﻿{"id":22111,"date":"2025-04-04T14:48:43","date_gmt":"2025-04-04T20:48:43","guid":{"rendered":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=22111"},"modified":"2025-08-04T17:34:02","modified_gmt":"2025-08-04T23:34:02","slug":"la-cambiante-zona-rosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-cambiante-zona-rosa\/","title":{"rendered":"La cambiante Zona Rosa"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"22111\" class=\"elementor elementor-22111 elementor-bc-flex-widget\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-70ce55c0 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"70ce55c0\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-6252cb5e\" data-id=\"6252cb5e\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-93f0c96 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"93f0c96\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p style=\"text-align: justify;\">Roberto Escart\u00edn Arroyo<br \/>Instituto Mora<\/p><h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 67.<\/strong><\/span><\/h4><div><span style=\"color: #800000;\"><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/BiC_67_06_Zona_Rosa.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" style=\"color: #333333; text-align: justify;\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/span><\/div><h3 style=\"text-align: justify;\">Si hay un espacio que se puede definir como transgresor en la Ciudad de M\u00e9xico, ese es el de la veintena de cuadras que conforman este sector de la colonia Ju\u00e1rez. Ha sido un espacio de socializaci\u00f3n entre j\u00f3venes de clase media, de creatividad cultural y contrastante con cualquier orden conservador. Tambi\u00e9n un lugar de transformaciones arquitect\u00f3nicas que llegan hasta la actualidad.<\/h3><figure id=\"attachment_22508\" aria-describedby=\"caption-attachment-22508\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22508\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_111.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"537\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_111.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_111-300x201.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_111-768x516.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22508\" class=\"wp-caption-text\">Transe\u00fantes en la Zona Rosa, ca. 1970. AGN, Fondo Hermanos Mayo, DF.<\/figcaption><\/figure><p style=\"text-align: justify;\">La d\u00e9cada de 1950 se caracteriz\u00f3 por la ruptura, expresada en las movilizaciones de maestros y ferrocarrileros, entre otros, y la consecuente vigilancia policiaca, alerta ante cualquier indicio de oposici\u00f3n pol\u00edtica. La severa disciplina paterna dominaba el espacio dom\u00e9stico. En este ambiente autoritario, en un sector de la colonia Ju\u00e1rez, denominado Zona Rosa, surgi\u00f3 una serie de espacios donde se ejerc\u00eda una modernidad alternativa: ni roja ni blanca, pero s\u00ed art\u00edstica y literaria; un sitio de culto para la juventud, cuna del dise\u00f1o, de mesas para departir entre amigos y escaparates de moda. Algunos de sus recintos hab\u00edan heredado el oropel de otros tiempos, cuando los nombres de sus calles emulaban a la vieja Europa, pero unas d\u00e9cadas despu\u00e9s cedieron ante el movimiento moderno en arquitectura y los nuevos g\u00e9neros literarios. \u00bfC\u00f3mo se configur\u00f3 este espacio de la ciudad de M\u00e9xico? \u00bfC\u00f3mo se expresaba la cultura moderna de la d\u00e9cada de 1960 entre las antiguas residencias del siglo XIX? \u00bfQui\u00e9nes eran sus protagonistas?<\/p><p style=\"text-align: justify;\">En este texto se propone que los j\u00f3venes de las clases medias en la ciudad de M\u00e9xico encontraron ah\u00ed un \u00e1mbito para socializar y representarse. Si consideramos que el espacio permite dar significado a procesos hist\u00f3ricos de larga duraci\u00f3n: en este caso, una zona residencial de la \u00e9lite del porfiriato \u2013edificada bajo una estrategia de exclusi\u00f3n espacial\u2013, tom\u00f3 otro sentido despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n mexicana. El cambio en el uso del espacio permiti\u00f3, durante las d\u00e9cadas siguientes, que nuevos grupos sociales se apropiaran de calles y residencias, mediante t\u00e1cticas de uso, adaptaci\u00f3n o edificaci\u00f3n con lo cual pod\u00edan expresar una cultura propia. Al tiempo, la reurbanizaci\u00f3n modificaba su paisaje y la novedosa oferta comercial atra\u00eda a la burgues\u00eda en ascenso. Las avenidas y los edificios vanguardistas propiciaron una mayor circulaci\u00f3n de personas y formaron los resquicios para la expresi\u00f3n de otras vivencias. Para ello se invent\u00f3 un nombre para significarla y un nuevo tono, que daba color a la modernidad.<\/p><h3 style=\"text-align: center;\"><strong>La colonia Ju\u00e1rez<\/strong><\/h3><p style=\"text-align: justify;\">El proyecto econ\u00f3mico liberal hab\u00eda dado gran relevancia al ensanche de la ciudad de M\u00e9xico mediante la urbanizaci\u00f3n del lado sur de Paseo de la Reforma, compuesta por tres secciones, que unificadas en 1906 tomaron el nombre de colonia Ju\u00e1rez. Su extensi\u00f3n configur\u00f3 una extensa \u00e1rea triangular, cuyo l\u00edmite era la antigua Calzada de Chapultepec al sur y el Paseo de Bucareli como lindero oriente. Las calles del damero se bautizaron con nombres tomados de capitales europeas, mientras que las avenidas Insurgentes y Florencia cercaron el \u00e1rea central. El porfiriato le hab\u00eda heredado una serie de casas burguesas coronadas con mansardas y sus espacios dom\u00e9sticos aderezados con recibidores, salones, comedores y <em>halls<\/em> destinados a cumplir el ideal de una vida distinguida. Al exterior, el esquema residencial de mansiones ajardinadas enfatizaba la idea de una vida privada y confortable.<\/p><figure id=\"attachment_22510\" aria-describedby=\"caption-attachment-22510\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22510\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_136.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"533\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_136.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_136-300x200.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_136-768x512.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22510\" class=\"wp-caption-text\">Exterior del antiguo restaurante El Parador, Zona Rosa, Ciudad de M\u00e9xico, 2025. Fotograf\u00eda de Norberto Nava.<\/figcaption><\/figure><p style=\"text-align: justify;\">En 1907, el \u00fanico edificio que exist\u00eda en la colonia se adapt\u00f3 para instalar el Hotel Gen\u00e8ve que, de inmediato, atrajo a viajeros de fama y alto poder adquisitivo. Sin embargo, desde 1913 la lucha revolucionaria dej\u00f3 en el abandono innumerables casas, mientras que otras, como la residencia perteneciente al padre de Francisco I. Madero fueron incendiadas durante el golpe militar. No obstante, pese a la furia del movimiento se continu\u00f3 con la construcci\u00f3n de mansiones de estilo ecl\u00e9ctico y neocl\u00e1sico. En todo caso, al t\u00e9rmino de la lucha armada la colonia qued\u00f3 salpicada de lotes sin edificar, recodos de nostalgia y algunas ruinas del r\u00e9gimen ca\u00eddo. Para entonces, sus vecinas colonias Roma y Cuauht\u00e9moc heredaban la vocaci\u00f3n alto-burguesa para convertir a la Ju\u00e1rez en un nodo de la red de intercambios y movimientos de personas.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">Los intersticios del terreno sirvieron en la d\u00e9cada de 1920 para la construcci\u00f3n de casas particulares y departamentos m\u00e1s econ\u00f3micos para arrendamiento. Las nuevas residencias permitieron a algunas familias burguesas abandonar la zona central de la ciudad para instalarse en la colonia Ju\u00e1rez, donde encontraron un ambiente elegante y cosmopolita. La vigilancia moral quedaba a cargo de los p\u00e1rrocos de las iglesias del Santo Ni\u00f1o de la Paz y del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas; mientras que la provisi\u00f3n de alimentos se consegu\u00eda en establos, tociner\u00edas e improvisados expendios de masa de ma\u00edz. Las diversiones a\u00fan estaban en el centro de la ciudad o en el vecino bosque de Chapultepec. La Ju\u00e1rez era una colonia tranquila, arbolada y asfaltada. En la calle de Havre, por ejemplo, pod\u00edan hallarse casas de tres niveles con s\u00f3tano, al estilo de los <em>townhouses<\/em> de Estados Unidos.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">En 1929, frente a las rejas del bosque de Chapultepec, se construy\u00f3 la mole de la secretar\u00eda de Salubridad, que trajo el primer contingente de poblaci\u00f3n flotante: los oficinistas de la burocracia gubernamental. Para entonces, era factible vivir en uno de los departamentos del n\u00famero 83 de Havre o rentar una habitaci\u00f3n en alguna casona antigua. Ante estos cambios, en 1931 la parroquia de la Votiva se sum\u00f3 al grupo de o\u00eddos atentos a las faltas a la moral. Fue cuando los locales comerciales comenzaron a convivir con oficinas de empresas nacionales, como la Compa\u00f1\u00eda Productos de Ma\u00edz, alojada en el edificio Sterling de la esquina de Insurgentes y Londres. Otros inversionistas prefirieron adaptar algunas casas con fines de negocio: la casa-galer\u00eda del se\u00f1or Jos\u00e9 Manuel Gargolio fue convertida en el University Club en 1932 con un sal\u00f3n de saraos, mientras que la casa de la familia Diener, que colindaba con la avenida Insurgentes, aloj\u00f3 locales comerciales decorados con azulejos. La convivencia de residencias y negocios redund\u00f3 en expresiones culturales. As\u00ed, desde 1935, pese a las limitaciones que impon\u00eda el modelo masculino del mundo art\u00edstico, las hermanas Carolina e In\u00e9s Amor aprovecharon la ubicaci\u00f3n de su casa para anidar aves surrealistas que, a\u00f1os m\u00e1s tarde, trasladaron a la calle de Mil\u00e1n n\u00famero 18, con el nombre de Galer\u00eda de Arte Mexicano.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">La comercializaci\u00f3n fue en aumento durante la d\u00e9cada de 1940: los cambios en el uso residencial coincidieron con la instalaci\u00f3n de instituciones bancarias y la apertura de templos culinarios como el Bellinghausen en Londres 95 y el 123 de la calle Liverpool, as\u00ed como el Chalet Suizo y El Parador, ubicados en la calle de Niza. Estos restaurantes atra\u00edan a hombres de negocios y familias de la alta burgues\u00eda: una poblaci\u00f3n discreta, europeizante, obsesionada por el atuendo y la correcci\u00f3n de las maneras en la mesa. Al mismo tiempo, la arquitectura del movimiento moderno y la moda de telas satinadas se extend\u00edan en el gusto de las clases medias, que dejaba atr\u00e1s los gustos nacionalistas. Para cultivar la nostalgia en salones y comedores, los nuevos ricos contaban con las antig\u00fcedades y muebles cl\u00e1sicos fabricados por la muebler\u00eda Galer\u00edas Chippendale, pero el estilo monetizado y proclive a los Estados Unidos del r\u00e9gimen del presidente Miguel Alem\u00e1n, y el inicio de la guerra fr\u00eda, plantaron un terreno minado para artistas e intelectuales de otro talante.<\/p><h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Entre caf\u00e9s y vida cultural<\/strong><\/h3><p style=\"text-align: justify;\">La d\u00e9cada de 1950 atrajo a la colonia Ju\u00e1rez a un grupo de destacados intelectuales y artistas que le dieron otro soplo de modernidad a la ciudad, titulada por Carlos Fuentes como la regi\u00f3n m\u00e1s transparente. La visibilidad del Paseo de la Reforma fue conveniente para instalar m\u00e1s dependencias de gobierno y los flamantes despachos de pr\u00f3speros negocios surgidos bajo la pol\u00edtica de sustituci\u00f3n de importaciones. El edificio del Instituto Mexicano del Seguro Social le agreg\u00f3 un nutrido grupo de bur\u00f3cratas en 1951, seguido de cambios orientados a transformar el pausado ritmo residencial al de bullicioso centro comercial, social y tur\u00edstico: en 1953, la residencia de la familia Ortiz Bermejillo fue adaptada para abrir el restaurante Focolare; de manera similar, la galer\u00eda de arte Prisse exhib\u00eda las obras de artistas de la Ruptura en las habitaciones de la antigua mansi\u00f3n de Londres 163. Sin embargo, el hecho m\u00e1s llamativo de ese a\u00f1o fue la exposici\u00f3n de la pintora Frida Kahlo en la Galer\u00eda Arte Contempor\u00e1neo de Lola \u00c1lvarez Bravo. En lo sucesivo, los caf\u00e9s y galer\u00edas fueron espacios de encuentro para artistas y escritores, como suced\u00eda en el restaurante Konditori y la galer\u00eda Misrachi (que present\u00f3 una retrospectiva la obra de Diego Rivera en 1968). La cafeter\u00eda El Carmel, del poeta de origen ucraniano Jacobo Glantz, exhibi\u00f3 las obras de Lilia Carrillo y Manuel Felgu\u00e9rez entre pastelillos y tazas de t\u00e9, muestra de las nuevas corrientes internacionalistas e intimistas del arte. Poco despu\u00e9s, el pintor Jos\u00e9 Luis Cuevas colgaba en las paredes sus im\u00e1genes prostibularias a manera de un manifiesto de zona roja que, en voz de todos, era color de rosa.<\/p><figure id=\"attachment_22511\" aria-describedby=\"caption-attachment-22511\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22511\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_045.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"535\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_045.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_045-300x201.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/BiC_67_045-768x514.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22511\" class=\"wp-caption-text\">Caf\u00e9s en la Zona Rosa, ca. 1970. AGN, Fondo Hermanos Mayo, DF.<\/figcaption><\/figure><p style=\"text-align: justify;\">El tono rosa hac\u00eda referencia a una moral distinta y, sobre todo, a una nueva sensibilidad, la cual contaba con su propia frontera, que la literatura llev\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites f\u00edsicos. En su interior, las calles formaban un conjunto de una veintena de cuadras, pero si atendemos a la verticalidad, desde la d\u00e9cada de 1950 la escala residencial alternaba ya con edificios de oficinas de m\u00e1s de diez pisos; donde el entretenimiento y el trabajo asalariado conviv\u00edan como amantes o c\u00f3mplices. As\u00ed, en la torre del Hotel Continental, inaugurado en 1955, se presentaba una nueva cara de la frivolidad en los espect\u00e1culos del sal\u00f3n Belvedere, a la vez que era sitio de trabajo para camareras y cocineros. Emilio Coral apunta que en esa d\u00e9cada \u201clas tendencias liberales y movimientos contraculturales estadounidenses ganaron muchos adeptos entre los j\u00f3venes de la clase media\u201d. Las discusiones de caf\u00e9 de este nuevo colectivo giraban en torno al repudio a los l\u00edderes sindicales espurios, a las medidas autoritarias de los padres de familia, a las experiencias sexuales l\u00fadicas y a la posibilidad del \u201cmatrimonio a prueba\u201d.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">De manera m\u00e1s sutil, los artistas pl\u00e1sticos expresaban su vocaci\u00f3n por el surrealismo o el arte abstracto en las galer\u00edas Juan Mart\u00edn (donde se exhibi\u00f3 la obra de Alberto Gironella en 1961), mientras que en 1967, la galer\u00eda Pecanins se instal\u00f3 en la calle de Hamburgo n\u00famero 103. Fue entonces cuando la escultura del llamado \u201c\u00c1ngel de la Independencia\u201d adquiri\u00f3 un nuevo simbolismo libertario, en cuyos alrededores se instalaron los nuevos espacios de conversaci\u00f3n existencialista, como el caf\u00e9 Lautrec. Otros caf\u00e9s, como Las Musas, daban oportunidad a los artistas emergentes de mostrarse a los <em>fl\u00e2neurs<\/em>. A su vez, pasear por la Zona Rosa se convirti\u00f3 en una forma de manifestarse, de representar una manera de ser.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">En las mesas de banqueta se comentaban la inauguraci\u00f3n de librer\u00edas y las funciones de danza. Al cabo de los a\u00f1os, artistas e intelectuales encontraron la oportunidad de llevar el arte a la calle, como cuando Jos\u00e9 Luis Cuevas dirigi\u00f3 la ejecuci\u00f3n de un mural ef\u00edmero en la azotea de la esquina de G\u00e9nova y Londres, en lo que fue un evento p\u00fablico denostado por la prensa, pero que le dio mayor notoriedad. Para otros entusiastas de lo moderno, era necesario abrirse paso entre las residencias porfirianas, por lo cual, entre 1954 y 1963 se construyeron torres-escaparate, edificios con fachadas de cristal, ubicadas en las calles y avenidas de la colonia. En 1961, la tienda de Muebles Francis, ubicada en Niza 35, vend\u00eda juegos de sala estilo escandinavo, mientras que en la esquina acristalada de Hamburgo y G\u00e9nova se encontraba el espacio para las creaciones de la dise\u00f1adora Clara Porset, cuyo taller de mobiliario conviv\u00eda con la tienda de muebles La Parisiense, en la planta baja y el centro nocturno La Ronda.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">A partir de 1965, el ambiente social se hizo m\u00e1s variado y los j\u00f3venes m\u00e1s desparpajados, como se relata en las novelas de La Onda. Tanto los j\u00f3venes con m\u00e1s recursos como los visitantes extranjeros percibieron que el atractivo de la Zona Rosa radicaba en la posibilidad de evadir la jerarqu\u00eda de la casa paterna y de reunirse. Tal era el caso de La Isla de los Desencantados, un caf\u00e9 con mesas de jard\u00edn ubicado en las calles interiores del modern\u00edsimo Pasaje Jacaranda, dise\u00f1ado por el arquitecto Ram\u00f3n Torres e inaugurado en 1957, donde se charlaba frente a los escaparates de lujosas boutiques y que permit\u00eda llegar en autom\u00f3vil hasta la azotea. Con esta vocaci\u00f3n metropolitana, era posible atraer a un p\u00fablico de j\u00f3venes <em>in<\/em>, afectos a contemplar los animados <em>happenings<\/em> de la boutique de modas de las hermanas B\u00e1rbara y Ang\u00e9lica Angely en la calle de Niza, eventos condenados por la prensa y la \u201cmomiza\u201d como una \u201cinvasi\u00f3n de hippies\u201d. Si bien estos actos eran publicitarios y relativamente controlados, los intelectuales m\u00e1s destacados se daban la libertad de seguir la fiesta y mostrar sus extravagancias en cualquier otro lugar real o imaginario que se los permitiera, un c\u00f3ctel convertido en novela cifrada de corte psicod\u00e9lico por Luis Guillermo Piazza, <em>La mafia<\/em>, cuyo lenguaje ocultaba los nuevos giros a lectores \u201cfresas\u201d y \u201cneoporfiristas\u201d. En todo caso, los mensajes corporales nunca pasaban inadvertidos, ya fuera en trajes a la moda o peinados, esculpidos en las novedosas salas de belleza de la colonia. La Asociaci\u00f3n de Comerciantes promovi\u00f3 entonces el concurso de belleza femenina del Carnaval de la Primavera, una oportunidad para lucir pelucas y postizos.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">Con un tono m\u00e1s selecto que el de las boutiques de moda y las bulliciosas calles, en los c\u00edrculos privados proliferaban las reuniones de tipo art\u00edstico e intelectual, convocadas en los pisos altos o en los s\u00f3tanos de las viejas casonas de la colonia Ju\u00e1rez. La baronesa Nancy Oakes y el inversionista ingl\u00e9s Patrick Tritton, reun\u00edan a personas de la alta sociedad, m\u00fasicos y pintores en la calle de Marsella 44. En este ambiente cosmopolita fue donde la joven princesa Elena Poniatowska se abri\u00f3 paso en la sociedad del <em>jet set<\/em>, sin estropear su sensibilidad por el mundo real. Mientras tanto, en la vida cotidiana moderna conflu\u00edan otros espacios, en los que cada uno segu\u00eda sus propios rituales para comer y verse reflejado en las pantallas de cine. Para ello, con visi\u00f3n empresarial, Gustavo Alatriste hab\u00eda abierto las puertas de la Sala Bu\u00f1uel, y desde 1960 el cine Latino era un lugar ideal para sumergirse en la nueva ola, pues su enorme sala contaba con un gran n\u00famero de butacas, distribuidas entre anfiteatro y luneta. En la pantalla gigante se viajaba al sublime mundo de las historias y el despertar a nuevos encuentros. En 1970, la Zona entr\u00f3 al mundo mitol\u00f3gico con la pel\u00edcula <em>J\u00f3venes de la Zona Rosa<\/em>, protagonizada por Alberto V\u00e1zquez.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">Como puede constatarse, estas formas expandidas del ser-nosotros, en el transcurso de las d\u00e9cadas del llamado \u201cdesarrollo estabilizador\u201d, llevaron a los habitantes de la urbe a pasar m\u00e1s tiempo en la calle. El comedor dom\u00e9stico del domingo familiar alternaba con los restaurantes, como El Se\u00f1orial, de manera que sus rituales se representaran en p\u00fablico, aunque limitados por la severa pir\u00e1mide social. As\u00ed, los restaurantes Passy, Rivoli, Champs Ely\u00e9es y Mauna Loa, ofrec\u00edan ambientes poscoloniales donde la burgues\u00eda afirmaba sus logros y alimentaba su eurocentrismo. Otros, como el Perro Andaluz reun\u00edan a m\u00fasicos y artistas. En los restaurantes Jacarandas, La Posta, Niza y el Focolare, el men\u00fa de espect\u00e1culos estaba aderezado con una cena tradicional. Entre comilonas infinitas, los arribistas se juntaban con pol\u00edticos del pri y la burgues\u00eda capitalina para fabricar sus amasijos. En 1970, el cambio de sexenio ser\u00eda aprovechado por el actor y locutor Le\u00f3n Michel para lanzar su campa\u00f1a pol\u00edtica, con la pretensi\u00f3n de convertirse en diputado por el primer distrito electoral, esto es, la Zona Rosa. Al respecto, su opositor, el artista Jos\u00e9 Luis Cuevas, dec\u00eda de Michel que \u201csu vanidad s\u00f3lo era comparable a su incre\u00edble ignorancia\u201d.<\/p><h3 style=\"text-align: center;\"><strong>El r\u00e9gimen y la juventud<\/strong><\/h3><p style=\"text-align: justify;\">Para detener la invasi\u00f3n de <em>hippies<\/em> de Estados Unidos, las autoridades de inmigraci\u00f3n obligaron a pasar por la ducha y la peluquer\u00eda a los gringos \u201cgre\u00f1udos\u201d. No obstante, algunos se colaron y en 1968 se les ve\u00eda por ah\u00ed, lo que causaba desconcierto entre los transe\u00fantes tradicionalistas, ya que no pod\u00edan distinguir su sexo, al tiempo que desafiaban al pudor. En la realidad \u2013mucho menos rosa\u2013 la nueva generaci\u00f3n enfrentaba las <em>razzias<\/em> que dieron a la polic\u00eda capitalina un pretexto para ejercer su violencia. Ese a\u00f1o, los <em>hippies<\/em> importados se confund\u00edan con algunos j\u00f3venes de melena y patillas nacidos en la Ciudad de la Palacios, pero para los menos afortunados, las golpizas, el apando y la metralleta acallaron de forma s\u00fabita las voces de los menos afortunados. Sin notar la dosis de violencia, durante las Olimpiadas, los turistas derrochaban dinero en las 24 tiendas de curiosidades mexicanas de la Zona Rosa, pero tambi\u00e9n en las 22 joyer\u00edas y relojer\u00edas, los trece bares, y centros nocturnos, las catorce galer\u00edas de arte, las once tiendas de antig\u00fcedades y las cuatro discotecas, sin faltar sus 38 restaurantes, todos puntos de reuni\u00f3n que invad\u00edan las calles con letreros y escaparates.<\/p><p style=\"text-align: justify;\">La velocidad vertiginosa con que se sucedieron los cambios generacionales en el siglo xx ha propiciado que los \u00e1mbitos del espacio p\u00fablico y la vida privada de la colonia Ju\u00e1rez experimentaran diversas yuxtaposiciones: junto a las residencias del M\u00e9xico decimon\u00f3nico se elevaron obras de acero, concreto y cristal de la nueva burgues\u00eda posrevolucionaria. En una ciudad que se devoraba a s\u00ed misma, se abrieron espacios para la cr\u00edtica pol\u00edtica en caf\u00e9s, restaurantes y galer\u00edas de arte junto a oficinas anodinas. La colonia hab\u00eda iniciado su vocaci\u00f3n comercial de manera temprana; lo cual propici\u00f3 que, en las d\u00e9cadas siguientes, los espacios culinarios replicaran el colonialismo interno y la diferenciaci\u00f3n de clases; lugares de culto donde, en los a\u00f1os 60 del siglo pasado, confluyeron paseantes estramb\u00f3ticos, turistas en minifalda, artistas de vanguardia y bebedores de caf\u00e9, proliferaba la conversaci\u00f3n y se acud\u00eda a los cines y galer\u00edas. En suma, el complejo hecho social denominado Zona Rosa fue un espacio donde se expresaron las diferencias de manera creativa. Las novelas y las pinturas de la \u00e9poca describieron este fen\u00f3meno con mayor profundidad: una mezcla de anhelos frustrados y peque\u00f1as batallas, ganadas por la generaci\u00f3n que enfrent\u00f3 el golpeteo del autoritarismo con un humor y lenguaje in\u00e9ditos.<\/p><h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h4><ul><li style=\"text-align: justify;\">Acosta Sol, Eugenia, \u201cColonia Ju\u00e1rez, desarrollo urbano y composici\u00f3n social, 1882-1930\u201d, M\u00e9xico, Instituto Polit\u00e9cnico Nacional, 2007.<\/li><li style=\"text-align: justify;\">Coral, Emilio, &#8220;La clase media mexicana: entre la tradici\u00f3n, la izquierda, el consumismo y la influencia cultural de Estados Unidos (1940-1970)\u201d, <em>Historias<\/em>, 2006, pp. 103-126, en <a href=\"https:\/\/goo.su\/HX0AY2k\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">https:\/\/goo.su\/HX0AY2k<\/a><\/li><li style=\"text-align: justify;\">Lanzagorta Garc\u00eda, Jos\u00e9 Ignacio,\u00a0<em>La Zona Rosa: Un estudio socioespacial sobre g<\/em><em>\u00e9<\/em><em>nero, sexualidad, sociabilidad e imaginario urbano en la Ciudad de M<\/em><em>\u00e9<\/em><em>xico<\/em>, El Colegio de M\u00e9xico, 2018.<\/li><li style=\"text-align: justify;\"><em>Los caifanes<\/em>, dir. Juan Ib\u00e1\u00f1ez (1967).<\/li><\/ul>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Escart\u00edn ArroyoInstituto Mora En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 67. Si hay un espacio que se puede definir como transgresor en la Ciudad de M\u00e9xico, ese es el de la veintena de cuadras que conforman este sector de la colonia Ju\u00e1rez. Ha sido un espacio de socializaci\u00f3n entre j\u00f3venes de clase media, de creatividad cultural y contrastante con cualquier orden conservador. Tambi\u00e9n un lugar de transformaciones arquitect\u00f3nicas que llegan hasta la actualidad. La d\u00e9cada de 1950 se caracteriz\u00f3 por la ruptura, expresada en las movilizaciones de maestros y ferrocarrileros, entre otros, y la consecuente vigilancia policiaca, alerta ante cualquier indicio de oposici\u00f3n pol\u00edtica. La severa disciplina paterna dominaba el espacio dom\u00e9stico. En este ambiente autoritario, en un sector de la colonia Ju\u00e1rez, denominado Zona Rosa, surgi\u00f3 una serie de espacios donde se ejerc\u00eda una modernidad alternativa: ni roja ni blanca, pero s\u00ed art\u00edstica y literaria; un<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2848],"tags":[2860,2858,2857,2859,2276],"class_list":{"0":"post-22111","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-67","8":"tag-colonia-juarez","9":"tag-genova","10":"tag-hamburgo","11":"tag-havre","12":"tag-moda"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22111","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22111"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22111\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22512,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22111\/revisions\/22512"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22111"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22111"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22111"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}