﻿{"id":22119,"date":"2025-04-08T11:09:53","date_gmt":"2025-04-08T17:09:53","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22119"},"modified":"2025-08-04T17:38:39","modified_gmt":"2025-08-04T23:38:39","slug":"un-viaje-placentero-por-el-istmo-de-tehuantepec","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/un-viaje-placentero-por-el-istmo-de-tehuantepec\/","title":{"rendered":"Un viaje placentero por el Istmo de Tehuantepec"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Ana Rosa Su\u00e1rez Arg\u00fcello<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 67.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/BiC_67_08_Testimonio_Tehuantepec.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Los estadunidenses necesitaban a mediados del siglo XIX unir sus costas en el menor tiempo posible. Dos v\u00edas externas eran conocidas, la paname\u00f1a y la nicarag\u00fcense, pero la opci\u00f3n del Golfo de M\u00e9xico a trav\u00e9s del Istmo de Tehuantepec ser\u00eda la m\u00e1s r\u00e1pida \u2013quince d\u00edas\u2013 y la m\u00e1s estrat\u00e9gica para sus intereses. Fue una alternativa que dur\u00f3 tan solo un a\u00f1o, arruinada por los altos costos econ\u00f3micos.<\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-22515\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_150.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"487\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_150.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_150-300x183.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_150-768x468.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sue\u00f1o largamente acariciado de una v\u00eda interoce\u00e1nica por el Istmo de Tehuantepec pareci\u00f3 convertirse en realidad a fines de 1858 y durante 1859. Los peri\u00f3dicos de Estados Unidos se refer\u00edan a ella con frecuencia e invitaban al p\u00fablico a tomarla. La prensa de California estaba exultante. Animados por la promesa de que pronto recibir\u00edan las noticias de la costa atl\u00e1ntica en s\u00f3lo quince d\u00edas, el <em>Sacramento Daily Union<\/em> y el <em>Daily Alta California<\/em> reiteraban sus ventajas, entre otras las estrat\u00e9gicas: \u201cEs la m\u00e1s cercana a nuestras posesiones en ambos oc\u00e9anos, la m\u00e1s f\u00e1cil de proteger y permanece abierta en tiempos de guerra. El Golfo de M\u00e9xico est\u00e1 solemnemente destinado, de aqu\u00ed en adelante, a ser un mar estadunidense, sobre el cual es necesario que el pa\u00eds tenga un poder superior y dominante\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Louisiana Tehuantepec Company (LTH) hab\u00eda logrado habilitar una ruta para unir Nueva Orle\u00e1ns con San Francisco. Un vapor de la empresa, el <em>Quaker City<\/em>, zarpaba rumbo a Minatitl\u00e1n, con pasajeros y las valijas entregadas por la Oficina General de Correos. Al llegar a Minatitl\u00e1n se efectuaba el paso por la aduana y el traslado de pasajeros, equipaje y correo en el menor plazo posible al vaporcito <em>Suchil<\/em> para surcar el r\u00edo Coatzacoalcos. El recorrido duraba cerca de 18 horas, escoltado \u2013seg\u00fan un peri\u00f3dico de California\u2013 por \u201clos aplausos m\u00e1s entusiastas\u201d de los pueblos por los que pasaba, bellos paisajes, cultivos de ca\u00f1a de az\u00facar, caf\u00e9 y frutas tropicales, am\u00e9n de abundantes \u201cchangos y pericos [\u2026] y muchos lagartos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los viajeros descend\u00edan despu\u00e9s en el embarcadero de El S\u00fachil. De inmediato se dirig\u00edan, a pie, en caballo o carreta, hacia el poblado de Almoloya, vuelto estaci\u00f3n central de las reci\u00e9n llegadas diligencias. Una vez ah\u00ed, los viajeros abordaban los carruajes y emprend\u00edan el recorrido hacia el litoral del Pac\u00edfico, seguidos por el transporte del correo, con \u201cla bandera de las barras y las estrellas ondeando sobre \u00e9l\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaban por la ciudad de Tehuantepc, donde se alojaban en posadas, algunas con bares y whiskey en ellos. Se quedaban all\u00ed unas horas, para seguir despu\u00e9s hasta Ventosa, pasar de nuevo por la aduana y subir a los botes que los trasladaba al vapor <em>Oregon<\/em>, que zarpar\u00eda para Acapulco. La empresa hab\u00eda llegado a un acuerdo con la Pacific Mail Steamship Company, para que esta se encargara del transporte en el Pac\u00edfico, con el vapor <em>Oregon<\/em> que har\u00eda la ruta Acapulco-Ventosa-Panam\u00e1 y con el Golden Age, que cubr\u00eda el trecho entre San Francisco y Acapulco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los meses siguientes, la LTH traslad\u00f3 con \u00e9xito el correo y numerosos pasajeros entre Nueva Orle\u00e1ns y San Francisco cada quince d\u00edas, de manera regular. La correspondencia con los vapores del Golfo de M\u00e9xico y el Pac\u00edfico result\u00f3 bastante eficiente y en repetidos art\u00edculos y anuncios de prensa se manifestaron las ventajas sobre otras rutas \u2013de catorce a 16 d\u00edas. En suma, las primeras semanas de 1859 fueron buenas. Se preve\u00eda un porvenir pr\u00f3spero; de all\u00ed la pretensi\u00f3n de hacer mejoras y que se contrajeran fuertes deudas sin tener siquiera la certeza de renovar el subsidio federal de correos y sin contar con un capital suficiente como reserva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la salud de la empresa no era nada buena y se deb\u00eda sobre todo a la dependencia del subsidio de correo y de un solo capitalista: Hargous Brothers de Nueva York. Si fallaba uno, todo podr\u00eda venirse abajo. Y la competencia por el subsidio era dif\u00edcil pues en ella participaban, adem\u00e1s de las rutas paname\u00f1a y nicarag\u00fcense, las terrestres, en particular la que un\u00eda St. Louis, Missouri, con California por el norte de Texas. Por otro lado, las cuentas se acumulaban sobre los hombros de la casa neoyorquina que, entre otros compromisos, enfrentaba los grandes gastos generados por la ruta. Si bien es cierto que el istmo se llen\u00f3 de viajeros y llegaron colonos con la mira de hacer fortuna, los ingresos no eran suficientes para equilibrar los gastos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La situaci\u00f3n har\u00eda crisis a mediados de 1859 cuando la d\u00e9bil condici\u00f3n financiera de la LTC no diera m\u00e1s de s\u00ed y no llegasen recursos. De hecho, poco antes se empez\u00f3 a despedir empleados y quienes se quedaron dejaron de recibir el sueldo. A su vez, los acreedores locales acumulaban letras incobrables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u201cgran obra\u201d de Tehuantepec estaba lista para el desastre; s\u00f3lo hac\u00edan falta motivos concretos para desencadenar su ruina. Los problemas se precipitar\u00edan cuando, en mayo, perdiera el contrato del correo y, en junio, la casa neoyorquina entrase en quiebra. Casi de inmediato, el juez de Juchit\u00e1n orden\u00f3 un embargo y se incautaron casas, tierras, botes, caballos, arneses, herramientas, carruajes, etc\u00e9tera.<\/p>\n<figure id=\"attachment_22516\" aria-describedby=\"caption-attachment-22516\" style=\"width: 589px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22516\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_152.jpg\" alt=\"\" width=\"589\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_152.jpg 589w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/BiC_67_152-221x300.jpg 221w\" sizes=\"(max-width: 589px) 100vw, 589px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22516\" class=\"wp-caption-text\">Antonio Garc\u00eda Cubas, Mapa del Istmo de Tehuantepec, 1858. Colecci\u00f3n particular.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La LTC detuvo sus actividades poco a poco. Una vez que dej\u00f3 de recibir el correo federal, los viajes a trav\u00e9s del Golfo de M\u00e9xico siguieron por algunas semanas, con correspondencia y pasajeros Nueva Orle\u00e1ns-California, pero al final tuvieron que cesar. Despojada de casi todos sus bienes en el istmo, la empresa qued\u00f3 por fin detenida el 8 de noviembre, cuando en presencia de los acreedores y con el apoyo de una compa\u00f1\u00eda de soldados, se embarg\u00f3 y puso bajo custodia armada el patrimonio que le restaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo as\u00ed, pasar\u00eda poco tiempo para que el Istmo de Tehuantepec \u2013se\u00f1al\u00f3 un testigo\u2013 volviera a ser \u201ctan tranquilo y deprimente como era antes\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En seguida les presentamos la descripci\u00f3n de un viaje de San Francisco a Nueva Orle\u00e1ns, que el pastor E. S. Lacy dirigi\u00f3 al <em>Weekly Pacific<\/em> de San Francisco y este public\u00f3 en el mes de mayo de 1859.<\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cr\u00f3nica de una traves\u00eda entre \u201chijos del sol\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vapor Coatzacoalcos, 20 de abril de 1859.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Editor del <em>Pacific<\/em>:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Salimos de San Francisco en el <em>Golden Age<\/em> el d\u00eda 5 del corriente y desembarcamos en Acapulco el 11, recorriendo la distancia en seis d\u00edas y pocas horas. El mar s\u00f3lo estuvo agitado por una ligera brisa durante todo el camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El domingo se predic\u00f3 en la cubierta por la noche y en el entrepuente por la tarde. Todo estaba en orden y la multitud de oyentes parec\u00edan muy atentos y satisfechos de que pudiera observarse en el gran oc\u00e9ano. El canto fue excelente. All\u00ed, en cubierta, el que suscribe tuvo el privilegio de bautizar al hijo peque\u00f1o del se\u00f1or y la se\u00f1ora Gray, de Benicia: &#8220;el primer ni\u00f1o&#8221;, coment\u00f3 el capit\u00e1n, &#8220;que se haya bautizado en el oc\u00e9ano Pac\u00edfico&#8221;. Las circunstancias hicieron que la ceremonia fuera solemne y extraordinaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al poco de dejar el <em>Age<\/em>, abordamos el <em>Oregon <\/em>y salimos del hermoso puerto de Acapulco alrededor de las siete de la tarde, antes de que el vapor que dej\u00e1bamos atr\u00e1s terminase de cargar carb\u00f3n y se reanudara nuestro trayecto. Nos separamos as\u00ed de la agradable compa\u00f1\u00eda de amigos en medio de cohetes, con profundo pesar por perderla, cada parte enfrentando las incertidumbres de su viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El capit\u00e1n Hudson, del <em>Oregon<\/em>, trat\u00f3 a sus pasajeros como invitados. Sentimos un gran alivio por la libertad de que se gozaba en el magn\u00edfico barco, abierto al gozo de s\u00f3lo una veintena de viajeros. Cada uno ten\u00eda una habitaci\u00f3n para \u00e9l solo y estas eran tan amplias como las de una casa. No olvidaremos pronto el agradable placer causado por la frescura sentida en el barco en ese clima c\u00e1lido: los ba\u00f1os gratuitos y los ricos frutos. El mi\u00e9rcoles por la tarde, a las seis, fondeamos en el puerto de Ventosa, a siete d\u00edas y veinte horas de haber salido de San Francisco. Todo el mar hab\u00eda estado tan tranquilo como un lago. Muy pronto, los botes llegaron a recogernos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La zona de Ventosa es una llanura arenosa baja. Un audaz promontorio de rocas amarillas se hunde en el mar, cien varas al sur, formando una peque\u00f1a bah\u00eda que protege de los vientos del oeste, pero por lo dem\u00e1s bastante expuesta. Navegamos muy bien en medio del fuerte oleaje. Tienen los mejores botes y nos dicen que el desembarco es bastante seguro y se realiza con rapidez. Ventosa es una criatura de la Compa\u00f1\u00eda: ella la ha levantado. S\u00f3lo hay unas pocas casas para refugio de hombres, animales y embarcaciones. Dista trece millas y media de la ciudad de Tehuantepec<strong>, <\/strong>donde se guardan las diligencias; habiendo llegado un d\u00eda antes de lo programado, no nos esperaban en Ventosa y no llegaron por nosotros sino hasta cerca del mediod\u00eda, adem\u00e1s de que luego se necesitaron unas horas m\u00e1s para alimentar a los caballos. A las cuatro de la tarde est\u00e1bamos listos para salir a Tehuantepec. As\u00ed pues, pas\u00e9 todo el d\u00eda en un lugar de lo menos interesante y el \u00fanico alivio a la c\u00e1lida y lenta monoton\u00eda fue un excelente ba\u00f1o de mar, el m\u00e1s estimulante que jam\u00e1s haya tenido. El agua estaba templada y las olas nos envolv\u00edan magn\u00edficamente. [\u2026] Aqu\u00ed nos topamos con la vegetaci\u00f3n tropical. El camino era arenoso y andamos una milla, excitados por la curiosidad. El cactus es una caracter\u00edstica destacable de la floresta. Crece como un \u00e1rbol, del tama\u00f1o del cuerpo de un hombre, y se ramifica en columnas estriadas [\u2026]. A veces se ve que una de esas columnas se eleva 15 o 20 pies, es m\u00e1s grande en la parte superior que en la base y parece la maza de H\u00e9rcules. Tiene una hermosa flor. Produce la madera de la regi\u00f3n, que es muy dura y pesada. Los escalones de la antigua catedral de Tehuantepec est\u00e1n hechos con ella y se dice que nunca han sido reemplazados, sino que siguen all\u00ed desde hace 300 a\u00f1os. A\u00fan ahora muestran poco desgaste.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegamos a Tehuantepec a las 7 p.m. Nos alojaron en una casa de adobe, alrededor de un patio con azulejos al estilo mexicano, donde crec\u00edan \u00e1rboles de cacao. Era el Hotel San Francisco, donde nos atendieron muy bien. Por la noche, nos levantamos para bajar al r\u00edo. Las orillas de ambos lados estaban llenas de hombres, mujeres y ni\u00f1os que se ba\u00f1aban, promiscuamente. Lavaban, llenaban y acarreaban tinajas de agua y permit\u00edan que sus caballos rodaran y chapotearan. Nunca hab\u00eda visto una escena as\u00ed. El r\u00edo es para ellos lo que el Ganges para los hind\u00faes o el Nilo para los egipcios. Ahora es la estaci\u00f3n seca. El r\u00edo mide unas 30 yardas de ancho y dos pies de profundidad en promedio. Es una corriente hermosa y debe tener un gran caudal en la temporada de lluvias. Se estima que Tehuantepec cuenta con 15 000 habitantes, casi todos nativos del pa\u00eds, con seguridad descendientes de los aztecas. Est\u00e1n bien formados, los hombres son fuertes y las mujeres hermosas. Muchos son muy morenos, todos son &#8220;hijos del sol&#8221;. La ciudad tiene 17 iglesias. La antigua catedral es el lugar venerado, con paredes de ladrillo muy pesadas. Sus dimensiones, junto con el convento, todo en una sola estructura, abarcan una inmensa extensi\u00f3n. El convento est\u00e1 ahora ocupado por una guarnici\u00f3n de soldados del partido liberal. La iglesia apoya la lucha contra los religioneros. Se dice que el padre, a quien me presentaron, es un hombre excelente, educado y muy liberal. Manifest\u00f3 sentimientos de tolerancia hacia todas las sectas y credos, lo que, por supuesto, mereci\u00f3 mi m\u00e1s cordial aprobaci\u00f3n. El mercado de Tehuantepec muestra mucho de las costumbres nacionales. Son mujeres las que venden los productos. Cubren sus cabezas con un vestido blanco, largo, que llega hasta los hombros; se echan sobre el pecho un lienzo ligero y un trozo de tela de color se envuelve alrededor de la cintura y se abrocha, llegando hasta debajo de las rodillas; este es el vestido completo. [\u2026] El calor aqu\u00ed no parece ser opresivo para quien est\u00e1 en la sombra, pero debe ser muy enervante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestras diligencias aguardaban a la puerta del hotel a las cinco de la tarde y subimos a ellas para seguir el viaje por la noche, consider\u00e1ndolo como mucho m\u00e1s c\u00f3modo para hombres y bestias. Eran veh\u00edculos bien cubiertos, marca Concord. Los caminos son excelentes. [\u2026] Fueron seis horas de avance r\u00e1pido. La luna brillaba mucho, el bosque a lo lejos parec\u00eda en llamas, la Cruz del Sur iba detr\u00e1s de nosotros y cabalgamos alegremente a trav\u00e9s de esa regi\u00f3n salvaje y deshabitada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegamos a las cinco de la ma\u00f1ana a Almoloya, que es tan s\u00f3lo una estaci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda. Nos echamos en una hamaca y dormimos una hora y media, para luego bajar al hermoso arroyo del mismo nombre y ba\u00f1arnos en sus aguas puras y frescas. En ning\u00fan lugar hay un arroyo tan hermoso, suficiente para hacer funcionar el molino m\u00e1s grande. Este es un lugar de palmares. El paisaje es realmente maravilloso: las extensas llanuras y, a lo lejos, las monta\u00f1as, inmutables y antiguas como el mundo. Ser\u00eda un lugar encantador para residir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las dos de la tarde, est\u00e1bamos de nuevo en nuestras diligencias. El sol no era asfixiante. Tuvimos tiempo libre para admirar todas las curiosidades de la vegetaci\u00f3n y del suelo. El camino se extiende a trav\u00e9s de una hermosa regi\u00f3n, al parecer rica, pero inculta, con tierras onduladas, valles y monta\u00f1as. Por la tarde, llegamos al paso de Chivela. Aqu\u00ed hay grandes monta\u00f1as, profundos desfiladeros y amplias perspectivas, pero no pudimos apreciarlas plenamente a la luz de la luna. Es el mejor camino de monta\u00f1a que jam\u00e1s he recorrido, un camino hecho con mucho trabajo. Llegamos al r\u00edo Sarabia, la siguiente estaci\u00f3n, a las 11 de la noche, y dormimos en catres o hamacas. Aqu\u00ed la noche era fr\u00eda, debajo de las mantas ten\u00edamos fr\u00edo. Est\u00e1bamos ahora en medio del istmo. Hab\u00edamos pasado la cresta divisoria y nos encontr\u00e1bamos en la vertiente atl\u00e1ntica. El Pac\u00edfico estaba ahora muy atr\u00e1s de nosotros. Ese oc\u00e9ano, con sus agradables asociaciones, estaba fuera de nuestra vista, podr\u00eda estarlo para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De la comida en el istmo, podemos decir que fue mejor de lo que esper\u00e1bamos. Pollos y huevos abundaban hasta entonces, aunque la carne, cualquiera que fuese, era de calidad inferior. Nos enteramos de que la mantequilla no se ve en absoluto en M\u00e9xico. Su pan es ma\u00edz triturado, cocido [\u2026], y es muy bueno; lo llaman tortillas y es el pan de los ind\u00edgenas. Tambi\u00e9n comen muchos frijoles<em>.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El s\u00e1bado por la tarde, a las nueve y media, salimos de Sarabia, con la esperanza de llegar a S\u00fachil y bajar esa noche por el r\u00edo, pero los tiros de animales eran muy malos y d\u00e9biles y nuestro progreso lento. Las \u00faltimas 15 millas se iniciaron a las 4 de la tarde, despu\u00e9s de descansar un par de horas. Los pobres animales apenas pod\u00edan jalar de los coches y los pasajeros tuvieron que caminar casi todo el trayecto. Comenz\u00f3 a llover y los tiros se desmoronaron, incapaces de subir las colinas resbaladizas, y por lo que acampamos junto a un arroyo. Algunos se acurrucaron junto al fuego, otros se cubr\u00edan con mantas, colgaron sus hamacas en los \u00e1rboles y el resto durmi\u00f3 en los carruajes. Fue una noche dura. Al amanecer del siguiente d\u00eda, los conductores dieron de comer a los animales y partimos pronto, bajo un hermoso firmamento, hacia Suchil, a ocho millas de distancia. El cielo se ilumin\u00f3 y vislumbramos el lugar a donde \u00edbamos a embarcarnos. Lo que no escuchamos fue el llamado de las &#8220;campanas de iglesia&#8221;: nada se parec\u00eda al domingo cristiano. A las 9 y media a.m., subimos en nuestras canoas y nos adentramos en el arroyo, con cuatro musculosos nativos en los remos, dirigidos por un hombre blanco en la popa. El r\u00edo en este lugar es m\u00e1s grande que el Yuba [California] en Maysville. Naveg\u00e1bamos, bajo nuestras sombrillas, encantados con el cambio de viaje. Todo estaba quieto y en silencio, una agradable brisa fresca nos reanimaba, nos sent\u00edamos de buen humor y goz\u00e1bamos de excelente salud. La selva a\u00fan frondosa a los lados, vestida de colores y resonando los cantos de los p\u00e1jaros: uno podr\u00eda f\u00e1cilmente imaginarse en actitud de devoci\u00f3n dominical. Por la tarde, bajamos de los botes, los bendecimos y les deseamos lo mejor. En el crep\u00fasculo, cantamos los viejos himnos de nuestros recuerdos. Dormimos unas horas en la noche, que era fr\u00eda, encendimos un gran fuego y nos mantuvimos lo m\u00e1s c\u00f3modos que pudimos. Al amanecer, el grito de los monos, en un gracioso concierto al otro lado del r\u00edo, y el parloteo de los loros, fueron la se\u00f1al para embarcarnos de nuevo. Por cierto, este grito de mono es como el rugido de los leones. En el r\u00edo comimos lo que carg\u00e1bamos con nosotros. Todo viajero debe ir bien abastecido. Navegamos hasta alrededor del mediod\u00eda, cuando encontramos el vapor fluvial, a 26 horas de S\u00fachil. Nos hall\u00e1bamos ya a unas 40 millas de Minatitl\u00e1n, donde \u00edbamos a abordar el vapor transoce\u00e1nico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pronto nos pusimos en marcha y avistamos la ciudad de 5 000 habitantes, situada en un lugar pintoresco. El nuevo vapor oce\u00e1nico Coatzacoalcos lleg\u00f3 a eso de las 4 p.m. del lunes 13 de abril, trece d\u00edas y algunas horas despu\u00e9s de que dejamos San Francisco. Llev\u00e1bamos seis d\u00edas en el istmo. Fue un tr\u00e1nsito innecesariamente lento y prolongado. Existe una gran y culpable ineficiencia por parte de los agentes de la Compa\u00f1\u00eda. Parece una ausencia fatal de energ\u00eda. Se nos dej\u00f3 permanecer en Ventosa casi todo el d\u00eda antes de poder marcharnos. Luego otro d\u00eda en Tehuantepec. Esta holgura se observ\u00f3 en todas partes durante el tr\u00e1nsito terrestre. En lugar de salir al fresco de la tarde, debimos comenzar a las 9 y media a.m. Toda la traves\u00eda pudo realizarse en tres o seis d\u00edas. Los agentes a caballo, que acompa\u00f1aban a los carruajes para socorro en caso de accidente, o defensa en caso de ataque, los abandonaban en la parte m\u00e1s peligrosa del camino, cuando los caballos y los tiros fallaban y los pasajeros tuvieron que sustituirlos e intervenir. El agente empleado para vigilar el correo de Estados Unidos no estaba cerca esa noche, sino que dorm\u00eda en S\u00fachil. El correo pudo robarse con total impunidad. Queremos creer que las situaciones embarazosas derivaban de la falta de fondos, justo en este momento, pero esto no excusa la absoluta y evidente ineficiencia en la ejecuci\u00f3n de las cosas que s\u00ed son capaces de hacer. [\u2026]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por todo lo que pudimos enterarnos de quienes han trabajado en el istmo, este es notablemente saludable. Estos hombres no han sufrido ninguna enfermedad. Hay insectos desagradables que les molestan, entre los cuales se encuentra uno llamado rotad\u00f3n, que es un mosquito peque\u00f1o, bastante venenoso, que llega en grandes enjambres, pero no nos visit\u00f3, salvo para conocerlo. El <em>jigger<\/em> es una criatura que se mete en los pies y las extremidades, requiere ser precavidos o se tendr\u00e1n consecuencias desagradables y terribles. Tambi\u00e9n se dice que hay ciempi\u00e9s y una especie de gusano que crece en la carne a partir de un huevo o un insecto, todos los cuales generan pocos problemas a los viajeros y no causan gran terror a quienes all\u00ed laboran. La gente debe tener cuidado de no pisar con los pies descalzos, ni aun el suelo de las casas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Consideramos que el vapor de este lado es un barco magn\u00edfico, muy superior en acabado, mobiliario y equipamiento completo a cualquier otro que se encuentre en el Pac\u00edfico. No es tan grande como el m\u00e1s grande, pero tiene capacidad para 1 000 pasajeros. Los camarotes son espaciosos y las cabinas de verdad elegantes. Se mueve m\u00e1s de 800 millas por d\u00eda. El golfo es tan tranquilo como una bah\u00eda, y todo nuestro viaje por mar hasta aqu\u00ed ha sido como en un lago en verano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestro viaje de Minatitl\u00e1n a Nueva Orleans fue el m\u00e1s r\u00e1pido jam\u00e1s realizado: dos d\u00edas y seis horas. Llegu\u00e9 a este \u00faltimo lugar al mediod\u00eda del 21 de abril, a 16 d\u00edas de haber dejado San Francisco. Si en el tr\u00e1nsito terrestre nos hubi\u00e9semos encontrado con la misma energ\u00eda que por mar, en ambos lados del continente, habr\u00edamos completado el viaje en trece d\u00edas. Puede hacerse f\u00e1cilmente. La naturaleza ha proporcionado todo para esta ruta y debe ser el camino m\u00e1s r\u00e1pido y placentero hacia y desde California, para todos los que viven en el oeste, en especial hasta que tengamos el gran ferrocarril del Pac\u00edfico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed vimos que un vapor de ruedas estaba a punto de emprender el camino para navegar por el r\u00edo Coatzacoalcos, entre Minatitl\u00e1n y Suchil. Sin duda podr\u00e1 ir y venir por las partes m\u00e1s bajas del r\u00edo; se espera que sea enviada inmediatamente. Entonces la conexi\u00f3n con los vapores del Pac\u00edfico nunca fallar\u00e1. Ahora descansamos unos d\u00edas en la Ciudad Creciente, con gran agradecimiento a Dios por nuestro placentero y pr\u00f3spero viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Suyo,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">E. S. L.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Rosa Su\u00e1rez Arg\u00fcello Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 67. Los estadunidenses necesitaban a mediados del siglo XIX unir sus costas en el menor tiempo posible. Dos v\u00edas externas eran conocidas, la paname\u00f1a y la nicarag\u00fcense, pero la opci\u00f3n del Golfo de M\u00e9xico a trav\u00e9s del Istmo de Tehuantepec ser\u00eda la m\u00e1s r\u00e1pida \u2013quince d\u00edas\u2013 y la m\u00e1s estrat\u00e9gica para sus intereses. Fue una alternativa que dur\u00f3 tan solo un a\u00f1o, arruinada por los altos costos econ\u00f3micos. &nbsp; El sue\u00f1o largamente acariciado de una v\u00eda interoce\u00e1nica por el Istmo de Tehuantepec pareci\u00f3 convertirse en realidad a fines de 1858 y durante 1859. Los peri\u00f3dicos de Estados Unidos se refer\u00edan a ella con frecuencia e invitaban al p\u00fablico a tomarla. La prensa de California estaba exultante. Animados por la promesa de que pronto recibir\u00edan las noticias de la costa atl\u00e1ntica en s\u00f3lo quince d\u00edas, el<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2848,773],"tags":[2649,1376],"class_list":{"0":"post-22119","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-67","7":"category-testimonios-2","8":"tag-diario-de-viaje","9":"tag-istmo-de-tehuantepec"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22119"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22119\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22517,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22119\/revisions\/22517"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}