﻿{"id":20669,"date":"2024-08-06T12:53:31","date_gmt":"2024-08-06T18:53:31","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=20669"},"modified":"2025-07-31T17:16:38","modified_gmt":"2025-07-31T23:16:38","slug":"entre-guerras-boas-y-naufragios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/entre-guerras-boas-y-naufragios\/","title":{"rendered":"Entre guerras, boas y naufragios"},"content":{"rendered":"<p>Lorena Careaga<br \/>\nUniversidad del Caribe<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <i>BiCentenario. <\/i><em>El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>,<\/strong> n\u00fam. 61\u00a0<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/BiC_61_10_Heller.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3>Despu\u00e9s de un a\u00f1o de recorrer M\u00e9xico, el bot\u00e1nico austr\u00edaco Carl Bartholomeus Heller llega a Campeche en noviembre de 1846.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_20739\" aria-describedby=\"caption-attachment-20739\" style=\"width: 642px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-20739\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_079-240x300.jpg\" alt=\"\" width=\"642\" height=\"803\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_079-240x300.jpg 240w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_079.jpg 350w\" sizes=\"(max-width: 642px) 100vw, 642px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20739\" class=\"wp-caption-text\">Karl Bartholom\u00e4us Heller, Viajes por M\u00e9xico en los a\u00f1os de 1845-1846<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un ruido lo sac\u00f3 de su profundo sue\u00f1o. La luna llena se colaba por la ventana y soplaba una brisa tenue proveniente del mar. No bien hab\u00eda cerrado de nuevo los ojos, cuando son\u00f3 un golpe seco seguido de un forcejeo. Heller, ahora completamente alerta, salt\u00f3 de la cama. No necesit\u00f3 encender el quinqu\u00e9 que reposaba en su mesilla de noche; la claridad lunar hac\u00eda evidente que una boa americana, de doce pies de largo, se debat\u00eda furiosa en el canasto que la encerraba y estaba haciendo todo lo posible por salir de su cautiverio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un rinc\u00f3n de la habitaci\u00f3n se amontonaban los objetos coleccionados: plantas, conchas, pieles de animales y plumajes; en otro estaban sus armas y al lado, cestos de todos tama\u00f1os, en uno de los cuales hab\u00eda encerrado a la boa. En la ventana reposaban frascos con peque\u00f1as tortugas, escorpiones y otros animales vivos que ten\u00eda en observaci\u00f3n; el espacio restante lo llenaban la cama y una mesa, ante la cual Heller se sentaba cada noche a escribir su diario, bajo una luz mortecina y rodeado del molesto zumbido de los mosquitos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cosas no pintaban bien para la boa. Si escapaba del canasto, y parec\u00eda que lo har\u00eda de un momento a otro, tendr\u00eda que matarla. \u201cQu\u00e9 l\u00e1stima\u201d, pens\u00f3, mientras encend\u00eda r\u00e1pidamente el quinqu\u00e9. Antes de acostarse hab\u00eda revisado los flejes de madera y parec\u00edan seguros, pero ahora la boa ten\u00eda medio cuerpo fuera del canasto. Heller se lanz\u00f3 sobre ella; le parec\u00eda que luchaba contra un gigante, una columna de hierro que se ergu\u00eda ante \u00e9l, revolvi\u00e9ndose furiosa. \u201cEste animal\u201d, se dijo, \u201cal que he mimado tanto, aliment\u00e1ndolo con huevos y pastelillos, ahora tiene que morir, pues con toda seguridad, al salir de su prisi\u00f3n, me abrazar\u00e1 con tal agradecimiento, que me costar\u00e1 m\u00e1s de un hueso roto\u201d. Logr\u00f3 enrollarle una cuerda al cuello y, muy a su pesar, la ahorc\u00f3. Incidentes como ese formaban parte, por desgracia, del coleccionismo de especies vivas. Agotado y desvaneci\u00e9ndose por esa lucha nocturna, el naturalista le dio un trago al <em>posol<\/em> que quedaba en su cantimplora, se dej\u00f3 caer en la cama y se durmi\u00f3 casi de inmediato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carl Bartholomeus Heller llevaba un a\u00f1o recorriendo M\u00e9xico cuando emprendi\u00f3 la \u00faltima etapa de su viaje. Ya estaba harto del pa\u00eds, de su clima y de su gente; le hab\u00edan robado sus posesiones y la situaci\u00f3n pol\u00edtica hab\u00eda deshecho sus planes. Encima, la guerra entre M\u00e9xico y Estados Unidos lo hab\u00eda forzado a dejar el puerto de Alvarado en condiciones dif\u00edciles y peligrosas: hab\u00eda sido necesario zarpar de noche, ocult\u00e1ndose a la vista de la escuadra enemiga que ten\u00eda anclados 20 barcos de guerra en Ant\u00f3n Lizardo, y ganar el mar abierto sin que la goleta <em>Rafaela<\/em> fuera descubierta. Lo hab\u00eda conseguido, pues al cabo de cinco d\u00edas, el 13 de noviembre de 1846, lleg\u00f3 sin mayores consecuencias a Campeche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la ayuda del c\u00f3nsul franc\u00e9s, Monsieur Villev\u00e8que, y de don Joaqu\u00edn Guti\u00e9rrez de Estrada, personaje encumbrado de la sociedad y la pol\u00edtica campechanas, Heller asegur\u00f3 una habitaci\u00f3n en la Lonja. Su car\u00e1cter obsesivo lo empujaba a seguir realizando con perseverancia la recopilaci\u00f3n de plantas vivas y ex\u00f3ticas para el Jard\u00edn Bot\u00e1nico de Viena, as\u00ed como de informaci\u00f3n acerca de la naturaleza de aquella regi\u00f3n, am\u00e9n de algunos datos hist\u00f3ricos, geogr\u00e1ficos y ling\u00fc\u00edsticos. Ansiaba ser reconocido por sus investigaciones y cumplir cabalmente la encomienda de la Sociedad Imperial y Real de Jardiner\u00eda, que patrocinaba su viaje. No obstante, a la primera oportunidad, dar\u00eda por terminado su largo periplo mexicano y se embarcar\u00eda de regreso a Europa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amanec\u00eda cuando el dedicado austr\u00edaco despert\u00f3 adolorido y m\u00e1s deprimido que nunca. La lucha con la boa lo hab\u00eda dejado fam\u00e9lico y, sin esperar a que la sirvienta de la posada le trajera a su habitaci\u00f3n la consabida taza de chocolate caliente, baj\u00f3 al comedor y ah\u00ed se sent\u00f3 a beberla, rumiando su infortunio. El bar\u00f3metro de sus emociones estaba tan bajo como la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica que marcaba el que colgaba de la pared, anunciando mal tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A su llegada, Heller se hab\u00eda sentido lleno de esperanzas: \u201cLa primera mirada a la ciudad no deja nada que desear\u201d, escribi\u00f3 en su diario, evocando sus murallas ba\u00f1adas por las olas del mar, las palmeras y los cerros cubiertos de vegetaci\u00f3n. No obstante, Campeche pronto se convirti\u00f3 en una prisi\u00f3n y \u00e9l en un prisionero, cuando los invasores tomaron posesi\u00f3n de la Laguna de T\u00e9rminos, cerrando el camino a Tabasco, y los enfrentamientos pol\u00edticos entre campechanos y meridanos limitaron sus movimientos, dificult\u00e1ndole emprender el regreso a su patria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas comenzaron a sucederse unos a otros como si una serie de espejos reprodujeran la misma dolorosa imagen al infinito. El deterioro de su salud pod\u00eda medirse casi hora tras hora en un reloj cuyo mecanismo hubiese enloquecido. A sus 22 a\u00f1os, se sent\u00eda enfermo, agotado, pose\u00eddo por la fiebre y hundido en la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El doctor Adler, su amigo m\u00e1s cercano y compa\u00f1ero de pensi\u00f3n, estaba seriamente preocupado por su salud f\u00edsica y mental. \u201cLo que usted necesita, amigo m\u00edo\u201d, le hab\u00eda dicho, \u201ces salir a pasear, entrar nuevamente en contacto con la naturaleza, que es lo que usted m\u00e1s ama. Eso le har\u00e1 mucho bien y no requiere de grandes cantidades de dinero, sino de algunas cartas de recomendaci\u00f3n que yo mismo y, estoy seguro, el se\u00f1or Guti\u00e9rrez de Estrada con gusto le proporcionaremos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, Heller emprendi\u00f3 un viaje a Champot\u00f3n, que le hab\u00eda sido descrito como un sitio muy bello, donde pod\u00eda esperar una flora m\u00e1s rica que la que hab\u00eda encontrado hasta entonces. Lo hizo en un peque\u00f1o barco empujado por dos grandes velas de trinquete, que desafiaba con seguridad un mar frecuentemente agitado y manten\u00eda una comunicaci\u00f3n ininterrumpida entre los puntos costeros m\u00e1s importantes. Tales embarcaciones no utilizaban br\u00fajulas ni ning\u00fan otro instrumento de navegaci\u00f3n, pues sus tripulantes conoc\u00edan la costa con toda precisi\u00f3n, sus peque\u00f1os cabos, calas, mont\u00edculos e incluso \u00e1rboles aislados en tierra firme, a la que nunca perd\u00edan de vista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente al pueblo de Champot\u00f3n, y separada del r\u00edo que apenas ten\u00eda 80 pasos de ancho, se encontraba la hacienda El Para\u00edso, propiedad de don Jos\u00e9 Mar\u00eda Lanz. Durante varios d\u00edas, Heller recorri\u00f3 sus inmediaciones, hallando la vegetaci\u00f3n tropical que lo extasiaba, en especial un bosque primigenio donde las orqu\u00eddeas y otras par\u00e1sitas adornaban los troncos de las mimosas, los terebintos y las palmas, y donde s\u00f3lo algunos rayos solares romp\u00edan la semioscuridad de un techo de hojas siempre verde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Renovado y cargado de plantas, semillas y un c\u00famulo de notas y bocetos, Heller retorn\u00f3 a Campeche. Le esperaba una grata invitaci\u00f3n firmada por dos sacerdotes, los hermanos Leandro y Jos\u00e9 Mar\u00eda Camacho, para visitar su colecci\u00f3n de curiosidades, es decir, el primer museo de espec\u00edmenes naturales y restos arqueol\u00f3gicos de la pen\u00ednsula y, posiblemente, de M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Intrigado, Heller acudi\u00f3 a la cita. Los hermanos Camacho viv\u00edan en una casona destartalada que hac\u00eda las veces de morada, de parroquia y de algo parecido a una gran tienda de anticuario desordenada y ca\u00f3tica. La mezcolanza de objetos que hab\u00edan ido reuniendo a trav\u00e9s de los a\u00f1os, era pasmosa: colecciones de moluscos, f\u00f3siles, mariposas y otros insectos disecados, cajas llenas de monedas y restos herrumbrosos que databan de la colonia, y toda suerte de vestigios arqueol\u00f3gicos mayas: esculturas, vasos, figuritas, incensarios, cuentas de jade y m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cMe recibieron con gran amabilidad\u201d, coment\u00f3 Heller al doctor Adler, despu\u00e9s de su primer encuentro con el museo de los Camacho. Se hab\u00eda percatado de que aquellas antig\u00fcedades, procedentes de distintos lugares de la pen\u00ednsula, ten\u00edan un incalculable valor, pues pertenec\u00edan a \u00e9pocas pret\u00e9ritas de la historia ind\u00edgena, y se lamentaba de que ese tesoro, en un futuro, pudiera perderse para el mundo. \u201cDesde luego, nada pude obtener de ellos, ya que tienen como principio el no dar nada de sus colecciones, si bien son muy comunicativos y no hacen un secreto del lugar en el que las han encontrado.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, esa impresi\u00f3n cambiar\u00eda al cabo de un tiempo. En una visita posterior, los hermanos Camacho invitaron a Heller a tomar un refrigerio en la terraza. Jos\u00e9 Mar\u00eda, el mayor, gordo y bonach\u00f3n, se repanting\u00f3 en un sill\u00f3n, mientras Leandro, alto, flaco y nervioso, iba de aqu\u00ed para all\u00e1. \u201cConocimos hace unos a\u00f1os a un compatriota suyo\u201d, dijo Jos\u00e9 Mar\u00eda, \u201cel bar\u00f3n Emanuel von Friedrichsthal. Lleg\u00f3 a Campeche en 1841, despu\u00e9s de haber recorrido Nicaragua, El Salvador y Guatemala, e intentado cruzar a pie, sin lograrlo, el gran trecho de selva que separa Belice, en Honduras Brit\u00e1nica, de M\u00e9rida. Fue seguramente el primer europeo de nuestro siglo en visitar Chich\u00e9n Itz\u00e1\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leandro, siempre interesado por las cuestiones ingenieriles y mec\u00e1nicas, coment\u00f3 que Friedrichsthal hab\u00eda tra\u00eddo consigo un daguerrotipo, con el cual abri\u00f3 en Campeche el primer estudio fotogr\u00e1fico no s\u00f3lo de la ciudad, sino de M\u00e9xico. Heller se maravill\u00f3 de que, en 1841, ya hubiese en aquel lugar uno de los artefactos inventados por Messieurs Daguerre y Niempce tan s\u00f3lo dos a\u00f1os antes. \u201cCon \u00e9l\u201d, terci\u00f3 Jos\u00e9 Mar\u00eda, \u201cel se\u00f1or Friedrichsthal tom\u00f3 las primeras im\u00e1genes de Chich\u00e9n Itz\u00e1, mismas que mostr\u00f3 al gran Humboldt en Par\u00eds\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Friedrichsthal hab\u00eda regresado a Europa muy enfermo y falleci\u00f3 poco despu\u00e9s, en 1842. Con la muerte de su creador y al paso del tiempo, aquellas im\u00e1genes insustituibles se hab\u00edan perdido; nadie en Viena estaba seguro de a d\u00f3nde hab\u00edan ido a parar. \u201cEs una l\u00e1stima que tanto \u00e9l como ese maravilloso tesoro se hayan ido para siempre\u201d, coment\u00f3 Heller. Entonces, los hermanos Camacho se miraron y, a una se\u00f1a imperceptible, Leandro entr\u00f3 a la casa y unos instantes despu\u00e9s regres\u00f3 con un sobre que entreg\u00f3 a Jos\u00e9 Mar\u00eda. Este sac\u00f3 dos daguerrotipos. \u201cAmigo Heller, perm\u00edtanos poner en sus manos estas piezas invaluables y rogarle que las lleve usted de regreso a la patria del se\u00f1or Friedrichsthal, donde ser\u00e1n apreciadas en todo su valor.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer daguerrotipo mostraba un brasero con figura humana; el segundo, una calle de Campeche, que Heller identific\u00f3 como la esquina de Iturbide y Comercio.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20740\" aria-describedby=\"caption-attachment-20740\" style=\"width: 585px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-20740\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_081-248x300.jpg\" alt=\"\" width=\"585\" height=\"707\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20740\" class=\"wp-caption-text\">Emanuel von Friedrichsthal, Figura de Mayap\u00e1n, Daguerrotipo, 1847. Biblioteca Nacional de Austria.<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_20741\" aria-describedby=\"caption-attachment-20741\" style=\"width: 585px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-20741\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_082-300x258.jpg\" alt=\"\" width=\"585\" height=\"503\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_082-300x258.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_082.jpg 715w\" sizes=\"(max-width: 585px) 100vw, 585px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20741\" class=\"wp-caption-text\">Emanuel von Friedrichsthal, Calle, Daguerrotipo, 1847. Biblioteca Nacional de Austria.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Emocionado, los tom\u00f3 cuidadosamente y comprendi\u00f3 que constitu\u00edan piezas hist\u00f3ricas de gran valor en s\u00ed mismas, adem\u00e1s de contarse entre las primeras im\u00e1genes fotogr\u00e1ficas de un artefacto maya, as\u00ed como de la ciudad. A pesar de las vicisitudes que a\u00fan le esperaban antes de retornar a Europa, los daguerrotipos llegar\u00edan con bien a Viena y ser\u00edan depositados por \u00e9l mismo en la Biblioteca Nacional de Austria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contra todos sus deseos, pues deseaba regresar cuanto antes a su patria, Heller celebr\u00f3 su cumplea\u00f1os vig\u00e9simo tercero en Campeche. La monoton\u00eda de su vida, que parec\u00eda transcurrir con toda lentitud, se vio enriquecida con la amistad de la familia Guti\u00e9rrez Estrada, que lo introdujo a la sociedad local, sus bailes y saraos. Tambi\u00e9n atestigu\u00f3 toda clase de fiestas populares, con sus corridas de toros y juegos de azar, as\u00ed como religiosas: la Navidad, el Carnaval y la Semana Santa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, el naturalista continuaba dedicando la mayor parte de su tiempo al estudio de la flora y la fauna, as\u00ed como de diversos aspectos sociales y culturales. Siempre atento a aquello que pudiera enriquecer su informe a las autoridades vienesas, recopil\u00f3 historias y leyendas locales, como la de la milagrosa imagen de San Rom\u00e1n, protectora de los n\u00e1ufragos. Calcul\u00f3 que la poblaci\u00f3n de Yucat\u00e1n sumaba un total de medio mill\u00f3n de habitantes, de los cuales 400 000 eran ind\u00edgenas. Asimismo, en apoyo a otros viajeros, se propuso elaborar un mapa de la pen\u00ednsula del que se sent\u00eda muy orgulloso: \u201cCreo que ofrezco aqu\u00ed a los amigos de la geograf\u00eda el mapa m\u00e1s completo de Yucat\u00e1n y s\u00f3lo lamento no haber conocido a\u00fan, al hacer mi trabajo, el mapa de Stephens, ya que este, por incorrecto que sea al parecer en algunos puntos, sobre todo por lo que respecta a latitud y longitud, pod\u00eda haberme proporcionado algo m\u00e1s para perfeccionar mi dibujo.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras realizaba esta tarea, en marzo de 1847, se produjeron nuevos enfrentamientos entre M\u00e9rida y Campeche. La rivalidad pol\u00edtica y econ\u00f3mica que hab\u00eda dado origen al conflicto databa de los albores independentistas y se hab\u00eda ido recrudeciendo con el tiempo. Estas malas noticias coincidieron con la rendici\u00f3n de Veracruz y San Juan de Ul\u00faa al general Winfield Scott. \u201cCon el \u00e1nimo deprimido esperaba yo el resultado de esta malaventurada guerra [&#8230;] Campeche parec\u00eda haber perdido para siempre toda se\u00f1al de vida, hasta que por fin la Semana Santa con sus festividades produjo de nuevo cierto movimiento entre la poblaci\u00f3n, lo que a su vez tuvo una influencia ben\u00e9fica sobre todos los \u00e1nimos.\u201d<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Rumbo a Uxmal<\/h3>\n<p>A la par que transcurr\u00edan las misas y procesiones, Heller se preparaba para \u201cun viaje al interior del pa\u00eds\u201d. As\u00ed, a principios de abril, emprendi\u00f3 la marcha rumbo a Uxmal en compa\u00f1\u00eda de varios caballeros, entre quienes se contaba el c\u00f3nsul franc\u00e9s y un retratista espa\u00f1ol. Para ello, alquilaron una volanta, carruaje muy singular, en opini\u00f3n de Heller, pero con el que esperaban viajar r\u00e1pidamente, siempre y cuando los caminos lo permitieran. \u201cA las cuatro y media de la ma\u00f1ana salimos con gran estr\u00e9pito por las puertas de Campeche y pronto llegamos a la abrupta y polvosa carretera que lleva hacia M\u00e9rida. Cada quien quer\u00eda comentar algo a fin de hacer olvidar los saltos asesinos del carro, pero a pesar de todos los cuentos y las risas no era posible evitar peri\u00f3dicos choques de cabezas, lo que, dada nuestra disposici\u00f3n inusitadamente alegre, \u00a1s\u00f3lo aumentaba la diversi\u00f3n!\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hicieron varios altos en el camino, hosped\u00e1ndose en las casas reales, donde colgaban sus hamacas y se preparaban de comer. Las iglesias de los pueblos le parecieron \u201cpeque\u00f1os fuertes\u201d, que incluso hab\u00edan sido utilizados como tales \u201cen la \u00faltima guerra con los mexicanos\u201d, es decir, contra las tropas enviadas por Santa Anna. Tomaba nota de la vegetaci\u00f3n que rodeaba los cenotes y las aguadas, aquellos oasis en el camino que daban sombra y frescura a los viajeros. Tambi\u00e9n se toparon con una \u201cquemaz\u00f3n\u201d, como parte del ciclo agr\u00edcola previo a la siembra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tardaron dos d\u00edas en llegar a su destino, distante veintiocho leguas de Campeche. Don Sim\u00f3n Pe\u00f3n, due\u00f1o de la hacienda Uxmal, los recibi\u00f3 como antes lo hab\u00eda hecho con otros viajeros, es decir, proporcion\u00e1ndoles techo, alimentos y un gu\u00eda, el mayordomo, quien ya antes hab\u00eda acompa\u00f1ado a John L. Stephens y Frederick Catherwood en su recorrido por la Palmira americana. Impresionado, Heller describi\u00f3 con detalle cada edificaci\u00f3n, su prop\u00f3sito y posible origen tolteca. Al no encontrar ninguna figurilla, lament\u00f3 que los viajeros que le precedieron: Waldeck, Friedrichsthal, Stephens y Norman, se hubiesen llevado \u201clas pocas que quedaban\u201d. No obstante, estaba maravillado con Uxmal: \u201c\u00a1Qu\u00e9 construcciones tan gigantescas para un pueblo que todo lo hac\u00eda con instrumentos de piedra! \u00bfCu\u00e1ntos miles de hombres deben haber habitado esa zona, centro de tanta majestuosidad y lujo, para haber podido legar tales obras a la posteridad, a pesar de los siglos transcurridos? \u00bfD\u00f3nde acab\u00f3 ese pueblo de constructores tan magn\u00edficos artistas? La mano de hierro de Espa\u00f1a lo asesin\u00f3, f\u00edsica y moralmente [&#8230;] Todav\u00eda pueden encontrarse restos de esta tribu, pero \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 su esp\u00edritu atrevido y valiente, d\u00f3nde su poder y cultura?\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No parec\u00eda posible que esos mayas, carentes ya de la valent\u00eda y el arrojo de sus ancestros, estuviesen a punto de iniciar una de las rebeliones ind\u00edgenas m\u00e1s sangrientas y longevas del continente americano. Sin embargo, tres meses antes, el 15 de enero, habiendo sido reclutados en la lucha entre M\u00e9rida y Campeche, llevaron a cabo una matanza de civiles en la ciudad de Valladolid y Heller interpret\u00f3 ese funesto acontecimiento como un aviso del porvenir: \u201cPor desgracia, pronto se demostr\u00f3 que la querella entre las dos ciudades hab\u00eda provocado la rebeli\u00f3n de los habitantes primitivos [&#8230;] Esta guerra de castas apenas comenzaba y ya pod\u00eda verse que los indios estaban decididos a ser aniquilados antes que vencidos.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De haber podido, Heller habr\u00eda abandonado gustoso la pen\u00ednsula por la v\u00eda de Laguna de T\u00e9rminos, que si bien estaba en poder de los estadunidenses, era accesible a los extranjeros. No obstante, dado que carec\u00eda de los subsidios que deb\u00edan enviarle de Europa, se sent\u00eda a\u00fan m\u00e1s aislado e impotente. Quiz\u00e1 por ello particip\u00f3 gustoso, junto con otros inmigrantes, en un batall\u00f3n creado para mantener la tranquilidad y la seguridad en Campeche: \u201cNadie qued\u00f3 exento y hasta yo tuve que acomedirme, de acuerdo con el orden fijado, a patrullar durante la noche, lo cual no nos pesaba demasiado ya que lo hac\u00edamos en compa\u00f1\u00eda de buenas amistades. Con frecuencia, hac\u00edamos tambi\u00e9n por las noches peque\u00f1os viajes costeros en un bote, y en dichas ocasiones las banderas de nuestras patrias ondeaban alegres en nuestro peque\u00f1o m\u00e1stil.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro evento sac\u00f3 a Heller de su aburrimiento. Conoci\u00f3 a un colega naturalista que tambi\u00e9n se hallaba de paso por la pen\u00ednsula en su camino hacia Guatemala: el franc\u00e9s Artur Morelet, con quien trab\u00f3 buena amistad. Uno de sus temas de conversaci\u00f3n era haber sido ambos testigos del naufragio del paquebote ingl\u00e9s <em>Tweed<\/em> en el arrecife de Los Alacranes, en febrero de 1847. Morelet acababa de llegar a Sisal y prest\u00f3 toda la ayuda posible a los sobrevivientes. Por su parte, Heller escuch\u00f3 en Campeche el testimonio de un compatriota suyo y tuvo acceso, adem\u00e1s, al parte oficial. As\u00ed se enter\u00f3 de que hab\u00edan muerto unas 80 personas y salvado una cincuentena, tras languidecer cuatro d\u00edas en uno de los islotes del arrecife antes de que un barco las rescatara. \u201cAl mismo tiempo, salieron seis <em>schooners<\/em> de Campeche hacia Los Alacranes a fin de salvar lo m\u00e1s posible del cargamento de mercurio \u20121 170 botellas\u2012, que por s\u00ed solo ten\u00eda un valor de 24 000 florines; todo lo dem\u00e1s se consider\u00f3 justificadamente perdido al ser arrastrado por el mar.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inesperadamente, la misiva que Heller tanto anhelaba lleg\u00f3 por fin a sus manos: \u201cTanto m\u00e1s grande fue mi sorpresa cuando una ma\u00f1ana me entreg\u00f3 el empleado de un comerciante nativo una carta medio descolorida con mi direcci\u00f3n que hab\u00eda visto flotar aislada en las aguas de Los Alacranes y que logr\u00f3 pescar [\u2026] Era mi carta, la que esperaba con tantas ansias, la \u00fanica que se salv\u00f3 entre miles y que todav\u00eda era perfectamente legible [\u2026] No pod\u00eda dar cr\u00e9dito a mis ojos, porque me parec\u00eda algo m\u00e1s que una coincidencia com\u00fan; era algo inusitado, casi maravilloso, me pareci\u00f3 una se\u00f1al de los cielos para que no perdiera el \u00e1nimo en mi triste situaci\u00f3n.\u201d Con los a\u00f1os, aquella carta se convirti\u00f3 en una especie de talism\u00e1n; en momentos dif\u00edciles de su vida, la sacaba, la le\u00eda y sent\u00eda renacer su confianza y optimismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contra todas las advertencias de sus amigos, Heller decidi\u00f3 abandonar Campeche en noviembre de 1847 para continuar su viaje a trav\u00e9s de Tabasco, Chiapas y el Soconusco. Las despedidas, despu\u00e9s de un a\u00f1o de estancia en aquella ciudad, fueron largas, efusivas y conmovedoras. Finalmente, tras un periplo que parec\u00eda interminable, Heller regres\u00f3 a Austria en 1852, con sus muestras, espec\u00edmenes y notas. Pronto se dio a la tarea de poner todo aquello en orden y de escribir su obra, que public\u00f3 al a\u00f1o siguiente con el t\u00edtulo de <em>Viajes por M\u00e9xico en los a\u00f1os de 1845-1848.<\/em><\/p>\n<p>Amanec\u00eda cuando el dedicado austr\u00edaco despert\u00f3 adolorido y m\u00e1s deprimido que nunca. La lucha con la boa lo hab\u00eda dejado fam\u00e9lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La monoton\u00eda de su vida, que parec\u00eda transcurrir con toda lentitud, se vio enriquecida con la amistad de la familia Guti\u00e9rrez Estrada, que lo introdujo a la sociedad local, sus bailes y saraos.<\/p>\n<p>\u201c\u2026Esta guerra de castas apenas comenzaba y ya pod\u00eda verse que los indios estaban decididos a ser aniquilados antes que vencidos.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lorena Careaga Universidad del Caribe En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 61\u00a0 Despu\u00e9s de un a\u00f1o de recorrer M\u00e9xico, el bot\u00e1nico austr\u00edaco Carl Bartholomeus Heller llega a Campeche en noviembre de 1846. Un ruido lo sac\u00f3 de su profundo sue\u00f1o. La luna llena se colaba por la ventana y soplaba una brisa tenue proveniente del mar. No bien hab\u00eda cerrado de nuevo los ojos, cuando son\u00f3 un golpe seco seguido de un forcejeo. Heller, ahora completamente alerta, salt\u00f3 de la cama. No necesit\u00f3 encender el quinqu\u00e9 que reposaba en su mesilla de noche; la claridad lunar hac\u00eda evidente que una boa americana, de doce pies de largo, se debat\u00eda furiosa en el canasto que la encerraba y estaba haciendo todo lo posible por salir de su cautiverio. 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