﻿{"id":19924,"date":"2024-06-11T14:50:47","date_gmt":"2024-06-11T20:50:47","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19924"},"modified":"2024-08-13T22:18:06","modified_gmt":"2024-08-14T04:18:06","slug":"joyitas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/joyitas\/","title":{"rendered":"Joyitas"},"content":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 64.<\/span><\/h4>\n<figure id=\"attachment_20924\" aria-describedby=\"caption-attachment-20924\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-20924\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_174.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"690\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_174.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_174-300x207.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_174-768x530.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20924\" class=\"wp-caption-text\">Comedor de la escuela Francisco I. Madero, ca. 1936. Colecci\u00f3n particular de Norberto Nava.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La infancia es \u00fanica y extraordinaria. La de todos los ni\u00f1os, los de hoy, los que fuimos. Lo dice Anna Ajm\u00e1tova. A los once a\u00f1os, la escritora rusa escrib\u00eda poemas que su padre tachaba de \u201cpoeta decadente\u201d. As\u00ed que cada uno pasa por un tamiz inigualable, en unas edades a la cuales la reflexi\u00f3n sobre felicidad o dicha incompleta s\u00f3lo queda para los tiempos de la madurez, porque por entonces \u2013dice\u2013 no se tienen puntos de comparaci\u00f3n para llegar a conclusiones tan severas. \u00bfEse, esa, fui yo?, podemos preguntarnos al paso del tiempo. Sobre aquel ni\u00f1o que acariciaba a sus compa\u00f1eros y hoy no quisiera reencontrarse con ellos, el que probaba la reacci\u00f3n de una paloma ahogando su cabeza en un cubo de agua, la ni\u00f1a que peinaba la mu\u00f1eca imitando a su madre, pero en los arrebatos de enojo le quitaba la cabeza. La decena de ni\u00f1as y ni\u00f1os listos para desayunar, en su mayor\u00eda descalzos, que miran a la c\u00e1mara disciplinados y responsables, saben que la frase de la pared del fondo, sin trabajo no hay pan, se aplica tambi\u00e9n para ese momento estelar. Sin sobriedad y sin apego a las normas no podr\u00e1n levantar la taza ni llevarse a la boca esa \u00fanica hogaza de pan que llenar\u00e1 de energ\u00edas su ma\u00f1ana. En realidad eran m\u00e1s de medio millar, hacia 1920, salidos de los hogares m\u00e1s pobres de la ciudad de M\u00e9xico. Ni\u00f1eces plagadas de orfandad e insuficiencias, de desapegos familiares forzados, de convivencia con las p\u00e9rdidas tempranas y los deseos marchitos. Recib\u00edan educaci\u00f3n agraria intuitiva y experimental en la Escuela Francisco I. Madero, siguiendo los m\u00e9todos libres de Le\u00f3n Tolstoi y Rabindranath Tagore, en un edificio destartalado de la colonia Morelos, cercana al Z\u00f3calo, rodeados de una pobreza similar y el acecho de la violencia y los delincuentes. Fue todo un \u00e9xito, \u201cescuela modelo\u201d, que tres a\u00f1os despu\u00e9s, otras miradas de la educaci\u00f3n la abandonar\u00edan. Gabriela Mistral alguna vez los visit\u00f3 como funcionaria de Vasconcelos y se maravill\u00f3 de encontrar all\u00ed el tipo de educaci\u00f3n que alguna vez so\u00f1\u00f3. Sobre aquellos ni\u00f1os, como de tantos otros, la poeta chilena apunt\u00f3 con furia a la desidia, que nunca ser\u00e1 de ellos: \u201cPiececitos de ni\u00f1o, \/ azulosos de fr\u00edo, \/ \u00a1c\u00f3mo os ven y no os cubren, \/ [\u2026] \/ Piececitos heridos \/ por los guijarros todos \/ [\u2026] \/ joyitas sufrientes, \/ \u00a1c\u00f3mo pasan sin veros \/ las gentes!\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 64. La infancia es \u00fanica y extraordinaria. La de todos los ni\u00f1os, los de hoy, los que fuimos. Lo dice Anna Ajm\u00e1tova. A los once a\u00f1os, la escritora rusa escrib\u00eda poemas que su padre tachaba de \u201cpoeta decadente\u201d. 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