﻿{"id":21783,"date":"2024-11-11T22:52:10","date_gmt":"2024-11-12T04:52:10","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=21783"},"modified":"2025-09-13T20:31:46","modified_gmt":"2025-09-14T02:31:46","slug":"cuando-conocimos-el-agave","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/cuando-conocimos-el-agave\/","title":{"rendered":"Cuando conocimos el agave"},"content":{"rendered":"<h4>Esteban Cisneros<br \/>\nUniversidad Hebraica<\/h4>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 66.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/BiC_66_10_Cuento.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3>Qui\u00e9n nos sabe, Annika, qui\u00e9n nos ve. Aqu\u00ed estamos y aqu\u00ed estaremos. Seguiremos, tenemos que vivir. Lo dec\u00eda mi madre, lo dec\u00eda mi padre, lo dec\u00eda el rabino Nat\u00e1n. Nos quitaron la tierra, el patrimonio, la familia. Nos quitaron el nombre, la nacionalidad, la potestad, la libertad. Pero a nosotros no pudieron arrancarnos la vida, Annika, no a nosotros. \u00bfEs triunfo suficiente, Annika? \u00bfQu\u00e9 significa que hayamos vivido hasta ahora, que hayamos tenido que ir tan lejos para lograrlo, qu\u00e9 sigue y qu\u00e9 nos toca hacer?<\/h3>\n<figure id=\"attachment_22900\" aria-describedby=\"caption-attachment-22900\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-22900\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/BiC_66_174.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"531\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/BiC_66_174.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/BiC_66_174-300x199.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/BiC_66_174-768x510.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-22900\" class=\"wp-caption-text\">Familia jud\u00eda en sala de espera de un consultorio, ciudad de M\u00e9xico, ca. 1950. AGN, Fondo Hermanos Mayo, Concentrados.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Qui\u00e9n nos sabe, qui\u00e9n nos ve, qui\u00e9n con nosotros. Qui\u00e9n habla hoy de todos esos nombres propios que fueron fundidos por la maldad en O\u015bwi\u0119cim \u2012y por qu\u00e9 crueldad del destino ese lugar suena tan parecido a nuestra tradici\u00f3n de invitar en Sukkot, <em>ushpizin<\/em>, a quienes acogemos\u2012; qui\u00e9n habla hoy de nosotros, que vinimos a esta tierra \u00e1rida y hostil y que \u2012cu\u00e1n de extra\u00f1o es el mundo, Annika\u2014 tiene rasgos que me recuerdan a la nuestra, como las facciones de un paseante te recuerdan, de repente y sin mucha relaci\u00f3n, a un pariente que ya no est\u00e1. Un gesto, quiz\u00e1s, un pesta\u00f1eo, un movimiento; pero la tierra no hace muecas, la tierra est\u00e1 nada m\u00e1s y nosotros somos los que le damos forma a sus luces y sombras, a sus antojadizos \u00e1ngulos y a la manera en que nos da y nos quita. Cu\u00e1nto nos ha dado esta tierra, Annika; lo pregunto, no lo digo. No le hemos dado el gusto de quitarnos nada, porque nada hemos tra\u00eddo.<\/p>\n<p>Muchas noches sue\u00f1o todav\u00eda, Annika, con aquella oficina. La llamo as\u00ed, aunque era s\u00f3lo una covacha con libros y documentos apilados, con olor a encierro y sudor fr\u00edo, a miedo contenido, con su vela en la mesa que hac\u00eda de escritorio y las paredes descascaradas. Nada de ventanas, claro, porque en la guerra las ventanas son trampas, escotillas de escape, ojos traicioneros, todo menos ventanas. Sue\u00f1o con esa oficina en la que, de alg\u00fan modo, se sell\u00f3 nuestro destino. \u00bfQu\u00e9 es el destino, Annika, y por qu\u00e9 esa idea griega se nos qued\u00f3 en los huesos? No hay en nuestra Biblia tal cosa, porque nuestros ancestros se inventaron esa otra idea, la de una sola fuerza, un solo centro, un Dios que es padre y juez, creador e ira, escriba y verdugo, todo a la vez y a la vez todo. Inescrutable, indescriptible, su nombre no debe ser dicho, pero abarca el universo. Es un misterio tan grande que tiene sentido.<\/p>\n<p>C\u00f3mo es un misterio la vida, Annika, y qu\u00e9 es la vida en realidad. Un don, un suspiro, un sue\u00f1o. Aquella oficina, los documentos sellados, el fr\u00edo de aquella noche que calaba incluso dentro de aquel chamizo. Luego, en mi sue\u00f1o y en mi memoria \u2012que ya no se distinguen, Annika\u2012 aparecen de nuevo esos pasillos y callejones oscuros, esos pasadizos estrechos que ya moldearon mi cuerpo para siempre: mira c\u00f3mo mis huesos se quedaron en postura de esconderse, los molde\u00f3 la guerra y se me qued\u00f3 para siempre. Despu\u00e9s, los trenes. Los trenes, Annika. Los malditos trenes, los benditos trenes. Unos llevaron a nuestras familias al matadero, pero a nosotros nos llevaron en sentido contrario, <em>Baruch HaShem<\/em>. \u00bfObra de Dios? \u00bfObra de humanos? \u00bfResultado del pacto? \u00bfY por qu\u00e9 result\u00f3 para nosotros y no para ellos? \u00bfQu\u00e9 capricho de Dios o del destino o de los hombres nos salv\u00f3? No somos mejores que ellos, Annika. No somos mejores que ellos. Y, en todo caso, \u00bfes cuesti\u00f3n de merecer?<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 implica ser la excepci\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 significa haber evitado la destrucci\u00f3n, Annika? \u00bfHay responsabilidad en sobrevivir? Me lo pregunto todos los d\u00edas y todas las noches me acuesto con el mismo vac\u00edo. Lo sent\u00ed por primera vez en el barco. Cre\u00ed que era un vah\u00eddo por la novedad de viajar sobre esas olas que antes s\u00f3lo hab\u00edamos visto en l\u00e1minas de libros. Cre\u00ed que era el hambre, la sed \u2012esa sed que es la crueldad encarnada\u2012, el miedo. Pero no, Annika, ese vac\u00edo es distinto. Y, como Dios, es inescrutable y las palabras no dan para hablar de \u00e9l.<\/p>\n<p>Pienso mucho a\u00fan en el puerto, en ese calor que me hac\u00eda sentir que hab\u00eda llegado a otro planeta, en las carreteras y los caminos. Cu\u00e1nta tierra hay en este pa\u00eds, Annika, y cu\u00e1nto polvo. Es puro horizonte. El sol es una fuerza colosal en este lugar; entiendo por qu\u00e9 lo consideraban una deidad, c\u00f3mo no si aqu\u00ed es un portento, es implacable. Pienso tambi\u00e9n en la comez\u00f3n, la tos, la debilidad, las llagas en el cuerpo, los olores. Y c\u00f3mo contrastaba tu rostro, Annika, con el de los lugare\u00f1os que nos recibieron cuando llegamos aqu\u00ed, tras d\u00edas y d\u00edas inagotables de odisea, de \u00e9xodo, aunque, contrario a lo que sabemos de Mosh\u00e9, la voz de Dios nunca se escuch\u00f3 \u2012o, siempre lo pienso, Annika, est\u00e1bamos demasiado sordos y ofuscados y no supimos escuchar como Mosh\u00e9\u2012, nuestros enemigos no fueron tragados por ning\u00fan mar. Tu rostro p\u00e1lido \u2012ahora s\u00e9 que lo es, comparado con todos esos otros\u2012 y erosionado por el pavor y el ansia, tu cara en la que me reflejo. Pero luego caigo en raz\u00f3n y s\u00e9 que en realidad s\u00ed que se nos abri\u00f3 nuestro propio Mar de las Ca\u00f1as, Annika, s\u00ed hubo un Dios o un destino, un capricho de la vida y la naturaleza para que lleg\u00e1ramos ac\u00e1.<\/p>\n<p>Me gusta el nombre de este lugar, pero al mismo tiempo da un cierto resquemor: Santa Rosa. Es bello, no puedes negarlo. <em>Shoshanna<\/em>. Pero est\u00e1 la implicaci\u00f3n del santo, de ese intermediario ante Dios tan ajeno a nosotros, un miembro m\u00e1s de un pante\u00f3n pagano que me cuesta comprender. La desaz\u00f3n no es gratuita, Annika.<\/p>\n<p>Antes, he ido averiguando, esto era una hacienda espa\u00f1ola en un lugar de paso entre capitales. En los alrededores, la gente trabajaba en minas; de aqu\u00ed sacaron los espa\u00f1oles parte del oro que se llevaron a su pa\u00eds. Tambi\u00e9n se trabajaba, como ahora, el campo. Recuerdo cuando conocimos el agave, Annika, esa planta extra\u00f1a y espinosa, vimos los plant\u00edos de ma\u00edz y los caballos y las vacas. Qu\u00e9 animales tan enormes, tan distintos a aquellos de nuestra tierra que siempre estaban en los huesos. Aqu\u00ed fue nuestro para\u00edso, nuestro refugio. \u00bfEncontraremos alg\u00fan d\u00eda la paz?<\/p>\n<p>Ese verano de 1943 no fue tan azul, Annika, aunque el cielo lo fue y nunca vi un azul como ese ni lo ver\u00e9 de nuevo. Yo nunca fui muy religioso, todo lo contrario; pero nos serv\u00edan cerdo y hab\u00eda que comerlo (<em>pikuaj nefesh<\/em>, habr\u00eda dicho el rabino Nat\u00e1n, y la vida es todo), no hab\u00eda manera de encender velas los viernes por la noche y, peor a\u00fan, pronto alguien en el pueblo descubri\u00f3 nuestra identidad. \u00bfRecuerdas, Annika, nuestro miedo cuando dos piedras atravesaron las ventanas? \u00bfCu\u00e1ndo pintaron nuestras paredes de rojo sangre? \u00bfCu\u00e1ndo nos gritaron asesinos de Cristo? Al Sr. Kleiman le lanzaron puntapi\u00e9s una vez que sali\u00f3 al pueblo; al querido Arnold Scnitzer le sac\u00f3 un cuchillo un hombre vestido de manta en el camino a la hacienda. Un grupo de hombres amenaz\u00f3 con entrar aquella noche de Rosh Hashana. \u00bfC\u00f3mo sab\u00edan que est\u00e1bamos de fiesta, si fuimos siempre tan discretos?<\/p>\n<p>C\u00f3mo sacar de mis venas aquel Yom Kipur cuando entramos al cuarto que nos serv\u00eda para rezar para descubrir que hab\u00eda excremento de vaca en el suelo y en los muebles. Sabes que yo no rezaba, Annika, que comenc\u00e9 hasta que llegamos aqu\u00ed. Sent\u00ed de nuevo ese vah\u00eddo, ese hueco en el pecho, ese miedo que paraliza porque el peligro es il\u00f3gico, irracional, absurdo. No es el peligro de una cascada o de un toro suelto, sino el miedo a otro ser humano justo como yo. Y entender que, as\u00ed, yo tambi\u00e9n ser\u00eda capaz del mal. Y entender \u2012aunque sin poder explicar\u2012 la magnitud del hecho de sobrevivir.<\/p>\n<p>Formamos una comunidad los 27, en la que nos acompa\u00f1aron algunos lugare\u00f1os, cuya amabilidad era tan grande que casi parec\u00edan actores de teatro en plena c\u00e1lida comedia. Rez\u00e1bamos en hebreo y, aunque aprendimos bastante espa\u00f1ol, en la hacienda se hablaba alem\u00e1n, polaco, franc\u00e9s, ruso, ingl\u00e9s y yiddish. Por un breve tiempo \u2012que pareci\u00f3 eterno\u2012 fuimos todo lo que ten\u00edamos. Joe y Benjam\u00edn discut\u00edan talm\u00fadicamente sobre cualquier tema. Moordka dominaba todos los idiomas y era el pegamento que nos un\u00eda. Te entendiste, Annika, con Finny, con Elizabeth y con la se\u00f1ora Fitcham, s\u00e9 que vas a extra\u00f1arlas. El Dr. Hertz siempre fungi\u00f3 como la cabeza del miny\u00e1n y tambi\u00e9n de la peque\u00f1a comunidad. Puedo ver a\u00fan al Sr. Koslowski hablando de la vieja tierra con El\u00edas y de la nueva tierra con Leib. Resulta anodino, pero voy a echar de menos. Tambi\u00e9n a esa comida que pica como un escorpi\u00f3n en la boca, que sabe a tierra y que llena la barriga y el coraz\u00f3n, esas aguas tan dulces \u2012jam\u00e1s se nos habr\u00eda ocurrido hacer agua con frutas, \u00a1con las pocas que ten\u00edamos, Annika!\u2012 y esos atardeceres anaranjados como tu cabello antes de venir aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Han pasado tres a\u00f1os, Annika, y es hora de irse otra vez. Me hubiera gustado conocer m\u00e1s de Le\u00f3n, ese pueblito pintoresco que alg\u00fan d\u00eda crecer\u00e1 para ser una ciudad pujante y que sabr\u00e1 recibir a las gentes como nosotros. \u00a1Y qu\u00e9 nombre para una ciudad, qu\u00e9 fiero y elegante! Me hubiera gustado caminar por Guanajuato, porque me dicen que es precioso y que en cada esquina hay leyendas que atornillan la ciudad a la tierra, porque de otro modo saldr\u00eda volando hacia el cielo de tan hermosa. Pero lo mismo me hubiera gustado morir en la ciudad de mis padres, en paz, en la vejez. Tener una casa que llamar propia. Ver crecer una familia. Seguir rezando en la vieja sinagoga, \u00a1aunque fuera solamente en Yom Kipur!<\/p>\n<p>Qui\u00e9n nos sabe, Annika, qui\u00e9n nos ve. Aqu\u00ed estamos y aqu\u00ed estaremos. Seguiremos, tenemos que vivir. Lo dec\u00eda mi madre, lo dec\u00eda mi padre, lo dec\u00eda el rabino Nat\u00e1n. Nos quitaron todo lo que pudieron. Pero a nosotros no pudieron arrancarnos la vida, Annika, no a nosotros.<\/p>\n<p>Llegamos juntos y nos vamos juntos. Vamos, de nuevo, al otro lado del mundo. Qui\u00e9n sabe c\u00f3mo ser\u00e1 all\u00e1. Y no, no somos errantes: somos un pueblo vivo, vivo a pesar de todo, y vivir es moverse.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">C\/S.<\/p>\n<p><em>(Entre 1943 y 1946, un peque\u00f1o grupo de jud\u00edos europeos vivi\u00f3 en la ex hacienda de Santa Rosa en las afueras de Le\u00f3n, Guanajuato. Llegaron huyendo de la guerra y de la Shoah gracias al esfuerzo de rescate del Joint Distribution Committee. En julio de 1943 se envi\u00f3 una carta desde Le\u00f3n al Consejo Nacional Polaco, en Londres, denunciando actos de acoso por parte de la comunidad local. En los archivos hist\u00f3ricos del gobierno de Alemania (folios F-18-76 y F-18-358) se enlistan 27 nombres de jud\u00edos que llegaron a Le\u00f3n bajo la condici\u00f3n de \u201casilado de guerra\u201d. Algunos entraron a M\u00e9xico con nombres falsos).<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esteban Cisneros Universidad Hebraica En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 66. 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