﻿{"id":18024,"date":"2023-07-04T11:45:12","date_gmt":"2023-07-04T17:45:12","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=18024"},"modified":"2023-07-18T12:17:30","modified_gmt":"2023-07-18T18:17:30","slug":"editorial-59-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/editorial-59-2\/","title":{"rendered":"Editorial #49"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><\/em><strong>, n\u00fam. 49. <\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Portada-751x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-15457\" width=\"376\" height=\"512\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Portada-751x1024.jpg 751w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Portada-220x300.jpg 220w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Portada-768x1047.jpg 768w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Portada-624x850.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/Portada.jpg 1182w\" sizes=\"(max-width: 376px) 100vw, 376px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 tan desafortunadas eran las condiciones laborales en M\u00e9xico hace un siglo? Dos ejemplos, que se describen en este n\u00famero de <em>BiCentenario<\/em>, nos acercan a un mundo sombr\u00edo y lastimoso. Hacia principios de la d\u00e9cada de 1920 un fen\u00f3meno imperceptible se afianzaba en los hogares del centro de la ciudad de M\u00e9xico: las mujeres que cos\u00edan prendas de vestir en alg\u00fan rinc\u00f3n de su casa para grandes almacenes y tiendas comerciales, por ingresos sumamente bajos en comparaci\u00f3n con el precio al p\u00fablico de las prendas en las tiendas. Modistas y costureras combinaban su actividad laboral de m\u00e1s de ocho horas con las tareas de la casa: cuidar hijos, atender personas mayores, cocinar. Algunas veces solas porque no hab\u00eda otros apoyos econ\u00f3micos de maridos, padres o hermanos. Una encuesta del Departamento del Trabajo de l921 dio luz sobre la vida laboral de estas mujeres, en su mayor\u00eda en condiciones de salubridad inadecuadas. Sin contratos y a destajo, esa era su manera de trabajar desde fines del siglo XIX. Las leyes laborales no las proteg\u00edan \u2013han transcurrido d\u00e9cadas y los avances legislativos mantienen huecos por donde los abusos se cuelan\u2013, por lo que estaban a expensas de lo que el mercado les ofrec\u00eda para subsistir. La mujer que por entonces pretend\u00eda ingresar al mundo laboral no ten\u00eda demasiadas oportunidades. Aprender el oficio de coser con sus madres o vecinas les pod\u00eda abrir un sustento para una econom\u00eda hogare\u00f1a precaria. El sector textil y las tabacaleras eran de los escasos espacios donde se pod\u00eda generar un ingreso, siempre bajo condiciones de sujeci\u00f3n. Recordemos que, para esas fechas, la mujer ni siquiera ten\u00eda el derecho a votar. Esas paup\u00e9rrimas posiciones laborales para la mujer se ve\u00edan en muchas otras actividades que involucraban tambi\u00e9n a los hombres; las tareas agr\u00edcolas, por ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1942 miles de mexicanos se sumaron al Programa Bracero por el cual ingresaban como jornaleros temporales a Estados Unidos a levantar cosechas, enderezar rieles ferroviarios o extraer minerales. Fueron m\u00e1s de cuatro millones a lo largo de 22 a\u00f1os en que dur\u00f3 este esquema laboral. Sin embargo, los trabajadores agr\u00edcolas estuvieron a expensas de duras jornadas de explotaci\u00f3n y corrupci\u00f3n (clientelismo, charrismo, extorsi\u00f3n y enga\u00f1o). Uno de esos trabajadores relata a <em>BiCentenario <\/em>el rudo proceso de trabajar en la pizca de algod\u00f3n en Sonora antes de alcanzar un contrato como bracero. Mal pagados aqu\u00ed, aunque hab\u00eda tanto trabajo como del \u201cotro lado de la l\u00ednea\u201d, se tuvieron que someter a los abusos de los funcionarios \u2013generalmente municipales y federales que estaban dentro de la \u00f3rbita de la Secretar\u00eda de Gobernaci\u00f3n\u2013 para obtener los permisos para trabajar en el sur estadunidense, lo que les aseguraba mejor remuneraci\u00f3n, ahorros y el env\u00edo de apoyos econ\u00f3micos para la familia. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta edici\u00f3n de la revista tambi\u00e9n da cuenta sobre la econom\u00eda de la Nueva Espa\u00f1a y c\u00f3mo el <em>boom <\/em>del cacao enriqueci\u00f3 a unos pocos comerciantes asentados en la ciudad de M\u00e9xico y dio recursos permanentes al imperio espa\u00f1ol para hacer frente a sus adversarios holandeses, franceses y brit\u00e1nicos. Tambi\u00e9n echamos una mirada sobre otro imperio, el franc\u00e9s, y la llegada con todo su esplendor de Maximiliano y Carlota a la ciudad, glorificados por una clase pol\u00edtica y econ\u00f3mica conservadora que no dimensionaba la realidad de un pa\u00eds que rechazaba la intervenci\u00f3n extranjera. <\/p>\n\n\n\n<p>M\u00fasica e historia se hacen presentes con dos art\u00edculos. En uno, la amplia repercusi\u00f3n que tuvo el mambo del cubano D\u00e1maso P\u00e9rez Prado en el sexenio alemanista y c\u00f3mo aquello que se disfrutaba en salones, clubes, cabarets y en las audiciones de radio cal\u00f3 tan profundo en el cine, que lo adopt\u00f3 como una pieza estelar para atraer espectadores, al grado de compararse su impacto popular con el efecto que tuvo el <em>rock and roll <\/em>en sus inicios en Estados Unidos. Y si bien el mambo tuvo una vida rutilante aunque ef\u00edmera, quien s\u00ed se ha podido sostener a lo largo de m\u00e1s de ocho d\u00e9cadas ha sido la inagotable Orquesta Filarm\u00f3nica de la UNAM (OFUNAM). En paralelo con las vicisitudes que han marcado la vida aut\u00f3noma universitaria desde 1929, la Filarm\u00f3nica se ha erigido como una de sus marcas de identidad, tanto dentro como fuera del pa\u00eds. <\/p>\n\n\n\n<p>Si alguien se ha preguntado alguna vez c\u00f3mo fue aquel d\u00eda de la muerte del presidente Venustiano Carranza en manos de los militares que se le sublevaron, en estas p\u00e1ginas encontrar\u00e1 el relato del capit\u00e1n que permaneci\u00f3 a su lado hasta el \u00faltimo momento de la madrugada de Tlaxcalantogo de un d\u00eda de mayo de 1920. Tambi\u00e9n se hallar\u00e1n aqu\u00ed los desencuentros de los exiliados en Estados Unidos que pretend\u00edan derrocar a Carranza. <\/p>\n\n\n\n<p>Mucho por leer en este n\u00famero de <em>BiCentenario<\/em>. Hasta c\u00f3mo ha sido el constante e impulsivo desarrollo del grafiti para instalarse en la vida de la ciudad de M\u00e9xico como una expresi\u00f3n art\u00edstica, en este caso callejera.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:right\">Dar\u00edo Fritz<\/p>\n\n\n\n<p><br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 49. \u00bfQu\u00e9 tan desafortunadas eran las condiciones laborales en M\u00e9xico hace un siglo? Dos ejemplos, que se describen en este n\u00famero de BiCentenario, nos acercan a un mundo sombr\u00edo y lastimoso. Hacia principios de la d\u00e9cada de 1920 un fen\u00f3meno imperceptible se afianzaba en los hogares del centro de la ciudad de M\u00e9xico: las mujeres que cos\u00edan prendas de vestir en alg\u00fan rinc\u00f3n de su casa para grandes almacenes y tiendas comerciales, por ingresos sumamente bajos en comparaci\u00f3n con el precio al p\u00fablico de las prendas en las tiendas. 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