﻿{"id":22229,"date":"2025-07-17T14:04:19","date_gmt":"2025-07-17T20:04:19","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22229"},"modified":"2025-07-21T16:03:44","modified_gmt":"2025-07-21T22:03:44","slug":"la-dignidad-de-la-viuda-de-tomas-mejia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-dignidad-de-la-viuda-de-tomas-mejia\/","title":{"rendered":"La dignidad de la viuda de Tom\u00e1s Mej\u00eda"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Iv\u00e1n L\u00f3pez Gallo<br \/>\nColegio Iberoamericano de Ciencias y Artes<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 68.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_11_Entrevista_Viuda.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Una entrevista de 1891 en el <em>Diario del Hogar <\/em>da cuenta de las dificultades para sobrevivir que tuvo la joven esposa del general Mej\u00eda, fusilado en Quer\u00e9taro, junto a Maximiliano de Habsburgo y el general Miguel Miram\u00f3n.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_22230\" aria-describedby=\"caption-attachment-22230\" style=\"width: 533px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22230\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_137.jpg\" alt=\"\" width=\"533\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_137.jpg 533w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_137-200x300.jpg 200w\" sizes=\"(max-width: 533px) 100vw, 533px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22230\" class=\"wp-caption-text\">Tumba de Tom\u00e1s Mej\u00eda, Museo Pante\u00f3n de San Fernando, Ciudad de M\u00e9xico, M\u00e9xico, octubre de 2022.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 19 de junio de 1867 el Cerro de las Campanas fue testigo de la ejecuci\u00f3n del archiduque Maximiliano de Habsburgo y los generales imperialistas Miguel Miram\u00f3n y Tom\u00e1s Mej\u00eda. De acuerdo con Andr\u00e9s Garrido del Toral, quien fuera cronista de Quer\u00e9taro, poco antes del fusilamiento de estos personajes los vecinos de Quer\u00e9taro vieron a una joven mujer que \u201cdesmelenada y muy descompuesta trat\u00f3 de subir al estribo del carro que conduc\u00eda a su pareja rumbo al calvario y fue arrebatada del mismo brutalmente por los guardias y atropellada por una rueda, quedando de hinojos y herida en la frente y mejillas con su hijo en brazos al tiempo que daba gritos desgarradores\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer se llamaba Agustina Castro, ten\u00eda en ese momento tan solo 20 a\u00f1os y era la mujer del general Tom\u00e1s Mej\u00eda, con quien tuvo tres hijos: el beb\u00e9 mencionado por Garrido del Toral, tambi\u00e9n de nombre Tom\u00e1s; una ni\u00f1a dos a\u00f1os mayor que ten\u00eda alguna discapacidad, llamada Adalberta<strong>,<\/strong> y Gonzalo, el primog\u00e9nito, quien muri\u00f3 algunos meses despu\u00e9s de nacer. Antes de ser fusilado, Tom\u00e1s Mej\u00eda redact\u00f3 su testamento, dej\u00e1ndole a su familia todas sus posesiones: 18 vacas y una casa de adobe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ello, no es extra\u00f1o que<strong>,<\/strong> en agosto de 1891<strong>,<\/strong> \u00a0el <em>Diario del Hogar<\/em> diera cuenta de una mujer que \u201carrastraba su miseria y sus andrajos por las principales calles de la ciudad [de M\u00e9xico] en pos de trabajo, a fin de mantener a una pobre joven que se encuentra tirada e impedida para buscar la subsistencia\u201d. Ese mismo a\u00f1o, la viuda de Mej\u00eda le dio una entrevista al periodista V\u00edctor M. Venegas en la que habl\u00f3 sobre los \u00faltimos d\u00edas de su esposo y de la vida que ella y su familia tuvieron despu\u00e9s de su muerte. El texto de Venegas fue publicado el 16 de agosto de 1891 por <em>La voz de Guanajuato. Semanario independiente<\/em> \u2013del cual procede la siguiente selecci\u00f3n\u2013 y nos parece importante<strong>,<\/strong> no s\u00f3lo por lo que la viuda menciona sobre el supuesto ofrecimiento que Mariano Escobedo le hizo a Mej\u00eda de dejarlo escapar, sino por dar cuenta de un tema poco abordado: la vida de las familias de quienes murieron en los diferentes conflictos armados en que se ha visto envuelto nuestro pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto comienza con la detallada descripci\u00f3n de una elegante ceremonia en honor de Maximiliano, Miram\u00f3n y Mej\u00eda<strong>,<\/strong> en un templo al que asisti\u00f3 una \u201caristocr\u00e1tica concurrencia\u201d<strong> ,<\/strong> que luc\u00eda diversas bandas y condecoraciones, y en la que hab\u00eda incluso alg\u00fan \u201ccaballero rubio, de aspecto pronunciadamente teut\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A continuaci\u00f3n, Venegas narra que la gente sali\u00f3 del templo y se precipit<strong>\u00f3 <\/strong>al cementerio, llevando flores y coronas, para despu\u00e9s escribir: \u201c\u00a1Oh!, dichosos los muertos que a\u00fan tienen una mano cari\u00f1osa que deposite sobre su tumba un piadoso recuerdo, pero\u2026 \u00bfy los vivos, y los vivos sobre qui\u00e9nes se arroja la losa del olvido?\u201d<\/p>\n<hr \/>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Conversaci\u00f3n con la viuda<\/h3>\n<h3 style=\"text-align: center;\">de Tom\u00e1s Mej\u00eda<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al terminar la se\u00f1ora su relaci\u00f3n, de la cual brevemente hemos extractado ya ligeros apuntes, el sudor perlaba por su frente y gruesas l\u00e1grimas corr\u00edan por sus mejillas. Casi me arrepent\u00ed de mi impertinente curiosidad que me hab\u00eda llevado hasta hacer sangrar una herida que ni el tiempo ha logrado cicatrizar. Iba a disculparme de mi torpeza, cuando ella, comprendiendo sin duda mis intenciones:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No se apene usted \u2013me dijo\u2013, cuando se vive triste, sola y abandonada como yo, los recuerdos, por tristes que sean, son un lenitivo; parece que al sumergirse en ellos se acerca uno a las personas queridas, ausentes tanto tiempo ha de nuestro lado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Usted perdone, se\u00f1ora, contando siempre con su indulgencia deseo preguntarle. \u00bfEs cierto que, como he le\u00eddo no s\u00e9 d\u00f3nde, una persona de influencia, algunos llegan a asegurar que fue el general Escobedo, ofreci\u00f3 salvar la vida al general Mej\u00eda, rehus\u00e1ndose este si no pod\u00edan salvarse sus compa\u00f1eros?<\/p>\n<figure id=\"attachment_22231\" aria-describedby=\"caption-attachment-22231\" style=\"width: 188px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-22231 size-medium\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_145-188x300.jpg\" alt=\"\" width=\"188\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_145-188x300.jpg 188w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_145.jpg 502w\" sizes=\"(max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22231\" class=\"wp-caption-text\">Gral. Imperialista Tom\u00e1s Mej\u00eda, ca. 1866, inv. 608382 SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00e9x. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Algo hay de cierto, pero no como lo han referido. El general Escobedo, desde el primer momento me habl\u00f3 con entera franqueza dici\u00e9ndome que era imposible la salvaci\u00f3n de Tomasito por no s\u00e9 qu\u00e9 circunstancias de la ley.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escobedo le deb\u00eda a Tomasito la vida y a\u00fan recuerdo que alguna ocasi\u00f3n en mi misma casa se le proporcionaron caballos y recursos para salvarse de una situaci\u00f3n comprometida. Al caer Tomasito prisionero lo vi y con leal franqueza no me ocult\u00f3 la verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una noche estando yo en el alojamiento que en su misma casa me proporcionaba el Sr. Fr\u00edas y Soto, quien, no obstante sus opiniones liberales, no vacil\u00f3 en tenderme una mano protectora, una noche, repito, se acerca a verme el capit\u00e1n Alcaraz, que aunque liberal tambi\u00e9n, sent\u00eda profundo afecto por mi marido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Se\u00f1ora \u2013me dijo\u2013, en virtud de mi posici\u00f3n puedo facilitar la fuga del general. Me comprometo con mi cabeza a sacarlo hasta fuera de las fortificaciones; tenga usted dispuestos caballos, el general es valiente, es audaz, conoce bien el terreno y es seguro que se salvar\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Pero usted se compromete \u2013le dec\u00eda la se\u00f1ora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No tenga usted cuidado. No juego m\u00e1s que la cabeza y estoy tan acostumbrado a tener en nada la vida, que lo mismo me da que sea hoy o ma\u00f1ana cuando la pierda. An\u00edmese usted, un hombre tan leal y valiente como el general no deb<strong>e<\/strong> morir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La se\u00f1ora, en sus diversas entrevistas con su esposo, le indic\u00f3 la idea del generoso capit\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al o\u00edrla, Mej\u00eda se sonre\u00eda con melanc\u00f3lica sonrisa que le era habitual y s\u00f3lo le dec\u00eda acarici\u00e1ndola tiernamente:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No seas ni\u00f1a, no seas tonta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Redoblaba ella sus esfuerzos; le hac\u00eda comprender el porvenir de miseria que esperaba tanto a ella como a sus hijos; la suerte de esos pobres ni\u00f1os que quedaban sin amparo; la de ella que no contaba con m\u00e1s apoyo que \u00e9l. Mej\u00eda la escuchaba dolorosamente, silencioso y meditabundo. Cuando concluy\u00f3 aquella de hablar le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013De una vez por todas quiero que me escuches lo que tengo que decirte. Soy pobre pero honrado, al morir nada tengo que dejar a ustedes, sino a ti mi cad\u00e1ver, a mis hijos un nombre sin mancha. Muero satisfecho porque creo haber cumplido con mi deber. Podr\u00e9 haberme equivocado, pero si me equivoqu\u00e9, Dios, que juzga las intenciones, sabr\u00e1 apreciar las m\u00edas, que no fueron otras que procurar el bien de mi pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No quiero manchar con una acci\u00f3n indigna mi nombre honrado. Pele\u00e9 como bueno, fui vencido, ca\u00ed al lado de los m\u00edos, ellos mueren, los acompa\u00f1ar\u00e9; lo dem\u00e1s ser\u00eda infame y una infamia jam\u00e1s la cometer\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al ver la esposa la inquebrantable resoluci\u00f3n de Tomasito, como cari\u00f1osamente lo llama todav\u00eda, no insisti\u00f3 y se resign\u00f3 a perderlo.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Abandonada<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muerto el general Mej\u00eda, la viuda hizo gestiones para recoger el cad\u00e1ver; conseguido el objeto de sus ansias s\u00f3lo pens\u00f3 en huir de la ciudad maldita para venir a M\u00e9xico a reunirse con su hija, ni\u00f1a de dos a\u00f1os que estaba al lado de su familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus amigos, si alguna vez los tuvo, la hab\u00edan abandonado por completo. Con los escas\u00edsimos recursos de que pudo disponer alquil\u00f3 un guay\u00edn para transportar el cad\u00e1ver y ella se vino en un carro de transporte acompa\u00f1ada de los dos asistentes, fieles acompa\u00f1antes de sus momentos de angustia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lleg\u00f3 a M\u00e9xico, dio cristiana sepultura al cad\u00e1ver, gastando el resto de lo que pose\u00eda en el modesto monumento que a\u00fan existe en San Fernando y comenz\u00f3 para ella el doloros\u00edsimo v\u00eda crucis de la miseria y del olvido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de abandonar Quer\u00e9taro el general Escobedo, tutor legal de sus hijos, le ofrec\u00eda asilo en su casa. No acept\u00f3 ella por sentimientos que f\u00e1cilmente se comprenden. Alg\u00fan comisionado de Austria le hizo proposiciones para llevarla a la corte de Viena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No estar\u00eda en mi centro \u2013contestaba la se\u00f1ora\u2013, yo soy una pobre ranchera y no una mujer de la corte. No conozco el idioma y por otra parte, pensar que las consideraciones, las comodidades, el dinero de que podr\u00eda disponer eran el precio de la sangre de mi marido, me har\u00eda da\u00f1o, no podr\u00eda sufrirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vino a M\u00e9xico, repito, y aqu\u00ed comenz\u00f3 la vida de la mujer pobre: hoy se empe\u00f1a una alhaja cuidadosamente escondida como reliquia consagrada, a la alhaja sigue un objeto de menos valor; agotado todo lo que pued<strong>a<\/strong> representar algo empe\u00f1able, viene la miseria, la fr\u00eda y descarnada miseria, apenas paliada con el tejido de gancho realizado a vil precio, con el bordado cedido por la vig\u00e9sima parte de su valor, con la <em>munici\u00f3n<\/em> que mata, con la <em>costura<\/em> del caj\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero llega un d\u00eda en que ni aun esos recursos, con todo y su deficiencia, pueden ser ya aprovechables. Las penas, las fatigas, las largas veladas pasadas a la vacilante luz de una l\u00e1mpara de petr\u00f3leo a fin de terminar la <em>munici\u00f3n<\/em>, el tejido, el bordado que han de proveer para el gasto del siguiente d\u00eda, han determinado casi una ceguera. La vista se niega a servir. \u00a1Roto el instrumento para qu\u00e9 sirve el m\u00fasico!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La noble mujer tiene que desempe\u00f1ar los oficios m\u00e1s humildes, a fin de conseguir un pedazo de pan que llevar a sus hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfY los amigos, y los partidarios, y los admiradores del general?, se preguntar\u00e1. \u00a1Ah!, no escasean las flores y las coronas en el sepulcro del fusilado en el Cerro de las Campanas.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Nobleza de enemigo<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace quince a\u00f1os las Colonias de los Arquitectos no eran el barrio aristocr\u00e1tico que todos conocemos. [\u2026]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda, los escasos habitantes de la parte menos poblada y por ende la m\u00e1s pobre del barrio de los Arquitectos, vieron con asombro que lujosos carruajes que conduc\u00edan una elegante comitiva atravesaba las desiertas calles de la naciente colonia, deteni\u00e9ndose de cuando en cuando para dar paso a un caballero anciano de tez rubicunda y barba entrecana, que con cierto inter\u00e9s parec\u00eda tomar informes en las chozas del barrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seguramente encontr\u00f3 lo que buscaba, puesto que dirigi\u00e9ndose al cochero de su carruaje: &#8220;all\u00ed&#8221;, le dijo, indic\u00e1ndole con la mano unos jacales que apartados de los dem\u00e1s se distingu\u00edan en el l\u00edmite del barrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comitiva se dirigi\u00f3 all\u00ed, baj\u00f3 nuevamente el caballero y encar\u00e1ndose con una se\u00f1ora que con las mangas remangadas hasta el codo se ocupaba en batir lodo para tapar quiz\u00e1s los agujeros de los muros, le dijo cort\u00e9smente:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfLa Sra. do\u00f1a Agustina Castro, viuda del general don Tom\u00e1s Mej\u00eda?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Servidora de usted \u2013contest\u00f3 la interpelada, no repuesta a\u00fan del asombro que le causara la inesperada visita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013El Sr. presidente de la rep\u00fablica, que espera afuera, desea le conceda usted el favor do una entrevista \u2013replic\u00f3 el caballero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un rayo que hubiera ca\u00eddo a los pies de la se\u00f1ora, de seguro que no lo produce el efecto que estas palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">P\u00e1lida, cortada, convulsa no acertaba a balbucear la m\u00e1s ligera frase. Entretanto, el Sr. general [Porfirio] D\u00edaz que, efectivamente, era quien buscaba a la se\u00f1ora, penetr\u00f3 a la habitaci\u00f3n. Repuesta un tanto la viuda de la sorpresa que le causara la visita presidencial, hizo entrar a todos aquellos caballeros a la \u00fanica habitaci\u00f3n de que se compon\u00eda la casa y toda turbada ofreci\u00f3 al Presidente el \u00fanico objeto que pod\u00eda servirle de asiento: un caj\u00f3n de vino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El presidente la tranquiliz\u00f3 con sus francas maneras. Le dijo que, conocedor de su situaci\u00f3n, hab\u00eda ido a buscarla. Que sabiendo que ten\u00eda dos ni\u00f1os, quer\u00eda auxiliarlos con lo poco que pudiera y que puesto que la ley le prohib\u00eda decretarle una pensi\u00f3n como a viuda de militar, quer\u00eda por lo menos que el ni\u00f1o pudiese educarse sin ser gravoso a la madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se inform\u00f3 el general D\u00edaz en d\u00f3nde se encontraban los chicos (la ni\u00f1a ten\u00eda once a\u00f1os y el hombrecito nueve) y como le dijera la se\u00f1ora que se hallaban en el colegio, fue personalmente a buscarlos, acarici\u00e1ndolos y mim\u00e1ndolos como si fueran sus hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ni\u00f1o fue puesto en otro colegio, y la madre recibi\u00f3 una peque\u00f1a pensi\u00f3n para que pudiera atender a la educaci\u00f3n de los hu\u00e9rfanos. El ni\u00f1o creci\u00f3, entr\u00f3 al Colegio Militar y despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo sali\u00f3 para el ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enfermedades, ligerezas juveniles y otros motivos que ignoramos, hicieron que el joven abandonara la carrera de las armas; y la miseria que parec\u00eda haber abandonado aquel hogar, volvi\u00f3 a abatirse como ave de rapi\u00f1a, haciendo su presa a la desventurada familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Ah!, se\u00f1or \u2013me dec\u00eda la pobre mujer al referirme el rasgo generoso del general D\u00edaz\u2013. El Sr. presidente ha sido nuestro salvador; cuantas veces recurr\u00ed a \u00e9l pidi\u00e9ndole protecci\u00f3n, encontr\u00e9 su apoyo y jam\u00e1s me neg\u00f3 lo que le ped\u00ed. Positivamente fue nuestro salvador y nunca tendremos palabras suficientes para [\u2026 agradecer sus] servicios [\u2026].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y como le preguntara qu\u00e9 es lo que hab\u00eda dicho hace trece a\u00f1os, me ense\u00f1\u00f3 la siguiente carta que por aquel entonces publicaron los peri\u00f3dicos:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sr. General don Porfirio D\u00edaz, presidente constitucional. \u2013Casa de usted, enero 30 de 1878. \u2013Se\u00f1or de mi respeto: Hoy que mi salud me lo permite, me apresuro a manifestar a usted mi gratitud imperecedera por el se\u00f1alado favor y deferente bondad con que se ha dignado proteger a mi peque\u00f1o hijo Tom\u00e1s Mej\u00eda, que lo es tambi\u00e9n del infortunado se\u00f1or general de igual nombre muerto en Quer\u00e9taro hace diez a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es ilimitada mi gratitud al mirar abierto el porvenir de mi ni\u00f1o de una manera tan espont\u00e1nea y desinteresada, no menos que magn\u00e1nima de pareo de usted en su digno gobierno, y lo es, porque desde la muerte del autor de los d\u00edas de aquel ni\u00f1o hasta hoy, s\u00f3lo he sufrido decepciones y miserias, sin haber contado en nada con el favor, con los auxilios, ni siquiera con la conmiseraci\u00f3n de nadie, con excepci\u00f3n de un t\u00edo cuya situaci\u00f3n usted conoce.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con menos dolor y aflicciones seguir\u00e9 soportando mi desesperante miseria al lado de mi joven hija, una vez que veo esperanza de dar carrera y formar el porvenir del varoncito mencionado. \u00a1Dios bendiga a usted, se\u00f1or presidente, por tan caritativa acci\u00f3n y me d\u00e9 vida para seguir ense\u00f1ando a mis hijos lo por usted hecho en favor de uno de ellos!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acepte usted, se\u00f1or Presidente, mi actual demostraci\u00f3n de sincera gratitud y est\u00e9 seguro de que siempre rogar\u00e1 por usted a Dios nuestro se\u00f1or, la que se repite de usted S. S. Q. B. S. M. \u2013Agustina Castro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfY actualmente el general D\u00edaz conoce su situaci\u00f3n?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No se\u00f1or. Desde que sali\u00f3 mi hijo del Colegio Militar, no le he vuelto a ver, he temido abusar de sus bondades; por otra parte, ha hecho tanto por nosotros, le debemos tanto mi familia y yo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfY de los antiguos amigos de su esposo, no ha recibido ninguna prueba de atenci\u00f3n, ning\u00fan auxilio?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No se\u00f1or, acaba usted de leerlo, ni favor, ni auxilio, ni siquiera conmiseraci\u00f3n debo a ninguno de los m\u00edos. Por el general D\u00edaz he vivido mucho tiempo, por el general Gonz\u00e1lez tengo casa. Sin su proceder noble, no tendr\u00edamos ni yo ni mi hija un techo en qu\u00e9 ocultar muestra miseria. La pobre ni\u00f1a, baldada como usted vio, sin poderse servir de sus brazos, casi sin poder caminar, hace demasiado, me ayuda a ganar nuestra subsistencia. \u00a1Pero pagan tan poco por las labores de mano! \u00a1Le cuesta tanta dificultad tejer lo m\u00e1s insignificante, por la enfermedad que la agobia!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tarda dos o tres meses en hacer unas puntas. \u00bfEs posible que comamos cada dos o tres meses?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta situaci\u00f3n escrib\u00ed una carta al Sr. general Gonz\u00e1lez a Guanajuato, hace dos a\u00f1os, el d\u00eda 8 de abril. Dos d\u00edas despu\u00e9s, recib\u00ed la siguiente contestaci\u00f3n \u2013dijo ense\u00f1\u00e1ndome una carta\u2013, y como usted ver\u00e1, en ella me dec\u00eda que acudiera a la casa del general don Jos\u00e9 Montesinos, a quien ya avisaba; que viera la casa que me conviniera y que la habitara todo el tiempo que quisiera sin pagar un solo centavo. \u00a1C\u00f3mo no ha de rebosar mi alma de gratitud para estos se\u00f1ores!<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>El emperador de Austria<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s, la se\u00f1ora nos refiri\u00f3 c\u00f3mo en enero del presente a\u00f1o un amigo de la familia, que no ignora el ofrecimiento que Maximiliano le hizo la v\u00edspera de su fusilamiento, escribi\u00f3 una carta al emperador de Austria, Francisco Jos\u00e9, explic\u00e1ndole la situaci\u00f3n de la desventurada viuda. Hasta hace pocos d\u00edas, el 29 de abril, se recibi\u00f3 contestaci\u00f3n de Viena por conducto de la legaci\u00f3n de Alemania. El Emperador de Austria probablemente ignora qui\u00e9n es la viuda del general Mej\u00eda. \u00a1Est\u00e1 tan lejos M\u00e9xico! Han pasado tantos a\u00f1os del drama de Quer\u00e9taro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sal\u00ed de la entrevista con el coraz\u00f3n oprimido, pero con el alma confortada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Duele el coraz\u00f3n ver tanta\u2026 desgracia; pero el alma se conforta al sentirse en presencia de un esp\u00edritu superior a quien ni el infortunio abate ni la miseria irrita; al ver una mujer, fuerte como la que nos pinta el Evangelio, altiva, sin orgullo, digna sin altaner\u00eda, cristiana sin hipocres\u00eda, y que al verse en la situaci\u00f3n horrorosa por [la] que atraviesa, dice como Job en el estercolero: &#8220;me diste todo, me quitaste todo; gracias, Se\u00f1or&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">V\u00edctor M. Venegas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Iv\u00e1n L\u00f3pez Gallo Colegio Iberoamericano de Ciencias y Artes En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 68. Una entrevista de 1891 en el Diario del Hogar da cuenta de las dificultades para sobrevivir que tuvo la joven esposa del general Mej\u00eda, fusilado en Quer\u00e9taro, junto a Maximiliano de Habsburgo y el general Miguel Miram\u00f3n. El 19 de junio de 1867 el Cerro de las Campanas fue testigo de la ejecuci\u00f3n del archiduque Maximiliano de Habsburgo y los generales imperialistas Miguel Miram\u00f3n y Tom\u00e1s Mej\u00eda. De acuerdo con Andr\u00e9s Garrido del Toral, quien fuera cronista de Quer\u00e9taro, poco antes del fusilamiento de estos personajes los vecinos de Quer\u00e9taro vieron a una joven mujer que \u201cdesmelenada y muy descompuesta trat\u00f3 de subir al estribo del carro que conduc\u00eda a su pareja rumbo al calvario y fue arrebatada del mismo brutalmente por los guardias y atropellada por una rueda, quedando de<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2868,181],"tags":[2536,2878,652,2361],"class_list":{"0":"post-22229","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-68","7":"category-entrevistas","8":"tag-imperio-de-maximiliano","9":"tag-mariano-escobedo","10":"tag-maximiliano-de-habsburgo","11":"tag-tomas-mejia"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22229","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22229"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22229\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22302,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22229\/revisions\/22302"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22229"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22229"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22229"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}