﻿{"id":19921,"date":"2024-06-11T14:41:07","date_gmt":"2024-06-11T20:41:07","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19921"},"modified":"2024-08-13T22:16:33","modified_gmt":"2024-08-14T04:16:33","slug":"editorial-64","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/editorial-64\/","title":{"rendered":"Editorial #64"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 64.<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ni\u00f1ez atraviesa m\u00e9dula y cuerpo de este n\u00famero de BiCentenario. La ni\u00f1ez de los soldados en tiempo de emancipaci\u00f3n, la ni\u00f1ez que se encierra para sobrevivir a los disparos de los m\u00e1user durante la Decena Tr\u00e1gica, la ni\u00f1ez de un hijo de mineros que opta por no seguir los pasos de su padre, la de cuatro hermanos en la casona del a\u00fan pueblo de San \u00c1ngel, de un par de sacerdotes para quienes la construcci\u00f3n de la infancia marcar\u00e1 su destino desde concepciones muy opuestas, la ni\u00f1ez traum\u00e1tica de sobrevivir a la guerra fratricida para edificar el futuro a miles de kil\u00f3metros de distancia de sus or\u00edgenes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hubo un pasado en que la ni\u00f1ez viv\u00eda la guerra a la par de los adultos, aunque ya por ese aprendizaje cruel la definici\u00f3n de madurez le cab\u00eda tambi\u00e9n a ella. Fue el caso de Santiago Tapia. A los seis a\u00f1os, mientras su padre se debat\u00eda contra los espa\u00f1oles en San Juan de Ul\u00faa, acompa\u00f1aba de cerca desde el campamento en Orizaba. A esa edad perdi\u00f3 a su madre, as\u00ed que sigui\u00f3 al padre por varias batallas m\u00e1s hasta que en 1832, con doce a\u00f1os, conoci\u00f3 la c\u00e1rcel y la tortura, porque all\u00ed estaba \u00e9l, y al poco tiempo lo perdi\u00f3 en un fusilamiento. Estaba claro cu\u00e1l ser\u00eda el siguiente paso, con trece a\u00f1os ya era un oficial del ej\u00e9rcito. Como los hijos de Morelos y de Santa Anna, o Mariano Arista, soldado desde los 11 a\u00f1os, y d\u00e9cadas despu\u00e9s presidente de M\u00e9xico. Tapia contar\u00eda aquellos pasos tan tempranos por la milicia en unas memorias que son de las escasas a las cuales recurrir para conocer esas circunstancias naturales para la \u00e9poca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La violencia que asum\u00edan aquellos ni\u00f1os del siglo XIX, un siglo despu\u00e9s otros la padec\u00edan para sobrevivir a los combates entre maderistas y huertistas durante la Decena Tr\u00e1gica en el centro de la ciudad de M\u00e9xico. La imagen de la adolescente Rosario Arellano Gonz\u00e1lez aferrada a la cabecera de lat\u00f3n de la cama y apoyando su codo en una de las perillas que la adornaban, a la espera en la habitaci\u00f3n junto a ni\u00f1os y familiares hasta que los enfrentamientos en las calles cesaran, son elocuentes del terror de las v\u00edctimas de toda guerra, los civiles. Y en esta, donde entre los que disparaban hab\u00eda tambi\u00e9n ni\u00f1os, la suerte, el destino, las \u00e1nimas del purgatorio como ella sol\u00eda decir, se confabularon con la oportuna decisi\u00f3n de salir de all\u00ed para salvarse de las filosas balas de los Mauser que comenzaron a entrar por las ventanas como fantasmas dispuestos a acometer la muerte. Rosario se los transmiti\u00f3 a los hijos y nietos y nietas \u2013aqu\u00ed una de ellas lo relata\u2013, no s\u00f3lo como testimonio de d\u00edas sombr\u00edos, sino como la marca que deja en la ni\u00f1ez el paso opulento de las tragedias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esas trascendencias de las guerras y los conflictos sociales en el impacto en la ni\u00f1ez, traemos un reportaje fotogr\u00e1fico de lo que fue el exilio en Morelia de los m\u00e1s de cuatro centenares de ni\u00f1os y ni\u00f1as, rescatados de la guerra civil espa\u00f1ola por el gobierno de L\u00e1zaro C\u00e1rdenas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las dichas y adversidades de la infancia fueron las que relataron en sus obras art\u00edsticas y literarias los hermanos Juan y Edmundo O&#8217;Gorman. Entre la vida formativa en una amplia casona novohispana de San \u00c1ngel, con las fuerzas zapatistas asediando en los alrededores, pero atados al aprendizaje paterno y materno, fuese sobre la m\u00fasica o el arte, hasta aquel lugar en el que ya j\u00f3venes se realizaban tertulias literarias, fueron madurando los proleg\u00f3menos de lo que ser\u00eda en ambos casos un deslumbrante protagonismo cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo similar ocurre con los casos de los sacerdotes Maximino Pozos y Gerardo Thijssen Loos, a\u00fan en las ant\u00edpodas en que se encontraban desde su compromiso social. Si para los hermanos O&#8217;Gorman, los padres Cecil y Encarnaci\u00f3n tuvieron sustantiva influencia en su formaci\u00f3n, para el holand\u00e9s Thijssen, llegado a M\u00e9xico para emprender actividades comunales en la d\u00e9cada de 1970, el ejemplo de su padre, protector de jud\u00edos ante el exterminio nazi, lo llev\u00f3 a insertarse en el \u00e1mbito m\u00e1s progresista de la Iglesia cat\u00f3lica. El caso de Pozos camina por otra v\u00eda, la de la formaci\u00f3n en los claustros conservadores de la Iglesia cat\u00f3lica jalisciense que lo impulsaron a una participaci\u00f3n militante en la confrontaci\u00f3n contra el estado mexicano durante el conflicto cristero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las p\u00e1ginas de esta edici\u00f3n de la revista recuperan la entrevista que en 1904 le diera el general Manuel Loera al periodista \u00c1ngel Pola para ofrecer su versi\u00f3n personal de lo que fue la detenci\u00f3n de un colega suyo, Tom\u00e1s O\u2019Horan y Escudero, y la frustraci\u00f3n en el caso del general Leonardo M\u00e1rquez al que no pudo capturar. Un testimonio que da cuenta sobre el resbaloso l\u00edmite entre \u201camigos\u201d militares y lealtades difusas en tiempos convulsos y que se pagaban con la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esperamos disfruten este nuevo n\u00famero de <em>BiCentenario<\/em>. Hasta la pr\u00f3xima.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 64. La ni\u00f1ez atraviesa m\u00e9dula y cuerpo de este n\u00famero de BiCentenario. La ni\u00f1ez de los soldados en tiempo de emancipaci\u00f3n, la ni\u00f1ez que se encierra para sobrevivir a los disparos de los m\u00e1user durante la Decena Tr\u00e1gica, la ni\u00f1ez de un hijo de mineros que opta por no seguir los pasos de su padre, la de cuatro hermanos en la casona del a\u00fan pueblo de San \u00c1ngel, de un par de sacerdotes para quienes la construcci\u00f3n de la infancia marcar\u00e1 su destino desde concepciones muy opuestas, la ni\u00f1ez traum\u00e1tica de sobrevivir a la guerra fratricida para edificar el futuro a miles de kil\u00f3metros de distancia de sus or\u00edgenes. 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