﻿{"id":20654,"date":"2024-08-05T10:42:07","date_gmt":"2024-08-05T16:42:07","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=20654"},"modified":"2025-07-31T17:15:00","modified_gmt":"2025-07-31T23:15:00","slug":"me-interesa-acercar-las-almas-hacia-lo-inexplicable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/me-interesa-acercar-las-almas-hacia-lo-inexplicable\/","title":{"rendered":"\u201cMe interesa acercar las almas hacia lo inexplicable\u201d"},"content":{"rendered":"<p>Hugo Roca Joglar<\/p>\n<h4><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <i>BiCentenario. <\/i><em>El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 61\u00a0<\/span><\/strong><\/h4>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/BiC_61_09_Mario_Lavista.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">El mexicano Mario Lavista (1943-2021) es uno de los compositores m\u00e1s destacados de la segunda mitad del siglo xx. Su obra, que abarca diversos g\u00e9neros, se caracteriza por una curiosidad permanente de encontrar nuevas formas de articulaci\u00f3n sonora. A manera de homenaje a su legado art\u00edstico, presentamos una de sus \u00faltimas entrevistas que le concedi\u00f3 a su amigo, el escritor Hugo Roca Joglar, en donde ofrece una aproximaci\u00f3n a su pensamiento musical.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_20738\" aria-describedby=\"caption-attachment-20738\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-20738\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_071-300x211.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"633\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_071-300x211.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_071-768x540.jpg 768w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_61_071.jpg 900w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20738\" class=\"wp-caption-text\">Mario Lavista con los compositores Gabriela Ortiz y Joaqu\u00edn Guti\u00e9rrez Heras. Archivo Familiar.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Lavista est\u00e1 condenado a buscar y entender su canto entre caos, incertidumbre y conflicto. Su tragedia fascinante es la de nunca haber sentido la seguridad de tener un propio sonido. \u2012Carlos Ch\u00e1vez nos ped\u00eda en su taller de composici\u00f3n una fuga tipo Bach, una sinfon\u00eda tipo Mozart, un concierto tipo Schumann \u2026, pero eran meros ejercicios que nada ten\u00edan que ver con lo que yo quer\u00eda que fuera mi m\u00fasica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bach, Mozart y Schumann abarcan tres siglos de m\u00fasica (XVII, XVIII y XIX) que est\u00e1n unidos en torno a la aburrida certeza de un idioma ideal: la tonalidad, en donde la melod\u00eda es par\u00e1metro absoluto. Mario Lavista \u2012y cualquier compositor sensato de la segunda mitad del siglo XX\u2012 nunca ha tenido esa seguridad: \u00bfC\u00f3mo tenerla si hacia la primera guerra mundial la tonalidad fue destruida y de sus cenizas surgieron interminables maneras de articulaci\u00f3n sonora (algunas tan radicales como la electroac\u00fastica, en donde el sonido \u2012gracias a la manipulaci\u00f3n tecnol\u00f3gica\u2012 puede ser convertido en materia)?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Imaginemos entonces a un jovenc\u00edsimo Mario Lavista al lado de un jovenc\u00edsimo Eduardo Mata (1942-1995), hacia 1965, en un sal\u00f3n de clases; ambos componen en estilo antiguo \u2012de malas, rencorosos y despreciativos, bajo la ir\u00f3nica mirada de Carlos Ch\u00e1vez\u2012, con la certeza doliente de que esa m\u00fasica anacr\u00f3nica, f\u00e1cil, cursi e in\u00fatil es una forma humillante de perder su tiempo \u2012tiempo que anhelan dedicar a experimentos radicales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Cuando comenc\u00e9 a definir una est\u00e9tica propia, me opuse a construir algo que sonara consonante. \u2012Mario Lavista est\u00e1 sentado en la biblioteca del Colegio Nacional, a un costado del Templo Mayor, detr\u00e1s de la Catedral. Conversa con traje gris, lentes y camisa blanca sin corbata. Su voz es grave y templada. El silencio resulta muy importante entre sus palabras; significa, como ahora, que algo lo preocupa cuando se prolonga\u2012 [\u2026] la experimentaci\u00f3n era un camino que quer\u00eda seguir y John Cage una figura que me interesaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">John Cage (1912-1992) hab\u00eda dicho \u201cque la m\u00fasica se produzca por s\u00ed misma; el compositor no tiene por qu\u00e9 hacer que las notas lo sigan: \u00a1qu\u00e9 el azar tome las decisiones!\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En M\u00e9xico, los j\u00f3venes compositores \u2012durante las d\u00e9cadas de los a\u00f1os sesenta y setenta\u2012, incluso los m\u00e1s arrojados \u2012como Julio Estrada (1943) o Manuel Enr\u00edquez (1926-1994). escuchaban a Cage con inter\u00e9s curioso, pero nunca estuvieron dispuestos a abrir su pensamiento hacia la indeterminaci\u00f3n absoluta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Cage \u2012invitado por la UNAM\u2012 ofreci\u00f3 un concierto a piano en la biblioteca Benjamin Franklin de la ciudad de M\u00e9xico, Mario Lavista absorbi\u00f3 esa m\u00fasica (\u201c\u00c9tudes Australes I-VIII\u201d, de 1975) con \u00e1vida simpat\u00eda creadora y compuso una extra\u00f1a obra de inspiraci\u00f3n <em>cageiana<\/em>: \u201cJaula\u201d (1977), para cualquier n\u00famero de pianos preparados (con tornillos y pedazos de goma y madera metidos entre las cuerdas) e ilimitadas posibilidades interpretativas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada interpretaci\u00f3n posible de \u201cJaula\u201d parte de una partitura gr\u00e1fica \u2012dise\u00f1ada por el artista pl\u00e1stico Arnaldo Coen\u2012 que muestra una serie de cubos conc\u00e9ntricos con puntos plateados colocados en las aristas que representan sendas notas musicales: Do-La-Sol-Mi (C-A-G-E, en la nomenclatura musical estadounidense). Ning\u00fan par\u00e1metro est\u00e1 establecido; el timbre, la altura, la duraci\u00f3n o el ritmo son aspectos completamente libres. Aunque el compositor controla las caracter\u00edsticas de la atm\u00f3sfera sonora al fijar la prohibici\u00f3n de salirse de las cuatro notas establecidas en la partitura gr\u00e1fica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Despu\u00e9s, poco a poco, me liber\u00e9 de ese prejuicio: del prejuicio de que todo lo consonante debe ser destruido, y mis obras comenzaron a incorporar intervalos consonantes, pues a veces as\u00ed lo solicitaba mi pensamiento musical. \u2012Mario Lavista es solemne y amable; su solemnidad tiene que ver con las ideas; su amabilidad con el esp\u00edritu. Es artista de trato f\u00e1cil y pensamiento profundo, m\u00edstico y complejo. Su m\u00fasica pertenece \u00fanicamente al segundo aspecto (al referente a su pensamiento), y aqu\u00ed no hay concesiones: si no representan fielmente sus ideas, Mario Lavista nunca escribir\u00e1 sonidos amables. Por ejemplo: en mi obra \u201cMarsias\u201d (1982; para oboe y ocho copas de cristal), describo el mundo de divino de Apolo, encomendado a las copas de cristal, con intervalos (como quinta y octava) que los compositores de la antig\u00fcedad, los renacentistas y barrocos utilizaban para comunicarse con Dios. En cambio, utilizo intervalos disonantes, como la s\u00e9ptima o el tritono, que antiguamente se asociaban con la maldad, con lo diab\u00f3lico incluso, para describir el mundo de Marsias; es decir: para ilustrar (por medio del oboe) la debilidad de los hombres.<\/p>\n<p>Extraigamos al azar cinco elementos de la po\u00e9tica<em> lavistiana<\/em>:<\/p>\n<ul>\n<li>Evocaciones de \u201cJaula\u201d: arrojada m\u00fasica impredecible, casi iconoclasta.<\/li>\n<li>Evocaciones de \u201cMarsias\u201d: m\u00edstico panorama que propone la sonora convivencia entre el cielo y la tierra.<\/li>\n<li>Tributo a un exc\u00e9ntrico de nombre John Cage; mitol\u00f3gicos recuerdos de pastores y de dioses.<\/li>\n<li>Preparar un piano; trazos de humana debilidad a cargo del oboe; buscar lo divino al frotar finas copas de cristal.<\/li>\n<li>Colorear a trav\u00e9s de proporciones; la distancia entre las notas afincada como declaraci\u00f3n de principios: en Intervalos consonantes existen los cuerpos celestes; tormentos y placeres carnales est\u00e1n trazados con disonancias.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Una po\u00e9tica de hermetismo raro, que acude a la contemplaci\u00f3n y luego existe en el riesgo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfAlguna vez, tras m\u00e1s de medio siglo de hacer m\u00fasica, ha sentido la tranquilidad de haberse acercado a un idioma ideal?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Lavista parpadea. La cara relajada. Recorre con la vista los estantes. Abre la boca y la cierra sin emitir sonido. Se muerde los labios. Toma agua. Nariz delgada; delineadas las l\u00edneas de los labios. Cejas ralas, amplia frente y cara cuadrada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El centro y su estruendo perpetuo. Desde esta biblioteca, los sonidos se fusionan en mezclas asombrosas: entre cercano claxon sostenido y ecos de un desafinado organillero interpretando \u201cPalomita blanca\u201d, un baladro de \u201cgaaaas\u201d en voz masculina sirve como fondo de la conversaci\u00f3n que una mujer sostiene por celular en el patio del Colegio Nacional cuyas palabras sueltas \u2012\u201ccinismo\u201d, \u201cchingaderas\u201d, \u201c\u00a1te callas!\u201d\u2012 la perfilan turbulenta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">John Cage aqu\u00ed se divertir\u00eda mucho: en la biblioteca del Colegio Nacional, al lado de Mario Lavista, en septiembre de 2016, escuchando los sonidos de su entorno, qued\u00e1ndose quieto, sin manipularlos, sin obligarlos a seguirlo, dej\u00e1ndolos ser, y as\u00ed, no siendo compositor, abrir\u00eda una nueva dimensi\u00f3n sonora en donde la m\u00fasica en la CdMx se crea en tiempo real, por s\u00ed misma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y Mario Lavista se quedar\u00eda callado tambi\u00e9n al lado de John Cage y luego tal vez le recitar\u00eda ese poema de Octavio Paz en donde el poeta se ofrece en sacrificio para que los sonidos pasen a trav\u00e9s de \u00e9l: \u201cDentro de m\u00ed los oigo\/pasar afuera.\/Fuera de m\u00ed los veo\/pasar conmigo.\/Yo soy la circunstancia\/ [\u2026] Soy\/una arquitectura de sonidos\/instant\u00e1neos\/sobre\/un espacio que se desintegra\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1No, jam\u00e1s! \u2012Mario Lavista sonr\u00ede; una sonrisa suave e incompleta. Cabello blanco peinado con impecable raya de lado. Cuerpo esbelto y dedos alargados. Insiste en recorrer con la vista los estantes. Grandes libros antiguos; gordos, de pasta gruesa. Obras completas: de Plinio, de Cicer\u00f3n y de Milton. \u2012nunca he encontrado ni creo encontrar jam\u00e1s un idioma ideal \u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Lavista acude a Octavio Paz \u2012a <em>Vislumbres de la India<\/em>\u2012 para escribir <em>Hacia el comienzo <\/em>(1984) para mezzosoprano y gran orquesta, una obra en donde explora c\u00f3mo el alma va y viene entre la tensi\u00f3n de la unidad y la vacuidad; de pronto, en su b\u00fasqueda hacia lo divino, resulta que el erotismo es una de las tantas maneras que existen para rezar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Lavista acude a Octavio Paz y tambi\u00e9n a Javier Villaurrutia \u2012a la \u201cSuite del insomnio\u201d\u2012 para, en \u201cReflejos de la noche\u201d (1984; para cuarteto de cuerdas), trasladar el verso \u201cla noche juega con los ruidos, copi\u00e1ndolos en su espejo de sonidos\u201d a un mundo musical fantasmag\u00f3rico en donde no hay cantantes ni realidades, sonidos arm\u00f3nicos \u00fanicamente (\u00c1lvaro Mutis dijo sobre esta obra: \u201cnadie, en fin, conseguir\u00e1 evocar la despojada maravilla de esta m\u00fasica limpia de las m\u00e1s imperceptibles huellas\u201d).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Lavista acude a Octavio Paz, a Javier Villaurrutia y tambi\u00e9n a Carlos Fuentes. Convierte el largo cuento <em>Aura<\/em> en una \u00f3pera (1989, con libreto de Juan Tovar) herm\u00e9tica \u2012la acci\u00f3n nunca sale de una casa de cortinas cerradas\u2012 y floral \u2012de flores marchitas\u2012 cuyo desarrollo es un flujo \u00fanico, continuo, incontenible, que surge de las fusiones y colisiones entre cuatro temas:<\/p>\n<ul>\n<li>El de la Casa (cuerdas).- Sonidos arm\u00f3nicos que al efectuar una progresi\u00f3n de acordes muy corta dan la impresi\u00f3n de cerrarse sobre s\u00ed mismos.<\/li>\n<li>El de la vieja-mezzo Consuelo (alientos).- L\u00fagubre y coqueta. A veces se confunde con los sonidos de la Casa, como si hubiese sido absorbida por ellos.<\/li>\n<li>El de la joven-soprano Aura (maderas y celesta).- Contemplativo, lejano y vagamente mel\u00f3dico (un melodismo de invenci\u00f3n triste).<\/li>\n<li>El del joven tenor Felipe (clarinete).- Contrasta con todo: juvenil y lleno de ilusiones, aunque poco a poco se desvanece en la soledad y en la pena.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paz, Villaurrutia y Fuentes. Tres hombres que le dan letras a Mario Lavista. Letras que, a lo largo de su carrera musical \u2012sobre todo durante la d\u00e9cada de los ochenta\u2012 le sugieren caminos y descubren voces posibles. Y eso \u2012para un condenado a existir rodeado de interminables maneras de articular sonidos\u2012 es algo muy cercano al consuelo.<\/p>\n<p>Y de pronto, cesa la angustia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Lavista es un hombre que cuando se aleja de su propio sonido \u2012incluso en terrenos musicales\u2012 transmite claridades. Tomemos, por ejemplo, los 18 ensayos \u2012publicados en diversas revistas, sobre todo <em>Letras Libres<\/em>, y extra\u00eddos de conferencias, como la que pronunci\u00f3 en 1998 (\u201cEl lenguaje del m\u00fasico\u201d) cuando ingres\u00f3 al Colegio Nacional\u2012 compilados en \u201cCuaderno de m\u00fasica\u201d: un libro construido con letras seguras sobre sus lenguajes \u2012di\u00e1fanos, mel\u00f3dicos y lineales\u2012 y seguras de sobre sus ideas \u2012arm\u00f3nicas, accesibles y vigorosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leemos sobre su audici\u00f3n de \u201cEl mar\u201d de Debussy: la innovaci\u00f3n en la geometr\u00eda sonora de la obra radica en un di\u00e1logo esencial en donde los par\u00e1metros musicales mantienen un incesante peregrinaje \u2012como el ir y venir del oleaje\u2012 entre estructuras r\u00edtmicas regulares y complejas texturas polim\u00e9tricas, entre contornos mel\u00f3dicos y sonidos fragmentados, entre reexposiciones y giros inesperado; un di\u00e1logo \u2012al fin de cuentas\u2012 entre presente y pasado que est\u00e1 enrarecido por la presencia permanente, brumosa, de un brillo opaco, casi sombr\u00edo, de acordes ingr\u00e1vidos, \u201cque flotan sobre las aguas sin que ninguna necesidad de causa y efecto los obligue a ir a determinado lugar: son acordes que vagan con libertad\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed tambi\u00e9n escribe Mario Lavista: alegre, curioso y libre, como Schumann, como Manuel M. Ponce, como Joachim Raff: sin la meticulosidad del historiador, sin el \u00e9nfasis geogr\u00e1fico del music\u00f3logo, sin la mirada corrosiva del cr\u00edtico. El \u00fanico af\u00e1n de su pluma es el de compartirle al mundo \u2012al mundo de los mel\u00f3manos\u2012 narraciones musicales sobre fobias y gustos, admiraciones y enojos. Son letras que surgen desde su \u2012liberada\u2012 intimidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quien haya visto y escuchado durante la d\u00e9cada de los a\u00f1os setenta a Mario Lavista abrir un piano, prepararlo con juguetes y jalar las cuerdas en vez de pulsar las teclas no podr\u00eda imaginarlo escribiendo \u201cChopin, nuestro contempor\u00e1neo\u201d; no podr\u00eda creer que un disonante compositor mexicano \u00e1vido de experimentaciones radicales pueda admirar al santo patr\u00f3n de la imaginaci\u00f3n pian\u00edstica rom\u00e1ntica. Y, sin embargo, Mario Lavista aprendi\u00f3 de Chopin sobre fidelidad: amar a un instrumento y no abandonarlo jam\u00e1s; sobre atm\u00f3sferas on\u00edricas: frases mel\u00f3dicas asim\u00e9tricas dentro de sim\u00e9tricas estructuras formales, y sobre concisi\u00f3n: obras breves que cuentan historias en donde no sobra nada y nada falta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una posible lectura de los \u201cCuadernos\u201d de Mario Lavista es esa: descubrir c\u00f3mo los sonidos que admira no suelen guardar una relaci\u00f3n aparente con los sonidos que inventa; c\u00f3mo entre m\u00fasicas opuestas, incluso antag\u00f3nicas, existen v\u00ednculos invisibles, subterr\u00e1neos, que las hermanan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y otra posible lectura es la contraria: encontrar evidentes coincidencias. Leemos, por ejemplo, la cr\u00f3nica sobre su encuentro \u2012en 1974\u2012 con el misterioso Conlon Nancarrow (1912-1997), compositor estadounidense que se nacionaliz\u00f3 mexicano y cuya obsesi\u00f3n por construir intrincados laberintos lo orill\u00f3 a dejar de componer para instrumentos ac\u00fasticos y dedicarse en exclusiva a crear m\u00fasica para pianola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Lavista lo visit\u00f3 en su casa de Las \u00c1guilas construida por Juan O\u00b4Gorman. \u201cSu estudio era una especie de intrincado taller mec\u00e1nico-musical: hab\u00eda, aqu\u00ed y all\u00e1, toda suerte de objetos, escuadras, reglas y compases, l\u00e1pices y plumas de varios tama\u00f1os; sobre una mesa inmensa descansaban los rollos que d\u00eda a d\u00eda Nancarrow transformaba en m\u00fasica por medio de extra\u00f1os y exactos aparatos que perforaban el papel en los puntos asignados\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y Mario Lavista excitado y triste se rinde \u2012excitado por los sonidos, triste por el desprecio que Nancarrow recibi\u00f3 en M\u00e9xico\u2012 ante esta veloc\u00edsima m\u00fasica en donde las extra\u00f1as proporciones num\u00e9ricas \u2012concebidas para una m\u00e1quina\u2012 crean en el oyente la ilusi\u00f3n de l\u00edneas sonoras que se desplazan a velocidades diferentes.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEn qu\u00e9 idiomas hablar\u00e1 su pr\u00f3xima m\u00fasica?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Me interesa la m\u00fasica sacra \u2026 \u2012Mario Lavista no entiende a las iglesias modernas, no entiende c\u00f3mo no pueden darse cuenta de que la espiritualidad en un mensaje sagrado radica en la m\u00fasica y no en las palabras, no entiende por qu\u00e9 no han renovado sus misas, sus credos, sus himnos, sus aves mar\u00edas \u2026 Para \u00e9l es muy claro: si la gente se ha alejado de los dioses es porque la Iglesia se ha alejado de la m\u00fasica\u2012 me interesa retomar el sentido antiguo que ten\u00eda la m\u00fasica como el veh\u00edculo m\u00e1s eficaz de acercar las almas hacia lo inexplicable \u2026<\/p>\n<p>Mario Lavista est\u00e1 sentado en la biblioteca del Colegio Nacional. Su voz es grave y templada. El silencio resulta muy importante entre sus palabras.<\/p>\n<p>\u201cNunca he encontrado ni creo encontrar jam\u00e1s un idioma ideal \u2026\u201d<\/p>\n<p>Paz, Villaurrutia y Fuentes. Tres hombres que le dan letras a Mario Lavista. Letras que le sugieren caminos y descubren voces posibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Lavista aprendi\u00f3 de Chopin sobre fidelidad: amar a un instrumento y no abandonarlo jam\u00e1s; sobre atm\u00f3sferas on\u00edricas: frases mel\u00f3dicas asim\u00e9tricas dentro de sim\u00e9tricas estructuras formales, y sobre concisi\u00f3n: obras breves que cuentan historias en donde no sobra nada y nada falta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hugo Roca Joglar En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 61\u00a0 El mexicano Mario Lavista (1943-2021) es uno de los compositores m\u00e1s destacados de la segunda mitad del siglo xx. Su obra, que abarca diversos g\u00e9neros, se caracteriza por una curiosidad permanente de encontrar nuevas formas de articulaci\u00f3n sonora. A manera de homenaje a su legado art\u00edstico, presentamos una de sus \u00faltimas entrevistas que le concedi\u00f3 a su amigo, el escritor Hugo Roca Joglar, en donde ofrece una aproximaci\u00f3n a su pensamiento musical. Mario Lavista est\u00e1 condenado a buscar y entender su canto entre caos, incertidumbre y conflicto. Su tragedia fascinante es la de nunca haber sentido la seguridad de tener un propio sonido. \u2012Carlos Ch\u00e1vez nos ped\u00eda en su taller de composici\u00f3n una fuga tipo Bach, una sinfon\u00eda tipo Mozart, un concierto tipo Schumann \u2026, pero eran meros ejercicios que nada ten\u00edan que ver con lo<\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[53,2680],"tags":[1328,2788,163,1932],"class_list":{"0":"post-20654","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-arte","7":"category-bicentenario-61","8":"tag-arnaldo-coen","9":"tag-mario-lavista","10":"tag-musica","11":"tag-unam"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20654","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20654"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20654\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22474,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20654\/revisions\/22474"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20654"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20654"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20654"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}