﻿{"id":22535,"date":"2025-09-02T14:41:05","date_gmt":"2025-09-02T20:41:05","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22535"},"modified":"2025-11-06T21:04:23","modified_gmt":"2025-11-07T03:04:23","slug":"la-muerte-del-arzobispo-de-mexico-conmueve-a-los-feligreses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-muerte-del-arzobispo-de-mexico-conmueve-a-los-feligreses\/","title":{"rendered":"La muerte del arzobispo de M\u00e9xico conmueve a los feligreses"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Marisa P\u00e9rez Dom\u00ednguez<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 69.<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/BiC_69_04_Muerte_Arzobispo.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">El 31 de marzo de 1908 el peri\u00f3dico <em>El Imparcial <\/em>de la ciudad de M\u00e9xico dio a conocer la noticia del fallecimiento del arzobispo de M\u00e9xico, Pr\u00f3spero Mar\u00eda Alarc\u00f3n y S\u00e1nchez de la Barquera. En la primera plana del rotativo se informaba extensamente de la larga trayectoria eclesi\u00e1stica del difunto, la prolongada agon\u00eda que padeci\u00f3, as\u00ed como la profunda tristeza que este acontecimiento causaba en la feligres\u00eda cat\u00f3lica. Sin embargo, lo que m\u00e1s se destac\u00f3 en la cr\u00f3nica fue la in\u00e9dita asistencia del medio informativo a la \u201c<em>toilette suprema<\/em>\u201d del prelado, noticia que ven\u00eda acompa\u00f1ada de sendas fotograf\u00edas de la labor ejecutada por los facultativos en el proceso de embalsamamiento y la exposici\u00f3n del cuerpo en el sal\u00f3n del trono. Asimismo, se dio seguimiento sobre qui\u00e9n lo suceder\u00eda en el cargo.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_22999\" aria-describedby=\"caption-attachment-22999\" style=\"width: 578px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22999\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_69_044.jpg\" alt=\"\" width=\"578\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_69_044.jpg 578w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_69_044-217x300.jpg 217w\" sizes=\"(max-width: 578px) 100vw, 578px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22999\" class=\"wp-caption-text\">Illmo. Sr. Dr. Don Pr\u00f3spero Mar\u00eda Alarc\u00f3n y S\u00e1nchez de la Barquera, Arzobispo de M\u00e9xico, fotograf\u00eda en El Mundo Ilustrado, 22 de marzo de 1908. Colecci\u00f3n particular.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">En virtud de la importancia que revisti\u00f3 el acontecimiento y con base en las minuciosas cr\u00f3nicas publicadas por el oficialista peri\u00f3dico de Rafael Reyes Esp\u00edndola, referiremos los hechos registrados que pusieron a la Iglesia mexicana de duelo, lo minucioso del proceso para hacer del cuerpo del prelado algo digno de los avances cient\u00edficos en M\u00e9xico, as\u00ed como las interrogantes sobre qui\u00e9n ser\u00eda el sucesor.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Luto<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los \u00faltimos d\u00edas de marzo de 1908, los templos de la capital del pa\u00eds elevaron sus plegarias por la delicada salud del arzobispo de M\u00e9xico. Como muestra de respeto y consideraci\u00f3n, la prensa capitalina comunic\u00f3 que en el teatro en donde actuaba la compa\u00f1\u00eda de \u00f3pera decidi\u00f3 suspender la representaci\u00f3n de \u201cA\u00edda\u201d, ejemplo que fue seguido por las dem\u00e1s empresas que ejecutaban funciones en esos d\u00edas de cuaresma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de una prolongada enfermedad en las v\u00edas respiratorias, el d\u00eda 29 falleci\u00f3 el arzobispo de M\u00e9xico Pr\u00f3spero Mar\u00eda Alarc\u00f3n y S\u00e1nchez de la Barquera, quien gobern\u00f3 la di\u00f3cesis por m\u00e1s de cinco lustros. Se le reconoc\u00eda como un actor esencial en el proceso de conciliaci\u00f3n entre la Iglesia y el Estado, pues siempre mantuvo \u201cobsequiosas\u201d relaciones con el presidente Porfirio D\u00edaz, as\u00ed como con personajes distinguidos de la administraci\u00f3n como Manuel Romero Rubio, Manuel Saavedra, Ismael A. Jim\u00e9nez, Manuel Andrade, Jos\u00e9 Sebasti\u00e1n Segura e Ignacio Aguilar y Marocho, miembros destacados en la Iglesia, la pol\u00edtica, las ciencias, las letras y las artes. La noticia luctuosa fue informada de inmediato al delegado apost\u00f3lico, monse\u00f1or Giuseppe Ridolfi, y se procedi\u00f3 a levantar el altar para decir la misa del \u201cBuen Despacho\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El suceso, que se propag\u00f3 en la ciudad capital con la rapidez de un rel\u00e1mpago, provoc\u00f3 de manera inmediata que se comenzaran a recibir las coronas mortuorias en el palacio del arzobispado de la calle de Santo Domingo, entre las que destacaban las enviadas por personajes sobresalientes del r\u00e9gimen porfirista como I\u00f1igo Noriega, Guillermo Landa y Escand\u00f3n y Hugo Scherer, entre otros. Sin embargo, la cr\u00f3nica hac\u00eda particular hincapi\u00e9 de la \u201cmagn\u00edfica\u201d ofrenda floral de gardenias y camelias blancas procedentes de Palacio Nacional: la del presidente Porfirio D\u00edaz y su esposa Carmen Romero Rubio, a quienes, a trav\u00e9s del secretario del arzobispado, el licenciado Aguilar, se dio un aviso \u201cespecial\u00edsimo\u201d del acontecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La causa de la defunci\u00f3n, seg\u00fan inform\u00f3 <em>El Imparcial<\/em>, hab\u00eda sido una gripe sobreaguda que trajo como consecuencia natural una serie de enfermedades que fueron debilitando al dignatario. Despu\u00e9s del fallecimiento, las autoridades eclesi\u00e1sticas dieron aviso a los doctores Adri\u00e1n de Garay y Eduardo Joublanc, quienes junto con Manuel Guti\u00e9rrez y el m\u00e9dico de cabecera del prelado, Ram\u00f3n Prado, iban a hacer \u201cla inyecci\u00f3n del cad\u00e1ver\u201d, para lo cual usar\u00edan ese l\u00edquido de f\u00f3rmula solamente conocida por el facultativo Garay, y que ya hab\u00eda servido para embalsamar cuerpos como el del \u201cromancero nacional\u201d, Guillermo Prieto, el arzobispo Arciga, de Michoac\u00e1n, el general Ceballos, otrora gobernador del Distrito Federal, adem\u00e1s de una se\u00f1orita cuyo cuerpo, depositado en una cripta desde hac\u00eda doce a\u00f1os, recib\u00eda peri\u00f3dicamente las visitas de su padre.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Toilette Suprema<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como un hecho in\u00e9dito, el medio period\u00edstico pudo acceder a todo el proceso que se llevar\u00eda a cabo. Primeramente, le realiz\u00f3 una entrevista al doctor Garay, quien dio a conocer los nombres de los facultativos que se har\u00edan cargo de la \u201cmacabra y delicada operaci\u00f3n\u201d del embalsamamiento. Se\u00f1al\u00f3 que, para iniciar con el procedimiento, previamente tuvieron que trasladar el cuerpo en una sencilla mesa port\u00e1til desde el lecho en donde hab\u00eda pasado su larga enfermedad, cubierto en amplio sudario de lino, hacia el sal\u00f3n de billares del palacio, donde el arzobispo, en otras \u00e9pocas, hab\u00eda pasado sus ocios \u201cm\u00e1s agradables en sabrosa charla entre carambola y carambola\u201d con otras dignidades de la Iglesia, que se deleitaban con el \u201crudo aticismo de las frases del prelado\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garay se\u00f1al\u00f3 que el cuerpo del S\u00e1nchez de la Barquera fue tendido al pie de uno de los grandes ventanales de la sala, buscando la claridad m\u00e1s completa. Que, bajo su direcci\u00f3n, comenzaron a funcionar las cuchillas de los operadores para extraer toda la sangre del cuerpo, a trav\u00e9s de un lavado seguido de la desinfecci\u00f3n y antisepsia de todas las cavidades. Cuidadosamente se desinfect\u00f3 despu\u00e9s la piel y, con \u201cuna habilidad que recomienda la pericia m\u00e9dica\u201d, se procedi\u00f3 al masaje de la cara y firmes ligaduras en los vasos del cuello, a fin de obtener el resultado de que la cabeza no se deformara y conservara \u201cuna actitud natural\u2026y art\u00edstica\u201d. En este punto, <em>El Imparcial, <\/em>que nombr\u00f3 a este acontecimiento como la \u201cToilette Suprema\u201d, asentaba que el embalsamamiento no ten\u00eda \u00fanicamente el prop\u00f3sito de la conservaci\u00f3n del cuerpo, sino que ten\u00eda una parte de est\u00e9tica inevitable. En la operaci\u00f3n se tardaron seis horas exactas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con relaci\u00f3n a esta operaci\u00f3n excepcionalmente tr\u00e1gica, el reportero del rotativo cuestion\u00f3 al doctor Garay sobre el l\u00edquido utilizado, \u00bfser\u00eda usted tan amable de dec\u00edrmelo? \u00bfla formalina acaso? \u201c\u00a1Oh no! Es un l\u00edquido especial de f\u00f3rmula m\u00eda. Ya han pasado, y para ventura de la ciencia, est\u00e1n muy lejos los antiguos vendajes egipcios, que, si bien tend\u00edan a la conservaci\u00f3n, no prestaban a la piel la transparencia, la naturalidad que s\u00ed proporcionan las f\u00f3rmulas modernas\u201d, respondi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La descripci\u00f3n detallada de la que fue objeto el cuerpo del arzobispo tuvo gran \u00e9xito entre los lectores, que se enter\u00f3 del tratamiento del cuerpo, pero sobre todo fue la gran oportunidad de dar a conocer esta novedad cient\u00edfica que pon\u00eda al pa\u00eds a la vanguardia en el tema.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el deceso de Alarc\u00f3n, oriundo de Lerma, Estado de M\u00e9xico, qued\u00f3 vacante el primer puesto de la Iglesia mexicana, acontecimiento que por la monta de su jerarqu\u00eda dio cuenta ampliamente la prensa de la ciudad de M\u00e9xico. Debido a las tristes noticias para la feligres\u00eda cat\u00f3lica, las cr\u00f3nicas period\u00edsticas tambi\u00e9n se ocuparon en describir el ambiente que se viv\u00eda en la capital, agitada por el clamoreo de las campanas de las iglesias que anunciaban el duelo; en las calles la muchedumbre bull\u00eda, el tr\u00e1nsito se dificultaba entre una doble hilera de carruajes \u201csimones\u201d y tranv\u00edas, particularmente frente a la casa arzobispal. En la aglomeraci\u00f3n humana ah\u00ed reunida destacaba la presencia de numerosas mujeres con tocados de luto y en \u201cmuchos ojos se pod\u00eda ver la congoja y l\u00e1grimas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras el cuerpo del arzobispo era \u201cpreparado\u201d para su sepelio, la concurrencia era tumultuosa, las oraciones surg\u00edan en un \u201cmurmullo afligido\u201d, se trataba del lit\u00fargico silencio de los fieles frente a la visi\u00f3n de la muerte; una larga existencia sacerdotal, en lucha amarga y prolongada con el dolor. El jefe de la Iglesia mexicana, tras crueles y largas dolencias, hab\u00eda cerrado por fin los ojos, \u201cvencidos por el eterno misterio\u201d. Por los balcones abiertos de la sede arzobispal, en la severa fachada, sal\u00edan los amarillos y tr\u00e9mulos resplandores de los blandones funerarios. En tanto, las campanas de la catedral, \u201cde quince en quince minutos, dejaba caer su vibraci\u00f3n met\u00e1lica, sobre los zumbidos y rumorosos de la ciudad que, entera comentaba nerviosamente, la dolorosa noticia\u201d.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Exhibici\u00f3n del cuerpo<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo la \u201cp\u00e1lida claridad de los cirios\u201d, el cuerpo de monse\u00f1or Alarc\u00f3n fue recibido con c\u00e1nticos por el venerable cabildo metropolitano; murmullos apagados de voces silenciosas se elevaban en torno al muerto, frases que susurraban plegarias en lat\u00edn, en espa\u00f1ol, oraciones antiguas o ceremoniosas que impon\u00eda la liturgia romana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El Imparcial<\/em> calific\u00f3 el acontecimiento como un \u201cespect\u00e1culo admirable, momento imponente\u201d, cuando el augusto difunto, con la mitra en la cabeza, cubierto el cuerpo con las insignias de su alta jerarqu\u00eda y el b\u00e1culo en la mano, revelaba una luz m\u00edstica, con \u201cfaz de suprema austeridad\u201d; con un cristo de m\u00e1rmol arriba de su cabeza, extendiendo su gesto de \u201ceterna misericordia\u201d. El cuerpo del arzobispo fue introducido en una caja de cedro que en su parte superior mostraba un Cristo doliente. El interior con seda morada, y a ambos lados, suspendidas, dos agarraderas de plata.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una multitud silenciosa agrupada en el p\u00f3rtico del palacio arzobispal estaba en espera de la salida del jefe de la Iglesia mexicana. Entre la muchedumbre se mezclaba gente pobre, de clase media y personas pudientes; representantes de la Iglesia, as\u00ed como numerosos eclesi\u00e1sticos, particulares y periodistas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El f\u00e9retro sali\u00f3 en hombros de destacados personajes, para luego ser relevados por miembros de la Cofrad\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, y posteriormente por can\u00f3nigos nombrados para llevarlo al atrio de la Catedral, donde fue recibido por el cabildo metropolitano, encabezado por el de\u00e1n, Gerardo Herrera, para luego dirigirse al sal\u00f3n de las claver\u00edas. Y ah\u00ed fue donde hubo \u201cgritos, apretones y rugidos\u201d; la polic\u00eda era casi impotente frente al mar tumultuoso de hombres y mujeres que quer\u00edan ser testigos de la ceremonia, \u201cviejitas temblorosas que sollozaban empapando el enorme paliacate rojo de l\u00e1grimas amargas. Cat\u00f3licos fervientes y para que nada faltara, hubo grupos de j\u00f3venes que con sus modales y sus voces gritonas pusieron en alarma al ej\u00e9rcito beat\u00edfico\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Posteriormente fue trasladado al cementerio alto de la Villa de Guadalupe para ser sepultado. Al respecto, <em>El Imparcial <\/em>se\u00f1al\u00f3: \u201cEl muerto descansa. Dejadlo en paz. Ahora son los vivos los que nos preocupan; ahora son las torvas pasiones las que nos agitan; ahora es la sede arquiepiscopal la que est\u00e1 vacante. La (sic) muerto el rey, \u00a1viva el rey!<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Sucesor<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras el sepelio, se deb\u00eda nombrar al arzobispo interino, quien gobernar\u00eda la di\u00f3cesis mexicana el tiempo que permaneciera vacante, motivo por el cual se reunieron los miembros del cabildo y se ejecut\u00f3 la votaci\u00f3n por escrutinio secreto, resultando favorecido el de\u00e1n de la corporaci\u00f3n Gerardo Herrera. Sin embargo, la elecci\u00f3n fue anulada, sin que estuvieran claras las razones de esto. Por mayor\u00eda de votos fue investido Antonio de J. Paredes, can\u00f3nigo conocido por su \u201ccercan\u00eda intelectual con los c\u00edrculos pol\u00edticos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El nuevo prelado proven\u00eda de \u201cmagn\u00edfica cuna\u201d, formado, por iniciativa del arzobispo Labastida y D\u00e1valos, en el Colegio P\u00edo Latinoamericano en Roma. Inmediatamente se comunic\u00f3 el resultado al delegado apost\u00f3lico, monse\u00f1or Ridolfi, quien a su vez lo transmiti\u00f3 a la Secretar\u00eda de Estado del Pont\u00edfice M\u00e1ximo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mucha tinta dedic\u00f3 <em>El Imparcial<\/em> al tema de la sucesi\u00f3n bajo el t\u00edtulo de \u201c\u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 el futuro arzobispo de M\u00e9xico? Candidatos probables para ocupar la vacante\u201d. Lanz\u00f3 cinco potenciales aspirantes, prominentes personajes del clero mexicano, que, desde su punto de vista, ocupaban un lugar preponderante. Destacaba en primer sitio a Antonio de J. Paredes, por la circunstancias de haber sido electo para ocupar el interinato; al arzobispo de Morelia, Aten\u00f3genes Silva, que ten\u00eda grandes probabilidades, por su ilustraci\u00f3n y ascendiente en el clero; a Ram\u00f3n Ibarra y Gonz\u00e1lez, arzobispo de Puebla, quien contaba con una r\u00e1pida y brillante carrera; a Leopoldo Ruiz y Flores, obispo de Monterrey, que por varios t\u00edtulos era digno de suceder al difunto prelado; y a Joaqu\u00edn Araoz, por sus relevantes virtudes y autoridad, a quien el medio period\u00edstico juzgaba que por sus notables probidades e influencia, era uno de los postulantes que quiz\u00e1 ten\u00eda mayores posibilidades de recibir el \u201ccapelo rojo, concesi\u00f3n especial a los Obispos Americanos\u201d. Sin embargo, el diario fundado por Rafael Reyes Esp\u00edndola aclar\u00f3 que sus deseos eran que el futuro arzobispo \u201ccontinuara con la obra de uni\u00f3n de los ciudadanos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, el proceso de sucesi\u00f3n de S\u00e1nchez de la Barquera no fue trabajo f\u00e1cil. Muchos meses tuvieron que pasar para que la Santa Sede nombrara al representante del arzobispado. Lo anterior respondi\u00f3 a que algunos de los miembros del Episcopado mexicano ten\u00edan a sus propios candidatos, por lo que se desat\u00f3 una suerte de gestiones y consultas tanto con figuras destacadas del entorno vaticano, como tambi\u00e9n con el presidente Porfirio D\u00edaz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta coyuntura, el \u201cH\u00e9roe de la Paz\u201d intervino de manera directa para cabildear, a trav\u00e9s del ministro Plenipotenciario en la Legaci\u00f3n mexicana en Roma, Gonzalo Aurelio Esteva y Landero. En correspondencia \u201cconfidencial\u201d, don Porfirio solicit\u00f3 el apoyo del diplom\u00e1tico, de suerte que se acercara a personajes cercanos al c\u00edrculo vaticano, en pocas palabras, que \u201cmoviera sus influencias\u201d para que el sucesor de S\u00e1nchez de la Barquera fuera un prelado af\u00edn a sus intereses de continuar con el proceso de conciliaci\u00f3n entre la Iglesia y el Estado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las instrucciones fueron precisas, el mandatario quer\u00eda que fuera nombrado el arzobispo de Yucat\u00e1n, Mart\u00edn Tritschler y C\u00f3rdova, el miembro m\u00e1s joven del Episcopado mexicano. El ministro Esteva puso manos a la obra y despu\u00e9s de muchos trabajos de cabildeo consigui\u00f3 que resultara electo para la arquidi\u00f3cesis metropolitana. Empero, el candidato de don Porfirio no acept\u00f3, bajo el argumento de padecer problemas cardiacos. Finalmente el nombramiento recay\u00f3 en Jos\u00e9 Mora y del R\u00edo, obispo de la di\u00f3cesis de Le\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El fallecimiento del arzobispo de M\u00e9xico, S\u00e1nchez de la Barquera, fue un acontecimiento de suma trascendencia y significaci\u00f3n para la Iglesia cat\u00f3lica y el Estado mexicano. De este episodio resalta la in\u00e9dita cobertura que el peri\u00f3dico <em>El Imparcial <\/em>\u00a0tuvo para transmitir al p\u00fablico lector la muerte del prelado, y en particular, del proceso del embalsamamiento, adem\u00e1s del proceso de relevo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>Para saber m\u00e1s<\/strong><\/h4>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Bautista Garc\u00eda, Cecilia Adriana, <em>Las disyuntivas del Estado y de la Iglesia en la consolidaci\u00f3n del orden liberal: M\u00e9xico, 1856-1910<\/em>, M\u00e9xico, Universidad Michoacana de San Nicol\u00e1s de Hidalgo\/El Colegio de M\u00e9xico\/Fideicomiso Historia de las Am\u00e9ricas, 2012.<\/li>\n<li>Garc\u00eda, Clara Guadalupe, <em>El peri\u00f3dico El Imparcial. Primer diario moderno de M\u00e9xico (1896-1914)<\/em>, M\u00e9xico, Centro de Estudios del Porfiriato, A.C., 2003.<\/li>\n<li>P\u00e9rez de Sarmiento, Marisa, <em>Los mensajeros de Job. Otra cara de la Revoluci\u00f3n en Yucat\u00e1n<\/em>, M\u00e9xico, UNAM\/Instituto Mora, 2020, pp. 76-85.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marisa P\u00e9rez Dom\u00ednguez Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario, el ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 69. El 31 de marzo de 1908 el peri\u00f3dico El Imparcial de la ciudad de M\u00e9xico dio a conocer la noticia del fallecimiento del arzobispo de M\u00e9xico, Pr\u00f3spero Mar\u00eda Alarc\u00f3n y S\u00e1nchez de la Barquera. En la primera plana del rotativo se informaba extensamente de la larga trayectoria eclesi\u00e1stica del difunto, la prolongada agon\u00eda que padeci\u00f3, as\u00ed como la profunda tristeza que este acontecimiento causaba en la feligres\u00eda cat\u00f3lica. Sin embargo, lo que m\u00e1s se destac\u00f3 en la cr\u00f3nica fue la in\u00e9dita asistencia del medio informativo a la \u201ctoilette suprema\u201d del prelado, noticia que ven\u00eda acompa\u00f1ada de sendas fotograf\u00edas de la labor ejecutada por los facultativos en el proceso de embalsamamiento y la exposici\u00f3n del cuerpo en el sal\u00f3n del trono. Asimismo, se dio seguimiento sobre qui\u00e9n lo suceder\u00eda en el cargo. 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