﻿{"id":21790,"date":"2024-11-11T23:16:04","date_gmt":"2024-11-12T05:16:04","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=21790"},"modified":"2025-09-13T20:48:17","modified_gmt":"2025-09-14T02:48:17","slug":"el-primer-quimico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-primer-quimico\/","title":{"rendered":"El primer qu\u00edmico"},"content":{"rendered":"<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 66.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/BiC_66_Sepia.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<figure id=\"attachment_22905\" aria-describedby=\"caption-attachment-22905\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22905\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Leopoldo-Rio-de-la-Loza-ca-1911.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"1000\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Leopoldo-Rio-de-la-Loza-ca-1911.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Leopoldo-Rio-de-la-Loza-ca-1911-240x300.jpg 240w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Leopoldo-Rio-de-la-Loza-ca-1911-768x960.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22905\" class=\"wp-caption-text\">Leopoldo R\u00edo de la Loza, fotograf\u00eda en Leopoldo R\u00edo de la Loza, Escritos, M\u00e9xico, Secretar\u00eda de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Bellas Artes, 1911. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar, Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La descripci\u00f3n de Guillermo Prieto tuvo la sabidur\u00eda de la precisi\u00f3n. Alto, delgado hasta extralimitarse de flaco, piel amarilla, ojos hundidos, actitud doliente. Un obrero estimable de la ciencia defin\u00eda el escritor al hombre de la imagen. Como cient\u00edfico, se daba lugar a ciertos deslices extravagantes: llegaba a sus clases de qu\u00edmica envuelto en una larga capa espa\u00f1ola de cuello de nutria, que lo hac\u00edan ver como una figura austera y grave, sobre su cuerpo encorvado. Si a esto le adicionamos accesos de tos \u201cprolongados y fatigosos\u201d, seg\u00fan un exalumno, que le congestionaban el rostro y \u201csacud\u00edan cruelmente el organismo\u201d, hallamos a un hombre de fragilidades f\u00edsicas pero que no le coartar\u00edan la prol\u00edfica vida como cient\u00edfico, acad\u00e9mico, funcionario \u2014particip\u00f3 en planeaci\u00f3n educativa, fue inspector y regidor del Ayuntamiento de la ciudad de M\u00e9xico\u2014 y hasta empresario exitoso \u2014tuvo tres boticas y f\u00e1bricas de \u00e1cido sulf\u00farico y productos qu\u00edmicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Considerado el qu\u00edmico mexicano imprescindible del siglo xix, con t\u00edtulos de cirujano y farmac\u00e9utico, y diplomado en medicina, fue un adelantado en aplicar la qu\u00edmica a la medicina, la farmacia y la agricultura, cuando s\u00f3lo se la utilizaba en la explotaci\u00f3n minera; impuls\u00f3 la hidroterapia en la medicina; descubri\u00f3 el \u00e1cido pipitzoico \u2014un purgante que tambi\u00e9n se empleaba para colorear fibras\u2014 como parte de sus estudios en plantas, animales y minerales; y autor entre su fecundo legado de libros, art\u00edculos, proyectos y estudios, del primer tratado en la ciencia a la que dedic\u00f3 m\u00e1s de medio siglo de vida, denominado: <em>Introducci\u00f3n al estudio de la qu\u00edmica<\/em> (1850). Este texto fue su contribuci\u00f3n ante \u201cla mala organizaci\u00f3n de la ense\u00f1anza de la ciencia exacta\u201d, escribi\u00f3 all\u00ed, dada su necesidad como \u201crecurso de la educaci\u00f3n\u201d. No le interesaba \u00fanicamente explicar la ciencia, sino c\u00f3mo hacerla entendible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ser cierto, aquello de que cient\u00edficos y artistas confluyen en id\u00e9nticas metas: comprender el mundo, derribar prejuicios, hacernos libres, Leopoldo R\u00edo de la Loza lo llev\u00f3 a cabo con paciente humildad y tenacidad absorbente. Antes de morir en 1876 \u2014sus bi\u00f3grafos relacionan el fallecimiento con la tos permanente adquirida a los once a\u00f1os durante el estallido de una f\u00e1brica de qu\u00edmicos de su padre\u2014, dej\u00f3 por escrito su voluntad que explica a un hombre notable: ser sepultado en la m\u00e1s sencilla de las ceremonias, en secreto y cubierto \u00fanicamente por aquella capa que llev\u00f3 por d\u00e9cadas en las aulas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 66. La descripci\u00f3n de Guillermo Prieto tuvo la sabidur\u00eda de la precisi\u00f3n. Alto, delgado hasta extralimitarse de flaco, piel amarilla, ojos hundidos, actitud doliente. Un obrero estimable de la ciencia defin\u00eda el escritor al hombre de la imagen. Como cient\u00edfico, se daba lugar a ciertos deslices extravagantes: llegaba a sus clases de qu\u00edmica envuelto en una larga capa espa\u00f1ola de cuello de nutria, que lo hac\u00edan ver como una figura austera y grave, sobre su cuerpo encorvado. Si a esto le adicionamos accesos de tos \u201cprolongados y fatigosos\u201d, seg\u00fan un exalumno, que le congestionaban el rostro y \u201csacud\u00edan cruelmente el organismo\u201d, hallamos a un hombre de fragilidades f\u00edsicas pero que no le coartar\u00edan la prol\u00edfica vida como cient\u00edfico, acad\u00e9mico, funcionario \u2014particip\u00f3 en planeaci\u00f3n educativa, fue inspector y regidor del Ayuntamiento de la ciudad de M\u00e9xico\u2014 y hasta empresario exitoso \u2014tuvo<\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2832,1209],"tags":[2845],"class_list":{"0":"post-21790","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-66","7":"category-sepia","8":"tag-sepia-66"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21790","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21790"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21790\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22906,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21790\/revisions\/22906"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21790"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21790"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21790"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}