﻿{"id":19362,"date":"2024-04-10T14:55:18","date_gmt":"2024-04-10T20:55:18","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19362"},"modified":"2024-08-21T13:15:02","modified_gmt":"2024-08-21T19:15:02","slug":"frenesi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/frenesi\/","title":{"rendered":"Frenes\u00ed"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Eduardo Celaya D\u00edaz<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 63.<\/span><\/strong><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Pan dulce, az\u00facares, el clavel y un gato huidizo. El amor puede llegar demasiado tarde.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_19365\" aria-describedby=\"caption-attachment-19365\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-19365 size-full\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_114.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"750\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_114.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_114-300x225.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_114-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-19365\" class=\"wp-caption-text\">Panader\u00eda cl\u00e1sica de la ciudad de M\u00e9xico.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\"><strong>Personajes<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">Do\u00f1a Martina<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">Don Eladio<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong>ACTO \u00daNICO<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Escena \u00fanica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Ciudad de M\u00e9xico, 1941. Una salita decorada con cierto gusto anticuado: platos en la pared, figuritas de porcelana, carpetitas tejidas debajo de cada uno de los adornos. Cuadros y fotograf\u00edas de familiares repartidos por cada superficie en un bello tono sepia. Una mesa con dos sillas con descansabrazos, carpetitas sobre ellos tambi\u00e9n. Algunos \u00e1lbumes de fotos en las repisas de los libreros; la pintura de un gato, colgada en la pared, domina la escena. Por toda la habitaci\u00f3n pueden verse platones tapados con cubiertas de cristal, su interior no es claro. Do\u00f1a Martina, de unos 55 a\u00f1os, vestida con un peque\u00f1\u00edsimo delantal viejo y una pa\u00f1oleta en la cabeza, hace la limpieza con un peque\u00f1o trapo ligeramente h\u00famedo. Toma cada figura de porcelana con cuidado, limpia de forma meticulosa y las deja en su lugar de nuevo. Cada vez que se acerca a un plat\u00f3n, levanta la cubierta, toma un peque\u00f1o pastelillo o chocolate y lo come, sonriente, mientras tararea alegremente <\/em>Frenes\u00ed<em>. Habla hacia el cuadro del gato.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> \u00bfSabe, don Chispitas? Mi madre me ense\u00f1\u00f3 a hacer estos peque\u00f1os dulcecillos de almendra. Ella los espolvoreaba con un poco de canela molida, pero creo que el az\u00facar glass queda mejor. <em>(Come otro) <\/em>Mi madre fue una mujer muy sabia. Nunca sal\u00eda de la cocina, sab\u00eda que el amor entra por la boca, y as\u00ed es como siempre lo he cre\u00eddo. El amor entra por la boca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Alguien llama a la puerta.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> \u00a1V\u00e1lgame el Se\u00f1or! Ya se hizo tarde y yo en estas fachas. Ya ve, Don Chispita, siempre que me entretengo hablando con usted se me va el tiempo. Seguro que don Eladio ya lleg\u00f3 a nuestra cita semanal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Do\u00f1a Martina,<\/em><em> apresurada, se quita el delantal y la pa\u00f1oleta, revelando unos tubos en el cabello con unas esponjillas h\u00famedas de un vivo color rosa. Vuelven a tocar a la puerta.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> \u00a1Santo ni\u00f1o de Atocha! \u00a1Se me olvid\u00f3 quitarme estos! Bueno, pues ni modo, la pa\u00f1oleta viste mejor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>do\u00f1a martina<\/em><em> se pone con dificultad la pa\u00f1oleta. Se nota que tiene prisa, los nervios le impiden manejar bien las manos. Vuelven a tocar.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> \u00a1Un momento! Que no estoy decente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>do\u00f1a martina<\/em><em> termina de ponerse la pa\u00f1oleta que queda un poco suelta de un lado y corre a abrir la puerta. Entra Don Eladio con un viejo traje caf\u00e9, pantalones demasiado peque\u00f1os para su estatura, zapatos negros algo sucios. En el saco lleva un pa\u00f1uelo mal doblado y en la mano un clavel rojo y una bolsita de estraza que se nota llena. En la bolsa se lee \u201cLa Pilarica\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Mi muy estimada y adorada do\u00f1a Martina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Don Eladio, que gusto verle por ac\u00e1. <em>(Don Eladio le ofrece la flor pero do\u00f1a martina toma la bolsa.)<\/em> \u00bfQu\u00e9 me trae en esta bolsita?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Ah, es s\u00f3lo un detallito. Ya sabe, pasaba por la calle de Madero y he entrado en La Pilarica, como s\u00e9 que le gusta tanto\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> <em>(Abre la bolsa:) <\/em>Ay, don Eladio, no se hubiera molestado. <em>(Saca un panecillo y lo muerde con evidente placer.) <\/em>\u00a1Un garibaldi! Qu\u00e9 maravilla. Con lo que me gustan los garibaldis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> <em>(Se acerca a Do\u00f1a Martina y trata de tomarla de la cintura, ella lo esquiva con sorprendente agilidad.)<\/em> Sabe usted, yo la conozco muy bien, y esperaba que en esta ocasi\u00f3n\u2026 <em>(se acerca a su rostro, dando la impresi\u00f3n de querer besar su mejilla.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> <em>(Se aleja un poco m\u00e1s.)<\/em> \u00a1Ah, que don Eladio tan juguet\u00f3n! Perm\u00edtame que guarde estas delicias, no vaya a ser que se mosqueen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Do\u00f1a Martina<\/em><em> sale por una peque\u00f1a puerta, la cocina, y regresa con dos delicadas tacitas de caf\u00e9.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Espero le guste sin az\u00facar, ya sabe, hay que cuidar la salud. He o\u00eddo decir que el az\u00facar es peligros\u00edsima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Bueno, usted sabe que disfruto su caf\u00e9, pero por esta ocasi\u00f3n quisiera al menos una cucharadita\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> No sea absurdo, don Eladio, yo jam\u00e1s pondr\u00eda en peligro su salud. <em>(Muerde el garibaldi que mantiene en la mano.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> De acuerdo do\u00f1a Martina, usted debe saber m\u00e1s que yo de esos temas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Pero si\u00e9ntese, don Eladio, que debe estar exhausto. Caminar desde La Merced hasta aqu\u00ed\u2026 \u00a1hasta parece que le gusta sufrir!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Usted sabe que para m\u00ed no es sufrimiento si al final del camino puedo compartir con usted\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> \u00bfLe he hablado ya de mi peque\u00f1o don Chispitas? Era el gato m\u00e1s maravilloso del mundo. Todav\u00eda no entiendo c\u00f3mo pudo haber huido. <em>(Toma asiento pero inmediatamente se vuelve a levantar, destapa otro plat\u00f3n y muerde de un gran bocado un panquecito que saca de \u00e9l.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> S\u00ed, lo conozco. Peludito, cari\u00f1oso, hu\u00eda de sus brazos siempre que intentaba abrazarlo, claro. Disculpe, sabe, quisiera probar un poco de ese panqu\u00e9 que siempre come\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> \u00bfEste viejo pan? No, don Eladio, no podr\u00eda hacerle eso, si est\u00e1 ya todo viejo, ya est\u00e1 mosqueado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Pero, es que\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> No, no, mire, mejor le convido uno de los garibaldis que me trajo. Se ven frescos, frescos. Le acompa\u00f1ar\u00e9 comiendo uno. <em>(Sale a la cocina llevando la bolsa de pan entre las manos, no sin antes tomar otro garibaldi y llevarlo a su boca.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> Bueno, pero\u2026 <em>(Silencio, Don Eladio se levanta y recorre la mano por uno de los platones, con cuidado lo levanta y es sorprendido por Do\u00f1a Martina que regresa con dos platitos cubiertos con servilletas de papel.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> \u00a1\u00bfPero qu\u00e9 est\u00e1 haciendo?! \u00a1Estos hombres! Una no puede salir un momento porque de inmediato se ponen a husmear.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> No, do\u00f1a Martina. Mire, bueno, lo que pasa\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong> No sea necio, ese pan viejo no es para las visitas. Mire, le traje un regalito. <em>(Coloca los platos sobre la mesa.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es que\u2026 es que estos garibaldis ya los conozco. Ver\u00e1, prob\u00e9 uno en La Pilarica.<em> (Levanta la servilleta y descubre su garibaldi con una gran mordida, casi la mitad del pan, mientras que el de Do\u00f1a Martina est\u00e1 completo.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Vamos, disfr\u00fatelo, que a\u00fan est\u00e1 fresco, no se ha mosqueado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero do\u00f1a Martina, este garibaldi ya est\u00e1 mordido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ay, usted disculpe. \u00bfSabe? Pocas veces puedo resistirme a una rica pieza de pan dulce, incluso antes de servirla en un plato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero\u2026 \u00a1el suyo est\u00e1 completo! <em>(Do\u00f1a Martina lo muerde con pasi\u00f3n.)<\/em> Bueno, es<em>taba<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Al fondo se escucha levemente un organillo tocando <\/em>Frenes\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Vamos, don Eladio, no me va a decir que es usted poco compartido. Si me acaba de decir que ya comi\u00f3 uno, no hay que ser tan goloso. Tampoco podemos comer tanto pan, ya sabe lo que dicen, ni una pieza despu\u00e9s de medio d\u00eda. Y ya ve, ya casi es de noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Bueno, es, yo\u2026 Est\u00e1 bien. <em>(Come en silencio.)<\/em> Do\u00f1a Martina\u2026 ya son cinco meses los que llevo visit\u00e1ndola. Le traigo pan dulce\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Ha terminado de comer su pan, se levanta y discretamente toma otro de un plat\u00f3n y lo pone en su plato.)<\/em> \u00a1Y no sabe c\u00f3mo se lo agradezco! Aunque me hace romper mi dieta, yo que tanto hago por mantenerme delgada. Hace unas semanas he visto unos hermosos vestidos en El Puerto de Liverpool. Hermosos de verdad, aunque tal vez un poco demasiado ajustados. Estas nuevas modas no terminan de encantarme, \u00bfsabe? Fui a pasear con mi amiga Carmela, tan coqueta ella. Le he dicho que debe moderarse un poco, no fuera a ser que los hombres no la tomen en serio. Me dijo que deb\u00edamos ver de nuevo esas escaleras el\u00e9ctricas. Ya las conozco tan bien pero bueno, es dif\u00edcil resistirse a lo que mi buena amiga Carmela me pide. Es que ella es tan coqueta\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00ed, pero\u2026 Bueno, usted sabe\u2026 Yo quisiera hablarle de lo que siento. Cuando la conoc\u00ed, supe que deseaba\u2026 \u00bfY ese pan?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Sorprendida metiendo el nuevo pan a su boca y masticando r\u00e1pidamente.)<\/em> \u00bfEsto? Oh, no es nada, un viejo pan que ten\u00eda por ah\u00ed. Ya sabe, si ya he roto la dieta, pues a romperla bien. Pero no se preocupe, que ahorita me lo termino. Adem\u00e1s ya es pan viejo, est\u00e1 mosqueado, no podr\u00eda ofrecerle a usted un pan mosqueado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No, no podr\u00eda, claro. En fin\u2026 <em>(mira con deseo el pan que Do\u00f1a Martina come)<\/em>, le dec\u00eda que son ya cinco meses los que vengo caminando cada s\u00e1bado por la tarde, s\u00f3lo para visitarla y para traerle una golosina, pero realmente es que\u2026 bueno\u2026 es que yo tengo otras intenciones\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Aterrada por la confesi\u00f3n, pero sin dejar de masticar.) <\/em>\u00bfOtras\u2026 intenciones? \u00bfDe qu\u00e9 habla usted don Eladio? <em>(Otra mordida.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El organillo que interpreta <\/em>Frenes\u00ed <em>se escucha m\u00e1s fuerte, al parecer se acerca.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No es nada pecaminoso mi estimada do\u00f1a Martina. Realmente, ver\u00e1 usted, es que yo la he visto, he visto su pasi\u00f3n cuando come mientras camina por la calle, la he observado cuando compra ricos panecillos en La Pilarica o cuando est\u00e1 sentada en esta mesa comiendo su pan, y ver\u00e1, el brillo de sus ojos me ha hecho enloquecer.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20878\" aria-describedby=\"caption-attachment-20878\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20878\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_117.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"750\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_117.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_117-300x225.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_117-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20878\" class=\"wp-caption-text\">Panader\u00eda cl\u00e1sica de la ciudad de M\u00e9xico.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Don Eladio! Me sonroja. Esas no son conversaciones adecuadas en la casa de una se\u00f1orita decente. \u00bfNi siquiera la mirada de mi querido don Chispitas le inspira temor de Dios?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Disculpe, disculpe do\u00f1a Martina, no es mi intenci\u00f3n ofenderla ni mucho menos, es s\u00f3lo que\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No es ofensa mi querido don Eladio, es que esas palabras no se profieren en una casa decente, al menos no mientras est\u00e9 presente una dama\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Se levanta y se acerca lentamente a Do\u00f1a Martina.) <\/em>No puedo soportarlo m\u00e1s, do\u00f1a Martina. \u00a1Es que yo la amo! La amo cuando sostiene una peque\u00f1a trenza y la remoja en su caf\u00e9 sin az\u00facar, porque es peligros\u00edsima. La amo cuando carga su bolsa con churros rellenos de La Pilarica. La amo cuando su regordeta mano sostiene una rebanada de pastel de fresa y la mete a su boca. La amo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Disculpe, don Eladio. Creo que est\u00e1 usted equivocado. <em>(Amplia mordida a otro pan que, sin saber c\u00f3mo, ha aparecido en la mano de Do\u00f1a Martina.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Rodea la mesa persiguiendo a Do\u00f1a Martina, quien camina de espaldas, dejando caer de su mano el pan, mientras con la otra mano toma el garibaldi mordido del plato de Don Eladio.) <\/em>No, no es una equivocaci\u00f3n. Ese brillo en sus ojos cuando da una mordida, cuando abre una bolsa de pan\u2026 es, es tan\u2026 tan lleno de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Engulle el garibaldi de un bocado.)<\/em> Don Eladio, no le negar\u00e9 que he pensado en usted desde esa vez que me regal\u00f3 una chilindrina cuando la m\u00eda cay\u00f3 al suelo. Era una chilindrina deliciosa, como nunca hab\u00eda probado una.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tal vez fue el amor a primera vista el que endulz\u00f3 esa pieza de pan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 C\u00f3mo saberlo don Eladio, c\u00f3mo saberlo. Y no negar\u00e9 que el verlo llegar con bolsas de La Pilarica me hace sentir emoci\u00f3n. Pero no s\u00e9, sabe\u2026 No conozco hombre a\u00fan\u2026 <em>(pausa, voltea el resto en pudoroso gesto para inmediatamente verificar la reacci\u00f3n de Don Eladio) <\/em>y usted es tan\u2026 tan\u2026 <em>(lo observa de pie, con sus pantalones demasiado cortos, sus parches en los codos del saco y la corbata de mo\u00f1o chueca) <\/em>bueno, tan, ya sabe\u2026 \u00bfformal?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Siempre he querido lucir bien para usted. <em>(Se acerca a ella, buscando el contacto, ella se quita.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero no puedo darle una respuesta, al menos no en este momento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00f3lo pido que me deje besar su tierna mejilla. <em>(Lo intenta pero Do\u00f1a Martina lo rechaza y se sienta.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Creo que me siento un poco mal, \u00bfsabe? Debe ser el az\u00facar, se me ha bajado. Esta dieta hace estragos conmigo. Necesito algo de az\u00facar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Tomando uno de los platones.)<\/em> Tome, aqu\u00ed debe haber.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No, no. Ese pan mosqueado s\u00f3lo me har\u00e1 m\u00e1s mal. <em>(Imperativa.) <\/em>No.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entonces tal vez el dulce az\u00facar del amor le caiga bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Don Eladio, \u00bfde qu\u00e9 est\u00e1 hablando usted?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya sabe, hombre y mujer, luz del para\u00edso que ilumina nuestra vereda en busca del complemento para la vida, hermoso n\u00e9ctar digno de dioses que emana de su dulce boca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Se levanta, rodea la mesa escapando de Don Eladio.) <\/em>Me est\u00e1 usted espantando, don Eladio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El amor puro, la pasi\u00f3n no debe producir temor, sino alegr\u00eda, \u00e9xtasis puro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Gobi\u00e9rnese por favor, piense en mi reputaci\u00f3n. En la suya. \u00bfQu\u00e9 dir\u00eda mi amiga Carmela?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 As\u00ed como usted ve sus frescas campechanas al sacarlas de la bolsa, as\u00ed me pierdo yo en sus ojos de az\u00facar caramelizada.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20877\" aria-describedby=\"caption-attachment-20877\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20877\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_110.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"750\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_110.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_110-300x225.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_110-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20877\" class=\"wp-caption-text\">Panader\u00eda cl\u00e1sica de la ciudad de M\u00e9xico.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Don Eladio, usted\u2026 <em>(Don Eladio le da un beso fugaz en la mejilla, do\u00f1a martina le suelta una sonora cachetada que lo sienta.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El organillo suena con m\u00e1s intensidad. Las notas de <\/em>Frenes\u00ed<em> provocan un inc\u00f3modo silencio entre ambos personajes.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfEs que ese organillero no conoce otra tonada?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Disculpe\u2026 disculpe do\u00f1a Martina, no s\u00e9 qu\u00e9 se apoder\u00f3 de m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Sonrojada, ansiosa de repetir la experiencia, pero recatada, fingiendo cierto enojo.) <\/em>Procure que no vuelva a pasar, don Eladio. Yo soy una se\u00f1orita decente que no ha conocido hombre a\u00fan. <em>(De nuevo gesto pudoroso, voltea a ver la reacci\u00f3n.) <\/em>Mejor olvidamos este desliz de su furor masculino, pero\u2026 pero debe reparar su error. Debe\u2026 debe traer pan nuevo don Eladio, pan nuevo. \u00bfPor qu\u00e9 no va a La Pilarica y me trae otra bolsa de pan?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Desconcertado) <\/em>\u00bfOtra bolsa de pan?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00ed, y tr\u00e1igalo variado. Ya sabe, si es del mismo tipo siempre termina mosqueado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No, si el que va a acabar mosqueado es otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfC\u00f3mo dice usted?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Que enseguida voy, mi estimada do\u00f1a Martina. No se preocupe, que regreso inmediatamente con otra bolsa de pan. Espero con eso pueda perdonar mi desdichado actuar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Don Eladio<\/em><em> comienza a salir.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfSabe? No nos har\u00eda da\u00f1o que trajera tambi\u00e9n un peque\u00f1o pastel. He visto que esta es la semana del chocolate en La Pilarica. \u00bfPor qu\u00e9 no me sorprende y me trae algo con mucho chocolate? Tal vez eso me haga sentir mejor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Eladio<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00ed, semana del chocolate. Claro, como usted guste, mi querida, querida do\u00f1a Martina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Sale Don Eladio.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Martina<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>(Mira el cuadro del gato.)<\/em> \u00bfSer\u00e1 posible, don Chispitas? Una se\u00f1orita decente no puede ya recibir a un hombre en su casa porque inmediatamente surgen las bajas pasiones. Mejor ser\u00e1 comer un poco de pan para bajar el susto, no vaya a ser que me desmaye o algo peor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Sale, va a la cocina y se le escucha abrir otra bolsa de pan que guardaba celosamente de la vista de las visitas. Tararea nuevamente <\/em>Frenes\u00ed<em> al ritmo del organillo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>TEL\u00d3N<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Celaya D\u00edaz Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 63. Pan dulce, az\u00facares, el clavel y un gato huidizo. El amor puede llegar demasiado tarde. Personajes Do\u00f1a Martina Don Eladio ACTO \u00daNICO Escena \u00fanica Ciudad de M\u00e9xico, 1941. Una salita decorada con cierto gusto anticuado: platos en la pared, figuritas de porcelana, carpetitas tejidas debajo de cada uno de los adornos. Cuadros y fotograf\u00edas de familiares repartidos por cada superficie en un bello tono sepia. Una mesa con dos sillas con descansabrazos, carpetitas sobre ellos tambi\u00e9n. Algunos \u00e1lbumes de fotos en las repisas de los libreros; la pintura de un gato, colgada en la pared, domina la escena. Por toda la habitaci\u00f3n pueden verse platones tapados con cubiertas de cristal, su interior no es claro. Do\u00f1a Martina, de unos 55 a\u00f1os, vestida con un peque\u00f1\u00edsimo delantal viejo y una pa\u00f1oleta en la cabeza, hace la<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2709,5],"tags":[2721,2720,157],"class_list":{"0":"post-19362","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-63","7":"category-cuento","8":"tag-mexico-1941","9":"tag-obra-de-teatro","10":"tag-teatro"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19362","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19362"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19362\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":21245,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19362\/revisions\/21245"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19362"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19362"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19362"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}