﻿{"id":22125,"date":"2025-04-08T12:00:32","date_gmt":"2025-04-08T18:00:32","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22125"},"modified":"2025-08-04T17:54:09","modified_gmt":"2025-08-04T23:54:09","slug":"linotipistas-y-algoritmos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/linotipistas-y-algoritmos\/","title":{"rendered":"Linotipistas y algoritmos"},"content":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 67.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/BiC_67_Sepia.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<figure id=\"attachment_22525\" aria-describedby=\"caption-attachment-22525\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22525\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_Sepia.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"574\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_Sepia.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_Sepia-300x215.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_Sepia-768x551.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22525\" class=\"wp-caption-text\">Departamento de Linotipos de El Mundo, El Mundo, 1898. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar, Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Hubo un tiempo en que la lectura no estaba democratizada. O en todo caso llegaba a unos pocos. Ya sea porque la alfabetizaci\u00f3n era incipiente, los costos altos o simplemente las publicaciones no llegaban fuera de los centros urbanos. La tecnolog\u00eda contribuy\u00f3 a dar vuelta a aquella p\u00e1gina negativa. El linotipo fue una de ellas. Cuando comenzaron a instalarlos a fines del siglo <span style=\"font-variant-caps: small-caps;\">XIX <\/span>en editoriales y empresas period\u00edsticas, trajo aparejada una mayor producci\u00f3n de textos impresos con mejor calidad, especializaci\u00f3n laboral y menor desgaste f\u00edsico. Tambi\u00e9n implic\u00f3 una reducci\u00f3n de la mano de obra. En <a href=\"https:\/\/drive.google.com\/file\/d\/1ePimd62G--E9DIBn2qbhG-t4mWF2PidO\/view?usp=sharing\">las p\u00e1ginas de <i>El Mundo Ilustrado<\/i><\/a> contaban orgullosos en 1899 la adquisici\u00f3n de esas cuatro m\u00e1quinas \u201cmaravillosas\u201d de la imagen, que incluso hac\u00edan m\u00e1s \u201climpia\u201d la manipulaci\u00f3n del papel, con menor carga de tinta.<\/p>\n<p>Concentrados en la lectura, estos linotipistas teclean textos. En la postura, poco se diferencian de lo que hoy nosotros hacemos en celulares y tabletas. Lo m\u00e1s claro que podemos distinguir a m\u00e1s de un siglo de distancia est\u00e1 en el contenido: se trataba de un trabajo donde estaban presos de cada p\u00e1rrafo. Nada pod\u00edan modificar. Tecleaban para enviar a la m\u00e1quina la orden de impresi\u00f3n. Sin quitar una coma mal puesta ni posibilidad de dar opini\u00f3n, contribu\u00edan a sostener el discurso porfirista de entonces \u2013exist\u00eda una ley de censura\u2013 que pocos a\u00f1os despu\u00e9s ya sabemos en qu\u00e9 acab\u00f3. Hoy, los textos impresos pasan por malas horas para su consumo, pero podemos comentar, opinar, divergir, gritar u odiar desde el anonimato digital. Una libertad de todos modos acotada. Vivimos en nichos, aunque creamos lo contrario. <a href=\"https:\/\/theconversation.com\/pueden-destruir-la-democracia-las-grandes-tecnologicas-y-la-ia-generativa-235274\">Con tanta operaci\u00f3n de algoritmos<\/a>, la repercusi\u00f3n de lo que decimos es m\u00ednima. Mientras tanto, los que imponen su discurso \u2013invierten dinero para ser le\u00eddos o derraman falsedades\u2013, acaparan la atenci\u00f3n con su esc\u00e1ndalo. Atados a los textos de otros, tal cual le ocurr\u00eda a los linotipistas, estamos a expensas de los alcances de cada voz que permiten divulgar las imposiciones algor\u00edtmicas de los Musk y Zuckerberg en sus redes digitales. <a href=\"https:\/\/ethic.es\/entrevista-juan-villoro\/\">La tecnolog\u00eda no es un fin<\/a> en s\u00ed misma, importa para qu\u00e9 se la use. Aunque suene parad\u00f3jico, los linotipistas del porfiriato no alimentaban la libertad de expresi\u00f3n, como tampoco opinar o informar en redes sociales implica hoy que alguien nos ponga atenci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 67. Hubo un tiempo en que la lectura no estaba democratizada. O en todo caso llegaba a unos pocos. Ya sea porque la alfabetizaci\u00f3n era incipiente, los costos altos o simplemente las publicaciones no llegaban fuera de los centros urbanos. La tecnolog\u00eda contribuy\u00f3 a dar vuelta a aquella p\u00e1gina negativa. El linotipo fue una de ellas. Cuando comenzaron a instalarlos a fines del siglo XIX en editoriales y empresas period\u00edsticas, trajo aparejada una mayor producci\u00f3n de textos impresos con mejor calidad, especializaci\u00f3n laboral y menor desgaste f\u00edsico. Tambi\u00e9n implic\u00f3 una reducci\u00f3n de la mano de obra. En las p\u00e1ginas de El Mundo Ilustrado contaban orgullosos en 1899 la adquisici\u00f3n de esas cuatro m\u00e1quinas \u201cmaravillosas\u201d de la imagen, que incluso hac\u00edan m\u00e1s \u201climpia\u201d la manipulaci\u00f3n del papel, con menor carga de tinta. 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