﻿{"id":18462,"date":"2023-07-10T19:49:20","date_gmt":"2023-07-11T01:49:20","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=18462"},"modified":"2025-09-15T20:32:53","modified_gmt":"2025-09-16T02:32:53","slug":"el-silencio-y-la-furia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-silencio-y-la-furia-2\/","title":{"rendered":"El Silencio y la furia"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Arturo Garmendia<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><\/em><strong>, n\u00fam.\u00a0 42.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_42_Cuento_Silencio_furia.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\" style=\"text-align: right;\">\r\n<p><em>Recuerdo, recordemos.<\/em><\/p>\r\n<p><em>Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca.<\/em><\/p>\r\n<p>Rosario Castellanos<em>. Memorial de Tlatelolco.<\/em><\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>-Ya me voy, madrecita. Deme su bendici\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Sab\u00eda que ser\u00eda in\u00fatil tratar de impedir su partida. Resignada, traz\u00f3 en el aire la se\u00f1al de la cruz y le dio a besar sus dedos entrecruzados. La primera vez que regres\u00f3 su hijo cubierto de sangre porque le hab\u00edan roto la nariz se alarm\u00f3, y casi no dio cr\u00e9dito a que el percance hab\u00eda ocurrido en una trifulca estudiantil disuelta a macanazos por los granaderos. Luego, a \u00e9l se le hizo costumbre asistir a las manifestaciones y ya no le pas\u00f3 nada. No obstante, al o\u00edr que Rafael ir\u00eda a una brigada, el coraz\u00f3n le daba un vuelco.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez que se qued\u00f3 sola sigui\u00f3 planchando, empe\u00f1ada en desarrugar el uniforme verde oliva, cuya tela de dril ofrece resistencia. A los soldados les limpian la ropa en el cuartel, pero por lo mismo nunca queda bien planchada, y do\u00f1a Leonor, su patrona, se empe\u00f1aba en que la presentaci\u00f3n de su hijo deb\u00eda ser impecable y le confiaba sus uniformes. Pero esta tarea, que antes hac\u00eda con gusto porque le permit\u00eda completar el gasto, ahora le pesa porque debe soportar la maledicencia de su patrona, que suele despotricar contra los estudiantes. \u201c\u00a1Bola de vagos! Deber\u00edan ponerse a estudiar, en lugar de andar alborotando en la calle. Dicen que ya ninguna mujer est\u00e1 a salvo frente a ellos: \u00a1a todas les faltan el respeto!&#8230; Claro, ellas tienen la culpa por andar con esas falditas\u2026\u201d, se la oye rezongar de tanto en tanto, pero ella piensa que Rafael no es as\u00ed. Siempre ha sido buen estudiante y es incapaz de faltarle el respeto a nadie. Tal vez do\u00f1a Leonor piensa as\u00ed porque se sabe que la polic\u00eda disolvi\u00f3 a golpes una manifestaci\u00f3n pac\u00edfica de los estudiantes y estos han estado protestando desde entonces.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Se apresta para llevar la ropa planchada a casa del cabo Ram\u00edrez y ah\u00ed, nuevamente. se topa con la arenga de do\u00f1a Leonor: \u201cAy se\u00f1o, Espero que no haya tenido un mal encuentro. En el mercado yo me encontr\u00e9 con esos dizque estudiantes y me pidieron dinero. Seguro que para sostener sus vicios. \u00a1 Mariguanos, malvivientes! \u00a1Yo no s\u00e9 qu\u00e9 espera el gobierno para darles su merecido!\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">No hace caso, aunque bien quisiera responderle que, como dice Rafael, el dinero que colectan sirve para imprimir volantes, hacer pintas y mantas que les permitan darles la voz que la prensa y la televisi\u00f3n les niegan. Tambi\u00e9n se oponen a sentarse con ellos, a dialogar. De cualquier modo le entra la duda y decide ir a una manifestaci\u00f3n, a ver qu\u00e9 sucede.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A las cinco en punto ya est\u00e1 esperando al contingente en la alameda. Se siente inquieta porque al llegar ve c\u00f3mo en las calles aleda\u00f1as a la Avenida Ju\u00e1rez se encuentran apostados camiones repletos de granaderos. Pero la multitud expresa entusiasmo y cuchichea, silenciando a aquellos que elevan la voz. Se trata de la Marcha del Silencio, le informan.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, el contingente se acerca. Motoristas y ciclistas en la descubierta. Atr\u00e1s vine un cami\u00f3n del Poli, luego una gran manta en la que se lee: \u201cEl silencio no significa ceder. \u00a1Aqu\u00ed nadie se rinde!\u201d Luego vienen los agrupamientos de las distintas dependencias de la UNAM y el Poli, de las carreras que ah\u00ed se imparten, de los sindicatos solidarios, de los padres de familia y el pueblo en general. Al centro avanza una nutrida columna, protegida por una cadena de j\u00f3venes que marchan con los brazos entrelazados. Nadie habla y muchos asistentes llevan la boca cubierta por pa\u00f1uelos o paliacates, o sellada con tiras de cinta adhesiva para enfatizar su mudez. No se oyen gritos, pero las pancartas hablan. \u201cHasta cu\u00e1ndo el pueblo ofendido abrir\u00e1 los ojos\u201d. \u201cEl gobierno jode, jode al gobierno\u201d. \u201cMatar a un joven es matar la esperanza\u201d. \u201cHoy todo estudiante con verg\u00fcenza es revolucionario\u201d. \u201cEl ej\u00e9rcito es para defender al pueblo, no para agredirlo\u201d. \u201dPresos pol\u00edticos, libertad!\u201d\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablan tambi\u00e9n el gritar de los pies arrastrados por el pavimento que producen un rumor marino, una oleada susurrante de la que surgen cientos, miles de manos haciendo la V de la victoria. Vocean tambi\u00e9n su protesta gr\u00e1fica los carteles que muestran a la paloma de la paz herida por una bayoneta, al joven amordazado o encarcelado, el pu\u00f1o retador en alto\u2026 Nunca el silencio hab\u00eda sido m\u00e1s elocuente.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella acecha a la multitud en busca de un solo rostro. Finalmente lo alcanza a ver entre los estudiantes de medicina y le hace se\u00f1as agitando los brazos. Su hijo llega corriendo y la incorpora a la manifestaci\u00f3n hasta que arriban al Z\u00f3calo. Ah\u00ed, \u00e9l la conmina para que regrese a casa.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">-Ya ves que no pasa nada \u2013le dice-. Tenemos derecho a protestar y lo hacemos ordenadamente. Ve a casa, que yo todav\u00eda tengo que ir a una reuni\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La calma durar\u00eda poco. Una noche Rafael no llega a dormir y su madre, con el alma en un hilo, inicia un recorrido por agencias del misterio p\u00fablico y hospitales tratando de encontrarlo. Ambos sitios estaban atestados de jovencitos, detenidos o golpeados. Al mismo tiempo se da a conocer la noticia que el ej\u00e9rcito ha entrado a la Universidad y entonces, siguiendo una recomendaci\u00f3n, conduce sus pasos a los separos de la Procuradur\u00eda del DF, donde en efecto lo encuentra. Los tr\u00e1mites para liberarlo son engorrosos, pero finalmente el joven sale.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u00a1Ay hijo! -, lo reconviene su madre. &#8211; \u00bfNo ves que esas andanzas tuyas no dejan nada bueno?<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00a1Pero si no pas\u00f3 nada! \u2013 le responde Rafael. \u2013Ya ve, aqu\u00ed me tiene sin un rasgu\u00f1o\u2026 Aunque la verdad, si nos pusieron un buen susto\u2026 Est\u00e1bamos imprimiendo volantes para el d\u00eda siguiente cuando escuchamos pasos de botas que se aproximaban. Quedamos en silencio. Los pasos se deten\u00edan ante cada cub\u00edculo, se o\u00eda c\u00f3mo abr\u00edan la puerta de una patada y luego continuaban. Estaban cada vez m\u00e1s cerca. No supimos qu\u00e9 hacer, finalmente los soldados llegaron hasta nosotros y nos ordenaron salir.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Relata entusiasmado su experiencia y no parece sospechar que otro podr\u00eda haber sido el desenlace:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">-Nos llevaron hasta la explanada de Rector\u00eda. En el camino se nos un\u00edan otros chavos, a los que iban sacando de las otras facultades. Nos ordenaron tirarnos en el suelo, con los brazos extendidos hacia los lados. \u00c9ramos un mont\u00f3n, cubr\u00edamos toda la explanada. Son\u00f3 un clar\u00edn y un grupo de guachos empez\u00f3 a bajar la bandera, que estaba a media asta. Algunos compa\u00f1eros se pusieron de pie y empezaron a cantar el Himno Nacional. Los dem\u00e1s los seguimos. Nos dejaron hacer. Cuando terminamos, nos obligaron a tendernos nuevamente y luego empezaron a sacarnos por turnos, en camionetas, hasta donde estuvimos detenidos toda la noche. Empezamos a salir al d\u00eda siguiente. Se ve que buscaban a los l\u00edderes del Consejo; a los dem\u00e1s nos dejaron ir.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u201c\u00a1Ay se\u00f1o, usted que cre\u00eda que los estudiantes eran unos angelitos! Ya ve, si hasta su hijo cay\u00f3 en la c\u00e1rcel \u2013le dice a manera de saludo do\u00f1a Leonor, cuando llega a entregarle la ropa planchada. Esta vez le respondi\u00f3 impaciente de otro tiempo:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>-S\u00ed, Rafael fue a la c\u00e1rcel, \u00a1pero por culpa de los militares como su hijo, que es un asesino!<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>-Ya me voy, madrecita. Deme su bendici\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">De nada han servido sus advertencias, su preocupaci\u00f3n, sus s\u00faplicas\u2026 Rafael est\u00e1 decidido a acudir a la concentraci\u00f3n. Alega que ya han realizado un evento en Tlatelolco y nada ha sucedido; que el desprestigio del r\u00e9gimen es evidente tras la toma de la Universidad y no se atrever\u00e1n a hacer nada. Adem\u00e1s, posiblemente lo dejen intervenir en el mitin y no debe dejar mal parada a su facultad. Besa la cruz que le tiende su madre y no sin arrogancia sale de la habitaci\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Queda angustiada, sin saber qu\u00e9 hacer. Ni siquiera tiene ropa para planchar y as\u00ed calmar sus nervios. Camina de un lado a otro, trata de rezar pero no se puede concentrar y finalmente toma su rebozo y va tras el hijo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En Tlatelolco, la Plaza de las Tres Culturas est\u00e1 casi desierta. La enorme explanada, flanqueada por las ruinas prehisp\u00e1nicas, la iglesia colonial y los modernos edificios se va llenando poco a poco. Cerc\u00e1ndola, soldados con tanquetas pretenden cuidar el orden. Contingentes de algunas escuelas o sindicatos se acercan marchando, otros estudiantes corren en tropel, familias enteras toman de la mano a sus ni\u00f1os y llegan a solidarizarse con los j\u00f3venes. La multitud se hace m\u00e1s compacta. Aqu\u00ed y all\u00e1 sobresalen las mantas y carteles. Se escuchan porras y se corean consignas. Poco a poco la madre va entrando en confianza y se atreve a gritar junto con los manifestantes \u201c\u00a1\u00danete pueblo, \u00fanete pueblo!\u201d. El \u00e1nimo es festivo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia las seis de la tarde empieza a haber actividad en el tercer piso del edificio Chihuahua, donde se ha instalado la comisi\u00f3n que conducir\u00eda el evento. Ella no quita la vista de la superficie cuadriculada de donde sale el sonido de las pruebas del micr\u00f3fono, esperando ver a su hijo, pero est\u00e1 muy lejos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Dos, tres oradores toman la palabra. Anuncian que pese a la hostilidad gubernamental el movimiento seguir\u00e1\u2026 Dos helic\u00f3pteros sobrevuelan la plaza. De pronto, arrojan dos rel\u00e1mpagos verdes que dan un aire siniestro a la escena y de inmediato la furia se desata. El tableteo de las ametralladoras es ensordecedor, los gritos y lamentos de los heridos se agregan al caos, la sangre mana por doquier, la gente corre buscando refugio y no lo encuentra: tropieza, pierde el equilibrio, cae y se convulsiona hasta quedar yerta. El fuego cruzado no distingue edad, condici\u00f3n ni filiaci\u00f3n pol\u00edtica: una furia ciega lo arrasa todo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Por instantes, ella ve lo que ocurre en torno suyo sin comprender. Un ni\u00f1o que corre, llorando, llama su atenci\u00f3n. Lo detiene y lo abraza. Se tira al suelo, cubri\u00e9ndolo, y sus \u00faltimas palabras son \u201cYo te protejo, mi ni\u00f1o. Yo te protejo\u2026\u201d<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Garmendia En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam.\u00a0 42. Recuerdo, recordemos. Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca. Rosario Castellanos. Memorial de Tlatelolco. -Ya me voy, madrecita. Deme su bendici\u00f3n. Sab\u00eda que ser\u00eda in\u00fatil tratar de impedir su partida. Resignada, traz\u00f3 en el aire la se\u00f1al de la cruz y le dio a besar sus dedos entrecruzados. La primera vez que regres\u00f3 su hijo cubierto de sangre porque le hab\u00edan roto la nariz se alarm\u00f3, y casi no dio cr\u00e9dito a que el percance hab\u00eda ocurrido en una trifulca estudiantil disuelta a macanazos por los granaderos. Luego, a \u00e9l se le hizo costumbre asistir a las manifestaciones y ya no le pas\u00f3 nada. No obstante, al o\u00edr que Rafael ir\u00eda a una brigada, el coraz\u00f3n le daba un vuelco. 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