empez\u00f3 a publicar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos ellos, junto a otros como Luis Abadiano y Vald\u00e9s, Juan Ojeda, Tom\u00e1s Uribe y Alcalde, Miguel Gonz\u00e1lez, Jos\u00e9 Ximeno, Ignacio \u00c1vila, Rafael de Rafael y Juan R. Navarro, dieron un impulso mayor a la imprenta en la primera mitad del siglo xix. Se ver\u00eda reflejado en la diversidad de impresos, en los p\u00fablicos diferenciados, en las tem\u00e1ticas abordadas, en la incorporaci\u00f3n de im\u00e1genes a contrafibra y litografiadas, as\u00ed como la inclusi\u00f3n de color. Toda una revoluci\u00f3n en el \u00e1mbito de las publicaciones que favoreci\u00f3 el inter\u00e9s por la lectura, la competencia y el desarrollo de la imprenta en el pa\u00eds. Cabe decir que este impulso a la tipograf\u00eda tuvo tambi\u00e9n su presencia en distintas entidades que ve\u00edan en los impresos un signo de civilizaci\u00f3n y cultura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos impresores, hombres cultos, preocupados por el progreso del pa\u00eds, y, al mismo tiempo, comerciantes que buscaban hacer dinero con las publicaciones, jugaron un papel relevante en el desarrollo del oficio porque ofrec\u00edan novedades editoriales, siguiendo las pautas de lo que se hac\u00eda en Inglaterra, Francia o Espa\u00f1a, y que adaptaban, muchas veces, a la realidad mexicana. Fueron ellos tambi\u00e9n los responsables de poner en espa\u00f1ol art\u00edculos y libros en franc\u00e9s o ingl\u00e9s que se consideraban atractivos para los lectores o que, por haber tenido \u00e9xito en otros pa\u00edses, se pensaba que aqu\u00ed tambi\u00e9n lo alcanzar\u00edan. Y no estaban errados.<\/p>\n<figure id=\"attachment_23055\" aria-describedby=\"caption-attachment-23055\" style=\"width: 523px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23055\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_141.jpg\" alt=\"\" width=\"523\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_141.jpg 523w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_141-196x300.jpg 196w\" sizes=\"(max-width: 523px) 100vw, 523px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23055\" class=\"wp-caption-text\">El tocador, litograf\u00eda en Calendario de las se\u00f1oritas megicanas, para el a\u00f1o bisiesto de 1840, portada, M\u00e9xico, Imprenta de Mariano Galv\u00e1n, 1840. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar \u2013 Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las primeras d\u00e9cadas de vida independiente fueron en muchos sentidos un tiempo de experimentar y de poner en marcha proyectos novedosos. La imprenta no qued\u00f3 exenta de estos ensayos. Algunos tuvieron \u00e9xito, pero otros, en cambio, fracasaron. Y no era extra\u00f1o que as\u00ed fuera ante una poblaci\u00f3n analfabeta, pobre y sumida en problemas pol\u00edticos. Sin embargo, las publicaciones diversas que se lanzaron en esos a\u00f1os son prueba fehaciente del inter\u00e9s que tuvieron estos impresores por lanzar al p\u00fablico impresos de todo tipo. Unos eran habituales a los lectores, como los catecismos, los calendarios, las hojas sueltas, los carteles, pero otros dieron cuenta del nuevo tiempo como las compilaciones de leyes, los c\u00f3digos, los peri\u00f3dicos. Otros m\u00e1s causaron sensaci\u00f3n como las revistas literarias con sus nuevas secciones o con las ilustraciones que acompa\u00f1aban a los textos. Asimismo, los libros que gozaban de \u00e9xito en la otra orilla atl\u00e1ntica, las estampas y los mapas, por ejemplo, tuvieron una buena acogida, sin dejar de mencionar que este fue un tiempo para que los escritores mexicanos tambi\u00e9n probaran suerte al mandar a imprimir sus libros. Una nueva cultura impresa, con una nueva cultura visual incorporada y con una nueva cultura letrada de factura mexicana o extranjera hablaba de una renovaci\u00f3n en la oferta editorial en las primeras d\u00e9cadas de vida independiente que se continu\u00f3 a lo largo de toda la centuria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas publicaciones refrescaron efectivamente el \u00e1mbito cultural de la ciudad de M\u00e9xico y de las provincias y algunos impresos incluso llegaron a convertirse en iconos para la imprenta mexicana del siglo xix como lo fueron los calendarios de Mariano Galv\u00e1n Rivera y los muy especiales <em>Calendarios de las se\u00f1oritas mexicanas<\/em>, as\u00ed como sus famosos libros de cocina; <em>Pablo y Virginia <\/em>y <em>La caba\u00f1a indiana<\/em> o el <em>Obsequio amistoso<\/em><em>,<\/em> de Jos\u00e9 Mariano Lara; <em>El siglo diez y nueve<\/em>, <em>El \u00e1lbum mexicano<\/em>, <em>El presente amistoso<\/em>, <em>La historia de M\u00e9xico<\/em> de Prescott de Cumplido; la <em>Novena al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas,<\/em> de Rafael de Rafael con la incorporaci\u00f3n de color; y, el <em>Semanario de las Se\u00f1oritas Mexicanas<\/em>, <em>El Universo<\/em> <em>pintoresco<\/em> y <em>El Viaje pintoresco y arqueol\u00f3gico por la parte m\u00e1s interesante de la Rep\u00fablica Mexicana<\/em>, de las prensas de Vicente Garc\u00eda Torres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas de estas obras no estuvieron exentas de problemas entre impresores o con los autores, sin olvidar que para entonces los derechos de autor no eran muy respetados y, por ello, los impresores enfrentaron denuncias. El negocio era el negocio y los due\u00f1os de talleres buscaban ofrecer novedades editoriales constantemente, aunque ello no garantizara la acogida por parte de los lectores interesados. De ah\u00ed que adem\u00e1s de las denuncias, hubo muchos proyectos fallidos, pero los que lograron triunfar dieron grandes ganancias a los impresores responsables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los lectores no eran muchos. Se dec\u00eda que \u00fanicamente el 10% de la poblaci\u00f3n sab\u00eda leer. Sin embargo, no debemos olvidar que la lectura en voz alta ampliaba el alcance de los impresos y que la mayor parte de estos eran acompa\u00f1antes en la vida cotidiana. La mayor\u00eda de las imprentas no se manten\u00eda de la venta de libros u obras lujosas, sino que m\u00e1s bien dedicaba sus esfuerzos a la producci\u00f3n de materiales que se requer\u00edan en la vida diaria, como calendarios, cartillas, catecismos, novenas y cuadernitos piadosos, gu\u00edas de forasteros, carteles, decretos, reglamentos, acusaciones, oraciones c\u00edvicas, sentencias, alegatos, peri\u00f3dicos varios, hojas volantes, etc\u00e9tera, que nos hablan de unos impresos menores, de bajo costo, con mayor tiraje y mayor circulaci\u00f3n que los libros o las revistas literarias que se lanzaron en esa primera mitad del xix y para los que se estipularon suscripciones y entregas semanales, quincenales o mensuales. Esto permit\u00eda que se costeara la impresi\u00f3n, la cual no era posible que los impresores la asumieran cuando se trataba de libros y revistas.<\/p>\n<figure id=\"attachment_23056\" aria-describedby=\"caption-attachment-23056\" style=\"width: 554px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-23056 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_158.jpg\" alt=\"\" width=\"554\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_158.jpg 554w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_158-208x300.jpg 208w\" sizes=\"(max-width: 554px) 100vw, 554px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23056\" class=\"wp-caption-text\">El Universo Ilustrado, M\u00e9xico, Imprenta de Vicente G. Torres, 1841, T. 1. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar \u2013 Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este fue un tiempo en que la litograf\u00eda se consolid\u00f3 como una t\u00e9cnica que ampli\u00f3 los horizontes de las imprentas al lograr producir im\u00e1genes varias para incorporar en los textos, y que muchas veces robaron la atenci\u00f3n del lector. Fue entonces que tuvieron un gran \u00e9xito publicaciones tales como <em>El mosaico mexicano<\/em> y <em>El museo mexicano<\/em>, de Ignacio Cumplido; <em>El Liceo Mexicano, <\/em>de Lara, <em>El universo ilustrado,<\/em> de Vicente Garc\u00eda Torres, con su variedad de art\u00edculos y la profusi\u00f3n de im\u00e1genes (planos, litograf\u00edas y partituras). Fueron publicaciones realizadas a semejanza de las espa\u00f1olas, inglesas y francesas, lo que llam\u00f3 la atenci\u00f3n de muchos suscriptores, quienes encontraron en sus novedosas p\u00e1ginas una miscel\u00e1nea de temas de historia, literatura, ciencia o tecnolog\u00eda, escritos por mexicanos y extranjeros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed que debemos hablar tambi\u00e9n de los dibujantes y lit\u00f3grafos que jugaron un papel destacado al interior de los talleres, pues gracias a su destreza las publicaciones mexicanas se enriquecieron y gozaron de la atenci\u00f3n del p\u00fablico. Baste mencionar aqu\u00ed varios lit\u00f3grafos franceses se asentaron en la capital y formaron escuela de la que aprendieron dibujantes mexicanos. Esa mancuerna franco-mexicana fue crucial para el desarrollo de la imprenta mexicana del xix. Los nombres de los lit\u00f3grafos Agust\u00edn Mass\u00e9, Jos\u00e9 Decaen, Adri\u00e1n Fournier, Julio Michaud, y de los dibujantes-lit\u00f3grafos Hesiquio Iriarte, Pl\u00e1cido Blanco, Hip\u00f3lito Salazar y Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Heredia ser\u00edan los m\u00e1s conocidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero no todo eran peri\u00f3dicos, libros y revistas literarias. La mayor parte de los materiales impresos correspond\u00edan a lo que hoy suele llamarse impresos ef\u00edmeros, es decir aquellos papeles que estaban en relaci\u00f3n con las actividades de la vida cotidiana. Hablamos de carteles que anunciaban las obras de teatro, circo, \u00f3pera; los anuncios de libros; los papeles que el gobierno en turno mandaba fijar en las esquinas e iglesias para que los habitantes conocieran las nuevas disposiciones, las decisiones de las autoridades; los billetes de loter\u00eda que se adquir\u00edan con el sue\u00f1o de lograr los premios; los libretos de \u00f3pera que conten\u00edan informaci\u00f3n sobre las compa\u00f1\u00edas y la trama de la obra; los sermones, triduos, novenas, oraciones, estampas, entre otros, que ten\u00edan una demanda constante. A m\u00e1s de los peri\u00f3dicos y revistas, las colecciones de leyes, informes o los catecismos (religiosos, pol\u00edticos o de urbanidad), las gu\u00edas de forasteros e incluso los naipes. A ello habr\u00eda que sumar los libros de lectura para la ense\u00f1anza elemental como los silabarios, <em>El amigo de los ni\u00f1os<\/em> del abad Sabatier o <em>Nuevo amigo de los ni\u00f1os<\/em> del abate Martin o <em>El Diario de los ni\u00f1os<\/em>; los folletos que continuaron siendo una respuesta inmediata a las inquietudes cient\u00edficas, pol\u00edticas, religiosas de, en este caso, los habitantes de la metr\u00f3poli. Como nos revela Nicole Giron en su estudio sobre Folleter\u00eda Mexicana, los principales impresores-editores publicaron un n\u00famero considerable de folletos entre 1830 y 1850: Ignacio Cumplido, 543; Jos\u00e9 Mariano Fern\u00e1ndez de Lara, 371; Vicente Garc\u00eda Torres, 275; Juan Abadiano, 262; Mariano Galv\u00e1n Rivera, 224; Luis Abadiano y Vald\u00e9s, 190; Alejandro Vald\u00e9s, 148 y Rafael de Rafael, 136.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo ello se convirti\u00f3 en demanda constante para las imprentas que se establecieron en la capital del pa\u00eds. Constituy\u00f3 una oferta variada de impresos que los lectores pod\u00edan adquirir, pasar a otras manos e incluso leerlas en voz alta en espacios p\u00fablicos y privados, lo que implicaba un alcance mayor para la letra impresa. Sin olvidar que algunos de estos impresores como Cumplido, Garc\u00eda Torres, Lara o Galv\u00e1n ten\u00edan corresponsales en distintas ciudades y pueblos del pa\u00eds para allegar sus publicaciones, m\u00e1s all\u00e1 de la capital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el paso de los a\u00f1os el universo de impresos se ampli\u00f3 ya por obras hist\u00f3ricas y literarias de mexicanos como Carlos Mar\u00eda de Bustamante, Vicente Fil\u00edsola, Jos\u00e9 Mar\u00eda Tornel y Mend\u00edvil, Lucas Alam\u00e1n, Manuel Orozco y Berra, Juan N. Almonte, Juan Su\u00e1rez y Navarro, Rodr\u00edguez Galv\u00e1n, Isidro Rafael Gondra, Manuel Eduardo de Gorostiza, Luis de la Rosa, Guillermo Prieto, Ram\u00f3n I. Alcaraz, Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado, Juan D\u00edaz Covarrubias, Tom\u00e1s de Cu\u00e9llar. Las traducciones mexicanas de escritores extranjeros Allincourt, Walter Scott, James Fenimore Cooper, Daniel Defoe, Alejandro Dumas, Eug\u00e8ne Sue, Jos\u00e9 Mariano Larra, Paul F\u00e9val, V\u00edctor Hugo, Elie Bertrand Berthet, Miss Cumming, Ars\u00e8ne Houssaye, Jules Sandeau, entre muchos otros. Por toda la literatura que reproduc\u00edan en M\u00e9xico de Antonio Hurtado, Fern\u00e1n Caballero, Pedro Antonio de Alarc\u00f3n, Jos\u00e9 Mariano Larra, Gertrudis G\u00f3mez de Avellaneda, entre otros, o la que se importaba a trav\u00e9s de las distintas librer\u00edas que reflejaban este nuevo tiempo con la oferta variada de impresos y que los libreros encontraron en la venta de estas publicaciones un exitoso negocio. As\u00ed vemos comercios grandes y peque\u00f1os que se anunciaban en los peri\u00f3dicos para animar a los lectores a comprar las novedades editoriales hechas en los talleres de la ciudad de M\u00e9xico o en imprentas francesas o espa\u00f1olas, principalmente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mencionamos como propietarios de estas librer\u00edas y alacenas a los del antiguo r\u00e9gimen como Mariano Vald\u00e9s y Mariano de Z\u00fa\u00f1iga y Ontiveros y a los del nuevo tiempo independiente como Mariano Galv\u00e1n y Manuel Recio, quien m\u00e1s tarde se asoci\u00f3 con Ignacio Altamirano; Segu\u00edn y Rubio, Juan R. Navarro con su librer\u00eda y mercer\u00eda, Manuel Murgu\u00eda, en el Portal del \u00c1guila de Oro; Librer\u00eda del Siglo xix, la Nueva, la de Sim\u00f3n Blanquel, las Alacenas de Antonio y Crist\u00f3bal de la Torre, as\u00ed como la de Pedro Castro, por ejemplo. Otras fueron establecidas por extranjeros que buscaron hacer negocio. Unos triunfaron y otros fracasaron. Fueron relevantes la de Ackermann, Fr\u00e9deric Rosa, Ernesto Masson, Lecointe y Lasserre \u2013m\u00e1s tarde de Landa\u2013, y, posteriormente, la de Hip\u00f3lito Brun y las Librer\u00eda Americana, Librer\u00eda Espa\u00f1ola, Librer\u00eda Madrile\u00f1a, entre otras m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los anuncios que pagaron en la prensa fueron el veh\u00edculo para anunciar las novedades editoriales y mantener al p\u00fablico lector atento, sin olvidar que era un tiempo en que los impresores-editores impulsaron a los escritores mexicanos a ver en p\u00e1ginas impresas sus obras, ya fueran poes\u00edas, novelas, historia, ciencia o arte. Fue tambi\u00e9n un tiempo en que formar bibliotecas cobraba un gran sentido de poseer el conocimiento y en el que los pol\u00edticos m\u00e1s influyentes se apuraron a adquirir las primicias que publicaban los talleres tipogr\u00e1ficos o importaban los libreros de la capital. Fue entonces que las publicaciones extranjeras sirvieron en m\u00faltiples ocasiones como referentes para la producci\u00f3n mexicana y en el que los impresores labraron prestigio y lograron amasar fortuna, como fueron los casos de Ignacio Cumplido o Vicente Garc\u00eda Torres o el lit\u00f3grafo Jos\u00e9 Decaen. Fue tambi\u00e9n un tiempo de secularizaci\u00f3n de las publicaciones que favoreci\u00f3 el desarrollo de la imprenta, la competencia entre los due\u00f1os de los talleres y la oferta editorial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas pues a estos hombres les toc\u00f3 enfrentar la censura del gobierno, cuando los intereses de los pol\u00edticos se vieron afectados. Asimismo, los levantamientos de los aspirantes al poder y las consecuencias de las guerras con Francia y Estados Unidos acarrearon problemas a sus negocios. Pese a los sinsabores, podemos afirmar que estos impresores-editores y libreros innovaron el panorama editorial de M\u00e9xico e hicieron dinero, despu\u00e9s de que el pa\u00eds logr\u00f3 su independencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h4>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Su\u00e1rez de la Torre, Laura (Coord.), <em>Constructores de un cambio cultural: impresores-editores y libreros en la ciudad de M\u00e9xico, 1830-1855<\/em>, M\u00e9xico, Instituto Mora, 2003.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Zeltsman, Corina, <em>Con las u\u00f1as llenas de tinta. Pol\u00edtica e imprenta en el M\u00e9xico decimon\u00f3nico<\/em>, M\u00e9xico, Grano de Sal\/Instituto Mora, 2024.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Ingresar a la p\u00e1gina de la Hemeroteca Nacional Digital para consultar prensa del siglo xix, en <a href=\"https:\/\/hndm.iib.unam.mx\/consulta\/\">https:\/\/hndm.iib.unam.mx\/consulta\/<\/a><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Laura Su\u00e1rez de la Torre Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 69. Los nuevos tiempos pol\u00edticos para M\u00e9xico, consumada la emancipaci\u00f3n, tuvieron en los impresores un negocio floreciente que se instalar\u00eda para siempre. Lo fue para difundir ideas en peri\u00f3dicos y revistas o novedades en libros, pero tambi\u00e9n para cuestiones cotidianas, desde los calendarios a la compilaci\u00f3n de leyes. La independencia de M\u00e9xico trajo nuevos aires a la otrora Nueva Espa\u00f1a. Con nuevas autoridades, formas de gobierno, libertades que antes no se disfrutaban y, entre ellas, la posibilidad de establecer negocios que, si bien exist\u00edan desde la etapa virreinal, se esperaban mejores perspectivas. Me refiero a los talleres de imprenta que se multiplicar\u00edan tras el periodo colonial. La imprenta en M\u00e9xico era antigua. En la ciudad de M\u00e9xico se instituy\u00f3 en 1539, llegar\u00eda a Puebla en el siglo xvii, a Guadalajara en el xviii y<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2880],"tags":[2862,2407],"class_list":{"0":"post-23053","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-69","8":"tag-editores","9":"tag-imprenta"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23053","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23053"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23053\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":23057,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23053\/revisions\/23057"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23053"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23053"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23053"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}