﻿{"id":19376,"date":"2024-04-10T15:22:47","date_gmt":"2024-04-10T21:22:47","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19376"},"modified":"2024-08-12T23:33:23","modified_gmt":"2024-08-13T05:33:23","slug":"viajes-emprendedores-por-el-istmo-de-tehuantepec","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/viajes-emprendedores-por-el-istmo-de-tehuantepec\/","title":{"rendered":"Viajes emprendedores por el istmo de Tehuantepec"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Ana Rosa Su\u00e1rez Arg\u00fcello<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 63.<\/strong><\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">A mediados del siglo XIX, estadunidenses deseosos de encontrar nuevas oportunidades de negocios en M\u00e9xico y llegar r\u00e1pido al Pac\u00edfico, hac\u00edan la ruta Nueva Orle\u00e1ns-Minatitl\u00e1n en barco, navegaban una parte del r\u00edo Coatzacoalcos para luego emprender la marcha m\u00e1s conflictiva por tierra hasta llegar a Ventosa y de all\u00ed se embarcaban nuevamente hacia Acapulco. Las dificultades abundaban, a tal punto que pronto declinaron las opciones de establecerse y colonizar en alg\u00fan punto del recorrido.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_19377\" aria-describedby=\"caption-attachment-19377\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-19377\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_36.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"591\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_36.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_36-300x177.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_36-768x454.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-19377\" class=\"wp-caption-text\">J. M\u00fcller, Tehuantepec from Cerro del Tigre, litograf\u00eda a color en J. J. G. Barnard, Isthmus of Tehuantepec, New York, D. Appleton &amp; Co., 1852. Smithsonian Libraries.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un sue\u00f1o largamente acariciado, el de un camino que uniera el golfo de M\u00e9xico y el oc\u00e9ano Pac\u00edfico, se convirti\u00f3 en realidad a fines de la d\u00e9cada de 1850, cuando la Louisiana Tehuantepec Company (LTC) logr\u00f3 concluir, inaugurar y poner en operaci\u00f3n una empresa de transporte que inclu\u00eda barcos de vapor, carruajes y carretas, mulas y caballos, a fin de mover viajeros, carga y correo, de manera r\u00e1pida y eficiente por el istmo de Tehuantepec. El sue\u00f1o dur\u00f3 poco y acab\u00f3 en pesadilla, pero el camino atrajo al territorio a hombres de negocios, especuladores, profesionistas, t\u00e9cnicos y emigrantes deseosos de tomar parte en la carrera del oro que iniciaba en San Francisco, California.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Varios de estos peregrinos dejaron testimonio p\u00fablico de su paso por el istmo en las cartas que dirigieron a peri\u00f3dicos y revistas, donde narraban su periplo y vert\u00edan juicios sobre la ruta. De la mayor\u00eda de ellos se ignora todo, a excepci\u00f3n del abate franc\u00e9s Charles-\u00c9tienne Brasseur de Bourbourg, del estadunidense contratado para operar el servicio de carruajes, Henry S. Stevens, y del estudioso alem\u00e1n Matthias G. Hermesdorf.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 contaron estos viajeros? \u00bfDe qu\u00e9 manera describ\u00edan a la regi\u00f3n y sus habitantes? \u00bfC\u00f3mo se refirieron al nuevo camino y qu\u00e9 posibilidades le otorgaban? Si bien algunos textos fueron pagados por la LTC y por lo tanto eran muy positivos para la ruta, esto no era un\u00e1nime, lo cual nos permite afirmar, de entrada, que coincid\u00edan en el aprecio hacia la naturaleza local y los bienes que promet\u00eda. Admiraban las bondades del clima \u2013calificado de saludable y grato\u2013, la belleza de la selva y la fertilidad de la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde que avistaban la barra del Coatzacoalcos, los viajeros del <em>Quaker City<\/em> \u2013el vapor que un\u00eda Nueva Orle\u00e1ns y Minatitl\u00e1n\u2013, se sent\u00edan seducidos por la vegetaci\u00f3n tropical. Si bien tem\u00edan los escollos a la entrada del r\u00edo, que le faltara profundidad y hubiese alg\u00fan \u201cnorte\u201d, olvidaban sus pesares tan pronto como el vapor surcaba el r\u00edo. Se pensaba que el ingreso se facilitar\u00eda con la construcci\u00f3n de un faro, mejor iluminaci\u00f3n del fuerte y barcos apropiados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez que atracaba el <em>Quaker City<\/em> y pasaban por la aduana, los viajeros echaban una mirada r\u00e1pida a Minatitl\u00e1n, la \u201cprincipal factor\u00eda\u201d de la ltc en el istmo y donde, en meses anteriores, se hab\u00eda llenado de tiendas provistas de mercanc\u00edas estadunidenses y contaba ya con seis bares. Luego se dirig\u00edan al muelle de la empresa junto al r\u00edo Coatzacoalcos y sub\u00edan al <em>Suchil<\/em>, el peque\u00f1o vapor que lo surcaba. Si algo les gustaba era el paseo que segu\u00eda. Hablaban del r\u00edo Coatzacoalcos con entusiasmo: por la limpidez del agua, las plantas y los animales ex\u00f3ticos, la caza abundante, las maderas preciosas, las riberas ideales para los cultivos de sabana, los tropicales y la cr\u00eda de ganado. Seg\u00fan dec\u00edan, se avistaban pocos ranchos y caser\u00edos, aunque \u201cmuy hermosos\u201d, con sus chozas de adobe cubiertas de palma o paja.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Etapa por tierra<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez en tierra firme se emprend\u00eda la marcha hacia el litoral del Pac\u00edfico por diversos pueblos y campamentos. El siguiente sitio de desembarco era El S\u00fachil, poblado \u201centeramente estadunidense; hay tres hoteles y un almac\u00e9n\u201d. \u00a0Cada hotel ten\u00eda su <em>bar-room<\/em>, tal como en \u201ctodos los hoteles de su pa\u00eds\u201d; el almac\u00e9n general pertenec\u00eda a la empresa, adonde llegaban v\u00edveres, vestuario, \u00fatiles e instrumentos de Estados Unidos, libres de impuestos, lo cual favorec\u00eda el contrabando, agravado por el desperdicio y los gerentes desordenados y deshonestos.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20861\" aria-describedby=\"caption-attachment-20861\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-20861\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_27.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"587\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_27.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_27-300x176.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_27-768x451.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20861\" class=\"wp-caption-text\">J. M\u00fcller, Bay of Ventosa from Cerro Verde, looking north (detalle), litograf\u00eda a color en J. J. G. Barnard, Isthmus of Tehuantepec, New York, D. Appleton &amp; Co., 1852.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se lleg\u00f3 a plantear la posibilidad de cambiar el punto de desembarque a un lugar bautizado como Hargousana \u2013nombre inspirado en Peter A. Hargous, el principal accionista de la ltc\u2013, a unos 20 kil\u00f3metros de la uni\u00f3n del r\u00edo Coatzacoalcos con el r\u00edo Jaltepec, por lo menos durante la estaci\u00f3n de lluvias, pues eso ahorrar\u00eda tiempo y dinero. Se arguy\u00f3 adem\u00e1s que en ese sitio la caza abundaba, pod\u00eda cultivarse algod\u00f3n y hab\u00eda maderas ricas y variadas. Sin embargo, esto no se realiz\u00f3 y, mientras la ruta oper\u00f3, El S\u00fachil fue un sitio terminal, del cual part\u00edan los viajeros, montados en los caballos y mulas que all\u00ed los aguardaban. Pese a que empresarios y peri\u00f3dicos declararon una y otra vez que todo el camino de tierra estar\u00eda pronto acabado y hubo empe\u00f1o en lograrlo, el recorrido, que era aceptable en tiempo de secas, en temporada de lluvias implicaba marchar por senderos pantanosos, topar con deslaves, vadear r\u00edos desbordados y muchas penurias m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se erigieron varios campamentos de paso, a cada 25 kil\u00f3metros, aproximadamente. Eran centros vitales de la obra, con un ingeniero al frente, que depend\u00eda del cuartel general en La Chivela. La vida en ellos resultaba dif\u00edcil por el calor, los mosquitos y otros m\u00faltiples y aviesos insectos, la mala comida, el agua caliente para beber, la lluvia constante en ciertos per\u00edodos, los males estomacales y aun las muertes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada campamento ten\u00eda su propio almac\u00e9n y un encargado de pedir lo necesario a El S\u00fachil. Cuenta Brasseur que los encargados:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">dispon\u00edan de todo a su conveniencia, rehusando si se les daba la gana, pretextando que se hab\u00edan agotado los objetos demandados y diciendo que hab\u00eda que esperar a que llegaran otros de Nueva Orle\u00e1ns; pero por otra parte, se los vend\u00eda, sin intermediario y a un precio inferior, a los ind\u00edgenas que ven\u00edan a comprarlos para uso personal. Respecto a las cuentas, era infinitamente m\u00e1s c\u00f3modo no llevarlas.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda a d\u00eda en los campamentos resultaba rutinario y aburrido, sobre todo cuando el mal tiempo obligaba a sus moradores a permanecer dentro. El aguardiente corr\u00eda en abundancia, sobre todo en las tabernas y durante los \u201cfandangos\u201d, en los que se bailaba, beb\u00eda y jugaba. Hab\u00eda un club: el \u201cGlass Eye\u201d, inaugurado para conmemorar el tr\u00e1nsito del primer correo por el istmo, y cualquier novedad era bien apreciada, como los funerales istme\u00f1os cuyas descripciones salpican los textos, los conflictos entre conservadores y liberales o entre los pueblos de Juchit\u00e1n y Tehuantepec.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, para los viajeros, que pod\u00edan sufrir los mismos males y desgracias que aflig\u00edan a los residentes, adem\u00e1s de que deb\u00edan de soportar los abusos por parte de los due\u00f1os extranjeros de negocios o de los encargados del transporte, los campamentos eran un momento de reposo, la ocasi\u00f3n de tomar un refrigerio sin hacer gasto alguno, pues tanto v\u00edveres como alojamiento sol\u00edan incluirse en el precio del pasaje. Sin embargo, a veces deb\u00edan pagar valores altos por la comida y llevarla en los recorridos en carruaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un alto importante era la villa de Tehuantepec. Hab\u00eda varias posadas: el Hotel Uni\u00f3n, la California House y el Hotel Fran\u00e7ais. La primera brindaba pocas comodidades para dormir; hamacas, catres de tijera, esteras de palma sobre el suelo de baldosas, a veces s\u00e1banas y almohadas. La segunda pertenec\u00eda a Alexander Bell, quien la anunciaba como cercana a la plaza y el consulado de Estados Unidos. La \u00faltima era la mejor; la administraba un mexicano, asociado con un franc\u00e9s; all\u00ed serv\u00edan comidas aceptables, \u201ca la manera europea\u201d. La presencia de tantos soldados sorprend\u00eda a quienes llegaban, y es que la guarnici\u00f3n del departamento se albergaba en el antiguo convento.<\/p>\n<figure id=\"attachment_19379\" aria-describedby=\"caption-attachment-19379\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-19379\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_33.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"587\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_33.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_33-300x176.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_33-768x451.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-19379\" class=\"wp-caption-text\">J. M\u00fcller, Minatitl\u00e1n, litograf\u00eda a color en J. J. G. Barnard, Isthmus of Tehuantepec, New York, D. Appleton &amp; Co., 1852. Smithsonian Libraries.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los caminantes part\u00edan de Tehuantepec a Ventosa a lomo de caballo o mula y all\u00ed esperaban el arribo del Oregon, barco de primera y muy amplio, que los trasladar\u00eda a Acapulco, donde desembarcar\u00eda a los viajeros procedentes de San Francisco. En tanto se resolv\u00eda la cuesti\u00f3n de si la terminal se mudaba o no a Salina Cruz, el capit\u00e1n prefer\u00eda anclar a unos ocho kil\u00f3metros arriba del puerto, a 20 metros de una estrecha playa; los botes del barco y la empresa iban y ven\u00edan, casi siempre entre un fuerte viento y oleaje. Si alguno ca\u00eda, \u201clos desnudos nativos\u201d le ofrec\u00edan pronta ayuda, aun cuando era raro que alguien no terminase mojado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el viaje se efectuaba en sentido contrario, esto es, de San Francisco a Nueva Orle\u00e1ns, los avatares del pasaje resultaban parecidos, aun cuando algunas diferencias ata\u00f1\u00edan, por ejemplo, al descenso en el litoral oaxaque\u00f1o, pues al llegar los botes a unos seis metros de la orilla, los \u201cnativos\u201d cargaban sobre los hombros hasta la parte seca bultos y viajeros, que luego transpon\u00edan la arena hasta la modesta oficina de la empresa. All\u00ed, un empleado mexicano revisaba el equipaje y hac\u00eda los cobros aduanales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los viajeros descubr\u00edan a los mexicanos de la regi\u00f3n desde su desembarco en Minatitl\u00e1n o en Ventosa y a lo largo de la ruta por M\u00e9xico. Sus impresiones sol\u00edan ser similares y no dejaban de trasminar las ideas de un pueblo que se sent\u00eda elegido de Dios y por ende superior al resto. Esas \u201cgrandes multitudes de nativos de rostros cobrizos, medio desnudos, asombrados\u201d les parec\u00edan simp\u00e1ticos, hospitalarios, serviciales as\u00ed como satisfechos por el pronto fin del camino y por el esp\u00edritu de empresa que parec\u00eda introducirse en la regi\u00f3n. Sin cesar se refer\u00edan a los v\u00edtores que escuchaban desde el <em>Suchil<\/em> o los carruajes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, y en contraste, se describ\u00eda tambi\u00e9n a los pasmados e ingenuos \u201chijos del sol\u201d \u2013llamados as\u00ed por su piel oscura\u2013, como ignorantes, perezosos y explotados, incluso belicosos. Lo \u00faltimo se ve\u00eda en el perenne conflicto Juchit\u00e1n-Tehuantepec y en la aparici\u00f3n de la plaga de salteadores de caminos. La soluci\u00f3n para algunos era la formaci\u00f3n de escoltas armadas hasta los dientes para afrontar las gavillas de malhechores. Para otros, la receta era la del pueblo \u201cdestinado\u201d a grandes haza\u00f1as: \u201csi [los mexicanos] se comportan de forma desagradable, no tenemos m\u00e1s que azotarlos, y si no les gusta, nos los anexamos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, aun cuando por lo general los viajeros apoyaban la ruta, reconoc\u00edan su superioridad en cuanto a tiempo y distancia sobre otros tr\u00e1nsitos as\u00ed como las ganancias para California, tambi\u00e9n exhib\u00edan sus quejas. Los enojaba la desorganizaci\u00f3n; la falta de seguridad y atenci\u00f3n; las ausencias de los agentes de la empresa y hasta del encargado del correo de Estados Unidos; las comidas caras y humildes; las posadas sucias y primitivas, donde era preciso compartir habitaci\u00f3n y faltaban camas, jab\u00f3n, toallas, entre otros; los m\u00faltiples insectos, muchos venenosos; los vapores que encallaban a la entrada y a lo largo del Coatzacoalcos, sin alcanzar El S\u00fachil en tiempo de secas, obligando a los pasajeros a subir en canoas y barcas y remar r\u00edo arriba; el estado rudimentario del camino, que no siempre permit\u00eda valerse de los carruajes y forzaba a ir a caballo o en mula y hasta caminar sobre p\u00e9simas veredas; los vientos que pod\u00edan volver inaccesible a Ventosa; los abusos de empleados y funcionarios mexicanos; las largas esperas en Acapulco para hacer la conexi\u00f3n con el vapor de la Pacific Mail Ship Company, asociada con la ltc para este trayecto, o en otros sitios del istmo por aguardar los carruajes, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La emigraci\u00f3n fue otro tema abordado en estos relatos y la opini\u00f3n al respecto se mostr\u00f3 dividida. Si bien para algunos los cambios en el istmo eran notables, anunci\u00e1ndose el pronto arribo de la \u201ccivilizaci\u00f3n progresista\u201d, resultaba forzoso para que esto aconteciera el arribo de una poblaci\u00f3n nueva. De all\u00ed que aludiesen a los atractivos para colonizar, entre otros la tierra barata y f\u00e9rtil, la posibilidad de desarrollar ciertos cultivos, de comerciar o emprender negocios, la urgencia de artesanos, \u201caun mujeres, pues aqu\u00ed hay extremadamente pocas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hubo otros, no obstante, que no hallaron m\u00f3vil para colonizar. Les parec\u00edan exageradas las versiones sobre la abundancia de recursos y de oportunidades empresariales y aseguraron que vivir all\u00ed resultar\u00eda dif\u00edcil pues la tierra estaba en manos de unos cuantos, los precios y arrendamientos eran muy altos, los aranceles elevados y escasos e inferiores los alimentos indispensables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, las opiniones se contradec\u00edan. Ser\u00eda tan s\u00f3lo cuesti\u00f3n de esperar a que el mayor o menor \u00e9xito de la ltc determinara si la afluencia de viajeros continuar\u00eda o no. No fue necesario aguardar mucho tiempo. La quiebra y desaparici\u00f3n de la empresa en los primeros meses de 1860 ofreci\u00f3 la respuesta.<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h3>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Brasseur de Bourbourg, Charles, <em>Viaje por el istmo de Tehuantepec, 1859-1860<\/em>, M\u00e9xico, FCE, 1981.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Glantz, Margo, <em>Viajes <\/em><em>e<\/em><em>n M\u00e9xico<\/em><em>: cr\u00f3nicas extranjeras, Volumen 2<\/em>, M\u00e9xico, FCE, 1982.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Su\u00e1rez Arg\u00fcello, Ana Rosa, <strong>\u201c<\/strong>Comer, dormir y divertirse en el camino de Tehuantepec entre 1858 y 1860\u201d, <em>Tzintzun. Revista de Estudios Hist\u00f3ricos<\/em>, 2016, en<a href=\"..\/63\/Manuscritos%20orignales\/Comer,%20dormir%20y%20divertirse%20en%20el%20camino%20de%20Tehuantepec%20entre%201858%20y%201860\u201d,%20Tzintzun.%20Revista%20de%20Estudios%20Histo\u0301ricos,%202016,%20en%20https:\/cutt.ly\/AwOwGtZb%0d\"> https:\/\/cutt.ly\/AwOwGtZb<\/a><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Rosa Su\u00e1rez Arg\u00fcello Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 63. A mediados del siglo XIX, estadunidenses deseosos de encontrar nuevas oportunidades de negocios en M\u00e9xico y llegar r\u00e1pido al Pac\u00edfico, hac\u00edan la ruta Nueva Orle\u00e1ns-Minatitl\u00e1n en barco, navegaban una parte del r\u00edo Coatzacoalcos para luego emprender la marcha m\u00e1s conflictiva por tierra hasta llegar a Ventosa y de all\u00ed se embarcaban nuevamente hacia Acapulco. Las dificultades abundaban, a tal punto que pronto declinaron las opciones de establecerse y colonizar en alg\u00fan punto del recorrido. Un sue\u00f1o largamente acariciado, el de un camino que uniera el golfo de M\u00e9xico y el oc\u00e9ano Pac\u00edfico, se convirti\u00f3 en realidad a fines de la d\u00e9cada de 1850, cuando la Louisiana Tehuantepec Company (LTC) logr\u00f3 concluir, inaugurar y poner en operaci\u00f3n una empresa de transporte que inclu\u00eda barcos de vapor, carruajes y carretas, mulas y caballos, a fin de<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2709],"tags":[2723,1376],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19376"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19376"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19376\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20889,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19376\/revisions\/20889"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19376"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19376"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19376"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}