﻿{"id":19306,"date":"2024-04-09T15:52:48","date_gmt":"2024-04-09T21:52:48","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19306"},"modified":"2024-08-21T12:31:17","modified_gmt":"2024-08-21T18:31:17","slug":"que-fue-primero-el-charro-o-el-chinaco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/que-fue-primero-el-charro-o-el-chinaco\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 fue primero: el charro o el chinaco?"},"content":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchez<br \/>\nMuseo Nacional de las Intervenciones, INAH.<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 63.<\/strong><\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">En alg\u00fan momento ambas expresiones parec\u00edan vincular a un mismo personaje: el hombre de campo y a caballo, blanco, sin educaci\u00f3n. La confusi\u00f3n comenz\u00f3 por el tipo de ropa que utilizaron los chinacos al confrontar a las invasiones estadunidense y francesa, similar a la del charro de la primera mitad del siglo XIX. La proveniencia social de cada uno marcaba las ant\u00edpodas en las que se encontraban.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_20858\" aria-describedby=\"caption-attachment-20858\" style=\"width: 659px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-20858\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_8.jpg\" alt=\"\" width=\"659\" height=\"1000\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_8.jpg 659w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_8-198x300.jpg 198w\" sizes=\"(max-width: 659px) 100vw, 659px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20858\" class=\"wp-caption-text\">Ponciano D\u00edaz Salinas, ca. 1880, inv. 466412, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se suele considerar que el tipo mexicano llamado chinaco es el antecesor de ese otro tipo ecuestre llamado charro, sin embargo, lo que no se sabe es que pensar as\u00ed es producto de una confusi\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fuente m\u00e1s antigua que conocemos acerca del charro mexicano es la obra teatral titulada <em>El Charro<\/em>, del escritor costumbrista Joseph Agust\u00edn de Castro, incluida en <em>Miscel\u00e1nea de poes\u00edas humanas<\/em> (1797). Gracias a este texto tenemos algunas caracter\u00edsticas de los charros del siglo XVIII: que se trataba de campesinos r\u00fasticos e ignorantes (en buen espa\u00f1ol, eso es lo que significa la palabra \u201ccharro\u201d), de vaqueros capaces de recorrer enormes distancias a lomos de sus cabalgaduras, oriundos del sur de Jalisco \u2013la zona ganadera m\u00e1s importante de Nueva Espa\u00f1a\u2013, \u00e9tnicamente criollos blancos \u2013<em>g\u00fceritos<\/em>, como dice De Castro\u2013 y que gustaban del canto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, el autor casi no aporta informaci\u00f3n acerca del traje de su personaje principal, el charro Perucho Ch\u00e1vez, pues al iniciar el primer acto de la obra s\u00f3lo menciona que \u201cSale Perucho con cuera campesina, manga de montar [\u2026] sombrero y unas espuelas que sacar\u00e1 en la mano [\u2026]\u201d. Este contratiempo, y el hecho de que no hemos encontrado m\u00e1s fuentes que hablen de los charros novohispanos, nos obliga a especular acerca del aspecto que estos pudieron tener, y de las posibles ra\u00edces del que ser\u00eda proclamado como traje nacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La menci\u00f3n que hace Castro de la cuera (especie de gabardina o sobretodo, confeccionado con siete capas de piel de toro, bisonte o gamuza, que serv\u00eda como coraza contra las flechas de los chichimecas y otras tribus indias del norte) obligadamente nos refiere a los dragones de cuera \u2013soldados de caballer\u00eda que debieron su apelativo y fama al hecho de vestir dicha prenda\u2013 y, por tanto, a plantear la hip\u00f3tesis de que los charros del siglo XVIII de que habla Castro debieron de tener un aspecto similar al de aquellos soldados que compon\u00edan las milicias montadas encargadas de proteger, durante los siglos XVII y XVIII, el Camino Real de Tierra Adentro y los presidios del norte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fundamos tal suposici\u00f3n en que dichos soldados eran, en su mayor\u00eda, criollos y mestizos y, por tanto, vestir\u00edan como debieron vestir los hombres de a caballo de la Nueva Espa\u00f1a. Es de notar, primero, que Castro establece que la cuera no s\u00f3lo era de uso militar, sino que tambi\u00e9n la portaban los vaqueros; y segundo, que si se comparan los uniformes que vest\u00edan los dragones de cuera con los de otros cuerpos castrenses novohispanos, salta a la vista que los uniformes de estos \u00faltimos se apegaban por completo a la moda militar de los siglos XVII y XVIII. No era ese el caso de los uniformes de las tropas presidiales, los cuales ya presentaban varios elementos que recuerdan al traje de charro de la primera mitad del siglo XIX.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La colonizaci\u00f3n del norte de M\u00e9xico se desarroll\u00f3 a lo largo del llamado Camino Real de Tierra Adentro y la fundaci\u00f3n, en 1610, de la ciudad de Santa Fe, en el territorio de Nuevo M\u00e9xico, muestra qu\u00e9 tan lejos hab\u00eda llegado a principios del siglo XVII. Para patrullar el camino y defender a los pueblos y ranchos de los ataques indios se formaron las milicias. En el Archivo General de Indias (con sede en Sevilla, Espa\u00f1a) se conservan varias ilustraciones de los uniformes usados por las milicias montadas de Tierra Adentro en el siglo XVII. En tres de ellas, tituladas \u201cRegimiento de lanceros de media luna de San Miguel el Grande\u201d, \u201cMilicianos de tierra dentro\u201d y \u201cOficial de milicianos de tierra dentro\u201d, ya aparecen varios elementos del traje de charro de la primera mitad del siglo XIX, tales como un pantal\u00f3n corto y abierto a los costados (parecido a una bermuda, sigui\u00f3 en uso en el norte de M\u00e9xico hasta bien entrado el siglo XIX) del que sobresale un largo calz\u00f3n blanco, sombrero redondo de anchas alas, espuelas de larga espiga y rodajas enormes (de hasta 20 cm. de di\u00e1metro) y el muy mexicano sarape o manga, como la de Perucho. En cuanto a los arreos de montar, aparece el freno de largas palancas, caracter\u00edstico de la escuela ecuestre de la Brida \u2013ser\u00eda luego adoptado por la equitaci\u00f3n mexicana\u2013 y una extensi\u00f3n de la silla de montar hacia la grupa del caballo, que ya apuntaba a convertirse en lo que despu\u00e9s se conocer\u00eda como anquera.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20859\" aria-describedby=\"caption-attachment-20859\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-20859\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_10.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"362\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_10.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_10-300x109.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_63_10-768x278.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20859\" class=\"wp-caption-text\">Antonio Garc\u00eda Cubas, El jarabe, litograf\u00eda a color en Antonio Garc\u00eda Cubas, Atlas pintoresco e hist\u00f3rico de los Estados Unidos Mexicanos, M\u00e9xico, Imprenta de Debray, 1885.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo largo del xvii, esta vestimenta sigui\u00f3 evolucionando y, al mismo tiempo, a\u00f1adiendo m\u00e1s elementos caracter\u00edsticos del futuro charro. El primero de ellos, como se ha dicho, fue la cuera. Hacia 1670 la explotaci\u00f3n de los indios y los intentos de suprimir su cultura para imponer el catolicismo produjeron una serie de rebeliones en Chihuahua y Nuevo M\u00e9xico que obligaron a los milicianos a adoptar dicha coraza, la cual se hizo extensiva al caballo. Hay ilustraciones en las que ya aparece la anquera completa, es decir, cubriendo todo el cuarto trasero de la cabalgadura hasta el corvej\u00f3n. Los jinetes milicianos tambi\u00e9n a\u00f1adieron protecci\u00f3n adicional para las piernas colgando en el borr\u00e9n delantero de la silla, a ambos costados, sendas piezas de cuero que proteg\u00edan del sol y la lluvia y recibieron el nombre de \u201carmas de agua\u201d. Otra prenda que relaciona al drag\u00f3n de cuera con el charro es la bota de campana o campanera, adoptada en alg\u00fan momento por los jinetes novohispanos para afianzarse mejor en la silla. Consist\u00eda en una pieza de piel o gamuza que se enrollaba en la pantorrilla cayendo hasta el pie, y que se ataba con un cord\u00f3n por debajo de la rodilla. La silla de montar (de un tipo que hasta la actualidad se sigue usando en el estado de Sinaloa, donde se le considera tradicional) ya presentaba una cabeza sobre el borr\u00e9n delantero que serv\u00eda para atar el lazo en el acto de lazar una presa. As\u00ed, hacia fines del siglo xvii y principios del xviii la figura del drag\u00f3n de cuera hab\u00eda quedado definida y es posible que esa fuera tambi\u00e9n la de los charros, de la cual habla Castro en su obra teatral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las especulaciones y suposiciones acerca del aspecto de los charros antiguos desaparecen gracias a la gran cantidad de litograf\u00edas, \u00f3leos, grabados y descripciones en los libros de viaje con que se cuenta. Al abrirse el pa\u00eds al exterior luego de la independencia, fue visitado por gran n\u00famero de extranjeros, que llegaron con m\u00faltiples objetivos e intereses (comerciales, diplom\u00e1ticos, exploratorios, migratorios y art\u00edsticos, principalmente) y que debido a la admiraci\u00f3n que les produjo, no dejaron de describir el aspecto de los jinetes mexicanos. Uno de ellos fue William T. Penny. En 1824, en <em>A sketch of the customs and society of Mexico<\/em>, confirma que se llamaba charro al jinete que montaba vistiendo \u201cel traje nacional\u201d, del cual hace una descripci\u00f3n que se apega totalmente a las im\u00e1genes que cuatro a\u00f1os despu\u00e9s iba a publicar en Europa Claudio Linati \u2013lit\u00f3grafo italiano\u2013 y en las que aparecen las armas de agua, las botas de campana, la anquera y dem\u00e1s elementos ya utilizados por los dragones de cuera. En tal descripci\u00f3n, Penny comenta que la prenda de la que los charros se sent\u00edan m\u00e1s orgullos, al grado de que abr\u00edan el pantal\u00f3n a los costados para lucirla, era la bota de campana:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las botas son de fuerte piel de venado, magn\u00edficamente cortadas y repujadas con representaciones de figuras caprichosas, flores y paisajes chinescos. Son plegadas con gran esfuerzo en torno a cada pierna y anudadas m\u00e1s debajo de las rodillas mediante una hermosa liga de seda que termina en una bolita de oro; son dificil\u00edsimas de llevar, pero protegen bien las piernas y proporcionan un tan firme sost\u00e9n sobre la silla que con ellas ser\u00eda muy dif\u00edcil caer. Las usuales botas a la Wellington son las que, por lo general, se llevan; pero el charro aut\u00e9ntico prefiere las botas haldudas [faldudas] que dejan el tobillo libre y protegen el calzado del lodo; dichas botas est\u00e1n com\u00fanmente forradas con terciopelo verde o rojo y ribeteadas profusamente.<\/p>\n<\/blockquote>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Rancheros<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte del apelativo charro, el jinete mexicano recib\u00eda el de ranchero. En 1844 Domingo Revilla escribi\u00f3 un art\u00edculo para <em>El Museo Mexicano<\/em> titulado \u201cLos rancheros\u201d, en el cual define a este tipo mexicano como \u201cLa clase a que se da entre nosotros el nombre de rancheros es la que vive regularmente en el campo\u201d. Adem\u00e1s, hac\u00eda una importante aclaraci\u00f3n: \u201clos rancheros, pues, son de dos clases: los unos entregados exclusivamente a las labores del campo, y los otros al cuidado, conservaci\u00f3n y aumento de la caballada y ganados, especialmente el vacuno, y por lo mismo se acostumbran al manejo y uso del caballo\u201d. Los primeros eran los indios, sujetos a la abyecci\u00f3n de la ignorancia y la pobreza, as\u00ed como a la explotaci\u00f3n m\u00e1s despiadada por el resto de las clases y castas. Los segundos, los vaqueros, eran considerados de \u201craz\u00f3n\u201d, de raza mezclada en la que predominaban los mestizos. Se distingu\u00edan de los indios por montar a caballo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al describir Revilla el atuendo y costumbres de los vaqueros, resulta claro que se trataba de quienes Penny llamaba charros, por lo que puede decirse que las palabras charro y ranchero se usaron en M\u00e9xico como sin\u00f3nimos. A pesar del t\u00edtulo de su art\u00edculo, no deja de utilizar la palabra charro para referirse a quienes est\u00e1 describiendo; por ejemplo: \u201cEl sombrero m\u00e1s gal\u00e1n, fuerte y propio para los charros es el que se fabrica en Puebla\u201d. E, Igual que Penny, considera que el traje de ranchero, o charro, constitu\u00eda el traje nacional, pues la gente del campo era la que mejor hab\u00eda resistido \u201ctoda esa extravagancia que con el nombre de moda nos viene del extranjero, con cuya invasi\u00f3n nuestra independencia no es del todo perfecta [\u2026] no ser\u00e1 buen mexicano quien no se llene de orgullo al considerar que nuestros rancheros tienen a pesar de las transformaciones europeas, que hemos adoptado, un verdadero tipo nacional\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_19310\" aria-describedby=\"caption-attachment-19310\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-19310\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_15.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"749\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_15.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_15-300x225.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/BiC_63_15-768x575.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-19310\" class=\"wp-caption-text\">Carl Nebel, Rancheros, litograf\u00eda a color en <em>Viaje pintoresco y arqueol\u00f3gico sobre la parte m\u00e1s interesante de la rep\u00fablica mexicana<\/em>, Par\u00eds, Imprenta de P. Renouard, 1840. Flickr Commons.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El traje de charro devino en elemento de identidad nacional porque era dif\u00edcil encontrar en otra parte del mundo un atuendo con caracter\u00edsticas similares. Dicho esto a pesar de que hay quienes afirman que, en realidad, se deriva del traje de charro salamantino, o que al menos tiene mucha influencia del traje de campero andaluz. Sin embargo, como observa el charro historiador Jos\u00e9 \u00c1lvarez del Villar, estos atuendos espa\u00f1oles fueron de aparici\u00f3n posterior al del charro mexicano de la primera mitad del siglo XIX y, como venimos diciendo, parece claro que puede rastrearse a este \u00faltimo desde el siglo XVII. Por tanto, no es equ\u00edvoco decir que tuvo una evoluci\u00f3n independiente. Adem\u00e1s, es un hecho que, como tambi\u00e9n observa \u00c1lvarez del Villar, los espa\u00f1oles que visitaron y vivieron en M\u00e9xico y expresaron su admiraci\u00f3n por el atuendo mexicano \u2013como Francisco Javier Mina y Niceto de Zamacois\u2013, no lo relacionaron con ning\u00fan traje espa\u00f1ol y su admiraci\u00f3n naci\u00f3 precisamente de que no hab\u00edan visto nada similar en Europa. Niceto de Zamacois parece confirmar esto al escribir: \u201c\u00bfQu\u00e9 vestido m\u00e1s propio para montar sobre un arrogante alaz\u00e1n que el suyo [del ranchero]? Los extranjeros lo miran con inter\u00e9s y gusto, y aplauden entre s\u00ed la feliz idea de quien lo invent\u00f3, como la aplaud\u00ed yo, cuando al venir de Espa\u00f1a pude admirar tan pintoresco traje\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre en evoluci\u00f3n, hacia 1844 el traje nacional estaba experimentando cambios. Seg\u00fan Revilla, la cuera estaba cayendo en desuso, excepto en los estados que recorr\u00eda el camino de Tierra Adentro (siempre bajo la amenaza de los indios); las armas de agua eran sustituidas por zahones para las piernas llamados chaparreras, \u201cest\u00e1n en boga por todas partes, especialmente las de piel con pelo de chivo \u2026 En el Jaral y Tierra Adentro son muy usadas\u201d. La antigua silla de montar fue sustituida por una m\u00e1s ligera dise\u00f1ada por el general Jos\u00e9 Vicente Mi\u00f1\u00f3n y el teniente coronel \u00c1ngel Carmona. La anquera tambi\u00e9n cay\u00f3 en desuso \u201cpor su peso y porque impide que luzca el caballo\u201d; al parecer, se olvid\u00f3 que este arreo hab\u00eda nacido como coraza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los charros o rancheros segu\u00edan siendo ignorantes \u2013recu\u00e9rdese el grado de analfabetismo de la \u00e9poca\u2013 lo que los hac\u00eda ingenuos y cr\u00e9dulos, v\u00edctimas perfectas de toda clase de funcionarios locales abusivos, quienes los extorsionaban sin piedad y llenaban con ellos las filas del ej\u00e9rcito cuando el gobierno central les exig\u00eda el llamado contingente de sangre. En una \u00e9poca de agitaci\u00f3n pol\u00edtica y continua guerra civil, los regimientos de la caballer\u00eda mexicana, desde la guerra de independencia, estuvieron integrados por charros, de un valor y habilidad ecuestre tan notables que les dio fama internacional. Sin embargo, seg\u00fan Revilla, el charro prefer\u00eda evitar el reclutamiento.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Chinacos<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una excepci\u00f3n a esta regla se daba cuando de lo que se trataba era de pelear en forma de guerrilla. Tal parece que esta t\u00e1ctica (atacar por sorpresa y escapar) era de su gusto por ser apropiada para el arma de caballer\u00eda, adem\u00e1s de que los guerrilleros no estaban sujetos a la estricta disciplina del ej\u00e9rcito y en sus correr\u00edas pod\u00edan hacerse de un jugoso bot\u00edn. Ni en la ocupaci\u00f3n estadunidense (1846-1848) ni en la francesa (1862-1867), los invasores fueron capaces de controlar y, menos, erradicar a las guerrillas. En ambos casos estadunidenses y franceses reconocieron y admiraron la capacidad equitadora de los charros y toc\u00f3 a los segundos conocerlos con el apelativo de chinacos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La repentina aparici\u00f3n de tal apelativo es dif\u00edcil de explicar, pues escasean las fuentes que hablen de este otro tipo mexicano. Es sabido que, en n\u00e1huatl, la palabra chinaco significa desarrapado, pobre, lo cual no va con el uso de costosos caballos y a\u00fan m\u00e1s costosas monturas. Sin embargo, en la actualidad se cree err\u00f3neamente que las im\u00e1genes que existen del charro antiguo son las del chinaco, que este fue el antecesor de aquel, y que el uso de la bota de campana es lo que distingue a un chinaco de un charro. Es evidentemente que existe una confusi\u00f3n hist\u00f3rica pues, ni en la colecci\u00f3n de trajes mexicanos que aparece en <em>El Museo Mexicano<\/em>, ni en <em>Los mexicanos pintados por s\u00ed mismos<\/em>, ni en <em>M\u00e9xico y sus alrededores<\/em>, ni en otras fuentes que hablen de las costumbres y trajes mexicanos, hay una sola descripci\u00f3n del chinaco. Manuel Payno, en <em>Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo<\/em>, y Luis G. Incl\u00e1n, en <em>Astucia<\/em>, se refieren a los chinacos como el populacho, \u201cla chinaca\u201d, \u201cla chinaca popular\u201d o \u201cla chinaca brava\u201d, como se dec\u00eda entonces, un equivalente del l\u00e9pero, otro desarrapado del que, en cambio, s\u00ed existen numerosas descripciones. La confusi\u00f3n se hace m\u00e1s evidente cuando se ve que, entre las filas de los chinacos durante la guerra de reforma y la intervenci\u00f3n francesa, hubo hombres de todas las clases sociales, incluso de las elevadas, como algunos miembros de la aristocr\u00e1tica familia Rinc\u00f3n Gallardo, quienes militaron en el bando liberal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La confusi\u00f3n, es decir, la creencia err\u00f3nea de que el chinaco era un tipo de jinete mexicano, se reforz\u00f3 debido a que el pintor Manuel Serrano realiz\u00f3 hermosos \u00f3leos de jinetes de la \u00e9poca de la intervenci\u00f3n francesa y los titul\u00f3 <em>Chinaco<\/em>. De todo esto resulta que es necesario aclarar por qu\u00e9 raz\u00f3n se llam\u00f3 as\u00ed a los guerrilleros montados, y parece ser que la mejor explicaci\u00f3n o aclaraci\u00f3n de este fen\u00f3meno se la debemos al general Edelmiro Mayer, militar argentino que luch\u00f3 en las filas juaristas durante la intervenci\u00f3n francesa, quien, en <em>Campa\u00f1a y guarnici\u00f3n<\/em>, escribi\u00f3:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando ard\u00eda en su mayor fuerza la guerra civil de M\u00e9xico en 1857, tomaron parte much\u00edsimos ciudadanos que armaban por cuenta propia peque\u00f1os cuerpos de caballer\u00eda que combat\u00edan como guerrilleros al enemigo. Aquellos que luchaban a favor de la Reforma, es decir, los liberales, fueron conocidos con el nombre de chinacos [\u2026] No llevaban uniforme, usando con m\u00e1s o menos lujo el pintoresco traje del ranchero mexicano.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otras palabras, se llam\u00f3 chinacos a los guerrilleros que peleaban por los derechos del pueblo \u2013los desarrapados, el populacho, la chinaca\u2013 en contra de los privilegios de las clases altas. El apelativo no ten\u00eda que ver con su traje, pues vest\u00edan el de charro de la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, el t\u00edtulo de chinaco se imbric\u00f3 tan estrechamente con el de charro que termin\u00f3 sustituy\u00e9ndolo durante las guerras civiles, y s\u00f3lo en esos periodos, pues es un hecho que, una vez establecida la paz, nadie volvi\u00f3 a llamar chinaco al jinete mexicano. Incluso es posible que este apelativo, originalmente despectivo y ahora con car\u00e1cter heroico, se contrajera en otro despectivo: \u201cnaco\u201d, en uso hasta la actualidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No faltan ejemplos de la imbricaci\u00f3n entre los t\u00edtulos de charro y chinaco; s\u00f3lo hay que leer los <em>Episodios nacionales <\/em>de Victoriano Salado \u00c1lvarez, para observar que este autor lo mismo trata de charro que de chinaco a los mismos personajes. Por su parte, Guillermo Prieto escribi\u00f3 el siguiente verso que demuestra que el chinaco, o chinacate, como tambi\u00e9n se acostumbraba decir, vest\u00eda indumentaria charra:<\/p>\n<blockquote><p>Sombrero charro, t\u00fa no eres<\/p>\n<p>Para traidoras cabezas<\/p>\n<p>S\u00f3lo para el chinacate<\/p>\n<p>Eres aureola y diadema<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El traje de charro continu\u00f3 su evoluci\u00f3n en la segunda parte del siglo XIX, sufriendo cambios dictados, esta vez, por los ricos hacendados, quienes adoptaron la vestimenta y arreos de sus vaqueros, pero modific\u00e1ndolos seg\u00fan sus criterios de elegancia y buen gusto. Fue as\u00ed como el traje de charro lleg\u00f3 al final del XIX con un aspecto bastante alejado del de sus antecesores de Nueva Espa\u00f1a e inicios de ese siglo, lo que reforz\u00f3 la idea, hoy sostenida por muchos que no conocen la obra de Joseph Agust\u00edn de Castro, de que el traje de charro antiguo representaba a un tipo mexicano anterior y distinto a este, es decir, el chinaco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como conclusi\u00f3n podemos decir que es un error llamar traje de chinaco al traje de charro antiguo. En realidad, nunca existi\u00f3 tal cosa como el \u201ctraje de chinaco\u201d. Los chinacos \u2013la masa popular conocida como la chinaca\u2013 s\u00ed existieron, pero no se distingu\u00edan por un traje espec\u00edfico, pues pod\u00edan incluir a diversos grupos sociales, desde ind\u00edgenas y l\u00e9peros hasta clases medias, tanto rurales como urbanas, e incluso altas, lo cual implicaba una gran diversidad de trajes. El chinaco que pas\u00f3 a la posteridad como h\u00e9roe de la reforma e intervenci\u00f3n francesa fue el guerrillero montado vestido de charro. En pocas palabras: es un error pensar que el chinaco es el antecesor del charro.<\/p>\n<h3><strong>PARA SABER M\u00c1S:<\/strong><\/h3>\n<ul>\n<li>Visitar el Museo de la Charrer\u00eda, Isabel la Cat\u00f3lica 108, col. Centro, cdmx<\/li>\n<li>Ver en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/4wPYs98Q\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><u>https:\/\/cutt.ly\/4wPYs98Q<\/u><\/a><\/li>\n<li>Ver en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/ZwPYduBo\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><u>https:\/\/cutt.ly\/ZwPYduBo<\/u><\/a><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchez Museo Nacional de las Intervenciones, INAH. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 63. En alg\u00fan momento ambas expresiones parec\u00edan vincular a un mismo personaje: el hombre de campo y a caballo, blanco, sin educaci\u00f3n. La confusi\u00f3n comenz\u00f3 por el tipo de ropa que utilizaron los chinacos al confrontar a las invasiones estadunidense y francesa, similar a la del charro de la primera mitad del siglo XIX. La proveniencia social de cada uno marcaba las ant\u00edpodas en las que se encontraban. Se suele considerar que el tipo mexicano llamado chinaco es el antecesor de ese otro tipo ecuestre llamado charro, sin embargo, lo que no se sabe es que pensar as\u00ed es producto de una confusi\u00f3n hist\u00f3rica. La fuente m\u00e1s antigua que conocemos acerca del charro mexicano es la obra teatral titulada El Charro, del escritor costumbrista Joseph Agust\u00edn de Castro, incluida en<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2709],"tags":[2505,2276,2710,2411],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19306"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19306"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19306\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":21202,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19306\/revisions\/21202"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}