﻿{"id":22194,"date":"2025-07-15T13:22:31","date_gmt":"2025-07-15T19:22:31","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22194"},"modified":"2025-07-18T18:25:46","modified_gmt":"2025-07-19T00:25:46","slug":"los-castigos-implacables-en-la-coahuila-del-siglo-xviii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/los-castigos-implacables-en-la-coahuila-del-siglo-xviii\/","title":{"rendered":"Los castigos implacables en la Coahuila del siglo XVIII"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Jairo Eduardo Jim\u00e9nez Sotero<br \/>\nFacultad de Ciencias Sociales, Universidad Aut\u00f3noma de Coahuila<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #993300;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 68.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_01_Castigos.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-16736 size-full\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Revelarse contra una autoridad militar en la Nueva Espa\u00f1a implicaba una ruda respuesta. El mulato Joseph Yermo supo de ella entre azotes y trabajos forzados. Infringir la ley implicaba castigos rehabilitadores y beneficios de mano de obra barata para el rey y las instituciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_22195\" aria-describedby=\"caption-attachment-22195\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22195\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_062.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"465\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_062.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_062-300x174.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_68_062-768x446.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22195\" class=\"wp-caption-text\">Indios apaches atacando el tren y a la comitiva, litograf\u00eda en John Russell Bartlett, Personal narrative of explorations and incidents in Texas, New Mexico, California, Sonora and Chihuahua, Vol. 2, Nueva York, EUA, D. Appleton &amp; Co., 1854.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El transgresor de la ley fue visto en el siglo xviii como un riesgo para la estabilidad social. Su castigo ser\u00eda, desde entonces, una de las potestades del Estado borb\u00f3nico. El caso del mulato Joseph Yermo que se expone a continuaci\u00f3n as\u00ed lo evidencia, adem\u00e1s de mostrar la conflictividad en las interacciones entre la poblaci\u00f3n civil y las tropas. La sociedad novohispana era una entidad hist\u00f3rica predominantemente civil, pero en la que, al mismo tiempo, los militares adquir\u00edan cada vez mayor relevancia, particularmente en el norte del virreinato, un territorio en perpetuo estado de guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La disciplina social y el orden en la Nueva Espa\u00f1a del siglo de las luces fue siempre un tema importante desde la \u00f3ptica pol\u00edtica y de la ley. Como en cualquier formaci\u00f3n pol\u00edtica de antiguo r\u00e9gimen, en el noreste novohispano los derechos y beneficios de vivir en sociedad no eran para todos. Exist\u00edan privilegios, ya fuera de clase, g\u00e9nero o calidad. En suma, no hab\u00eda algo que se asemejara a lo que hoy entendemos como igualdad ante la ley. De ah\u00ed que las tensiones que se viv\u00edan en una regi\u00f3n de frontera como la provincia de Coahuila, que hist\u00f3ricamente estuvo marcada por din\u00e1micas de guerra entre espa\u00f1oles e indios n\u00f3madas (indios \u201cb\u00e1rbaros\u201d como despectivamente se les llamaba) modelaron en muchos sentidos una realidad marcada por el conflicto y la violencia. El septentri\u00f3n novohispano a nivel social fue una mezcla de diversos grupos y esa variabilidad devino, por tanto, en complejos arreglos y ordenamientos pol\u00edticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las clasificaciones sociales y sobre todo la calidad de las personas, es decir, la combinaci\u00f3n que inclu\u00eda los or\u00edgenes familiares, los rasgos f\u00edsicos, la situaci\u00f3n tributaria y la reputaci\u00f3n individual y colectiva contribuyeron a conservar y reforzar las barreras sociales de esa \u00e9poca. Calidades como las de indio, espa\u00f1ol, pardo o mulato, como enseguida se ver\u00e1, encerraban todo un conjunto de valoraciones sociales y juicios que se emit\u00edan sobre los individuos. El siglo xviii<strong>,<\/strong> con sus aires de modernidad pol\u00edtica, en la pr\u00e1ctica fue tambi\u00e9n un periodo<strong>,<\/strong> en muchos sentidos<strong>,<\/strong> con din\u00e1micas que les asignaban a las personas una identidad perceptible a partir de la que cada cual ocupar\u00eda<strong>,<\/strong> aunque no de manera infranqueable y perpetua<strong>,<\/strong> una posici\u00f3n en la estructura social.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Desacato<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia que se narra aqu\u00ed se tom\u00f3 de un documento ubicado en el Archivo General del Estado de Coahuila, Fondo Colonial<strong>.<\/strong> Relata que corr\u00eda el mes de noviembre de 1757 en el paraje La Hoya, de la Provincia de San Francisco de Coahuila, en el septentri\u00f3n novohispano<strong>,<\/strong> donde se encontraba destacado un contingente militar de guardia bajo el mando de don \u00c1ngel Martos Navarrete, teniente coronel de los reales ej\u00e9rcitos, gobernador y Capit\u00e1n General interino de la Provincia de Coahuila<strong>,<\/strong> en esa \u00e9poca perteneciente al reino de la Nueva Vizcaya, unidad pol\u00edtica que tuvo como capitales a lo largo del tiempo a ciudades como Durango, Chihuahua y Parral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Martos Navarrete dice que en ese momento se encontraba al frente de una compa\u00f1\u00eda militar que oscilaba entre los 70 y 90 hombres armados. En el documento, este importante funcionario acusa al mulato Joseph Yermo de atacar a uno de sus cabos subalternos de escuadra \u2013unidad militar operativa b\u00e1sica de los ej\u00e9rcitos del periodo, que constaba de cuatro a cinco soldados. Yermo agredi\u00f3 al cabo con un cuchillo, aunque sin causarle realmente ning\u00fan da\u00f1o pues s\u00f3lo consigui\u00f3 cortar un ala del sombrero<strong>,<\/strong> haciendo, adem\u00e1s<strong>,<\/strong> \u201ccara a otros varios soldados\u201d. Por la narrativa del teniente y los detalles citados se trat\u00f3 de un asunto que, aunque sencillo en apariencia, caus\u00f3 un gran malestar entre sus soldados, quienes a todas luces exigieron un castigo implacable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reacci\u00f3n del jefe militar fue contundente y despiadada. Martos Navarrete se\u00f1alaba que Yermo hab\u00eda faltado \u201cal respeto y la veneraci\u00f3n a la superioridad que en mi reside\u201d, condenando \u201ctan notable osad\u00eda\u201d con cien azotes en la picota de la Villa de Monclova. Adem\u00e1s, durante el tormento, tendr\u00eda colgado el cuchillo en el cuello<strong>,<\/strong> para as\u00ed hacer de conocimiento p\u00fablico el tipo de arma ofensora. Los azotes en picota como mecanismo de poder pol\u00edtico en la esfera p\u00fablica eran recurrentemente usados en las sociedades de la Ilustraci\u00f3n. Como estrategia disuasoria y de control social estaban dirigidos, no s\u00f3lo a quien sufr\u00eda la pena en su propia piel<strong>,<\/strong> sino a potenciales disidentes del orden social imperante. Eran, en suma, un poderoso transmisor del discurso del poder del Estado borb\u00f3nico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fuerzas armadas novohispanas estaban bajo un proceso de profundas transformaciones por entonces. En lo general se ten\u00edan dos variantes del servicio armado en el virreinato: los ej\u00e9rcitos permanentes o tropas veteranas, como se les conoc\u00eda en ese periodo, constituyendo lo que hoy entender\u00edamos como ej\u00e9rcitos permanentes; y, las milicias, unidades de tipo temporal, que prestaban servicio bajo un tiempo determinado y cuyos integrantes inclu\u00edan a personas de diversas calidades (pardos, morenos, mestizos, etc\u00e9tera). Las tropas veteranas estaban \u00fanicamente formadas por personal venido de Europa y eran pagadas directamente por la Real Hacienda, caso contrario a las milicias, que por su servicio recib\u00edan diversos beneficios, aunque no siempre un pago monetario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas fuerzas estaban a\u00fan en construcci\u00f3n y deb\u00edan de crearse bajo un manto de legitimidad mon\u00e1rquica que les confiriera respetabilidad social, de ah\u00ed que cualquier afrenta a su autoridad e integrantes ser\u00eda reprimida duramente.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>El castigo<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Romper el sombrero de un cabo de una cuchillada y hacer malas caras, ademanes y gestos de burla al piquete de soldados de guardia son algo que<strong>,<\/strong> quiz\u00e1<strong>,<\/strong> desde nuestra \u00f3ptica del siglo xxi, podr\u00eda parecer una nimiedad, pero no lo era as\u00ed para Navarrete y sus soldados. El teniente<strong>,<\/strong> desde luego, no qued\u00f3 conforme con el castigo corporal y pidi\u00f3 echar mano tambi\u00e9n de otra herramienta muy com\u00fan en la \u00e9poca para los considerados socialmente incorregibles<strong>: <\/strong>el trabajo. De ah\u00ed que tambi\u00e9n exigiera el env\u00edo de Joseph Yermo, al obraje del pueblo de Patos<strong>,<\/strong> en la misma jurisdicci\u00f3n de Nueva Vizcaya, durante un periodo de cinco a\u00f1os. Un obraje era un t\u00e9rmino gen\u00e9rico que se utilizaba para referirse a una unidad de producci\u00f3n industrial que fabricaba diversos efectos, principalmente textiles y pa\u00f1os. El trabajo en esos lugares empleaba por igual a libres, esclavizados y reos bajo alg\u00fan tipo de pena (como Yermo). Las condiciones laborales por s\u00ed mismas eran duras y para los criminales condenados la situaci\u00f3n resultaba a\u00fan peor, pues a esto se le sumar\u00eda que trabajar\u00edan sin recibir ning\u00fan tipo de pago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y es que, en el siglo de la Ilustraci\u00f3n<strong>,<\/strong> la rehabilitaci\u00f3n y el castigo de los indeseables o disruptores del orden social se consideraba algo muy importante. Encauzar la voluntad y la fuerza de las personas en beneficio del soberano marc\u00f3 una nueva concepci\u00f3n de la disciplina social y del orden en Occidente. No s\u00f3lo hab\u00eda que castigar a aquellos que infring\u00edan la ley, sino aprovechar ese castigo para rehabilitarlos y, al mismo tiempo, obtener un beneficio para el rey y las instituciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, al amparo de los debates sobre la naturaleza del ser humano y del ser social, los soberanos europeos del siglo xviii \u201cdescubrieron\u201d un recurso con el que siempre se cont\u00f3, pero que se desconoc\u00eda. Esto es, que sus s\u00fabditos deb\u00edan reportar beneficios al Estado, pues del correcto funcionamiento de la sociedad depend\u00eda el mantenimiento de ese mismo andamiaje estatal. La poblaci\u00f3n de un pa\u00eds se convirti\u00f3 ahora en un recurso. Los individuos<strong>,<\/strong> en t\u00e9rminos de representaci\u00f3n pol\u00edtica, es decir, de su visibilidad ante las instituciones<strong>,<\/strong> deb\u00edan tener un buen comportamiento y gozar de respetabilidad ante una monarqu\u00eda y unas instituciones que a\u00fan no pose\u00edan del todo el monopolio del uso de la violencia sobre sus gobernados. La autoridad de un rey a miles de kil\u00f3metros de distancia era apenas una idea en etapa embrionaria, que comenzaba a consolidarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esta l\u00f3gica de acci\u00f3n pol\u00edtica y con la consecuente rector\u00eda del Estado borb\u00f3nico sobre la vida de hombres y mujeres, se comenz\u00f3 a reflexionar y legislar sobre los mecanismos para controlarlos, sobre todo en funci\u00f3n de su interacci\u00f3n con las instituciones. Cualquier movimiento que se saliera de los par\u00e1metros de la ley imperante deb\u00eda ser castigado y muchas veces<strong>,<\/strong> como en el caso del mulato Yermo, con violencia inusitada y sobre todo p\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por el testimonio del teniente Martos Navarrete, resulta evidente que se sinti\u00f3 lastimado en su orgullo y autoridad frente a la comunidad y la fuerza militar donde esta se hallaba destacada. La <strong>\u201c<\/strong>afrenta<strong>\u201d<\/strong> u <strong>\u201c<\/strong>osad\u00eda<strong>\u201d,<\/strong> como \u00e9l la calific\u00f3, deb\u00eda ser desde luego castigada con todo el peso de la ley como ya se mostr\u00f3. Era consciente de otro de los graves problemas que ten\u00edan la sociedad novohispana y todas las de antiguo r\u00e9gimen, en lo particular en el siglo xviii, y que era el poco respeto y reverencia de la gente hacia la figura del soldado, del hombre armado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diversos personajes emblem\u00e1ticos del siglo de la Ilustraci\u00f3n como Federico II \u201cEl Grande\u201d de Prusia y Artur Wellesley, vencedor de Napole\u00f3n Bonaparte en la batalla de Waterloo y futuro duque de Wellington, lo ve\u00edan como un desperdicio<strong>,<\/strong> como la \u201chez\u201d de la sociedad, como un ser sin oficio ni beneficio, considerando que, ya estando en filas, era un desertor en potencia<strong>,<\/strong> que deb\u00eda ser siempre sancionado y obligado a permanecer en sus unidades. De hecho, los grandes generales y mariscales de la \u00e9poca pensaban que<strong>,<\/strong> m\u00e1s que preocuparse por las balas del enemigo, los soldados bajo su mando hab\u00edan de temer m\u00e1s a los castigos de sus comandantes cuando infring\u00edan la ley. Los correctivos f\u00edsicos con violencia en Nueva Espa\u00f1a inclu\u00edan, por ejemplo, tambi\u00e9n a los soldados infractores. A lo largo y ancho del virreinato se tienen documentados casos donde al igual que a Yermo, los soldados que infring\u00edan la ley y las normas de sus unidades militares se hac\u00edan acreedores a violentos castigos corporales. Ejemplo de esto eran las terribles y temidas carreras de baquetas. Estas consist\u00edan en que el hombre castigado corr\u00eda en medio de dos filas de soldados con la espalda desnuda mientras sus compa\u00f1eros de armas lo golpeaban con las baquetas de los tambores, palos y dem\u00e1s objetos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior evidencia en muchos sentidos<strong>,<\/strong> el poco respeto y la falta de reconocimiento existente en el periodo borb\u00f3nico hacia la figura del soldado, de ah\u00ed que hubiera que construir un imaginario que confiriera respetabilidad y honor a una labor que<strong>,<\/strong> ciertamente<strong>, <\/strong>no gozaba de muy buena estima en una sociedad como la novohispana que<strong>,<\/strong> hasta ese momento<strong>,<\/strong> nunca la hab\u00eda sentido. Y si para construir ese imaginario hab\u00eda que echar mano de la violencia, no se dudar\u00eda en hacerlo.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Yermo castigado<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al argumentar en su denuncia que Yermo hab\u00eda faltado \u201cal respeto y la veneraci\u00f3n a la superioridad que en mi reside\u201d<strong>\u00a0 <\/strong>y que deb\u00eda castigarse de manera ejemplar semejante \u201cosad\u00eda y vilantez\u201d, es claro que el teniente Martos Navarrete pretend\u00eda dar un halo se\u00f1orial y de nobleza a la instituci\u00f3n militar, mediante el castigo de Joseph Yermo. Y es que, desde luego, una persona con ancestros africanos cometiendo una afrenta ante la autoridad<strong>,<\/strong> debi\u00f3 ser algo cuando menos insultante a los ojos de los soldados que sufrieron o presenciaron el suceso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una sociedad como la novohispana, de marcado perfil estamental \u2013separada en segmentos sociales\u2013 y de antiguo r\u00e9gimen \u2013en el que los derechos no eran para todos\u2013, la calidad \u2013de indio, espa\u00f1ol, pardo, moreno o mulato\u2013 resultaba fundamental, siempre acompa\u00f1aba de una serie de prejuicios y estereotipos que condicionaban la identidad de los individuos, y que se construy\u00f3 a lo largo de los a\u00f1os. Probablemente en el caso de Yermo, que ejemplifica bien la brutalidad de los castigos f\u00edsicos de ese entonces, su calidad de mulato habr\u00eda motivado quiz\u00e1s la violencia con que se le trat\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pena final a Joseph Yermo que incluy\u00f3 cien azotes en picota en la plaza p\u00fablica y el trabajo durante cinco a\u00f1os en un obraje representaban bien la mentalidad absolutista-ilustrada de la \u00e9poca. La idea del castigo para el que atentara contra las instituciones del Estado fue utilizada como una herramienta m\u00e1s de control por parte de las autoridades novohispanas. El mantenimiento de las barreras sociales y el respeto hacia los funcionarios p\u00fablico (incluidos los militares) constituy\u00f3 en el siglo de la Ilustraci\u00f3n un ideal a seguir, pues se consideraba en ese periodo que unas fuerzas armadas fuertes y respetables constitu\u00edan un s\u00edntoma palpable de un estado moderno, eficiente y civilizado,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER MAS<\/strong><\/h4>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Amezcua Garc\u00eda, M\u00f3nica Samantha y Jairo Eduardo Jim\u00e9nez Sotero, \u201cMulatos cautivos. El caso de Nicol\u00e1s de Casta\u00f1eda en la frontera del Noreste novohispano\u201d, <em>Relatos e Historias en M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 188, 2024, en https:\/\/goo.su\/jcBUnN<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Jim\u00e9nez Sotero, Jairo Eduardo, \u201cControl y violencia. La brutalidad de los castigos militares en la Nueva Espa\u00f1a del siglo xviii\u201d <em>Relatos e Historia en M\u00e9xico<\/em>, A\u00f1o xvii, n\u00fam. 193, 2024, en https:\/\/goo.su\/BOch<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Vald\u00e9s D\u00e1vila, C., M\u00f3nica Samantha Amezcua Garc\u00eda, Rufino Rodr\u00edguez Garza y Miguel \u00c1ngel Reyna, <em>Atlas de los Indios de Coahuila<\/em>, Saltillo, Gobierno Municipal de Saltillo, Instituto Municipal de Cultura de Saltillo, 2015.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Vald\u00e9s D\u00e1vila, Carlos, <em>La gente del mezquite. Los n\u00f3madas del noreste en la colonia<\/em>, Saltillo, Universidad Aut\u00f3noma de Coahuila, 2017, disponible en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/HrjK2Rdf\">https:\/\/cutt.ly\/HrjK2Rdf<\/a><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jairo Eduardo Jim\u00e9nez Sotero Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Aut\u00f3noma de Coahuila En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 68. Revelarse contra una autoridad militar en la Nueva Espa\u00f1a implicaba una ruda respuesta. El mulato Joseph Yermo supo de ella entre azotes y trabajos forzados. Infringir la ley implicaba castigos rehabilitadores y beneficios de mano de obra barata para el rey y las instituciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas. El transgresor de la ley fue visto en el siglo xviii como un riesgo para la estabilidad social. Su castigo ser\u00eda, desde entonces, una de las potestades del Estado borb\u00f3nico. El caso del mulato Joseph Yermo que se expone a continuaci\u00f3n as\u00ed lo evidencia, adem\u00e1s de mostrar la conflictividad en las interacciones entre la poblaci\u00f3n civil y las tropas. La sociedad novohispana era una entidad hist\u00f3rica predominantemente civil, pero en la que, al mismo tiempo, los militares adquir\u00edan cada vez mayor<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2868],"tags":[680,2867,2273],"class_list":{"0":"post-22194","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-68","8":"tag-castigos","9":"tag-norte-novohispano","10":"tag-nueva-espana"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22194","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22194"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22194\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22290,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22194\/revisions\/22290"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22194"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22194"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22194"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}