﻿{"id":19108,"date":"2023-12-11T16:19:41","date_gmt":"2023-12-11T22:19:41","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19108"},"modified":"2025-07-31T17:46:42","modified_gmt":"2025-07-31T23:46:42","slug":"oidos-sordos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/oidos-sordos\/","title":{"rendered":"O\u00eddos sordos"},"content":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 62.<\/span><\/strong><\/h4>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/BiC_62_12_Sepia.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_20411\" aria-describedby=\"caption-attachment-20411\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20411\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/BiC_62_166-1.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"673\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/BiC_62_166-1.jpg 900w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/BiC_62_166-1-300x224.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/BiC_62_166-1-768x574.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20411\" class=\"wp-caption-text\">Caravana de autos protestan por el asesinato de un taxista, pasando por la Plaza Constituci\u00f3n, ca. 1922, inv. 627840, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de estos veh\u00edculos que circulan por el z\u00f3calo capitalino en tiempos en que los fuegos de la revoluci\u00f3n se hab\u00edan apagado y la vida de las ciudades adquir\u00eda visos de normalidad, predomina la indignaci\u00f3n y el enojo. El \u201ccanalla\u201d del cartel dice mucho. Pedir \u201cun ejemplar castigo\u201d no es m\u00e1s que instar a que aquello, el robo y asesinato del colega taxista, no quede en la impunidad, simplemente para que no se repita. Lo ten\u00edan bien claro por entonces, y para eso recurr\u00edan al lugar donde quiz\u00e1 alguien los podr\u00eda escuchar del otro lado de las paredes robustas de Palacio Nacional. Exig\u00edan decisiones a la altura de sus reclamos: investigar, detener y castigar con las armas de la ley. Para vivir en paz y sin temores a la hora de salir a la calle. Demasiado luto a\u00fan se guardaba por los a\u00f1os anteriores de confrontaci\u00f3n. Los ni\u00f1os que caminan junto a los veh\u00edculos son tambi\u00e9n una expresi\u00f3n de esos d\u00edas, la pobreza en exhibici\u00f3n como una de sus secuelas. Durante varias d\u00e9cadas muchos entendieron que sobre esa explanada estaba el espacio para hacer saber de disconformidad, protestas, indignaci\u00f3n. Pero poco a poco aquello se fue evaporando, como el sol seca los charcos al final de la lluvia. \u00bfSe cansaron de los o\u00eddos sordos dentro de ese edificio colosal?, el de la firma del Acta de la Independencia y donde Rivera desliz\u00f3 su pincel, el de habitantes, asiduos o circunstanciales, tan dis\u00edmiles como Maximiliano, Santa Anna, Ju\u00e1rez, D\u00edaz, Calles y C\u00e1rdenas. El Z\u00f3calo ya no es tanto espejo de esos d\u00edas de taxistas molestos, sino territorio entregado al turismo y los conciertos musicales, de gritos patrioteros y desfile militar. Apenas retumba dolor y rabia. Se ha trasladado a otros escenarios de la ciudad, avenidas y calles, donde se visibilizan m\u00e1s y afectan a otros. Los vemos en televisi\u00f3n y redes sociales, lo sufrimos en embotellamientos. El espejo del enojo ante la criminalidad tambi\u00e9n ha desaparecido. Y no porque haya sido superada. Carlos Monsiv\u00e1is defin\u00eda en 2009 a <a href=\"https:\/\/www.hrw.org\/es\/world-report\/2023\/country-chapters\/mexico\">la violencia creciente<\/a> como \u201cdemograf\u00eda funeraria\u201d a la que \u201cdeber\u00eda llamarse Los cien mil velorios\u201d. Describ\u00eda minucioso: \u201cDesaparece la singularidad de los asesinatos y de los asesinos, y la masificaci\u00f3n del delito es, tambi\u00e9n, la deshumanizaci\u00f3n masiva&#8221;. Una deshumanizaci\u00f3n que hoy retratan las escasas voces que piden por el fin de tanta violencia, empe\u00f1adas en exigir \u201ccastigo\u201d, en tanto del otro lado de las paredes robustas del Z\u00f3calo se ensancha el hermetismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 62. &nbsp; &nbsp; Dentro de estos veh\u00edculos que circulan por el z\u00f3calo capitalino en tiempos en que los fuegos de la revoluci\u00f3n se hab\u00edan apagado y la vida de las ciudades adquir\u00eda visos de normalidad, predomina la indignaci\u00f3n y el enojo. El \u201ccanalla\u201d del cartel dice mucho. Pedir \u201cun ejemplar castigo\u201d no es m\u00e1s que instar a que aquello, el robo y asesinato del colega taxista, no quede en la impunidad, simplemente para que no se repita. 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