﻿{"id":22226,"date":"2025-07-17T13:13:18","date_gmt":"2025-07-17T19:13:18","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22226"},"modified":"2025-07-21T16:03:50","modified_gmt":"2025-07-21T22:03:50","slug":"la-otra-guerra-de-texas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-otra-guerra-de-texas\/","title":{"rendered":"La otra guerra de Texas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Jos\u00e9 Roberto Campos Cordero<br \/>\nUniversidad de Texas, Austin<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 68.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_08_Testimonio_Texas.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Durante la d\u00e9cada en que los colonizadores angloamericanos intentaban apropiarse de territorios texanos, hubo batallas intermitentes sobre el Golfo de M\u00e9xico entre los corsarios que Estados Unidos alentaba y las autoridades portuarias mexicanas.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_22227\" aria-describedby=\"caption-attachment-22227\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-22227 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_002.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"534\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_002.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_002-300x200.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_002-768x513.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22227\" class=\"wp-caption-text\">Carta de las costas de la Escambia, Alabama y bocas del Rio Misisipi, la Luisiana, Tejas, con la provincia del Nuevo Santander, en el Golfo de Mejico, Madrid, Espa\u00f1a, Direcci\u00f3n de Hidrograf\u00eda, 1846. En Biblioteca del Congreso, Washington, D.C., EUA.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bien conocida son la llamada revoluci\u00f3n-independencia de Texas de 1836 y las batallas que quedaron registradas en los c\u00e1nones hist\u00f3ricos, el \u00c1lamo y San Jacinto. Cuando pensamos en este conflicto lo imaginamos a trav\u00e9s de la frontera norte, o al \u201cOeste\u201d, desde el punto de vista estadunidense. No es de conocimiento general que, al mismo tiempo, y quiz\u00e1 de forma m\u00e1s importante para los promotores de la independencia de Texas, la guerra se libr\u00f3 en otra frontera, el Golfo de M\u00e9xico. La entrada m\u00e1s importante para el \u00e9xito del proyecto de colonizaci\u00f3n angloamericana, aquel liderado por el empresario Esteban Austin, eran los puertos. Es cierto que muchos de los inmigrantes angloamericanos viajaron seg\u00fan la usanza de la colonizaci\u00f3n del viejo oeste, en carretas cargadas con toda la familia y provisiones para empezar una nueva vida. Pero una buena parte lleg\u00f3 abordando un barco en Nueva Orleans. Y para la exportaci\u00f3n del algod\u00f3n, que era la apuesta principal de los angloamericanos que iban a Texas \u2013muchos acompa\u00f1ados con esclavos\u2013, la navegaci\u00f3n de los r\u00edos y la ciudad del cuarto creciente eran fundamentales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto era bien sabido por quienes lucharon por el control de aquella bella tierra por m\u00e1s de diez a\u00f1os (1835-1846). De hecho, el conflicto inici\u00f3 con motines en las aduanas mar\u00edtimas que el gobierno mexicano instaur\u00f3 para cobrar impuestos a los productos que entraban y sal\u00edan del territorio. Por lo mismo, una de las primeras medidas de los mexicanos fue declarar el bloqueo de los puertos de Texas. Hab\u00eda que evitar la llegada de armas, dinero y voluntarios desde Estados Unidos y cortar el lucrativo negocio del algod\u00f3n. Por su lado, el reci\u00e9n establecido gobierno de la rep\u00fablica independiente de la estrella solitaria dio patentes de corso a los comerciantes para que pudiesen armarse y defenderse de los barcos mexicanos. Como resultado, mientras la soberan\u00eda de Texas fue disputada por M\u00e9xico despu\u00e9s de su independencia, hubo una larga serie de choques intermitentes entre corsarios texanos, barcos de guerra mexicanos, que inclusive involucraron a las costas de Yucat\u00e1n. Esa fue la otra guerra de Texas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las primeras v\u00edctimas de aquel conflicto fue el encargado del despacho de la aduana en Galveston, Antonio Gil Hern\u00e1ndez. Como se lee en el documento presentado a continuaci\u00f3n, el empleado fue expulsado de su oficina en 1835, teniendo que tomar refugio en el principal puerto desde donde se iba y ven\u00eda a Texas, Nueva Orleans. Ah\u00ed lo recibi\u00f3 Francisco Pizarro Mart\u00ednez, quien llevaba varios a\u00f1os siendo c\u00f3nsul mexicano de la ciudad portuaria. Antonio Gil no ser\u00eda el primero ni el \u00faltimo refugiado, producto del conflicto, que el diplom\u00e1tico mexicano recibi\u00f3 en su oficina durante aquellos a\u00f1os turbulentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parti\u00f3 a casa el 28 de marzo de 1836 en el Pocket, un barco comercial con bandera estadunidense, pero unos d\u00edas despu\u00e9s, el 3 de abril, fue interceptado por el corsario Invincible, al mando del capit\u00e1n Jeremiah Brown. \u00c9l y su hermano William, que capitaneaba la goleta Liberty, ten\u00edan experiencia como contrabandistas. Su padre muri\u00f3 en el \u00c1lamo, apenas unas semanas antes, el 6 de marzo. Ten\u00edan motivos por los cuales resentir a los mexicanos. Aunque la Pocket llevaba bandera estadunidense, ambos sol\u00edan usarla para ampararse de su neutralidad. Eso lo sab\u00edan los corsarios texanos y la marina mexicana, por lo que aun as\u00ed muchas veces los tomaban como presa de guerra, provocando conflictos diplom\u00e1ticos recurrentes con Estados Unidos. Este fue el caso de la Pocket. Antonio Gil Hern\u00e1ndez y sus acompa\u00f1antes, su subordinado Ram\u00f3n Murga y el teniente Carlos Ocampo, junto con un irland\u00e9s que los acompa\u00f1aba, fueron despojados de todas sus pertenencias y maltratados como prisioneros por varios meses. El 24 de agosto, ya de vuelta en Nueva Orleans, Antonio, antes de regresar con su familia, denunci\u00f3, por medio del c\u00f3nsul Pizarro Mart\u00ednez, el maltrato recibido durante su cautiverio. Decidi\u00f3 hacerlo despu\u00e9s de ver, indignado, a su captor, el capit\u00e1n Jeremiah Brown, pase\u00e1ndose campante en aquella ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque los historiadores han cuestionado la historia de bronce de los h\u00e9roes del \u00c1lamo, la siguiente carta muestra el impacto que aquel acontecimiento tuvo en la atmosfera emocional y an\u00edmica de los participantes en aquel conflicto. Junto con las menos recordadas ejecuciones de los prisioneros en Goliad, estos \u201ccr\u00edmenes\u201d de Santa Anna, como el mismo Antonio Gil los define, se convirtieron en el grito de guerra de la causa independentista. Al mismo tiempo alentaron y legitimaron acciones violentas sobre los prisioneros que cayeron en sus manos, y la masacre de m\u00e1s de 600 mexicanos cometida en San Jacinto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siguiente documento, Antonio Gil Hern\u00e1ndez narr\u00f3 la traves\u00eda que vivi\u00f3 como prisionero de los texanos durante la primera mitad de 1836, para que el cuerpo diplom\u00e1tico mexicano pudiese denunciar al capit\u00e1n Brown frente a Estados Unidos. El documento es un vistazo a los vaivenes del escenario naval del conflicto por Texas, las emociones que circulaban en el aire semanas despu\u00e9s del \u00c1lamo, las ejecuciones de Goliad y San Jacinto, y las experiencias de los mexicanos que cayeron prisioneros.<\/p>\n<hr \/>\n<h3 style=\"text-align: center;\">CR\u00d3NICA DE UN ROBO<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0<\/em><em>\u00a0<\/em><strong>Sumario: <\/strong><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carta de Antonio Gil Herna\u0301ndez encargado la aduana mar\u00edtima de Galveston al c\u00f3nsul mexicano en Nueva Orleans, Francisco Pizarro Mart\u00ednez, 24 de agosto de 1836, Benson Latin American Collection, W. B. Stephens Collection, Item WBS 2043.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antonio Gil Hern\u00e1ndez, guarda mayor de la aduana mar\u00edtima de Galveston y encargado del despacho de ella [\u2026] presento a usted, como \u00fanico recurso que tenemos los mexicanos, el adjunto documento, en que expongo la escena de una prisi\u00f3n que he sufrido por m\u00e1s de tres meses, sin m\u00e1s causa ni motivo que las depravadas miras que tienen esos capitanes de buques de guerra, Brown y dem\u00e1s concolegas que trajinan la costa Atl\u00e1ntica de M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por dicho documento se har\u00e1 cargo usted de la ignominiosa y vilipendio con que se nos trat\u00f3, adem\u00e1s de robarnos todo nuestro equipo sin dejarnos ni aun lo m\u00e1s preciso. Por lo que suplico a usted se digne tomar en su alta consideraci\u00f3n mi solicitud que, con la direcci\u00f3n a usted, espero pueda llegar mi queja al conocimiento del supremo gobierno de estos Estados Unidos de Am\u00e9rica del Norte despu\u00e9s de haber estado en el del excelent\u00edsimo se\u00f1or ministro a quien corresponde. Por tanto, pido y suplico se sirva hacer, como llevo dicho en estas, mi sumisa solicitud en la que, bajo las protestas \u00fatiles y necesarias, juro no ser de mala fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Nueva Orleans, 24 de agosto, 1836<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Antonio Gil Hern\u00e1ndez<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Excelent\u00edsimo Se\u00f1or<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antonio Gil Hern\u00e1ndez, encargado del despacho de la aduana mar\u00edtima de Galveston, a usted, con el respeto debido, me presento y digo: que hace como cinco meses sal\u00ed de An\u00e1huac estado de Texas a donde estaba situada dicha aduana y fui expulsado por los comerciantes y algunos habitantes de la expresada villa. Habiendo arribado a esta de Nueva Orleans, present\u00e1ndome al c\u00f3nsul mexicano con mis t\u00edtulos, haci\u00e9ndole presente que a todo transe me traje el archivo y dem\u00e1s cosas pertenecientes a la citada aduana. Lo que tuvo a bien y me dio letras de cr\u00e9dito para cazar de las tiendas 172 pesos en ropa quedando responsable personalmente, adem\u00e1s de un reloj que me dio un comerciante que se all\u00e1 en este, por lo que haci\u00e9ndoles a 222 pesos en efectos que acababa de sacar de la tienda, lo que estoy pronto a justificar. Y que de esta sal\u00ed a embarcarme en el bergant\u00edn Pocket en compa\u00f1\u00eda de dos mexicanos y de otros extranjeros que marcharon al puerto de Matamoros. Yo con el fin de entregar all\u00ed a los jefes de Hacienda de mi gobierno el archivo y dem\u00e1s cosas pertenecientes a este, que estaban a mi cargo, y retirarme al seno de mi familia por curarme de una grave enfermedad que padec\u00eda y separarme de servicios que mi avanzada edad no me permite hacer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, fuimos conducidos hasta llegar muy inmediatos al puerto de Matamoros donde, habiendo puesto la bandera pidiendo pr\u00e1ctico, est\u00e1bamos esperando cuando de all\u00ed sali\u00f3, como huyendo, la goleta de guerra Invencible y su capit\u00e1n Brown, con cosa de 60 hombres, quienes dijeron hab\u00edan tenido un tiroteo con los mexicanos por haberles cogido a un oficial prisionero. Y dando sobre el Bergant\u00edn Pocket, no vali\u00f3 ser americano, ni traer arbolada la bandera del gobierno de estos Estados Unidos del Norte, arriaron el buque y sus pasajeros hasta ponernos en las Bah\u00edas de la isla de Galveston en donde nos entregaron a la goleta Brutus con su capit\u00e1n y comodoro William Hurd. All\u00ed nos echaron grillos, esposas y una cadena gruesa. Nos prend\u00edan de los grillos por la noche para atarnos a un poste con tanta crueldad que dorm\u00edamos medio colgados. Y lo que m\u00e1s nos atormentaba eran las funestas noticias que entre aquellos oficiales corr\u00edan. Nos indicaron que estaban sentenciados a la orca tres, el teniente Carlos Ocampo, yo, y un irland\u00e9s Joquen. Otros que all\u00ed hab\u00eda nos dec\u00edan que no val\u00edan nuestras cabezas un picall\u00f3n [o <em>picayune<\/em>: monedas de un valor menor].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al tercer d\u00eda mandaron subir al teniente del ej\u00e9rcito mexicano Carlos Ocampo arriba de la cubierta. Yo pens\u00e9, seg\u00fan las correr\u00edas y preparativos que se observan, junto con la de ver unos hombres con armas al hombro, que iban a comenzar el sacrificio ya indicado. Mas no fue sino para tender en un ca\u00f1\u00f3n al teniente Carlos Ocampo y darle cien azotes muy fuertes por dos hombres robustos, que se puede considerar que el estado en que este hombre quedar\u00eda, tambi\u00e9n a Joquen el irland\u00e9s le dieron otros cien azotes, y yo me escape por enfermo y viejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Omito hacer presente los malos tratamientos y otros padecimientos que vivimos en la Brutus por no ser tan molesto. No los refiero, pero hago presente que all\u00ed nos robaron todo nuestro equipaje, que no nos dejaron ni lo m\u00e1s preciso pues, haci\u00e9ndonos quitar las botas, nos esculcaron hasta las partes m\u00e1s ocultas y no nos han devuelto ni una cosa de nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este procedimiento no fue dimanado del agravio que hacen conservar los americanos por haber mandado el general Santa Anna fusilar a sangre fr\u00eda, como ellos dicen, a unos americanos rendidos en Mata Gorda. Pero aun cuando haya sucedido as\u00ed, nosotros no ten\u00edamos culpa alguna, pues antes los hemos tenido muy a mal y estoy cierto en que casi toda la naci\u00f3n mexicana esta resentida de este crimen que cometi\u00f3 Santa Anna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuelvo a decir que no han sido nuestros padecimientos por lo que queda dicho sino por el odio que estos hombres han adquirido contra los mexicanos, porque las noticias de los nuestros de orden del general Santa Anna, no se sab\u00edan ni pod\u00edan saberse porque no hab\u00eda tiempo ni por mar ni mucho menos por tierra porque la presa de nosotros fue el d\u00eda 3 de abril del presente a\u00f1o y a los dos d\u00edas nos entregaron a la Brutus. Esta es constante y nuestros padecimientos lo son tambi\u00e9n porque los han observado hasta las gentes que se hallaban en otros buques, a distancia como de veinte baras y, por su tradici\u00f3n, casi es p\u00fablico y notorio los cr\u00edmenes que contra nosotros han cometido Brown y sus sat\u00e9lites que trajinan por las costas del mar Atl\u00e1ntico de la naci\u00f3n mexicana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puedo llegar al defecto de ser cansado, pero si bien se examina es necesario hablar muy por menos de esta materia por las trascendencias que deben causarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seguir\u00e9 con la narraci\u00f3n de la prisi\u00f3n. A pocos d\u00edas de haber pasado los azotes nos pasaron de la Brutus al bergant\u00edn Pocket. Como que estaba en aquella bah\u00eda de Galveston confiscada por ellos, pero nunca nos quitaron las prisiones con las que continuamos en dicho Pocket pues, aunque all\u00ed se hallaba el se\u00f1or secretario de Guerra y Marina que fue de aqu\u00ed m\u00edster Robert Potter, este se\u00f1or, seg\u00fan nos dec\u00edan los guardas que nos custodiaban, se empe\u00f1aba mucho en hacer un ejemplar funesto con nosotros, disque para escarmiento de los mexicanos. Puedo decir que cuantas providencias ha habido contra estos todas las ha apoyado el se\u00f1or servidor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo d\u00eda de habernos puesto ultimadamente en el consabido <em>Pocket<\/em>, subi\u00f3 a bordo de \u00e9l el comandante de la isla de Galveston, coronel Morgan y, habi\u00e9ndose encontrado el ba\u00fal con el citado archivo, acaso porque hicieron menosprecio de \u00e9l y, sabiendo dicho coronel Morgan que all\u00ed ten\u00eda yo los papeles interesantes de mi oficina, hizo que le entregue yo mismo como estaban, entrepapelados, los documentos obligatorios y dem\u00e1s fianzas de los comerciantes que ten\u00edan otorgados a la Hacienda P\u00fablica, cuyo valor de los enunciados papeles, pasa de 3 000 pesos. M\u00e1s un poco de papel fino y ordinario que all\u00ed me quit\u00f3, con 20 pliegos m\u00e1s de papel sellado que por una grande escaches de papel se ech\u00f3 mano de este. M\u00e1s all\u00e1 supe que hab\u00edan echado mano de los libros de blanco que estaban reci\u00e9n comprados. Tambi\u00e9n supe que desencuadernaron todos los dichos papeles y no se sabe ni del paradero del ba\u00fal. Luego a poco sucedi\u00f3 la desgracia de la derrota en San Jacinto, cuya presa les desvaneci\u00f3 las depravadas intenciones que contra nosotros ten\u00edan, porque ya tom\u00f3 el se\u00f1or la providencia de mandarnos a la isla de Galveston a los tres mexicanos compa\u00f1eros, pero bien recomendados al coronel Alcott para que pas\u00e1ramos a los trabajos p\u00fablicos. Despu\u00e9s nos reunieron con los oficiales prisioneros de guerra en donde hicimos memoriales para el presidente de Texas, haci\u00e9ndole presente que ignor\u00e1bamos el delito que ten\u00edamos para tanto padecer. Dentro de un mes sali\u00f3 la providencia de que se nos pusiera en libertad a m\u00ed, al padre capell\u00e1n del general Santa Anna y al otro compa\u00f1ero Ram\u00f3n Murga, menos al teniente Carlos Ocampo. Y teniendo la fortuna de haber llegado a esta ciudad de Nueva Orleans y saber que la consabida goleta Invencible, con su mismo capit\u00e1n Brown, se hallaba en la baliza de este r\u00edo de Mississippi y que, hace tres o cuatro d\u00edas, han visto en estas calles al susodicho Brown y deb\u00eda salir muy pronto para Nueva York, pero que deb\u00eda regresar a este punto, me he tomado el atrevimiento de recurrir a usted como \u00fanico amparo que tenemos los mexicanos, para que tenga la bondad de darle curso a este manifiesto hasta ponerlo en el conocimiento del supremo gobierno de estos Estados Unidos de Norteam\u00e9rica para saber de sus ulteriores resoluciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se extra\u00f1ar\u00e1 que no hagamos en un cuerpo los tres individuos una representaci\u00f3n, pero el teniente Ocampo queda en Galveston prisionero, el otro dice que m\u00e1s adelante lo har\u00e1 y yo lo hago porque, aunque es una misma causa, son diferentes nuestros empleos y practica en nuestros asuntos, por lo que los otros dos compa\u00f1eros reclamaran cuando les convenga o puedan hacerlo. Yo s\u00f3lo pido que se me paguen los 222 pesos de que antes he hablado y los perjuicios y menoscabos que se me han originado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pido y suplico se sirva hacer como llevo dicho tomando todas las providencias que est\u00e1n en su resorte para la secuela de este expediente en el que hago las protestas \u00fatiles.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Nueva Orleans, 24 de agosto de 1836<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Antonio Gil Hern\u00e1ndez<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Al ministro plenipotenciario<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Roberto Campos Cordero Universidad de Texas, Austin En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 68. Durante la d\u00e9cada en que los colonizadores angloamericanos intentaban apropiarse de territorios texanos, hubo batallas intermitentes sobre el Golfo de M\u00e9xico entre los corsarios que Estados Unidos alentaba y las autoridades portuarias mexicanas. Bien conocida son la llamada revoluci\u00f3n-independencia de Texas de 1836 y las batallas que quedaron registradas en los c\u00e1nones hist\u00f3ricos, el \u00c1lamo y San Jacinto. Cuando pensamos en este conflicto lo imaginamos a trav\u00e9s de la frontera norte, o al \u201cOeste\u201d, desde el punto de vista estadunidense. No es de conocimiento general que, al mismo tiempo, y quiz\u00e1 de forma m\u00e1s importante para los promotores de la independencia de Texas, la guerra se libr\u00f3 en otra frontera, el Golfo de M\u00e9xico. 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