﻿{"id":21103,"date":"2024-08-20T11:43:53","date_gmt":"2024-08-20T17:43:53","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=21103"},"modified":"2024-09-29T00:58:26","modified_gmt":"2024-09-29T06:58:26","slug":"mitos-alrededor-de-la-batalla-de-puebla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/mitos-alrededor-de-la-batalla-de-puebla\/","title":{"rendered":"Mitos alrededor de la Batalla de Puebla"},"content":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchez<br \/>\nMuseo Nacional de las Intervenciones, INAH<\/p>\n<h4><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 65\u00a0<\/span><\/strong><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Que un peque\u00f1o ej\u00e9rcito mal equipado y preparado como el mexicano venciera al m\u00e1s poderoso de la \u00e9poca, el de Napole\u00f3n III, parecer\u00eda inexplicable. Muchas conjeturas se han hecho. Aqu\u00ed se analizan las explicaciones sencillas que dio el general Ignacio Zaragoza, quien comand\u00f3 aquellas tropas victoriosas<strong>.<\/strong><\/h3>\n<figure id=\"attachment_21645\" aria-describedby=\"caption-attachment-21645\" style=\"width: 717px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21645\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_030.jpg\" alt=\"\" width=\"717\" height=\"572\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_030.jpg 717w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_030-300x239.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 717px) 100vw, 717px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21645\" class=\"wp-caption-text\">An\u00f3nimo, Batalla del 5 de mayo de 1862, \u00f3leo sobre tela, 1870, Museo Nacional de las Intervenciones. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La victoria lograda por el Ej\u00e9rcito de Oriente sobre fuerzas expedicionarias francesas el 5 de mayo de 1862, en las afueras de la ciudad de Puebla, es el hecho m\u00e1s relevante de la historia militar de nuestro pa\u00eds. Ninguna otra batalla, aunque haya sido decisiva (la del 5 de mayo no lo fue), es objeto de las celebraciones anuales y del culto oficial que caracterizan a la de Puebla. Tal notoriedad se debe a que desde el momento mismo en que las tropas francesas dieron la espalda a las mexicanas al atardecer de aquel 5 de mayo, apenas pudo creerse que un ej\u00e9rcito nacional \u2013mal equipado y entrenado\u2013 hubiera puesto en fuga a los que entonces eran considerados \u201clos primeros soldados del mundo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para explicar lo inexplicable, se han destacado varias claves: el genio militar del comandante en jefe mexicano, general Ignacio Zaragoza (tambi\u00e9n objeto de culto desde su muerte, pocos meses despu\u00e9s de la batalla); el extraordinario valor que el amor a la patria inspir\u00f3 en los soldados del Ej\u00e9rcito de Oriente, la soberbia mostrada por los franceses \u2013sobre todo la de su general, Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez\u2013; y el devenir hist\u00f3rico, que apuntaba hacia un mundo liberal que dejar\u00eda atr\u00e1s el mundo de las monarqu\u00edas tir\u00e1nicas, representadas por Napole\u00f3n III.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, tanto entonces como ahora, se ha dejado de lado la sencilla y l\u00f3gica explicaci\u00f3n que dio el propio general Zaragoza: la ineptitud de Lorencez. Cuatro d\u00edas despu\u00e9s de la victoria, el general mexicano remat\u00f3 su parte oficial sobre la jornada del 5 de mayo con tres oraciones que se han hecho c\u00e9lebres: \u201cEl ej\u00e9rcito franc\u00e9s se ha batido con mucha bizarr\u00eda; su general en jefe se ha portado con torpeza en el ataque. Las armas nacionales se han cubierto de gloria\u201d. A pesar del ambiente de euforia triunfal y de que a todas luces se estaba convirtiendo en un h\u00e9roe, Zaragoza hizo gala de la m\u00e1s loable honestidad, pues reconoci\u00f3 que el triunfo \u2013para los legos en materia militar, milagroso\u2013 le hab\u00eda sido servido en bandeja de plata por el propio conde de Lorencez al atacar este el punto m\u00e1s s\u00f3lido de la l\u00ednea de defensa mexicana: el fuerte de Guadalupe. Para explicar la \u201ctorpeza\u201d del jefe franc\u00e9s, es necesario hacer un breve recuento de los hechos previos a la batalla, los cuales pueden seguirse en la colecci\u00f3n documental <em>Benito Ju\u00e1rez, documentos, discursos y correspondencia.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de romper los Tratados de La Soledad, por los cuales los franceses y la Alianza Tripartita \u2013Francia, Inglaterra y Espa\u00f1a\u2013 se hab\u00edan comprometido a volver a sus posiciones en la costa de Veracruz en caso de rompimiento de hostilidades, Lorencez inici\u00f3 su avance desde Orizaba, y en los primeros combates con las fuerzas mexicanas, en Fort\u00edn y las Cumbres de Acultzingo (19 y 27 de abril), comprob\u00f3 que no ten\u00edan talla para medirse con las suyas. Fue entonces cuando escribi\u00f3 a su gobierno aquellas palabras que exhibieron la soberbia europea respecto del resto del mundo y que, luego de la derrota, lo perseguir\u00edan por el resto de su vida: \u201cSomos tan superiores a los mexicanos en organizaci\u00f3n, en disciplina, raza, moral y refinamiento de sentimientos, que, desde este momento, al mando de nuestros 6 000 valientes soldados, ya soy el amo de M\u00e9xico\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte, el general mexicano, convencido de que era imposible enfrentar a los franceses a campo abierto, decidi\u00f3 hacerse fuerte en Puebla con cerca de 6 000 hombres, y con el objetivo de contener al invasor el tiempo suficiente para que el gobierno pudiese formar un ej\u00e9rcito capaz de \u201cdestruirlo en uno o dos golpes\u201d. La peque\u00f1ez del ej\u00e9rcito de Lorencez hac\u00eda factible su destrucci\u00f3n, e incluso Zaragoza se sinti\u00f3 capaz de realizarla \u00e9l mismo, pues el 3 de mayo, ya en Puebla, escribi\u00f3 al gobierno que, si se le proporcionaban 2 000 infantes de refuerzo, \u201cyo le asegurar\u00eda hasta con mi vida que la divisi\u00f3n francesa ser\u00eda derrotada precisamente el d\u00eda 6\u201d. Al mismo tiempo, destac\u00f3 una divisi\u00f3n de caballer\u00eda al mando del general Tom\u00e1s O\u00b4Horan hacia el rumbo de Cholula, con la misi\u00f3n de dispersar un contingente de tropas conservadoras al mando de F\u00e9lix Zuloaga y Leonardo M\u00e1rquez, estacionadas en Atlixco, y as\u00ed evitar que el Ej\u00e9rcito de Oriente pudiera verse acorralado a dos fuegos en la inminente batalla. Como respuesta a la petici\u00f3n de refuerzos, el ministro de Guerra, Miguel Blanco, contest\u00f3 el d\u00eda 4 que ese d\u00eda sal\u00edan de M\u00e9xico 2 000 infantes y el 6 estar\u00edan en Puebla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Zaragoza contest\u00f3 a las 2:20 de la tarde que quedaba enterado del env\u00edo de refuerzos y esperaba que llegasen el 6 bien temprano. A\u00fan no ten\u00eda noticias de sus exploradores y no sab\u00eda que O\u00b4Horan acababa de derrotar por completo a los conservadores en Atlixco. Por la noche, fij\u00f3 el plan de batalla, seg\u00fan el cual las tropas deber\u00edan estar formadas en sus cuarteles a las cuatro de la ma\u00f1ana del 5 y de ah\u00ed marchar\u00edan a ocupar los barrios ubicados frente al camino de Amozoc, al sur del cerro de Guadalupe, en torno a la plaza de Los Remedios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las siete de la noche el general segu\u00eda sin noticias de O\u00b4Horan, pero supo que los franceses acababan de llegar a Amozoc, a tan s\u00f3lo cuatro leguas de Puebla \u2013aproximadamente 16 kil\u00f3metros\u2013, por lo que escribi\u00f3 al gobierno: \u201cNo creo que salvando todas las reglas militares nos ataquen ma\u00f1ana mismo, sin embargo, estoy preparado.\u201d Con \u201clas reglas militares\u201d el general se refer\u00eda a que Lorencez ten\u00eda que dar a sus tropas al menos un d\u00eda de descanso en Amozoc, pues ven\u00edan de una larga marcha desde Orizaba. Adem\u00e1s, deb\u00eda reconocer el terreno y las defensas de la ciudad para formar un plan de ataque. No sab\u00eda que el plan de Lorencez iba a consistir, precisamente, en salvar todas las reglas del arte para intentar sorprenderlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La soberbia del conde de Lorencez comenz\u00f3 a tambalearse el 4 de mayo, pues al llegar a Amozoc recibi\u00f3 informes, exagerados, de que Zaragoza se dispon\u00eda a enfrentarlo en Puebla con un ej\u00e9rcito de 12 000 hombres y abundante artiller\u00eda. Adem\u00e1s, desde que semanas atr\u00e1s Juan N. Almonte hab\u00eda ordenado a M\u00e1rquez apoyar al ej\u00e9rcito franc\u00e9s en sus operaciones, no ten\u00eda noticia alguna de las fuerzas conservadoras. Sin pensar en investigar y comprobar los alarmantes informes, convoc\u00f3 a un Consejo de Guerra en el que expuso que la supuesta superioridad num\u00e9rica de los mexicanos y sus preparativos planteaban un serio problema, pues con 6 000 soldados y 16 ca\u00f1ones de campa\u00f1a era imposible establecer un sitio, y tampoco era conveniente realizar ataques de reconocimiento, pues se perder\u00eda personal; estando tan lejos de Francia era necesario economizar vidas. Aunque sus asesores mexicanos, Juan N. Almonte y Antonio Haro y Tamar\u00edz, aseguraban que Puebla siempre hab\u00eda sido f\u00e1cil de tomar atac\u00e1ndola por el sur, su inseguridad lo llev\u00f3 a ignorar sus consejos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buscando una soluci\u00f3n en la carta topogr\u00e1fica que estudiaba, Lorencez se fij\u00f3 en que el fuerte de Guadalupe dominaba a Puebla por el norte, y concluy\u00f3 que su posesi\u00f3n \u201caseguraba la de la ciudad\u201d. Convencido de esto, y creyendo, por declaraci\u00f3n de uno de los presentes que dec\u00eda conocer el fuerte, que los fosos estaban cegados y la muralla ofrec\u00eda poca resistencia, insisti\u00f3 en que lo \u00fanico que pod\u00eda hacerse era intentar un asalto rel\u00e1mpago, capaz de tomarlo sin poner en peligro al ej\u00e9rcito en caso de ser rechazado. Los mexicanos se ver\u00edan sorprendidos por la fogosidad francesa, tan temida en todo el mundo, y su supuesta ventaja num\u00e9rica quedar\u00eda neutralizada. El consejo convino, de manera un\u00e1nime, en que de la audacia y rapidez del ataque iba a depender el \u00e9xito, en que dar un d\u00eda de descanso a las tropas resultaba improcedente y en que, por tanto, al d\u00eda siguiente el ej\u00e9rcito franc\u00e9s asaltar\u00eda el fuerte tan luego llegara a Puebla.<\/p>\n<figure id=\"attachment_21647\" aria-describedby=\"caption-attachment-21647\" style=\"width: 634px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21647\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_033.jpg\" alt=\"\" width=\"634\" height=\"737\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_033.jpg 634w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_033-258x300.jpg 258w\" sizes=\"(max-width: 634px) 100vw, 634px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21647\" class=\"wp-caption-text\">J. P., Miguel Negrete, \u00f3leo sobre l\u00e1mina de cobre, 1850, Museo Nacional de Historia. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Evidentemente, al creer en informes falsos, el conde estaba cayendo en una coronelada \u2013es decir, un error indigno de un general\u00ad. En esa \u00e9poca era una regla estrat\u00e9gica el abstenerse de atacar plazas fortificadas (ciudades amuralladas, recintos atrincherados o fuertes) pues, tal como escribi\u00f3 el general S\u00f3stenes Rocha en sus <em>Estudios sobre la ciencia de la guerra<\/em>, \u201csiendo en todos los casos muy mort\u00edfero el ataque de una plaza s\u00f3lo se proceder\u00e1 a \u00e9l en un caso absolutamente necesario\u201d. En el caso que tratamos, Lorencez fue advertido de que no era necesario atacar el fuerte, pues la ciudad siempre hab\u00eda sido tomada por el sur. En todas las guerras civiles del pa\u00eds los fuertes de Guadalupe y Loreto nunca fueron atacados, pues su car\u00e1cter inexpugnable resultaba m\u00e1s que evidente al estar ubicados en la cima de sendos cerros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Zaragoza no gozaba de superioridad num\u00e9rica y, por tanto, el conde pod\u00eda enfrentarlo en una batalla campal, o lanzarse al asalto de la ciudad confiando en la excelente calidad de sus tropas. Por el contrario, al decidir asaltar un fuerte ubicado en una posici\u00f3n elevada, iba a obligar a sus hombres a atacar cuesta arriba y a pecho descubierto a una guarnici\u00f3n enemiga ventajosamente cubierta en murallas y trincheras. Adem\u00e1s, carec\u00eda de artiller\u00eda de sitio para abrir brecha en la muralla del fuerte y bombardear a la guarnici\u00f3n (Lorencez s\u00f3lo contaba con artiller\u00eda de calibre cuatro y doce, cuando habr\u00eda requerido de 20 o 24, adem\u00e1s de morteros u obuses para disparar bombas y granadas: los morteros con que contaba la expedici\u00f3n se hab\u00edan quedado en los barcos anclados en Veracruz) y los accidentes del terreno pod\u00edan ser utilizados por los mexicanos en su beneficio. En lo \u00fanico en que Lorencez acertaba era en que ten\u00eda que atacar el 5 de mayo, pues Zaragoza estaba por recibir refuerzos el 6. En otras palabras, todas las ventajas t\u00e1cticas iban a estar de lado de los mexicanos, pero el conde, convencido de que lo \u00fanico que pod\u00eda hacer era intentar un golpe de audacia, confiaba en que Zaragoza no tendr\u00eda tiempo de aprovecharlas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por razones de espacio, vamos a obviar los detalles de la batalla y remitir al lector a las numerosas cr\u00f3nicas que existen de la misma. Aqu\u00ed s\u00f3lo vamos a resaltar que Lorencez, una vez que su ej\u00e9rcito estuvo a la vista de Puebla la ma\u00f1ana del 5 de mayo, sigui\u00f3 desliz\u00e1ndose en una pendiente de errores. Lleg\u00f3 a Puebla hasta las 10 de la ma\u00f1ana y tard\u00f3 dos horas en preparar el ataque, con lo cual perdi\u00f3 el efecto sorpresa; por su parte, el general Zaragoza, cuando vio que los franceses se dirigieron a emplazar su artiller\u00eda a 2 000 metros al noreste de Guadalupe, s\u00ed que se sorprendi\u00f3 al ver que el franc\u00e9s esquivaba el desaf\u00edo que le plante\u00f3 con una l\u00ednea de batalla al sur de Guadalupe, en torno a la plaza de Los Remedios, y que su objetivo era el fuerte: \u201ceste ataque que no hab\u00eda previsto, aunque conoc\u00eda la audacia del ej\u00e9rcito franc\u00e9s, me hizo cambiar mi plan de maniobras\u201d. Al mismo tiempo, debi\u00f3 sentir \u201cen su alma un movimiento de j\u00fabilo al ver perdido al enemigo. Este, en efecto, atacaba la ciudad por el punto m\u00e1s inexpugnable\u201d (<em>El Siglo Diez y Nueve, <\/em>5 de mayo de 1887). La lentitud con la que Lorencez actuaba dio tiempo al jefe mexicano para cambiar su plan de defensa y mandar a los generales Felipe Berriozabal y Francisco Lamadrid con tropas suficientes a reforzar el fuerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez emplazada su artiller\u00eda, Lorencez inici\u00f3 un in\u00fatil ca\u00f1oneo contra la muralla de Guadalupe (las balas, por la peque\u00f1ez del calibre y el \u00e1ngulo del disparo, rebotaban en la muralla o la sobrepasaban cayendo en la ciudad) en el que consumi\u00f3 casi toda su munici\u00f3n. Al emprender el asalto enfrent\u00f3 lo que debi\u00f3 saber desde un principio: este result\u00f3 mort\u00edfero y sus tropas, acribilladas por la fusiler\u00eda y artiller\u00eda mexicanas, fueron rechazadas en tres intentos \u2013en sus partes, los generales Negrete y Berrioz\u00e1bal se muestran conmovidos por la manera en que los soldados franceses fueron vapuleados, y elogian su valor y disciplina al enfrentar la lluvia de balas. Al emprender el asalto con 3 500 soldados y marinos, s\u00f3lo cont\u00f3 con 1 500 efectivos para enfrentar a los 3 500 mexicanos que, al mando de Porfirio D\u00edaz, defend\u00edan los barrios al pie de Guadalupe, por lo que tambi\u00e9n en el llano los franceses fueron barridos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inopinadamente, las armas mexicanas se hab\u00edan cubierto de gloria, lo que fue aprovechado por el partido liberal para proclamar la superioridad de su causa sobre la de los conservadores, y tomar el triunfo como prueba de que M\u00e9xico ten\u00eda la fuerza necesaria para enfrentar la injusta agresi\u00f3n de la primera potencia militar del mundo (<em>El Siglo Diez y Nueve<\/em>, 6 de mayo de 1862). Al menos por el momento \u2013alg\u00fan debate sobre la gran ventaja de que goz\u00f3 Zaragoza vendr\u00eda despu\u00e9s (<em>El Siglo Diez y Nueve<\/em>, 7 de mayo de 1868)\u2013, nadie repar\u00f3 en que, en el fondo, fue un golpe de suerte que Lorencez resultara ser un inepto, de modo que poco a poco se fue forjando el mito de la capacidad de M\u00e9xico para enfrentar a cualquier potencia. El pa\u00eds pod\u00eda ser de los m\u00e1s ca\u00f3ticos, como afirmaban los europeos, \u201cpero M\u00e9xico cuenta con soldados tan bizarros y tan invictos como los que el 5 de mayo hicieron morder el polvo a los mejores veteranos del mundo\u201d. No importaba si Napole\u00f3n enviaba 100 000 hombres, los valientes mexicanos no temblar\u00edan (<em>La Chinaca<\/em>, 12 de mayo de 1862).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, tal ingenuidad entusiasta result\u00f3 fruct\u00edfera, pues el 5 de mayo se convirti\u00f3 en un art\u00edculo de fe para resistir los cinco a\u00f1os de guerra que estaban por caer sobre M\u00e9xico.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">[\u2026] el recuerdo del 5 de mayo, como un fuego sagrado templaba [las] almas en los d\u00edas en que el pabell\u00f3n enemigo ondeaba en nuestra capital, y [nos] daba fuerzas para no doblar la frente ante los ej\u00e9rcitos de la Francia. En esos d\u00edas de prueba, la gloria del 5 de mayo se alzaba en los campamentos de nuestros guerreros y los envolv\u00eda con su luz y los embriagaba con un delirio sagrado, y les auguraba el triunfo de M\u00e9xico, y les infund\u00eda nuevo valor: era el esp\u00edritu de Zaragoza que recorr\u00eda las filas de los combatientes: era la renovaci\u00f3n de la independencia en el coraz\u00f3n de cada mexicano. (<em>El Monitor Republicano<\/em>, 6 de mayo de 1868)<\/p>\n<figure id=\"attachment_21646\" aria-describedby=\"caption-attachment-21646\" style=\"width: 585px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21646\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_031.jpg\" alt=\"\" width=\"585\" height=\"744\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_031.jpg 585w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_65_031-236x300.jpg 236w\" sizes=\"(max-width: 585px) 100vw, 585px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21646\" class=\"wp-caption-text\">R. Aguirre, General Ignacio Zaragoza, \u00f3leo sobre tela, 1898, Museo Nacional de las Intervenciones. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption><\/figure><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos ejemplos habr\u00e1 en la historia en que el capricho de la fortuna resultara tan decisivo pues, como otro periodista se\u00f1al\u00f3:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la guerra no hubiera comenzado con tan espl\u00e9ndida victoria, el desaliento y el p\u00e1nico hubieran cundido por todas partes y la sola idea de combatir hubiera parecido temeraria, pero el 5 de mayo y la memoria de Zaragoza inspiraban la esperanza en el triunfo del derecho, alentaron al pueblo y prolongaron la lucha [\u2026] hasta lograr la completa reivindicaci\u00f3n de la causa de M\u00e9xico. (<em>El Siglo Diez y Nueve<\/em>, 5 de mayo de 1868).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La jornada del 5 de mayo no fue una batalla decisiva, pero s\u00ed una batalla inspiradora de fe, esperanza y coraje, de ah\u00ed que su trascendencia llegue hasta nuestros d\u00edas, y que la explicaci\u00f3n l\u00f3gica del triunfo \u2013la ineptitud del enemigo\u2013 fuese barrida bajo el tapete en favor de otras explicaciones que halagaron el orgullo nacional, reforzaron la causa liberal y consolidaron la identificaci\u00f3n de esta con el nacionalismo mexicano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n fue inspiradora de mitos, como el supuesto genio militar de Zaragoza \u2013elevado al nivel del de Napole\u00f3n el Grande\u2013, el extraordinario hero\u00edsmo de las tropas mexicanas \u2013en realidad gozaron de todas las ventajas\u2013 y la capacidad de M\u00e9xico para derrotar a cualquier potencia pues, si durante el siglo xix se dijo que Zaragoza y sus huestes derrotaron a los \u201cprimeros soldados del mundo\u201d, en alg\u00fan momento del siglo xx comenz\u00f3 a afirmarse que derrotaron al \u201cmejor ej\u00e9rcito del mundo\u201d. Napole\u00f3n III contaba con un ej\u00e9rcito de cuatrocientos mil soldados, Zaragoza derrot\u00f3 tan s\u00f3lo a un peque\u00f1\u00edsimo contingente, por tanto, debemos concluir que tal exageraci\u00f3n, que deber\u00eda ser evidente, se convirti\u00f3 en un mito.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S:<\/strong><\/h3>\n<ul>\n<li>Taibo II, Paco Ignacio, <em>Los libres no reconocen rivales. Una historia narrativa de la batalla del 5 de mayo de 1862, <\/em>M\u00e9xico, Planeta, 2017.<\/li>\n<li>Visitar el Fuerte de Guadalupe, Puebla, Pue.<\/li>\n<li>Visitar el Museo Nacional de las Intervenciones, 20 de agosto S\/N, San Diego Churubusco, Coyoac\u00e1n, CDMX.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchez Museo Nacional de las Intervenciones, INAH En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 65\u00a0 Que un peque\u00f1o ej\u00e9rcito mal equipado y preparado como el mexicano venciera al m\u00e1s poderoso de la \u00e9poca, el de Napole\u00f3n III, parecer\u00eda inexplicable. Muchas conjeturas se han hecho. Aqu\u00ed se analizan las explicaciones sencillas que dio el general Ignacio Zaragoza, quien comand\u00f3 aquellas tropas victoriosas. La victoria lograda por el Ej\u00e9rcito de Oriente sobre fuerzas expedicionarias francesas el 5 de mayo de 1862, en las afueras de la ciudad de Puebla, es el hecho m\u00e1s relevante de la historia militar de nuestro pa\u00eds. Ninguna otra batalla, aunque haya sido decisiva (la del 5 de mayo no lo fue), es objeto de las celebraciones anuales y del culto oficial que caracterizan a la de Puebla. Tal notoriedad se debe a que desde el momento mismo en que las tropas<\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2802],"tags":[2072,2803,1925,1020],"class_list":{"0":"post-21103","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-65-revistanumero","8":"tag-batalla-de-puebla","9":"tag-lorencez","10":"tag-napoleon-iii","11":"tag-zaragoza"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21103","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21103"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21103\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":21673,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21103\/revisions\/21673"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21103"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21103"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21103"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}