﻿{"id":19381,"date":"2024-04-10T15:29:29","date_gmt":"2024-04-10T21:29:29","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19381"},"modified":"2024-07-17T09:38:57","modified_gmt":"2024-07-17T15:38:57","slug":"el-arte-de-perder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-arte-de-perder\/","title":{"rendered":"El arte de perder"},"content":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 63.<\/span><\/strong><\/h4>\n<figure id=\"attachment_19382\" aria-describedby=\"caption-attachment-19382\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-19382\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Medium-sized-JPEG.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"514\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Medium-sized-JPEG.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Medium-sized-JPEG-300x193.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Medium-sized-JPEG-768x493.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-19382\" class=\"wp-caption-text\">Hombre sujetando a una mujer en la estaci\u00f3n del ferrocarril al despedirse de un emigrante, ca. 1945, inv. 197850, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si para el migrante la b\u00fasqueda de nuevos horizontes econ\u00f3micos abre lugar a la ambig\u00fcedad de la esperanza y el optimismo contenido, sepa o no de los tropiezos que implicar\u00e1n la aventura, en el caso de quienes se quedan hay toda una sensaci\u00f3n de que pasar\u00e1n las de Ca\u00edn. Son la otra cara de una moneda que reflejar\u00e1 incertidumbre, desaz\u00f3n, p\u00e9rdida. Quien se queda la sufre. El que se va podr\u00e1 depender de otros que le abran puertas, pero sabe que gran parte de eso depende tambi\u00e9n de \u00e9l, de sus capacidades y talento, de la iniciativa y las fortalezas para resistir, de trabajar duro por lo que quiere y hasta de echar buena mano a la suerte. No se trata de meritocracia, pero s\u00ed de creer en uno mismo. Nuestra joven de la foto, tomada en 1945, cuando desde la estaci\u00f3n Buenavista del ferrocarril de la ciudad de M\u00e9xico sal\u00edan los hombres que ir\u00edan a trabajar a los campos agr\u00edcolas de Estados Unidos, anticipa en la pesadumbre de su rostro que para ella vienen d\u00edas complejos. No sabemos si el muchacho que la sujeta <a href=\"https:\/\/www.redalyc.org\/articulo.oa?id=66000902\">es el bracero<\/a> que partir\u00e1 por un tiempo a encontrar esas oportunidades que el pa\u00eds le niega o quien la consuela junto a la otra joven para regresar a casa a enfrentar la ausencia. Ausencia como si fuera duelo y con el peor de los dilemas a\u00fan por resolver: si alg\u00fan d\u00eda \u00e9l tocar\u00e1 a la puerta nuevamente. \u00bfQui\u00e9n le podr\u00e1 quitar de la cabeza sus dudas? De c\u00f3mo llevar alimentos al plato, qu\u00e9 hacer en las noches de fiebre alta o cu\u00e1ndo los hijos pregunten por \u00e9l, si vale el tir\u00f3n de oreja o la nalgada para contrarrestar el berrinche, de d\u00f3nde obtener ingresos. \u00bfPor qu\u00e9 el trabajo bien pagado est\u00e1 tan lejos? Cuando desconocidos toquen a la puerta, de la inseguridad de estar sola, de aguantar la congoja por el abandono, de afrontar la zozobra sobre el presente \u2013de uno y de otro\u2013, de que una enfermedad lo apague o la polic\u00eda lo encierre y no se entere, de que la distancia y el tiempo la hagan reemplazable, de c\u00f3mo soportar el temor persistente a que ya no regrese, de c\u00f3mo empezar cada d\u00eda, de c\u00f3mo ser feliz, de olvidar el tono de su voz, de que la olvide. <a href=\"https:\/\/www.zendalibros.com\/un-arte-de-elisabeth-bishop\/\">Elizabeth Bishop<\/a> alienta en uno de sus poemas: \u201cNo es dif\u00edcil dominar el arte de perder: tantas cosas parecen llenas del prop\u00f3sito de ser perdidas, que su p\u00e9rdida no es ning\u00fan desastre\u201d. Quiz\u00e1s all\u00ed est\u00e9 la llave para atenuar el dolor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 63. Si para el migrante la b\u00fasqueda de nuevos horizontes econ\u00f3micos abre lugar a la ambig\u00fcedad de la esperanza y el optimismo contenido, sepa o no de los tropiezos que implicar\u00e1n la aventura, en el caso de quienes se quedan hay toda una sensaci\u00f3n de que pasar\u00e1n las de Ca\u00edn. Son la otra cara de una moneda que reflejar\u00e1 incertidumbre, desaz\u00f3n, p\u00e9rdida. Quien se queda la sufre. El que se va podr\u00e1 depender de otros que le abran puertas, pero sabe que gran parte de eso depende tambi\u00e9n de \u00e9l, de sus capacidades y talento, de la iniciativa y las fortalezas para resistir, de trabajar duro por lo que quiere y hasta de echar buena mano a la suerte. No se trata de meritocracia, pero s\u00ed de creer en uno mismo. 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