﻿{"id":19867,"date":"2024-06-10T14:17:50","date_gmt":"2024-06-10T20:17:50","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19867"},"modified":"2024-08-13T12:20:57","modified_gmt":"2024-08-13T18:20:57","slug":"rosario-arellano-gonzalez-vivencias-durante-la-decena-tragica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/rosario-arellano-gonzalez-vivencias-durante-la-decena-tragica\/","title":{"rendered":"Rosario Arellano Gonz\u00e1lez. Vivencias durante la Decena Tr\u00e1gica"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Paloma Mac\u00edas Guzm\u00e1n<br \/>\nInstituto Nacional de Bellas Artes y Literatura<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 64.<\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">La vida en ciudad de M\u00e9xico durante el alzamiento militar contra el gobierno de Francisco I. Madero fue muy dura. No se pod\u00eda salir a la calle, los alimentos escaseaban y la posibilidad de morir estaba latente, aunque la gente se refugiara en sus casas. As\u00ed lo recordaba esta mujer menuda y alegre, hija y sobrina de militares.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_20908\" aria-describedby=\"caption-attachment-20908\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20908\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_066.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"630\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_066.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_066-300x189.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_066-768x484.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20908\" class=\"wp-caption-text\">Artiller\u00eda afuera de la Ciudadela durante los combates de la Decena Tr\u00e1gica, 1913. Colecci\u00f3n particular.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La habitaci\u00f3n apenas iluminada s\u00f3lo permit\u00eda entrever los rostros de quienes atrapados por un capricho del destino intentaban conversar nerviosamente para matar el tiempo y con ello ignorar hasta donde era posible la cercan\u00eda de la muerte. En el interior de esa casa, situada en alguna calle del centro de la ciudad de M\u00e9xico y asediada por el fuego cruzado, Rosario Arellano Gonz\u00e1lez, una joven de 19 a\u00f1os, su medio hermano Jos\u00e9, de apenas 10 a\u00f1os, y otros familiares intentaban mantener una conversaci\u00f3n y permanecer lo m\u00e1s c\u00f3modo posible en una de las habitaciones. Mientras conversaban, Rosario permanec\u00eda sentada en una de las camas, abrazada a la cabecera de lat\u00f3n y apoyando su codo en una de las perillas que adornaba la parte superior, mientras que Jos\u00e9 estaba sentado en otra cama, con una pierna flexionada y la otra colgando sin alcanzar el piso. \u00bfQu\u00e9 temas, m\u00e1s all\u00e1 de su propia supervivencia, podr\u00eda comentar esta familia en estas circunstancias? Tal vez hablaban del peligro que corr\u00eda Pancho, el hermano de Rosario, quien era cadete del Colegio Militar y hab\u00eda escoltado al presidente apenas unos d\u00edas antes en su marcha hacia Palacio Nacional. Quiz\u00e1 la aparente calma con la que conversaban era un intento por contener la angustia por el desmoronamiento de sus sue\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ventanas de la casa, tapiadas con madera y colchones, no imped\u00edan escuchar el estruendo del fuego ordenado desde la Ciudadela hacia el Palacio Nacional, en uno de los muchos episodios que se sucedieron desde aquel aciago 11 de febrero de 1913, cuando las tropas mandadas por el general Victoriano Huerta se enfrentaron con las fuerzas que continuaban siendo leales al presidente Francisco I. Madero, en el periodo que se conocer\u00eda en la historia oficial mexicana como \u201cLa Decena Tr\u00e1gica\u201d. Este suceso inici\u00f3 el 9 de febrero con la sublevaci\u00f3n de los generales Manuel Mondrag\u00f3n y Gregorio Ruiz, de antecedentes porfiristas, para liberar al general Bernardo Reyes, ex gobernador de Nuevo Le\u00f3n, preso en la c\u00e1rcel de Santiago Tlatelolco, y al general F\u00e9lix D\u00edaz, en la c\u00e1rcel de Lecumberri. Los cuatro hab\u00edan conspirado desde 1911 para derrocar al gobierno de Madero, con el benepl\u00e1cito del gobierno de Estados Unidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El plan de los golpistas fracas\u00f3 en lo inmediato, al ser repelidos por el general Lauro Villar, comandante de la plaza, cuando intentaron apoderarse del Palacio Nacional, lo que result\u00f3 en la muerte de Reyes y en la inutilizaci\u00f3n del propio Villar, quien qued\u00f3 gravemente herido. Las tropas insubordinadas se replegaron hacia el edificio de la Ciudadela, que serv\u00eda como almac\u00e9n de armas y municiones y fue tomado mediante una traici\u00f3n, siendo muerto su defensor, el general Villarreal. Mientras tanto, Madero, al enterarse del suceso, se desplaz\u00f3 a caballo desde el Castillo de Chapultepec hasta el Palacio Nacional escoltado por los cadetes del Colegio Militar, entre ellos Pancho, el querido hermano de Rosario, y por elementos leales al gobierno, en lo que se conocer\u00eda como la \u201cMarcha de la Lealtad\u201d. Ya en Palacio, Madero nombr\u00f3 comandante militar de la plaza al general Victoriano Huerta, quien acabar\u00eda ali\u00e1ndose con F\u00e9lix D\u00edaz y traicionando al presidente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de diez d\u00edas de fuego cruzado, con breves treguas que no siempre fueron respetadas, este duro episodio de la historia de M\u00e9xico terminar\u00eda con la captura y el posterior asesinato de Madero, junto con el vicepresidente Jos\u00e9 Mar\u00eda Pino Su\u00e1rez, el 22 de febrero, camino a la Penitenciar\u00eda de Lecumberri, y con el ascenso al poder de Huerta, contando con el respaldo del Congreso y del gobierno de Estados Unidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El fuego que se desencaden\u00f3 entre las tropas insurrectas instaladas en la Ciudadela y las tropas leales al gobierno de Madero instaladas en Palacio Nacional, represent\u00f3 una seria amenaza para la poblaci\u00f3n aleda\u00f1a a la zona. Los cad\u00e1veres de personas y caballos se apilaban cada vez m\u00e1s en las calles, volviendo el hedor insoportable. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, Rosario contar\u00eda que, aun en las breves treguas que se daban de vez en vez durante esos d\u00edas, no era f\u00e1cil vivir en esas condiciones. El dinero escaseaba y la comida m\u00e1s, al grado de tener que salir furtivamente a la calle a conseguir lo que fuera y muchas veces lo \u00fanico que hab\u00eda para alimentarse eran elotes, que se mol\u00edan completos para elaborar una especie de atole.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">La familia<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta situaci\u00f3n fue uno de los tantos acontecimientos que Rosario vivi\u00f3 en los a\u00f1os convulsos del entonces naciente siglo xx. Ella naci\u00f3 el 11 de septiembre de 1893 en la ciudad de M\u00e9xico, aunque su familia era oriunda de Chihuahua. Su padre fue Francisco Arellano, reconocido m\u00e9dico militar, encomiado por su labor humanitaria durante la rebeli\u00f3n de Tomochic, ocurrida entre 1891 y 1892, cuando los habitantes del poblado ubicado en la sierra tarahumara, en su mayor\u00eda ind\u00edgenas, se rebelaron contra la explotaci\u00f3n de las compa\u00f1\u00edas madereras. El gobierno federal decidi\u00f3 reprimir el movimiento y \u00e9l acudi\u00f3 como m\u00e9dico militar por parte de las tropas gubernamentales, pero esto no impidi\u00f3 que, seg\u00fan el relato de Rosario y de Heriberto Fr\u00edas, por las noches y desafiando el toque de queda, entrara desarmado a los poblados a curar a los insurrectos heridos. Fue quiz\u00e1s esta cercan\u00eda con los pobladores de la sierra y su aguda inteligencia los que lo llevaron a desarrollar un ferviente sentimiento antiporfirista que Rosario hered\u00f3 y transform\u00f3 en una fuerte filiaci\u00f3n maderista despu\u00e9s de la muerte de su padre en 1908. Este fervor la anim\u00f3 a presenciar la entrada triunfal de Madero a la ciudad de M\u00e9xico el 7 de junio de 1911, lo que fue, seg\u00fan sus propias palabras, uno de los \u201cescasos momentos de alegr\u00eda\u201d que vivi\u00f3 en esos a\u00f1os, marcados por la temprana orfandad y porque el refugio brindado por familiares del lado paterno la llev\u00f3 a vivir en esa casa c\u00e9ntrica.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20905\" aria-describedby=\"caption-attachment-20905\" style=\"width: 693px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20905\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_058.jpg\" alt=\"\" width=\"693\" height=\"1000\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_058.jpg 693w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_058-208x300.jpg 208w\" sizes=\"(max-width: 693px) 100vw, 693px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20905\" class=\"wp-caption-text\">Rosario Arellano Gonz\u00e1lez a los cinco a\u00f1os de edad, 1898. Archivo de Luz Margarita Guzm\u00e1n Arellano.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La inclinaci\u00f3n pol\u00edtica de Rosario ten\u00eda tambi\u00e9n otras ra\u00edces familiares. Su madre fue Margarita Gonz\u00e1lez Salas, hermana del general Jos\u00e9 Gonz\u00e1lez Salas, ministro de Guerra y Marina del gobierno de Francisco I. Madero. Ese t\u00edo, egresado del Colegio Militar, particip\u00f3 en la guerra del Yaqui durante el gobierno de Porfirio Diaz y sirvi\u00f3 como Subsecretario de Guerra durante el interinato de Francisco Le\u00f3n de la Barra. Casado con Herminia Trillo Salcedo, que era prima de Madero, sus cinco hijos crecieron en un ambiente privilegiado, tanto que fueron invitados al baile del Centenario de la Independencia en el Palacio Nacional el 23 de septiembre de 1910. En medio de la euforia del suceso, nadie se acord\u00f3 de incluir en la lista de invitados a Rosario, para entonces ya una joven hu\u00e9rfana, hecho que siempre record\u00f3 con un dejo de tristeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, los giros que toma la vida son sorprendentes. En febrero de 1912, la familia Gonz\u00e1lez-Salas Trillo organiz\u00f3 una reuni\u00f3n por el d\u00eda de la Candelaria y esta vez s\u00ed invitaron a Rosario, quien acudi\u00f3 muy feliz de haber sido tomada en cuenta. Para entonces ella era una hermosa joven de 18 a\u00f1os, delgada, de grandes ojos expresivos y cabellos oscuros, que a pesar de su corta estatura destacaba por su ingenio y su car\u00e1cter alegre. Y eso no pas\u00f3 inadvertido a un joven alto, delgado y nervioso, quien le agradeci\u00f3 amable su iniciativa de servir los tamales a los invitados, provocando en ella una sensaci\u00f3n que nunca hab\u00eda experimentado. Tal y como contaba ella misma, despu\u00e9s de la cena se le ocurri\u00f3 colocar una flor en su boca, emulando alguna pintura de la \u00e9poca y ese mismo joven tom\u00f3 suavemente la flor y la puso en su solapa. Rosario lo mir\u00f3 sorprendida, sobre todo porque ella supon\u00eda que cortejaba a una de sus primas y por eso hab\u00eda sido invitado al convivio. Pero el destino es caprichoso y ese cruce de miradas fue suficiente para enamorarlos e iniciar un noviazgo que culminar\u00eda felizmente, al celebrarse unos a\u00f1os m\u00e1s tarde las nupcias entre Rosario Arellano Gonz\u00e1lez y el pintor Saturnino Herr\u00e1n Guinchard, precursor del movimiento nacionalista mexicano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar del halo de felicidad que rodeaba la vida de Rosario y Saturnino, la situaci\u00f3n en el pa\u00eds no era promisoria. Para 1912 el gobierno de Francisco I. Madero enfrentaba cada vez m\u00e1s dificultades, acosado por los embates de una prensa comprada por los grupos de inter\u00e9s m\u00e1s poderosos de M\u00e9xico y por las intrigas de pol\u00edticos, empresarios y militares de raigambre porfirista y hasta de la embajada de Estados Unidos, que ve\u00eda con malos ojos las pol\u00edticas del incipiente gobierno en materia de petr\u00f3leo y miner\u00eda. Por otro lado, muchos sectores de la poblaci\u00f3n que hab\u00edan participado activamente en el movimiento revolucionario se sent\u00edan cada vez m\u00e1s distanciados del gobierno al ver que no se operaba ning\u00fan cambio sustancial en la estructura de la administraci\u00f3n central y, peor a\u00fan, que no se hab\u00edan cumplido las demandas respecto a la propiedad de la tierra y otras reivindicaciones pendientes. Fue as\u00ed como Emiliano Zapata en el sur del pa\u00eds y, por diferentes razones, Pascual Orozco en el norte, encabezaron sendas insurrecciones exigiendo que Madero cumpliera con las promesas que lo hab\u00edan conducido al poder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estas circunstancias, el general Gonz\u00e1lez Salas inform\u00f3 a Madero que renunciar\u00eda a su cargo para ir a combatir a Pascual Orozco en el norte del pa\u00eds, sellando con esto su tr\u00e1gico final. All\u00e1 en el norte, durante la primera batalla de Rellano, cerca de Jim\u00e9nez, Chihuahua, el 24 de marzo de 1912, Gonz\u00e1lez Salas sufri\u00f3 junto con sus tropas un sorpresivo ataque con una locomotora cargada de explosivos, cuando avanzaba por la l\u00ednea f\u00e9rrea para enfrentar a los rebeldes. El indiscutible triunfo de Pascual Orozco sobre las tropas federales tuvo como contraparte un profundo sentimiento de deshonra para el general Gonz\u00e1lez Salas, que lo llev\u00f3 a tomar la decisi\u00f3n de terminar con su vida en la estaci\u00f3n de Bermejillo, Durango, en un episodio lleno de pol\u00e9mica por inveros\u00edmil, que narraba la propia Rosario, y en el que el general presuntamente se disparaba en la cabeza junto a un \u00e1rbol, pero la rigidez cadav\u00e9rica le impidi\u00f3 caer, quedando recargado en el tronco. Las cr\u00f3nicas m\u00e1s cercanas a la realidad mencionan que se suicid\u00f3 adentro de un vag\u00f3n del ferrocarril. Este episodio de la historia de M\u00e9xico est\u00e1 rodeado de pol\u00e9mica, ya que, por un lado se se\u00f1ala que Gonz\u00e1lez Salas carec\u00eda de las capacidades t\u00e1cticas para vencer a un enemigo centrado en los ataques guerrilleros, pero, por otro, fue en realidad v\u00edctima de una trampa, tendida por los generales que supuestamente deb\u00edan operar en coordinaci\u00f3n con \u00e9l y lo abandonaron a su suerte en ese momento crucial, en un ambiente pol\u00edtico rodeado de intrigas y traiciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mas all\u00e1 de las leyendas que se tejieron alrededor de este suceso, lo cierto es que la noticia de la muerte del general fue devastadora para Rosario, quien ve\u00eda a su t\u00edo como a un segundo padre. Este hecho cambi\u00f3 la historia de la familia, a tal grado que el hermano menor del general Gonz\u00e1lez Salas decidi\u00f3 interrumpir sus estudios en Europa y regresar a M\u00e9xico, siendo tanta su tristeza por la suerte del general y tan grande su angustia al ver el caos que prevalec\u00eda en el pa\u00eds, que poco despu\u00e9s termin\u00f3 con su vida de un tiro en la cabeza, sentado en la banca de un parque. Al designarse al general Victoriano Huerta como el responsable de apaciguar la rebeli\u00f3n orozquista, con la anuencia de Madero a pesar de las voces que le advert\u00edan de su alcoholismo y su dudosa lealtad, las consecuencias para el pa\u00eds fueron a la larga igual de terribles.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">\u00c1nimas del purgatorio<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este ambiente enrarecido, la vida cotidiana se volv\u00eda cada vez m\u00e1s compleja. El acceso a tel\u00e9fonos y a tel\u00e9grafos era casi inexistente para la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n, el servicio de correos estaba desquiciado y por eso era muy f\u00e1cil perder el contacto, incluso entre personas cercanas. En esas circunstancias, no era raro enterarse del destino de alg\u00fan familiar o conocido cuando este ya hab\u00eda muerto, ya fuera en los enfrentamientos armados que a\u00fan resultaban frecuentes, o por enfermedades o accidentes. Esto le ocurri\u00f3 a Rosario con un primo lejano suyo, llamado Juan Cortada, a quien ella hab\u00eda dejado de ver hac\u00eda tiempo y que sorpresivamente apareci\u00f3 en medio de una multitud en las calles del centro de la ciudad. Ambos se reconocieron, pero no pudieron acercarse porque la gente circulando los empuj\u00f3 hacia direcciones opuestas y \u00e9l solo alcanz\u00f3 a gritarle \u201c\u00a1Adi\u00f3s, primita!\u201d. Horas m\u00e1s tarde, al llegar a su casa, Rosario coment\u00f3 el encuentro con este primo ante la mirada de terror y desconcierto de sus familiares, que le informaron que Juan hab\u00eda muerto recientemente debido a una herida de bala infectada y era imposible que se lo hubiese encontrado en la calle.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20906\" aria-describedby=\"caption-attachment-20906\" style=\"width: 713px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20906\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_059.jpg\" alt=\"\" width=\"713\" height=\"1000\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_059.jpg 713w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_64_059-214x300.jpg 214w\" sizes=\"(max-width: 713px) 100vw, 713px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20906\" class=\"wp-caption-text\">Francisco Arellano, Teniente Coronel M\u00e9dico Militar del Ej\u00e9rcito Federal, ca. 1905. Fotograf\u00eda dedicada a su hija Rosario. Archivo de Luz Margarita Guzm\u00e1n Arellano.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta cercan\u00eda cotidiana con la muerte y la posibilidad de que sus seres queridos murieran por efectos de la guerra y de la enfermedad quiz\u00e1 contribuyeron a reforzar en Rosario una sensibilidad extraordinaria hacia todo lo que pudiera interpretarse como una se\u00f1al premonitoria del destino. La p\u00e9rdida de comunicaci\u00f3n con Saturnino durante algunas semanas agudiz\u00f3 estos temores y fue una completa tortura para ella, que a los 20 a\u00f1os hab\u00eda perdido a una buena parte de sus familiares cercanos. Afortunadamente, ambos pudieron reencontrarse y, en un intento por evitar estas incertidumbres, decidieron casarse lo m\u00e1s pronto posible, aunque no pudieron hacerlo sino hasta el 24 de abril de 1914. Qu\u00e9 ajenos estaban a la tr\u00e1gica y prematura muerte de Saturnino cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde, presuntamente por un tumor en el es\u00f3fago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De vuelta, despu\u00e9s de todo este recuento, al a\u00f1o de 1913, podemos explicarnos c\u00f3mo los acontecimientos nacionales y las vivencias personales ubicaron a Rosario y a su familia en el interior de esa casa, bajo el fuego insurrecto que cruzaba el aire buscando alcanzar el Palacio Nacional, pero que a veces se quedaba muy corto, golpeando los muros de las construcciones aleda\u00f1as. El tema de la conversaci\u00f3n que sosten\u00edan quienes estaban ah\u00ed nunca se sabr\u00e1. Quiz\u00e1 los ni\u00f1os comentaron el resultado de la nueva cuenta que hicieron de los impactos de bala en los muros externos de la casa, como era su costumbre cotidiana antes del toque de queda; quiz\u00e1 recordaban la muerte en circunstancias tan tristes del general Gonz\u00e1lez Salas; quiz\u00e1 segu\u00edan asombr\u00e1ndose con la sorprendente aparici\u00f3n fantasmal de Juan Cortada; posiblemente evocaban con miedo a Pancho, el hermano cadete que arriesgaba diariamente su vida; a lo mejor Rosario expresaba su angustia por no saber nada de Saturnino o posiblemente todos externaban su tristeza por intuir que el gobierno de Madero ten\u00eda los d\u00edas contados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como sea, el estruendo del fuego proveniente de la Ciudadela no fue suficiente como para impedirles escuchar tres fuertes golpes con toda claridad en el muro exterior de la casa, a los que sigui\u00f3 un silencio total y gestos de asombro y temor en las miradas. \u201cEsto es una advertencia, salgamos de aqu\u00ed porque corremos peligro\u201d, dijo alguien despu\u00e9s de algunos segundos que se hicieron eternos e inmediatamente abandonaron la habitaci\u00f3n. Y apenas tuvieron el tiempo justo para llegar al pasillo y escuchar desde ah\u00ed el terrible sonido provocado por una enorme bala de siete mil\u00edmetros que, de acuerdo con el relato de Rosario, entr\u00f3 por la ventana perforando las endebles protecciones y se desplaz\u00f3 con la energ\u00eda suficiente para describir una trayectoria circular, alcanzando la cabecera de lat\u00f3n en donde Rosario hab\u00eda descansado su brazo, destrozando la perilla y movi\u00e9ndose en un rebote hacia la parte baja de la cama, donde Jos\u00e9 estuvo sentado con su pie colgando en medio del camino que sigui\u00f3 la bala hacia su destino final: un orinal de peltre que cumpli\u00f3 con la heroica labor de retenerla en una de sus paredes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rosario sab\u00eda de armas. La convivencia con su padre militar le dio los conocimientos suficientes para saber que la bala en cuesti\u00f3n fue disparada por un rifle Mauser, arma reglamentaria del ej\u00e9rcito mexicano durante el gobierno de Porfirio D\u00edaz, que fue utilizada por su precisi\u00f3n y eficiencia frente a otros rifles similares. Adquiridos en Europa desde 1895, las mejoras en el dise\u00f1o de estos fusiles hicieron que entre 1902 y 1906 el gobierno mexicano firmara dos convenios de fabricaci\u00f3n: uno con la empresa austriaca Steyr Mannlicher y el otro con la empresa alemana Deutsche Waffen und Munitionsfabriken. Para 1910, la decisi\u00f3n del gobierno mexicano de reducir su dependencia de los proveedores extranjeros condujo a la negociaci\u00f3n con los fabricantes europeos para producir lo que actualmente se conoce como el Mauser Mexicano modelo 1910, con supervisi\u00f3n de ingenieros europeos. Con este fin, en ese mismo a\u00f1o se cre\u00f3 la F\u00e1brica Nacional de Armas, ubicada en la Ciudadela y tambi\u00e9n la F\u00e1brica Nacional de Cartuchos, ubicada en Chapultepec. Al final del periodo porfirista se adoptaron otros fusiles como el modelo semiautom\u00e1tico dise\u00f1ado en 1908 por el general Manuel Mondrag\u00f3n, uno de los sublevados contra el gobierno de Madero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfEse fusil Mauser lo dispar\u00f3 un sublevado, un soldado del ej\u00e9rcito o un francotirador? Y lo m\u00e1s inquietante: \u00bfQui\u00e9n mand\u00f3 el aviso que salv\u00f3 la vida de Rosario y de su familia? Jam\u00e1s pudieron averiguarlo. Despu\u00e9s del incidente, los ni\u00f1os de la casa, incluido el peque\u00f1o Jos\u00e9, corrieron en cuanto fue posible a contar nuevamente las marcas de las balas en el muro y para asombro de todos, segu\u00edan siendo las mismas que el d\u00eda anterior. Al cabo de los a\u00f1os, Rosario atribuy\u00f3 este suceso a la intervenci\u00f3n de las \u00e1nimas del purgatorio, pero lo cierto es que sin ese aviso providencial ella dif\u00edcilmente habr\u00eda sobrevivido a la bala. Nunca se habr\u00eda casado con Saturnino Herr\u00e1n, ni se habr\u00eda quedado viuda y a cargo de su primer hijo, Jos\u00e9 Francisco Herr\u00e1n Arellano en 1918. Mucho menos se habr\u00eda casado en segundas nupcias con Demetrio Guzm\u00e1n Gardu\u00f1o, con quien procre\u00f3 a mi madre, Luz Margarita Guzm\u00e1n Arellano, en 1937. Estas an\u00e9cdotas que Rosario, mi abuela materna, me cont\u00f3 ya hacia el final de su vida, que se extingui\u00f3 el 5 de diciembre de 1982, me dejaron una honda impresi\u00f3n y la convicci\u00f3n de que la historia se escribe en las grandes esferas de gobierno, pero tambi\u00e9n en el interior de los hogares, en donde muchos sucesos quiz\u00e1 nunca tengan una explicaci\u00f3n racional.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">PARA SABER M\u00c1S:<\/h3>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Gilly, Adolfo, <em>Felipe \u00c1ngeles, el estratega<\/em>, M\u00e9xico, Era, 2019.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Fr\u00edas Alcocer, Heriberto, <em>Tomochic<\/em>, M\u00e9xico, Maucci, 1890, en &lt;<a href=\"https:\/\/cutt.ly\/sw9f1gVE\">https:\/\/cutt.ly\/sw9f1gVE<\/a>&gt;<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Filmoteca UNAM, \u201cLa decena tr\u00e1gica, ca\u00edda del presidente madero\u201d, en &lt;<a href=\"https:\/\/cutt.ly\/Fw9fMfMV\">https:\/\/cutt.ly\/Fw9fMfMV<\/a>&gt;<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Fundaci\u00f3n Cultural Saturnino Herr\u00e1n, \u201cVida\u201d, en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/Rw9fNool\">https:\/\/cutt.ly\/Rw9fNool<\/a><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Paloma Mac\u00edas Guzm\u00e1n Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 64. La vida en ciudad de M\u00e9xico durante el alzamiento militar contra el gobierno de Francisco I. Madero fue muy dura. No se pod\u00eda salir a la calle, los alimentos escaseaban y la posibilidad de morir estaba latente, aunque la gente se refugiara en sus casas. As\u00ed lo recordaba esta mujer menuda y alegre, hija y sobrina de militares. La habitaci\u00f3n apenas iluminada s\u00f3lo permit\u00eda entrever los rostros de quienes atrapados por un capricho del destino intentaban conversar nerviosamente para matar el tiempo y con ello ignorar hasta donde era posible la cercan\u00eda de la muerte. En el interior de esa casa, situada en alguna calle del centro de la ciudad de M\u00e9xico y asediada por el fuego cruzado, Rosario Arellano Gonz\u00e1lez, una joven de 19 a\u00f1os, su medio hermano<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2766],"tags":[138,486,2768,487,2452],"class_list":{"0":"post-19867","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-64","8":"tag-decena-tragica","9":"tag-francisco-i-madero","10":"tag-marcha-de-la-lealtad","11":"tag-victoriano-huerta","12":"tag-violencia"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19867","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19867"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19867\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20925,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19867\/revisions\/20925"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19867"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19867"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19867"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}