﻿{"id":22200,"date":"2025-07-15T16:20:04","date_gmt":"2025-07-15T22:20:04","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22200"},"modified":"2025-07-18T18:29:21","modified_gmt":"2025-07-19T00:29:21","slug":"asi-era-el-pueblo-apacible-de-mixcoac","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/asi-era-el-pueblo-apacible-de-mixcoac\/","title":{"rendered":"As\u00ed era el pueblo apacible de Mixcoac"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Laura Su\u00e1rez de la Torre<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 68.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_02_Mixcoac.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">La memoria acumulada en documentos y testimonios nos revela lo que fue la cabecera de la prefectura de Tacubaya. De su zona de huertos y jardines, casas de campo amplias, gente sencilla, de trabajo. Que no fue ajena a las consecuencias de los desastres naturales y los conflictos pol\u00edticos, como tampoco al desarrollo urbano que la despoj\u00f3 de su traza rural y las costumbres pueblerinas.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_22201\" aria-describedby=\"caption-attachment-22201\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22201\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_032.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"537\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_032.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_032-300x201.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_032-768x516.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22201\" class=\"wp-caption-text\">F\u00e1brica de ladrillos La Guadalupana, ca. 1925, inv. 338, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00e9x. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption><\/figure>\n<blockquote><p>Mixcoac, por su posici\u00f3n geogr\u00e1fica,<br \/>\nla belleza de su clima, y la inmediaci\u00f3n<br \/>\na la capital y a Tacubaya, era digna de protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Agust\u00edn Rivera Cambas<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mayor parte de nuestra vida transcurre dentro de un \u00e1rea determinada de la gran ciudad; es all\u00ed donde habitamos o en donde acudimos a nuestra escuela o trabajo o quiz\u00e1s en donde desarrollamos a alguna actividad recreativa. Caminamos muchas veces por las calles sin siquiera conocer sus nombres o su pasado, porque, a final de cuentas, nuestro quehacer diario es rutinario. Conocemos s\u00f3lo un poco de la ciudad y algunas veces registramos que existen barrios y otrora pueblos que tienen un encanto especial. Entre estos podemos contar al Mixcoac de un largo siglo xix.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Santo Domingo Mixcoac, \u201cpueblo cabecera de la prefectura de Tacubaya, [\u2026] con 1 550 habitantes contando la poblaci\u00f3n de los barrios [\u2026] por su amenidad y principalmente de su barrio Atepuxco, es uno de los sitios de recreo de los habitantes de la capital. Sus huertos y jardines producen excelentes frutas y variadas flores\u201d, dej\u00f3 escrito Antonio Garc\u00eda Cubas en su <em>Diccionario<\/em> <em>geogr\u00e1fico, hist\u00f3rico y biogr\u00e1fico<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ilustres personajes vivieron all\u00ed, en peque\u00f1as casas o en grandes mansiones se asentaron o llegaban a \u00e9l para pasar largas temporadas en este pueblo de tradici\u00f3n agr\u00edcola y en donde los \u00e1rboles frutales y los sembrad\u00edos de ma\u00edz le hac\u00edan atractivo para descansar en los veranos, para disipar las dolencias de los enfermos, para alejarse de los problemas pol\u00edticos que se daban en la capital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Fern\u00e1ndez de Lizardi, Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas, Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Herrera, Ireneo Paz, Julio Limantour y otros m\u00e1s, pol\u00edticos, literatos, periodistas y extranjeros recorrieron sus calles y disfrutaron del encanto del pueblo. Muchos alemanes sentaron sus reales en esta poblaci\u00f3n, sin olvidar que los for\u00e1neos llegaron atra\u00eddos por las posibilidades que el nuevo pa\u00eds independiente ofrec\u00eda para instalar negocios y comercios. Pero la gran mayor\u00eda que habitaba ah\u00ed era gente com\u00fan que trabajaba las tierras de haciendas y ranchos o en las grandes casonas en sus jardines; en los espacios p\u00fablicos y privados; en el colegio parroquial, m\u00e1s tarde Colegio Teresiano; en las tiendas de v\u00edveres, en la empresa del ferrocarril, en el obraje o en las ladrilleras, haciendo que ese territorio tuviera una din\u00e1mica propia que daba identidad a sus pobladores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rivera Cambas se\u00f1ala que \u201cposee Mixcoac preciosas casa de campo y habitaciones s\u00f3lidas y espaciosas [\u2026] la del Sr. Fern\u00e1ndez Monjardin y la del Lic. Molinos del Campo [\u2026 nos dice que ese pueblo] carece de agua suficiente y aunque varias ocasiones se ha tratado de llevarla de Tacubaya, no se ha logrado; sin embargo, crecen all\u00ed con notable lozan\u00eda los fresnos y los chopos, hay lugares verdaderamente deliciosos\u2026\u201d De esto tenemos noticia al saber que entre 1903-1904 se plantaron 522 sauces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mixcoac se enorgullec\u00eda de sus iglesias San Juan y la Virgen de Guadalupe y Santo Domingo con su convento y su hermosa capilla del Rosario, o la peque\u00f1a de San Lorenzo, en Tlacoquem\u00e9catl, entre otras que se ubican en sus linderos. Ellas convocaban a fiesta con motivo del santo patrono. En esos d\u00edas las procesiones con el santo o la virgen a solemnizar recorr\u00edan las calles, y los vecinos, detr\u00e1s de las andas que llevaban la imagen religiosa, caminaban pausadamente hasta llegar a la iglesia. Muy temprano el repique de campanas anunciaba la fiesta. Los fieles entraban al templo para seguir la misa y una vez terminada la ceremonia religiosa, como nos dice Garc\u00eda Cubas, la diversi\u00f3n estaba afuera con los puestos de comida, con la quema de castillos que todos disfrutaban, pese al estruendo del estallido. Las luces de colores, las figuras que dibujaban, el humo y las posibles quemaduras no incomodaban al p\u00fablico ni a los perros que estaban ah\u00ed para gozar de un d\u00eda distinto, lleno de vida. Las casas se engalanaban, los balcones se vest\u00edan con telas de colores e iluminaci\u00f3n para la noche, los puestos de comida y de diversi\u00f3n eran un atractivo m\u00e1s para los habitantes que con ello romp\u00edan la rutina diaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese territorio al sur-oeste de la ciudad de M\u00e9xico, seg\u00fan nos revela el <em>Diccionario Universal de Historia y de Geograf\u00eda <\/em>de 1853, alberg\u00f3 los barrios de San Juan Maninaltongo, Santa Cruz Tlacoquemeca, La Candelaria, Tecoyotitla, Atepusco, Actipan; la hacienda de San Borja (que para 1852 inclu\u00eda 32 ranchos, seg\u00fan se\u00f1ala en su tesis el Arq. Francisco Morales Vargas, como el N\u00e1poles y el de La Casta\u00f1eda) y los ranchos Santa Cruz, San Jos\u00e9, Tarango San Carlos, Santa Rita y Los Amores, as\u00ed como los molinos La Barranca, el Olivar del Conde y el nuevo Olivar. Los nombres que poseen esos barrios nos revelan muy claramente el pasado prehisp\u00e1nico y colonial, la fusi\u00f3n de dos culturas que conforman nuestro M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La zona arqueol\u00f3gica de Mixcoac que se encuentra en la actual calle Pir\u00e1mide, a pocas cuadras del Metro San Antonio, es un resabio de las antiguas construcciones prehisp\u00e1nicas que hab\u00edan permanecido desconocidas, hasta inicios del siglo xx, como nos relata Alberto Barranco en \u201cMixcoac de los mil ecos\u201d. El arque\u00f3logo Eduardo Noguera que diariamente tomaba el tranv\u00eda del Z\u00f3calo a San \u00c1ngel intuy\u00f3, y m\u00e1s tarde comprob\u00f3, que no eran simples altozanos naturales, sino que resguardaban un pasado que hab\u00eda que desenterrar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mixcoac estaba en el medio, entre la ciudad de M\u00e9xico y San \u00c1ngel, y se beneficiaba de esa ubicaci\u00f3n. As\u00ed, sabemos que en 1857 pod\u00eda llegarse a ese pueblo en tranv\u00eda. Tenemos noticia de que Jorge Luis Hammeken obtuvo la primera concesi\u00f3n para introducir \u201clos tranv\u00edas del Z\u00f3calo a San \u00c1ngel y que comunicar\u00edan a Mixcoac con Tacubaya y que el trayecto entre Tacubaya y Mixcoac se hac\u00eda en diez minutos. El costo del pasaje era de 1 \u00bd reales de Mixcoac a Tacubaya, y de Tacubaya a La Casta\u00f1eda de \u00bd real, como nos narra el libro de la Delegaci\u00f3n Benito Ju\u00e1rez de 1987.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Justo en ese trayecto, entre La Piedad y Mixcoac, tuvo lugar uno de los grandes cr\u00edmenes del siglo xix, el del Dr. Mat\u00edas Be\u00edstegui. \u201cEl crimen fue perpetrado en las cercan\u00edas de la hacienda Nalvarte [sic], el 2 de marzo de 1852 a las 7 y \u00bd de la noche, constituy\u00e9ndolo el robo en cuadrilla, con asalto, homicidio y heridos. Fue asesinado ferozmente el doctor [\u2026] quien acompa\u00f1ado de su se\u00f1ora esposa, hab\u00eda ido al pueblo de Coyoac\u00e1n para visitar a un enfermo [\u2026] Una piedra brutalmente lanzada, hundi\u00f3 el cr\u00e1neo del Sr, Be\u00edstegui [\u2026] Los ladrones robaron todo\u2026\u201d, seg\u00fan narra Rivera Cambas en <em>M\u00e9xico pintoresco, art\u00edstico y monumental<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre 1903 y 1904 se llev\u00f3 a cabo el primer estudio de traza de calzada para unir Tacubaya y San \u00c1ngel, aprovechando la calzada nueva que un\u00eda a Mixcoac y San Pedro de los Pinos. Para ello la Secretar\u00eda de Hacienda promovi\u00f3 la expropiaci\u00f3n de diversos terrenos como el que se encontraba al poniente del jard\u00edn de Propagaci\u00f3n, unas casas en Tacubaya \u201cpara continuar el camino de Mixcoac a dicha ciudad, en la parte comprendida entre la Alameda y el tramo que sigue\u201d, seg\u00fan se lee en la <em>Memoria de Consejo Superior de Gobierno del Distrito Federal<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rivera Cambas relata tambi\u00e9n que el 24 de agosto de 1853, Mixcoac sufri\u00f3 una gran inundaci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">a consecuencia de una manga de agua que revent\u00f3 en los montes que lo dominan: Tan espantosa y grande fue la avenida, que en poco tiempo rebas\u00f3 el agua sobre los bordes del r\u00edo [Mixcoac] J\u00e1uregui, derrib\u00e1ndolo en varios puntos, y se extendi\u00f3 violentamente por toda la poblaci\u00f3n, arrasando casas, huertas y sementeras y hubo no pocas p\u00e9rdidas de vidas. Los pobres que cifraban sus esperanzas en los productos de sus terrenos, quedaron reducidos a la mendicidad [\u2026]. El agua se precipit\u00f3 por un callej\u00f3n en que est\u00e1 la casa llamada del Lic. Monjard\u00edn, en donde subi\u00f3 a m\u00e1s de dos varas y derrib\u00f3 las tapias que estorbaban la corriente, la escuela fue invadida por puertas y ventanas, y, la avenida derrib\u00f3 esa vez parte de las bardas del cementerio y casa parroquial.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este pueblo, como se lee, no fue ajeno a los desastres naturales y a los conflictos pol\u00edticos que azotaban a la poblaci\u00f3n y que cobraban muchas vidas de ancianos, j\u00f3venes y ni\u00f1os. Las enfermedades como pulmon\u00edas, el c\u00f3lera o la viruela y los continuos enfrentamientos militares contribuyeron a dar nuevos parroquianos a los camposantos; asimismo, fueron responsables de las escenas de tristeza y de dolor de los que acompa\u00f1aban al ata\u00fad hasta la iglesia para el servicio religioso y despu\u00e9s para el entierro en terrenos que se encontraban, en un principio, en los atrios de las iglesias hasta que, por medidas de higiene, se decret\u00f3 la prohibici\u00f3n de sepultar en ellos. Las iglesias de San Juan Evangelista o Santo Domingo o La Asunci\u00f3n Nonoalco acogieron a muchos de sus fieles en sus propiedades, aunque algunos no pudieron reposar ah\u00ed, como fue el caso de Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas quien por su pensamiento liberal le fue negada la sepultura en la iglesia de San Juan que se encontraba justo enfrente de su casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La guerra con Estados Unidos fue un factor de inquietud para los habitantes. El dep\u00f3sito general de carros, municiones y artiller\u00eda, se hallaba en Mixcoac. Los efectos de la guerra los padecieron en carne propia los vecinos, como lo dejaron ver Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas y su esposa Isabel, al se\u00f1alar que hab\u00edan arreglado la casa, la que ahora alberga al reconocido centro de investigaciones y docencia, el Instituto Mora. Vivieron en esa casona y hab\u00edan invertido recursos para acondicionarla con todo lo necesario y, tras la guerra, se quejaron de que s\u00f3lo hab\u00edan quedado algunos cuadros y un sart\u00e9n sin mango.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue durante la invasi\u00f3n de Estados Unidos que en el peri\u00f3dico <em>El Siglo<\/em> <em>Diez y Nueve,<\/em> del 18 de abril de 1848, se reclam\u00f3 el robo de un caballo de esta manera: \u201cSi la persona que cogi\u00f3 un caballo colorado ensillado y enfrenado cerca de la plaza, lo devuelve al se\u00f1or Louis Slocum, en el Hotel de Par\u00eds o al que suscribe, se le dar\u00e1 una gratificaci\u00f3n de 10 pesos. J. S. Barker, Capit\u00e1n y Comandante en Mixcoac\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, m\u00e1s all\u00e1 de esas lamentables noticias, a Mixcoac se le identificaba como un pueblo apacible en donde, quiz\u00e1s, Fern\u00e1ndez de Lizardi escribi\u00f3 su <em>Periquillo Sarmiento<\/em> en su casa frente a la Plaza J\u00e1uregui. All\u00ed tambi\u00e9n ten\u00eda su morada el presidente Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Herrera, en la calle de Campana 33; en otra de sus calles se encontraba la casa del antiguo obraje de pa\u00f1os del siglo xviii que hoy alberga las instalaciones de la Universidad Panamericana; fue ah\u00ed donde se erigi\u00f3 el antiguo Palacio Municipal que hoy funge como casa de la cultura de la alcald\u00eda Benito Ju\u00e1rez. Son representativas las casonas de Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas, hoy sede del Instituto Mora; la de Ireneo Paz en la Plaza Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas, hoy convento de monjas dominicas y la de Julio Limantour, sede del Colegio Williams, as\u00ed como el otrora Colegio Teresiano, hoy Secundaria P\u00fablica N\u00famero 10, entre otras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este pueblo incorpor\u00f3 paulatinamente la modernidad, como cuando lleg\u00f3 la iluminaci\u00f3n de la plaza de Mixcoac con trementina. Mucho del mejoramiento se debi\u00f3 a D. Antonio Daza y Arg\u00fcelles, miembro del Ayuntamiento, quien en 1852 estableci\u00f3 el alumbrado p\u00fablico y tambi\u00e9n \u201cse form\u00f3 una buena sala para que sirviera de escuela municipal con todo lo necesario para mejorar la educaci\u00f3n, principalmente de los ind\u00edgenas; se hicieron plant\u00edos de chopos y sauces desde la entrada del pueblo hasta la plaza grande y en la calzada, costeando todo por suscripciones pues el Ayuntamiento carec\u00eda de fondos\u2026\u201d relata Garc\u00eda Cubas. Con los a\u00f1os Mixcoac contaba con una poblaci\u00f3n de 2 914 habitantes y tres escuelas; para 1885, ten\u00eda dos de ni\u00f1os, una de las cuales estaba en Tlacoquemecatl, y una para ni\u00f1as, seg\u00fan qued\u00f3 asentado en la <em>Memoria<\/em> de ese a\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las tierras de Mixcoac, adem\u00e1s de haber producido frutas y verduras mostraron, a fines del xix, un ensanche hacia el poniente y el sur. Sus terrenos fueron responsables de proporcionar los ladrillos que se requer\u00edan para la construcci\u00f3n de casas y edificios en sus linderos y en la capital. Sabemos por Francisco Morales Vargas que:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">las principales ladrilleras ubicadas dentro de la municipalidad de Mixcoac para los primeros a\u00f1os del siglo xx, eran \u201cLa Barcelonesa\u201d, \u201cNoche Buena\u201d, \u201cLa Compa\u00f1\u00eda Ladrillera de Mixcoac\u201d y la \u201cGuadalupana\u201d; seguidas por algunas de menor renombre como son: la \u201cF\u00e1brica de Ladrillos de Jos\u00e9 Mart\u00e9n\u201d, \u201cLos Hornos de Jos\u00e9 Carrasco\u201d y \u201cEl Seboruco\u201d. Adem\u00e1s, a las afueras de Mixcoac y correspondientes a la municipalidad vecina, Tacubaya, podemos destacar los \u201cHornos del Sauz\u201d y \u201cEl \u00c1guila\u201d, propiedad de Ignacio Ceballos, la \u201cLadrillera de Marcos Esparza\u201d, la \u201cLadrillera de Schola (Xola)\u201d y \u201cDos R\u00edos\u201d, estas dos \u00faltimas en la actual colonia Escand\u00f3n.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">De la Ladrillera Nochebuena queda como vestigio el Parque Hundido y la colonia que lleva ese nombre. El parque debe su forma a la extracci\u00f3n de arcilla para la elaboraci\u00f3n de esos ladrillos y tabiques, as\u00ed como la Plaza M\u00e9xico y el Estadio otrora Azul.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos nombres de sus calles nos remontan al siglo xix. La calle de La Empresa hace alusi\u00f3n a la Empresa del Ferrocarril. Y la Plaza Agust\u00edn J\u00e1uregui a un vecino de este pueblo que apoy\u00f3 a los liberales. Los nombres de las calles del pueblo de Tlacoquemecatl recuerdan a los frutos que daban las huertas que se hallaban en su territorio (huertas, moras, tejocotes, uvas, fresas) y las colonias y algunas calles aluden a los ranchos y haciendas que se encontraban dentro de lo que era Mixcoac: N\u00e1poles, Narvarte, Pilares, San Borja, Portales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por cierto, la empresa del ferrocarril fue muy criticada en 1879 cuando, por mal mantenimiento de las v\u00edas, se descarril\u00f3 un vag\u00f3n entre Mixcoac y Tacubaya y \u201c\u2026entre varias desgracias, figura en primera l\u00ednea la muerte del se\u00f1or D. Agust\u00edn Piquero, persona muy querida y considerada en nuestra sociedad; dicen que su familia, que queda en la pobreza, ha pedido, y con sobrada justicia, una indemnizaci\u00f3n a la empresa\u2026\u201d, seg\u00fan lo refieren las p\u00e1ginas de<em> El Combate<\/em> del 5 de enero de 1879.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante esos tropiezos, se dec\u00eda que la vida se disfrutaba mucho en ese terru\u00f1o. Se hablaba del paseo de las flores en Mixcoac, de esa \u201cpo\u00e9tica costumbre de la exposici\u00f3n de las flores\u201d como la denomin\u00f3 ese mismo diario en su edici\u00f3n del 1 de junio y en donde hab\u00eda a m\u00e1s de las flores, piezas de m\u00fasica, discursos, poes\u00eda, diversiones populares, iluminaci\u00f3n, fuegos artificiales y, lo m\u00e1s esperado, los premios a los mejores floristas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A fines del siglo xix se hac\u00eda alusi\u00f3n a La Casta\u00f1eda como \u201cuna hermosa finca de recreo, propiedad del Sr. Carrera Lardiz\u00e1bal en cuyo domicilio en la metr\u00f3poli, San Ildefonso n\u00fam. 7, se adquir\u00edan por 0.25 los boletos para concurrir a la hacienda y disfrutar de sus diversiones, columpios, sal\u00f3n de baile, tienda y cantina, extensas glorietas y algunas ascensiones aerost\u00e1ticas que efectuaba un tal Mr. Baldwin, seg\u00fan relata Jos\u00e9 Mar\u00eda \u00c1lvarez en sus <em>A\u00f1oranzas<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sabemos por Daniel Cos\u00edo Villegas que:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">a partir de 1880 empez\u00f3 a hacerse muy popular [\u2026] por sus hermosos jardines, su ampl\u00edsima glorieta totalmente cubierta de vegetaci\u00f3n, kioscos y salones de baile; casi diariamente en ella hab\u00eda tamaladas, bodas, onom\u00e1sticos, banquetes, etc. En 1897 se anunci\u00f3 su pr\u00f3xima demolici\u00f3n porque el terreno iba a destinarse a un manicomio. Aunque a ella asist\u00edan personas de todos los grupos sociales, \u00b4cada clase se divert\u00eda con su clase\u00b4, si bien predominaban los dependientes pobres, honrados artesanos, \u00b4decentes costureras\u00b4, peque\u00f1os comerciantes, sastres, dom\u00e9sticos de familias ricas y fuere\u00f1os modestos. Por su baratura y decencia todos lamentaron su desaparici\u00f3n.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que era un espacio de recreo se destin\u00f3 al Manicomio General de La Casta\u00f1eda, que inaugur\u00f3 en 1910 Porfirio D\u00edaz, como una de las obras emblem\u00e1ticas para celebrar el centenario de la Independencia de M\u00e9xico. Ese espacio destinado a los enfermos funcion\u00f3 hasta 1968, cuando los terrenos que albergaban esa emblem\u00e1tica instituci\u00f3n se destinar\u00edan a la construcci\u00f3n de la unidad habitacional llamada Plateros en donde al d\u00eda de hoy habitan muchas familias, quienes tambi\u00e9n disfrutan de unos bien cuidados jardines.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El apacible Mixcoac del siglo xix fue absorbido por la gran ciudad y en sus otrora sembrad\u00edos y parcelas se levantaron casas y edificios. En la actualidad sus l\u00edmites son m\u00e1s acotados, pero su ubicaci\u00f3n le hace ser una de las zonas atractivas para vivir. En sus calles todav\u00eda quedan vestigios de su pasado decimon\u00f3nico como la zona arqueol\u00f3gica, las iglesias y capillas, algunas casonas, incluso las v\u00edas del tranv\u00eda, vestigios todos que debemos respetar y preservar como parte de su patrimonio cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Celorio, Gonz\u00e1lo, <em>El velorio de mi casa<\/em>, Bogot\u00e1, Ediciones Brevedad, 2001.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Morales Vargas, Francisco, \u201cEl papel de las ladrilleras en la consolidaci\u00f3n de un barrio\u201d, Tesis de Maestr\u00eda en Arquitectura, unam, 2016, en https:\/\/goo.su\/iUEBH<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Rivera Cambas, Manuel, <em>M\u00e9xico pintoresco, art\u00edstico y monumental<\/em>., Biblioteca Digital Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n, en https:\/\/cutt.ly\/BrjEgml6<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Laura Su\u00e1rez de la Torre Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 68. La memoria acumulada en documentos y testimonios nos revela lo que fue la cabecera de la prefectura de Tacubaya. De su zona de huertos y jardines, casas de campo amplias, gente sencilla, de trabajo. Que no fue ajena a las consecuencias de los desastres naturales y los conflictos pol\u00edticos, como tampoco al desarrollo urbano que la despoj\u00f3 de su traza rural y las costumbres pueblerinas. Mixcoac, por su posici\u00f3n geogr\u00e1fica, la belleza de su clima, y la inmediaci\u00f3n a la capital y a Tacubaya, era digna de protecci\u00f3n. Agust\u00edn Rivera Cambas La mayor parte de nuestra vida transcurre dentro de un \u00e1rea determinada de la gran ciudad; es all\u00ed donde habitamos o en donde acudimos a nuestra escuela o trabajo o quiz\u00e1s en donde desarrollamos a alguna actividad recreativa. Caminamos muchas veces por<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2868],"tags":[91,183,718],"class_list":{"0":"post-22200","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-68","8":"tag-arquitectura","9":"tag-ciudad-de-mexico","10":"tag-mixcoac-2"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22200","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22200"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22200\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22291,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22200\/revisions\/22291"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22200"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22200"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22200"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}