﻿{"id":22234,"date":"2025-07-17T16:14:12","date_gmt":"2025-07-17T22:14:12","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22234"},"modified":"2025-07-18T19:01:08","modified_gmt":"2025-07-19T01:01:08","slug":"dialogo-en-ciudad-madero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/dialogo-en-ciudad-madero\/","title":{"rendered":"Di\u00e1logo en Ciudad Madero"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Laura Moreno Sol\u00eds<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 68.<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_10_Di%C3%A1logo_Cuento.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">En el silencio Fortino se pregunta si lo ha hecho bien. Mostrarse tibio o poner las manos en el fuego, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la trampa?<\/h3>\n<figure id=\"attachment_22235\" aria-describedby=\"caption-attachment-22235\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22235\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_153.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"533\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_153.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_153-300x200.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_153-768x512.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22235\" class=\"wp-caption-text\">Reuni\u00f3n del sindicato petrolero, <em>ca<\/em>. 1960. AGN, Fondo Hermanos Mayo.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El chofer espera, siempre leal, afuera del auto. Se pregunta cu\u00e1nto se tardar\u00e1 su patr\u00f3n. Ojal\u00e1 no mucho, les espera un viaje largo de regreso a Tabasco desde Ciudad Madero. De pronto se abre la puerta, su jefe sale de la casa con paso apresurado y rostro congestionado. Aureliano, recargado sobre la puerta de pasajeros del costado derecho, se incorpora de inmediato. Por el semblante que muestra, la conversaci\u00f3n debi\u00f3 de haber salido mal; le han dicho que \u00c9l, el due\u00f1o de la casa y anfitri\u00f3n de su patr\u00f3n, es un hombre poderoso y de los m\u00e1s cabrones. Tiene un apodo singular, cinco sencillas letras, pero que muchos temen y respetan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de una \u00e1spera entrevista, Fortino Garc\u00eda Dorantes, l\u00edder de la secci\u00f3n 29 de Comalcalco, sal\u00eda de casa de ese hombre poderoso. Hab\u00edan discutido: \u00c9l le hab\u00eda exigido decidirse: o con sus adversarios o con \u00e9l. Fortino pidi\u00f3 tiempo para pensarlo, no quer\u00eda responder en ese momento. Lo que no sab\u00eda era que \u00c9l, el hombre fuerte y todo poderoso en el sindicato petrolero, ya lo sab\u00eda. Ten\u00eda conocimiento, por su informante en Comalcalco, que Fortino Garc\u00eda Dorantes estaba conversando con los otros y que, posiblemente, unir\u00eda filas con ellos. Era tiempo de elecciones y los grupos sindicales tomaban bandos. Para \u00c9l, Fortino s\u00f3lo era un tibio que estaba esperando a ver qui\u00e9n se quedaba con la Secretar\u00eda General, entonces tomar\u00eda partido. Un oportunista, traidor y cobarde. \u00c9l no quer\u00eda un hombre as\u00ed en la reci\u00e9n fundada secci\u00f3n 29, no pod\u00eda ser. Deb\u00eda ser su gente la que estuviera ah\u00ed y no cualquier maric\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras Fortino sal\u00eda de la casa y bajaba los escalones que conduc\u00edan al espacio donde su coche estaba aparcado, \u00c9l ya hab\u00eda hecho la llamada. Su suerte estaba echada, pero Fortino no lo sospechaba. Se acerc\u00f3 a su coche; Aureliano, su \u00fanica compa\u00f1\u00eda, le abri\u00f3 la puerta y esper\u00f3 a que subiera para cerrarla. Acto seguido, con agilidad acostumbrada, lleg\u00f3 hasta su lado del auto y subi\u00f3 tambi\u00e9n. En breves segundos, el autom\u00f3vil arrancaba y dejaba detr\u00e1s el escenario del conflicto. Fortino quer\u00eda salir de Ciudad Madero, volver a Tabasco lo har\u00eda sentir m\u00e1s seguro, lejos de las garras de \u00c9l. Salieron de la propiedad, cruzaron la puerta que previamente el portero les hab\u00eda abierto y se alejaron de la lujosa residencia. Salieron de la colonia y se enfilaron a una avenida que conduc\u00eda hacia la carretera. El d\u00eda se hab\u00eda hecho tarde y la tarde ahora era noche. Maldita sea, no llegar\u00eda temprano, pens\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta ahora, dentro del coche todo hab\u00eda sido silencio. Salvo por la radio que sonaba a un volumen bajo, no suficiente para disfrutar de la m\u00fasica, pero lo necesario para rellenar el ambiente inc\u00f3modo. Sonaba Mocedades, \u201cEres t\u00fa\u201d. Aureliano cambi\u00f3 de estaci\u00f3n, ahora Camilo Sesto, \u201cQuieres ser mi amante\u2026\u201d Fortino, de vez en cuando, acostumbraba a platicar con su chofer, lo cual Aureliano disfrutaba. Las conversaciones eran triviales y sin importancia: sobre el clima, c\u00f3mo estaba la familia, sobre lo buenas que estaban ciertas viejas, etc\u00e9tera. Charlas vac\u00edas pero entretenidas que hac\u00edan el trabajo m\u00e1s ameno. Hoy no, s\u00f3lo silencio y la jeta del patr\u00f3n. A veces as\u00ed era, pero hoy era particularmente inc\u00f3modo. Aureliano volvi\u00f3 a cambiar la estaci\u00f3n, ahora era Marisol cantando \u201cCoraz\u00f3n contento\u201d. Fortino habl\u00f3 de golpe:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Ya deja una, chingada madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegaron a la carretera, se incorporaron y anduvieron el camino que iba todo de bajada. Fortino pidi\u00f3 a Aureliano que condujera a buen paso, ten\u00eda prisa por llegar y sacudirse lo del d\u00eda. Todo era oscuridad y soledad en la carretera, no hab\u00eda ni un alma. La radio se qued\u00f3 quieta escuchando a la mujer cantar: \u201ct\u00fa eres lo m\u00e1s lindo de mi vida, aunque yo no te lo diga, aunque yo no te lo diga\u201d. Fortino pensaba, daba vueltas en su cabeza una y otra vez a la conversaci\u00f3n que hab\u00eda tenido con \u00c9l. Se hab\u00eda sentido acorralado, por ello todo el camino se sent\u00eda molesto. No le gustaba esa sensaci\u00f3n de saber que no se pudo defender. Pero \u00bfc\u00f3mo defenderse de \u00c9l? Ten\u00eda un car\u00e1cter del carajo. Irreconocible para toda alma que tuviera algo que ver con liderazgos sindicales y siempre igual: su peinado con una raya dividiendo su cabello, no en medio como de libro, sino ligeramente a la izquierda; su nariz, que comenzaba muy delgada desde el entrecejo y se ensanchaba conforme bajaba hasta las fosas nasales, anchas pero escondidas en lo redondo de la punta de su nariz; y, por \u00faltimo, el inconfundible bigote, una l\u00ednea recta encima de su labio superior, ni muy delgado pero tampoco muy ancho, el bigote siempre bien recortado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y record\u00f3 c\u00f3mo los labios debajo de ese bigote le preguntaron si sab\u00eda que ya era tiempo de definir posturas. La conversaci\u00f3n anterior le ven\u00eda como una pel\u00edcula que miraba en su cabeza: Fortino le dijo que no quer\u00eda enemistarse con ellos ahora, pero que lo respetaba y nunca se le opondr\u00eda, s\u00f3lo su conducta era para que los otros lo dejaran en paz. Pero \u00c9l presion\u00f3: \u201cnecesito que ahoritita mismo me digas, s\u00ed o no cuento contigo para lo que viene\u201d. La movilizaci\u00f3n para la siguiente dirigencia nacional no era cualquier elecci\u00f3n. Fortino eludi\u00f3 la respuesta. Lo estaban enchinchando, no lo dejar\u00edan tranquilo, definir\u00eda postura en unos d\u00edas. Deb\u00eda pensar c\u00f3mo hacerlo para que no lo jodieran\u2026 \u00c9l azot\u00f3 su mano en su escritorio:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Unos d\u00edas, cabr\u00f3n!&#8230; est\u00e1 bien, est\u00e1 bien. \u2013De pronto se calm\u00f3.\u2013 Tienes unos d\u00edas. Como muestra de mi buena voluntad y de que conmigo es con quien te conviene te los doy, que eso ya lo sabes. Vete a pensar las cosas, de todas formas s\u00e9 que volver\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El repentino cambio en su interlocutor lo desconcert\u00f3 de momento. Pero como ya se hab\u00edan alzado la voz y \u00c9l le grit\u00f3, el nuevo tono lo alivi\u00f3. Pero eso lo distrajo, no se dio cuenta de algo. \u00c9l ten\u00eda un brillo en sus ojos, un brillo de satisfacci\u00f3n. Pero de qu\u00e9, si no le dijo lo que quer\u00eda o\u00edr. Quiz\u00e1 era cierto, los de Ciudad Madero ganaban siempre, resultaba muy posible que se alineara con ellos. Era una posibilidad que ganaran como antes. Mientras su mente recorr\u00eda una y otra vez la entrevista, la radio segu\u00eda \u201csi t\u00fa no est\u00e1s, yo no tengo alegr\u00eda, yo te extra\u00f1o\u2026\u201d Aureliano ve\u00eda por el retrovisor, no hab\u00eda coches. Qu\u00e9 raro, pens\u00f3. Llevaban un buen rato sin ver luces atr\u00e1s ni adelante. Era tarde, pero no era normal. Por instinto subi\u00f3 un poco el volumen; hab\u00eda demasiada calma: eran el \u00fanico coche circulando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como si la m\u00fasica compensara lo antinatural de la quietud carretera, adentro del coche s\u00f3lo se escuchaba \u201c\u2026yo te extra\u00f1o de noche y te extra\u00f1o de d\u00eda\u2026\u201d Fortino no percibi\u00f3 el aumento de volumen. Estaba inmerso en sus pensamientos. No not\u00f3 tampoco que el pulso se le aceleraba y que hab\u00eda comenzado a sudar. Segu\u00eda recordando c\u00f3mo se hab\u00eda ido. Cuando sali\u00f3 de la casa, pens\u00f3 que fue un encuentro dif\u00edcil. Pero el final result\u00f3 f\u00e1cil. Demasiado sencillo, ahora que reflexionaba. De pronto vio c\u00f3mo Aureliano ve\u00eda constantemente por el retrovisor, \u00e9l tambi\u00e9n volte\u00f3, pero no hab\u00eda nada. Volvi\u00f3 la mirada al frente y en su mente s\u00f3lo estaba la sonrisa o mueca de \u00c9l, bajo el fino bigote. Sinti\u00f3 que se le oprim\u00eda el pecho, tambi\u00e9n calor. Estaba intranquilo. La sonrisa hip\u00f3crita debajo del recortado bigote, la satisfacci\u00f3n de \u00c9l, la oscuridad, era como si algo estuviese mal. Pero no sab\u00eda qu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo se le escap\u00f3 de la conversaci\u00f3n. Hab\u00eda cometido un error, seguro era eso. Quiz\u00e1, en el fragor de la discusi\u00f3n, dijo algo que no deb\u00eda\u2026 algo que lo delataba. No, nunca mencion\u00f3 que ten\u00eda reuniones con los otros, s\u00f3lo mencion\u00f3 que les daba largas cuando le ped\u00edan entrevistas. Aunque la m\u00fasica sonaba<strong>: <\/strong>\u201c\u2026yo quisiera que sepas, que nunca quise as\u00ed\u2026\u201d<strong>,<\/strong> la dej\u00f3 de escuchar. S\u00f3lo o\u00eda sus pensamientos. Afuera hab\u00eda demasiado silencio, demasiado de algo. Su pulso, no se dio cuenta, iba a la velocidad del veh\u00edculo, muy r\u00e1pido, bajando, por estrechas curvas y rectas cortas para toparse con la curva siguiente. Era como viajar sobre el cuerpo de una serpiente zigzagueando velozmente en la oscuridad. Pero hab\u00eda mucha calma a su alrededor y, en sus adentros<strong>,<\/strong> se sent\u00eda confundido, inc\u00f3modo, inquieto. De pronto lo not\u00f3. Cu\u00e1nta calma\u2026 y supo qu\u00e9 se le hab\u00eda escapado. Todo hab\u00eda estado mal desde el cambio de actitud de \u00c9l, no, desde el principio, de ah\u00ed ven\u00eda el problema. No debi\u00f3 ir, fue una trampa. La mirada de ese hombre ten\u00eda determinaci\u00f3n, como la de una decisi\u00f3n tomada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto, Aureliano dej\u00f3 de acelerar, pero llevaban velocidad. En ese momento Fortino volvi\u00f3 a la realidad presente y not\u00f3 que su pulso acompa\u00f1aba cada vez m\u00e1s la rapidez con la que viajaban. Fue consciente del movimiento del coche y del sofocante calor que sent\u00eda dentro de su traje. Sus latidos eran golpes que sent\u00eda en los o\u00eddos. La siguiente era una curva ancha que descend\u00eda m\u00e1s, luego una m\u00e1s pronunciada y\u2026 Fortino levant\u00f3 la vista y contuvo la respiraci\u00f3n, incluso sinti\u00f3 c\u00f3mo Aureliano hac\u00eda lo mismo mientras sus manos apretaban el volante y sus pies pisaban el freno con violencia; los ojos de ambos se abr\u00edan de par en par.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas si les dio tiempo de gritar. Y si alcanzaron a producir sonido, nadie los escuch\u00f3. En medio del tramo carretero Cerro Azul-Naranjos, en Veracruz, un autotanque, previamente desenganchado del tractor, estaba atravesado bajando la curva. El impacto del auto contra la cisterna no dej\u00f3 sobrevivientes, los cad\u00e1veres hallados e identificados por sus familiares no dejaban lugar a la duda. Un accidente fatal por la imprudencia del conductor que manejaba a exceso de velocidad o eso dijeron en los peri\u00f3dicos. Casualmente, no hubo otros autom\u00f3viles circulando en el momento del <em>accidente<\/em>. Un accidente m\u00e1s en las carreteras mexicanas del a\u00f1o 1974.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Laura Moreno Sol\u00eds Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 68. En el silencio Fortino se pregunta si lo ha hecho bien. Mostrarse tibio o poner las manos en el fuego, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la trampa? El chofer espera, siempre leal, afuera del auto. Se pregunta cu\u00e1nto se tardar\u00e1 su patr\u00f3n. Ojal\u00e1 no mucho, les espera un viaje largo de regreso a Tabasco desde Ciudad Madero. 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