﻿{"id":19079,"date":"2023-11-25T16:00:54","date_gmt":"2023-11-25T22:00:54","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=19079"},"modified":"2025-07-31T17:36:00","modified_gmt":"2025-07-31T23:36:00","slug":"alojarse-y-comer-en-la-ciudad-de-mexico-del-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/alojarse-y-comer-en-la-ciudad-de-mexico-del-siglo-xix\/","title":{"rendered":"Alojarse y comer en la ciudad de M\u00e9xico del siglo XIX"},"content":{"rendered":"<p>Laura Su\u00e1rez de la Torre<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario<\/em><\/strong><\/span><em><span style=\"color: #800000;\"><strong><em>.<\/em> El ayer y hoy de M\u00e9xico, <\/strong><\/span><\/em><span style=\"color: #800000;\"><strong>n\u00fam. 62.<\/strong><\/span><\/h4>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/BiC_62_01_Alojarse.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008080;\">Como en toda \u00e9poca, los servicios de alimentaci\u00f3n y hospedaje van de acuerdo con el bolsillo de la clientela. Un siglo y medio atr\u00e1s, la diferencia la hac\u00edan el aseo y los ingredientes de cada platillo. Al lujo de pisar una habitaci\u00f3n de los hoteles del centro se le sumaba la posibilidad de asistir a espect\u00e1culos como la \u00f3pera o el teatro. En cambio, pernoctar en mesones implicaba descansar, pared de por medio, junto al ganado.<\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_20346\" aria-describedby=\"caption-attachment-20346\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20346\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_26.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"578\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_26.jpg 900w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_26-300x193.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_26-768x493.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20346\" class=\"wp-caption-text\">Mexico City. Courtyard of the Hotel Iturbide, ca. 1885. Andrew Dickson White Architectural Photograph Collection, #15-5-3090. Division of Rare and Manuscript Collections, Cornell University Library.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viajar en estos tiempos resulta muy f\u00e1cil. Uno entra a la p\u00e1gina de las plataformas en la web para buscar un boleto de avi\u00f3n, de autob\u00fas o de tren, o simplemente toma su auto y recorre la carretera que le interesa para llegar a destino. Ofrecen la posibilidad de encontrar habitaciones de hoteles o departamentos para rentar, ya sean caros o baratos, as\u00ed como recomiendan sitios para comer en restaurantes de lujo o de a pie. Hay posibilidades infinitas de lugares a visitar y conocer. El turismo es una cuesti\u00f3n habitual y constituye en nuestro pa\u00eds uno de las fuentes m\u00e1s importantes de ingresos. Sin embargo, no siempre fue as\u00ed. Viajar en el siglo XIX implicaba un gran esfuerzo y enfrentar, en muchas ocasiones, incomodidades, suciedad y desorden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los viajeros de aquella centuria se aventuraban a trasladarse de un lugar a otro por asuntos familiares, intereses de trabajo o cuestiones pol\u00edticas, pero no ten\u00edan fines tur\u00edsticos, lo cual se impondr\u00eda tiempo despu\u00e9s. Los viajeros que llegaban a la ciudad de M\u00e9xico provenientes de ciudades y pueblos de provincia lo hac\u00edan en diligencias que conectaban las distintas plazas del pa\u00eds y padec\u00edan los sinsabores del viaje: malos caminos, el temor de encontrar ladrones, la incomodidad de los asientos, adem\u00e1s de albergarse en sucios e inc\u00f3modos mesones que encontraban en el camino y soportar revisiones de los serenos al llegar a las ciudades, entre otros muchos de los sufrimientos que conllevaba el emprender un viaje, aunque la diligencia serv\u00eda tambi\u00e9n para hacer amistades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si el destino era la ciudad de M\u00e9xico los viajeros al llegar se encontraban con una urbe de contrastes. El centro, un espacio bello por sus edificaciones majestuosas de la etapa colonial, por los conventos y ricas iglesias, por las magn\u00edficas plazas, por los agradables paseos, aunque muy poco salubre pues las inmundicias en las calles eran parte del paisaje citadino. Los suburbios se distingu\u00edan por la pobreza de la gente y de las casas, por los tendajones y pulquer\u00edas, por la suciedad. Sin embargo, en esa ciudad de contrastes los habitantes pobres o ricos, espa\u00f1oles, mestizos e indios, coincid\u00edan en distintos espacios para comprar, vender, rezar, pasear, habitar. La poblaci\u00f3n citadina reconoc\u00eda los lugares a los que se dirig\u00eda y sab\u00eda muy bien a donde se pod\u00eda ir con confianza o evitarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La independencia del pa\u00eds no cambi\u00f3 en mucho la vida en la otrora capital novohispana. La cotidianidad no se alter\u00f3 mayormente, salvo cuando los distintos pronunciamientos pol\u00edticos dejaban destrucci\u00f3n y muerte, como lo fue el Mot\u00edn de La Acordada con el consabido saqueo del Pari\u00e1n en 1828, cuando el ej\u00e9rcito invasor estadunidense sent\u00f3 sus reales en la ciudad o durante las epidemias \u20121853 y 1850\u2012 que marcaron una din\u00e1mica diferente para los habitantes de la capital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pese a ello, la vida se desenvolv\u00eda con sus ritmos habituales a los que los viajeros se sumaban en el d\u00eda a d\u00eda. Esos for\u00e1neos, provenientes de otras localidades del pa\u00eds o del extranjero, ten\u00edan que alojarse, unas veces en las casas de sus parientes, de conocidos o en los pocos hoteles y mesones que exist\u00edan en distintas calles de la capital. Asimismo, los restaurantes y figones les ofrec\u00edan la posibilidad de alimentarse durante su estancia. La ciudad les brindaba espacios para pernoctar y comer de acuerdo con las categor\u00edas (restaurant, fonda, caf\u00e9s, fig\u00f3n y pulquer\u00eda) por los que se pagaba mucho o poco dinero, lo que se reflejaba en las comodidades del lugar, la limpieza o en la calidad, presentaci\u00f3n y variedad de platillos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los anuncios en la prensa nos dejan ver el c\u00f3mo eran esos lugares, qu\u00e9 servicios ofrec\u00edan, los precios que cobraban y hasta qu\u00e9 situaciones se presentaron. Permiten hacernos una idea de c\u00f3mo eran aquellos sitios para alojamiento temporal y qu\u00e9 tipo de amenidades ofrec\u00edan. Nos permiten asomarnos a la idea de \u00bfconfort?, a los pasatiempos que pod\u00edan disfrutar los hu\u00e9spedes, la dimensi\u00f3n del lugar e incluso a la ubicaci\u00f3n dentro de la capital. Del mismo modo nos acercan a la restauraci\u00f3n al hablarnos de aquellos sitios en los que se ofrec\u00eda comida.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008080;\">Avisos<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Hotel La Sociedad se anunciaba en <em>El<\/em> <em>Monitor Constitucional<\/em> de enero de 1845, ofreciendo sus servicios de esta manera: \u201c\u2026muy espacioso con m\u00e1s de cuarenta cuartos perfectamente amueblados. Correspondiendo a la hermosura y comodidad del local el servicio y atenci\u00f3n que se prestar\u00e1 a las personas que habiten all\u00ed, para lo cual no se ha omitido medio ni gasto alguno\u201d. Contaba con \u201cdos hermosos salones, elegantemente adornados y con seis mesas de billar de pizarra construidas en Londres, que se asegura al p\u00fablico son las mejores que existen en esta capital\u201d. Se encontraba situado en la calle de Vergara, una de las principales en la capital, en el local del Gran Teatro Nacional. Ello hablaba de los nuevos espacios que se erig\u00edan para el disfrute de espect\u00e1culos como \u00f3pera, teatro, danza, y para los viajeros con dinero que seguramente quedar\u00edan muy a gusto con los servicios que ofrec\u00eda el establecimiento.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20347\" aria-describedby=\"caption-attachment-20347\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20347\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_27.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"575\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_27.jpg 900w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_27-300x192.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_27-768x491.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20347\" class=\"wp-caption-text\">Abel Briquet, Hotel del Jardin [No. 150], ca. 1885, Mexico: Photographs, Manuscripts, and Imprints, DeGolyer Library, Southern Methodist University.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hotel Washington representaba otra opci\u00f3n para los viajeros. Ubicado en la calle de Tiburcio n\u00famero 7 se hab\u00eda remozado para beneficio de los posibles \u201ccaballeros que gusten honrar este nuevo establecimiento\u201d que hab\u00eda cambiado su nombre por Hotel Par\u00eds. Contaba con \u201cpiezas decentes y bien amuebladas, un buen servicio de mesas y local para admitir caballos de pensi\u00f3n\u201d, como se\u00f1alaba el anuncio de <em>El Republicano<\/em> del 22 de junio de 1846 y en donde se mencionaba tambi\u00e9n que el due\u00f1o hab\u00eda hecho una cuantiosa inversi\u00f3n para mejorarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, no todo era como La Sociedad o el Par\u00eds y hab\u00eda otros lugares de menos post\u00edn para pernoctar, seg\u00fan las posibilidades de los distintos bolsillos. As\u00ed, se le\u00eda que, el Mes\u00f3n de San Antonio, situado en el puente de Tezontlale, era uno de los de mayor capacidad. Ese mes\u00f3n hab\u00eda estado muy descuidado y la finca deteriorada, como se\u00f1alaba el anuncio del peri\u00f3dico del <em>Monitor Constitucional<\/em> de abril de 1845. Se pagaba poco, pero se sufr\u00eda mucho m\u00e1s puesto que las paredes no estaban pintadas y carec\u00eda de agua potable. Dormir ah\u00ed debi\u00f3 haber sido una pesadilla, con el acompa\u00f1amiento de alima\u00f1as que dejaban huellas y molestias en los cuerpos de los hu\u00e9spedes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero tener un mes\u00f3n seguramente redituaba ganancias, como el mismo anuncio lo deja ver. Un nuevo due\u00f1o se hab\u00eda hecho cargo para mejorarlo y le hab\u00eda introducido agua potable, \u201cconstruido una hermosa fuente y pilanc\u00f3n para agua delgada por una merced que se le ha concedido\u201d, hab\u00eda pintado los cuartos y entablonado los pisos. Dec\u00eda contar con \u201cmuebles necesarios como bancas, mesas, camas, caballetes para colocar las sillas y candeleros y clavijeros\u201d y para los hu\u00e9spedes que \u201cnecesiten cama habilitada de los necesario se han construido colchones de lana nueva y limpia, s\u00e1banas de crea, almohadas y cobertores; todo lo que se conservar\u00e1 en el mejor estado de aseo, y se proporcionar\u00e1 a precios c\u00f3modos\u201d. De ah\u00ed que se reflejaran las mejoras al espacio en limpieza y comodidad, aunque dormir all\u00ed no era igual para todos, pues depend\u00eda de lo que se pagara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se\u00f1alaba tambi\u00e9n que \u201clos arrieros encontrar\u00e1n todas las comodidades necesarias para sus atajos y carros\u201d dado que ese espacio contaba con extensos patios, macheros amplios, \u201crevolcadero para las mulas, bodegas amplias para encerrar cargamento o el hato si las necesitaren\u201d. Era pues un servicio completo para viajeros y acompa\u00f1antes que resolv\u00eda el problema a quienes tra\u00edan no s\u00f3lo personas, sino mercanc\u00edas e incluso ganado. \u00bfQui\u00e9n imaginar\u00eda ahora estar hospedado en un lugar, junto con el ganado?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esos viajeros tambi\u00e9n pod\u00edan encontrar distintos lugares para comer. Los que se hospedaban en La Sociedad pod\u00edan disfrutar del servicio de la fonda de Tom\u00e1s Laurent que ofrec\u00eda sus servicios a los clientes del hotel. De hecho, Laurent hab\u00eda comenzado ese negocio en su casa en la calle de San Francisco n\u00famero 1, junto a la Profesa. En 1844 vend\u00eda conservas y embutidos y daban servicio de comidas, lo que ahora chocantemente denominamos <em>catering<\/em>. As\u00ed se lee en el peri\u00f3dico <em>El Siglo Diez y Nueve<\/em> del 7 de enero de 1844:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre que se ofrezcan en las casas particulares comidas, tertulias, bailes &amp;c., Tom\u00e1s Laurent seguir\u00e1 atendi\u00e9ndolas con la misma eficacia y con tanta m\u00e1s comodidad cuanto que est\u00e1 ahora m\u00e1s que nunca provisto de hermosa vajilla y de cuantas conservas finas que se pueden apetecer, como las de buenos pescados, aves exquisitas y otros ricos guisados de Europa. Tiene tambi\u00e9n varias clases de jamones, quesos, encurtidos, salchichones y un surtido de vinos y licores como Chamapa\u00f1a leg\u00edtimo, Borgo\u00f1a, Burdeos de todas clases, Madera, Jerez, Marrasquino, Curazao, Anisete, Rom, Co\u00f1ac, Ajenjo, Ginebra de Holanda &amp;c. [\u2026] y se encontrar\u00e1 siempre en su tienda un abastecimiento grande de pasteles, jaletinas, pastas, trufas, aceite, vinagre &amp;c., a precios muy moderados.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sabemos tambi\u00e9n por <em>El Republicano<\/em> que en la calle del Esp\u00edritu Santo n\u00famero 8 se estableci\u00f3 una mesa redonda \u201cen la que se servir\u00e1 el almuerzo a las diez de la ma\u00f1ana y la comida a las cinco de la tarde, el todo con el mayor esmero y al precio de 25 pesos mensuales\u201d. En Plateros n\u00famero 5, muy cerca de la Plaza Mayor, el se\u00f1or y la se\u00f1ora Dupont dedicados al negocio de la restauraci\u00f3n lo hab\u00edan trasladado a un nuevo local, donde tendr\u00eda mayor amplitud y esmero en aseo y servicio para clientes nacionales y extranjeros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese inter\u00e9s en se\u00f1alar el aseo tiene que ver con la legislaci\u00f3n que impon\u00eda a los propietarios de fondas y bodegones, pulquer\u00edas y tabernas, al se\u00f1alar en el art\u00edculo 105, cap\u00edtulo xvii de la Ley sobre ordenanzas municipales, que: \u201cCuidar\u00e1n los ayuntamientos o alcaldes de que las fondas y bodegones se conserven aseados; de que ellas no se vendan carnes oliscadas, cuyo uso est\u00e1 prohibido y que los trastos que se use sean esta\u00f1ados con frecuencia o de barro\u201d. Asimismo, la autoridad estaba al pendiente de que los propietarios no abusaran de los clientes a la hora de pagar. As\u00ed, por oficio del ayuntamiento se estableci\u00f3: \u201cEn todas las never\u00edas, fondas y caf\u00e9s se pondr\u00e1 una tarifa en las puertas de dichos parajes, que ser\u00e1 rubricada por el se\u00f1or regidor del cuartel y en ella expresaran minuciosamente los precios de todos los efectos que expendan y no se podr\u00e1n cobrar al p\u00fablico m\u00e1s cantidades de las que se fijen en las tarifas\u201d. Se advert\u00eda que quien infringiera este mandato, deber\u00eda pagar una multa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los tiempos de la guerra entre Estados Unidos y M\u00e9xico, la inquietud de los habitantes de la capital se deja sentir en los anuncios como el del <em>Monitor Republicano<\/em> del 12 de noviembre de 1847 sobre el arrendamiento del Mes\u00f3n del \u00c1ngel, situado en la calle de la Balvanera n\u00famero 4, con su fonda, sala de billar y muebles, justo despu\u00e9s de que las autoridades y la poblaci\u00f3n que lo hab\u00edan podido hacer abandonaran la capital puesto que el ej\u00e9rcito estadunidense se instal\u00f3 en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed que encontremos anuncios en ingl\u00e9s en <em>The American Star<\/em> del 18 de enero de 1848, de productos para los invasores que se adquir\u00edan: \u201cEn el Hotel de la Gran Sociedad, calle del Esp\u00edritu Santo, n\u00fam. 4. Una fina variedad de HABANOS y CIGARRITOS a precios moderados. En la BODEGA de la misma casa, se encontrar\u00e1 un excelente surtido de vinos y licores de todo tipo.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la medida en que la guerra llegaba a su fin la capital recobr\u00f3 poco a poco su curso habitual. El anuncio del <em>Monitor Republicano<\/em> del 22 de enero de 1848 sobre el restablecimiento del Hotel y Fonda de la Bella Uni\u00f3n deja ver esta realidad:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Madame Jay, tiene el honor de anunciar al p\u00fablico, que habiendo tomado la fonda de la sociedad conocida con el nombre de la BELLA UNI\u00d3N situada en las esquinas de la Palma y Refugio, se ha esmerado en que el servicio y dem\u00e1s sean lo m\u00e1s delicado y decente que puede proporcionar esta capital, y para lo cual cuenta con una de las mejores cocineras francesas que han venido al pa\u00eds. Se servir\u00e1 almuerzo en mesa redonda a las diez y media de la ma\u00f1ana y comida a la oraci\u00f3n a 25 pesos mensuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n se servir\u00e1n almuerzos y comidas, a todas horas del d\u00eda a precios c\u00f3modos. Igualmente se servir\u00e1n comidas de encargo para fuera y dentro del establecimiento, a precios convencionales. Para esto tiene la casa piezas independientes y muy c\u00f3modas.<\/p>\n<p>Dicha fonda est\u00e1 a disposici\u00f3n del p\u00fablico desde el 9 de enero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Hotel arriba mencionado se acaba de restablecer por el nuevo propietario, y poner en un estado que lo coloca al primer rango de los de esta capital. Los hombres solos y los que no tienen casa particular, para su asistencia encontrar\u00e1n aposentos muy agradables, muy bien amueblados y ventilados, servidos con todo el esmero posible.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como se observa, los hoteles anunciaban sus mejoras como una v\u00eda de captar nuevos hu\u00e9spedes. Entre ellos estaban profesores extranjeros que llegaban a la capital y anunciaban clases de tenedur\u00eda o de franc\u00e9s y el hotel se volv\u00eda en el referente para encontrarlos. As\u00ed lo hizo Federico Gamb\u00fa que se hospedaba en el hotel Bazar o el profesor Miguel Rufo que ofrec\u00eda clases de caligraf\u00eda y de tenedur\u00eda en el Hotel de la Bella Uni\u00f3n, como se le\u00eda en los anuncios de <em>El Universal<\/em> de julio de 1851.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, <em>El Universal<\/em> del 19 de noviembre de 1854 publicaba la lista de las llegadas de los viajeros, su procedencia y el hotel al que se dirig\u00edan. Felipe Aramburu de Guaymas se hosped\u00f3 en el Hotel del Progreso, Calle del Coliseo n\u00famero 9; Lorenzo Vel\u00e1zquez de Maravat\u00edo se alberg\u00f3 en el Hotel del Turco en la calle de Coliseo Viejo n\u00famero 22; Antonio Iturbe y J. Carbo de Toluca en el Hotel de la Gran Sociedad, calle del Esp\u00edritu Santo n\u00famero 4, mientras que Andr\u00e9s Moro, J. M Bernal, Luis Espinosa y A. Ortega estaban albergados en el Hotel de la Bella Uni\u00f3n, calle de la Palma n\u00famero 2; en tanto que Manuel Sada y \u00c1ngela Orrio estaban en el Hotel de Par\u00eds, calle de Tiburcio n\u00famero 7.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hoteles hab\u00edan aumentado y los principales y m\u00e1s confortables se encontraban situados al poniente del Z\u00f3calo, donde los viajeros pod\u00edan acudir a las iglesias como La Profesa o San Francisco; disfrutar del paseo de Bucareli, la Piedad, San Cosme y Chapultepec o ir al canal de la Viga; comer en los mejores restaurantes y caf\u00e9s o asistir a las funciones del teatro Santa Anna; servirse de los ba\u00f1os del Hotel del Turco; visitar las tiendas de ropa o las dulcer\u00edas como la del Para\u00edso Terrestre; concurrir a la sastrer\u00eda de Billard; comprar en la Nueva Zapater\u00eda Americana de la calle de Sta. Clara n\u00famero 21 (hoy Tacuba), en las mercer\u00edas, librer\u00edas y repertorios musicales, que eran comunes en esos rumbos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Justo en esa zona se hallaba la Fonda y caf\u00e9 de Guillermo Tell, ubicado en la calle de Zuleta n\u00famero 3 (hoy Venustiano Carranza), cuyo restaurante, se\u00f1alaba <em>El Universal<\/em> de 16 de septiembre de 1854, estaba a cargo de Federico Guilleminot, exdue\u00f1o de la Fonda del Progreso, \u201cbastante conocido en la capital por su fama en el arte culinario\u201d y quien ofrec\u00eda servicio en el local, pero tambi\u00e9n para aquellos que requirieran sus servicios para \u201ctoda clase de refrescos, ambig\u00fas y comidas particulares, bien sea para la ciudad o para alg\u00fan d\u00eda de campo\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_20348\" aria-describedby=\"caption-attachment-20348\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20348\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_29.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"746\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_29.jpg 900w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_29-300x249.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/BiC_62_29-768x637.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20348\" class=\"wp-caption-text\">Abel Briquet, Hotel del Jardin [No. 217], ca. 1885, inv. 455632, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008080;\">A bajo precio<\/span><\/h3>\n<p>Los mesones constitu\u00edan la opci\u00f3n para quienes buscaban albergues econ\u00f3micos. Estaba el de San Pedro y San Pablo, el de Santa Anna, el de San Francisco o el de San Rafael que no ostentaban pomposos nombres sino tradicionales, no ten\u00edan comodidades ni mucho aseo. En esos se hospedaban los pobres y ellos tambi\u00e9n eran sitio propicio para la venta de carros y guayines, de ejes de fierro y de madera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para los hu\u00e9spedes de esos albergues modestos, quedaban los puestos callejeros o los figones como opciones para comer. Estos \u00faltimos los hab\u00eda en diversas calles: del Indio Triste, Estanco de los hombres, Rejas de la Balvanera, San Pedro y San Pablo, Portal de Santo Domingo, Puente de la Mariscala, en la 2\u00aa. Calle de la Pila Seca, en la de Venero. Fue en este, donde se perpetr\u00f3 un robo. El 3 y 4 de septiembre <em>El Siglo Diez y Nueve<\/em> y <em>El Monitor Republicano<\/em> de 1849 consignaron en la primera plana el hecho: \u201cla due\u00f1a y las criadas fueron amarradas\u201d y despojadas de todo lo que all\u00ed se encontraba. Pero esta no fue la \u00fanica noticia que se public\u00f3 teniendo a los figones como escenario de transgresi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otro fig\u00f3n, ubicado en la primera de Mesones, un individuo amenaz\u00f3 a los comensales con una daga y un guardia tuvo que hacer presencia en el lugar para aprehender al malhechor, como lo refiere una peque\u00f1a nota en <em>El<\/em> <em>Monitor Republicano<\/em> del 29 de noviembre. En otra noticia de ese medio del 10 de marzo de 1850 se consign\u00f3 que el guarda n\u00famero 38 \u201ca las nueve y media, a pedimento de Mar\u00eda Soledad Tejada, due\u00f1a del fig\u00f3n situado en la primera calle del Rastro, aprehendi\u00f3 a un guardia nacional a quien acus\u00f3 de excesos, pues que s\u00f3lo entr\u00f3 ah\u00ed a destruir las sillas y los vasos del establecimiento\u201d y en otra se menciona que dos arrieros se negaron a pagar lo que consumieron. Como se ve, los figones no se anunciaban en los peri\u00f3dicos, pero eran noticia constante. Aparec\u00edan en las p\u00e1ginas como atm\u00f3sfera de novelas y sobre todo como notas policiacas en la secci\u00f3n Alumbrado y Gacetilla, ligados a robos de comida y a esc\u00e1ndalos de usuarios.<\/p>\n<p>Una ciudad de contrastes esperaba a los viajeros que llegaban a la ciudad y que ten\u00edan distintas opciones para alojamiento y comida, mismas que depend\u00edan de los dineros que ten\u00edan en sus bolsillos.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\n<ul>\n<li>Almonte, Juan N., <em>Gu\u00eda de forasteros de M\u00e9xico y repertorio de conocimientos \u00fatiles<\/em>, M\u00e9xico, Instituto Mora, 1997.<\/li>\n<li>Monsiv\u00e1is, Carlos et al. Fern\u00e1ndez de Calder\u00f3n, C\u00e1ndida (coord.), <em>Casimiro Castro y su taller<\/em>, Instituto Mexiquense de Cultura\/Fondo Cultural Banamex, 1997.<\/li>\n<li>Consultar en la Hemeroteca Nacional Digital de M\u00e9xico, en <a href=\"https:\/\/hndm.iib.unam.mx\/consulta\/resultados\">https:\/\/hndm.iib.unam.mx\/consulta\/resultados<\/a><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Laura Su\u00e1rez de la Torre Instituto Mora En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 62. Como en toda \u00e9poca, los servicios de alimentaci\u00f3n y hospedaje van de acuerdo con el bolsillo de la clientela. Un siglo y medio atr\u00e1s, la diferencia la hac\u00edan el aseo y los ingredientes de cada platillo. Al lujo de pisar una habitaci\u00f3n de los hoteles del centro se le sumaba la posibilidad de asistir a espect\u00e1culos como la \u00f3pera o el teatro. En cambio, pernoctar en mesones implicaba descansar, pared de por medio, junto al ganado. Viajar en estos tiempos resulta muy f\u00e1cil. Uno entra a la p\u00e1gina de las plataformas en la web para buscar un boleto de avi\u00f3n, de autob\u00fas o de tren, o simplemente toma su auto y recorre la carretera que le interesa para llegar a destino. Ofrecen la posibilidad de encontrar habitaciones de hoteles o departamentos para rentar,<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2696],"tags":[1350,1229,2698,2697],"class_list":{"0":"post-19079","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-62","8":"tag-el-siglo-xix","9":"tag-hospedajes","10":"tag-hoteles","11":"tag-mesones"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19079","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19079"}],"version-history":[{"count":18,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19079\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22481,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19079\/revisions\/22481"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19079"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19079"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19079"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}